martes, enero 10, 2012

Breves apuntes de una semana como “secreto mejor guardado”


Para Laura, Sarahí y los 24

Miguel Antonio Chávez

La foto oficial de "Los 25 secretos mejor guardados de América Latina" (FIL Guadalajara 2011) 

1.

No llegué al inicio de la FIL Guadalajara, por eso no vi ni a Vargas Llosa (aunque años antes del Nobel, pude estrechar su mano en El Ateneo de Buenos Aires) ni a Herta Müller ni a Fernando Vallejo, aunque pude ver, por ejemplo, a Almudena Grandes, Juan Gelman, Wendy Guerra y Xavier Velasco; sin embargo tuve el extraño honor de ser invitado por Laura Niembro, la Directora de Contenidos la FIL, a un sencillo pero muy significativo rito secreto que se practica el día de la clausura en la “sala de atención a autores”, aquel backstage de la feria donde nunca faltaron los bocaditos ni el tequila. Los únicos que intervienen son las organizadoras, en este caso, el equipo a cargo de Laura, y algún autor que coincida en el momento. Los favorecidos esta vez fuimos Andrés Neuman y yo. El rito, luego del shot tequilero de rigor, era rayar con un marcador todas las actividades del último día del cronograma. En la foto que tomé, Neuman acusó una cara de espadachín sádico. Luego acudí al concierto de cierre de la FIL a cargo de Super 700, interesante cuarteto berlinés que cerró la presencia de Alemania como país invitado del 2011, para dar paso al primer abreboca de lo que será Chile en el 2012, con la fugaz repertorio del dueto de Valparaíso, Pascuala y Cristián. And that was the end
Andrés Neuman, haciendo de espadachín sádico el último día de la FIL. Foto: Miguel Antonio Chávez, cagándose de la risa 

Con Laura Niembro, en el día de clausura de la FIL. Gran conversadora y inquebrantable farrera

En ese día, Sarahí Padilla, la asistente de Dirección de Contenidos de la FIL, me dijo: “cuando me preguntaron qué me lleve de los 25 secretos mejor guardados de América Latina dije, un cocktail de virus internacionales”. Pues sí, al parecer la contagiamos de la malade  literaria. Pero como buena hija de la estirpe del Mr. Wolf de Pulp Fiction, resolvió todos los problemas logísticos de cada uno de nosotros, “los 25”, y supo curarse rápido del resfriado. No como yo, que a mi regreso a Ecuador, caí con tres enfermedades terminadas en –itis, que postergaron la escritura de estos apuntes.


2.

¿Qué me llevé  de la FIL? Una experiencia comparable al estar en una Disneylandia laberíntica. Mensaje para Giovanna Rivero: creo que te tomaste demasiado en serio mi comparación un poco pueril al citarme textualmente en el reportaje que escribiste para tus compañeros de doctorado en Gainsville.

¿Qué más me llevé? Una colección de anécdotas acaso fragmentadas que solo se dan cuando el recinto ferial es tan grande y mis capacidades de orientación son peores que brújula en el Triángulo de las Bermudas. Además del hecho de que haya tenido un cronograma frenético y de que cada uno de los “25 secretos” debíamos cumplir con una agenda diaria y a ratos exigente. Hasta las fiestas privadas a las que íbamos con nuestros collarines de la FIL nos exigían… algunas horas de desvelo. Pero eso fue lo de menos. Mensaje para Pablo Soler Frost: esas venias decimonónicas que hacías cuando conversábamos durante “la fiesta de los periodistas” en el antiguo mercado de Mexicaltzingo, eran tan reverentes como divertidas. Al igual que fueron increíbles esas reflexiones que hiciste comparando el florecimiento del idioma español en la literatura actual con lo que fue en su momento el Siglo de Oro, durante la entrevista para Babelia, donde participamos además Hernán Ronsino, Dani Umpi y yo. Mensaje para ustedes tres: fueron muy delirantes esos diálogos sobre “los alienígenas que moran en los helechos y que algún día conquistarán el mundo”, que  improvisamos ante la necesidad del camarógrafo de planos de nuestros rostros para el reportaje, cuya temática fue dirigida por Winston Manrique. Mensaje  para Dani Umpi: ¡tan humilde y tímido en tu faceta de escritor y luego me entero que eres todo un performer de culto en el río de la Plata!

Pues fue así: enterarnos de nuestra existencia en la marcha, mientras coincidimos todos en Guadalajara. Vale mencionar aquí el papel de la periodista mexicana Mariana Linares Cruz, de Letras Libres, quien nos contactó a los 25 previo a la FIL y realizó (para mi opinión) el cuestionario más largo, minimalista y sin embargo más inquietante y mejor pensado que me han hecho.

En la llamada "fiesta de los periodistas". De izq. a der: Pablo Soler Frost, Luis Alberto Bravo, Luis Miguel Rivas, Dani Umpi, Eduardo Varas, Miguel Antonio Chávez, Daniela Tarazona, Fernanda García Lao, Nona Fernández, Enrique Planas, Mariana Linares Cruz y Francisco Díaz Klaassen.

El concepto de los 25 secretos mejor guardados de América Latina resultó ser tan efectivo que inclusive, salvo excepciones, para cada uno era un completo secreto la existencia del otro. Así,  a quienes algo había leído eran a Pablo, Giovanna, Dani, Carlos Wynter Melo, Fabián Casas y a mis dos compatriotas Eduardo Varas y Luis Alberto Bravo. Temas como estos se trataron en las cinco mesas de los “25 secretos” a las que, por cruce de horarios, no pude estar presente más que a la mesa en la que tocó intervenir, moderada por Neuman. Muchos me dijeron que él, como todo un Lionel Messi, se llevó el balón de oro como moderador.  Yo solo me siento agradecido porque realmente la pasé muy bien y porque Neuman logró un gran clima para el diálogo entre Andrés Burgos, Fabián Casas, Roberto Martínez Bachrich, Carlos Wynter Melo y yo, haciéndonos excelentes preguntas que mantuvieron una mesa de casi dos horas de duración. Difícil olvidar ese gran texto a base de tuits que leyó Andrés Burgos, herencia del humor y la lucidez de Monterroso. De aquel testimonio de lealtad que dio Fabián al declinar una propuesta editorial en Anagrama porque ponía en riesgo a su editora argentina de toda la vida.  Las pocas palabras pero profundas reflexiones de Roberto. Las convicciones de Carlos: convicciones firmes, desde un país (Panamá) cuya tradición literaria parece compartir el mismo karma que el del mío.


3.

Entre las leyendas urbanas que se corrieron entre los “25”, estuvo aquella de Francisco Díaz Klaassen, el único de nosotros que obtuvo como hospedaje una fastuosa suite presidencial, la 3407 (quedará en el eterno misterio el porqué), en la que algunos de nosotros gozamos como en La fiesta inolvidable de Peter Sellers, y de la que una hora después fuimos expulsados por un empleado del hotel. Díaz Klaassen daba por hecho una y otra vez que iba a morir en Guadalajara y lo repetía como mantra … hoy en día, pone ocasionalmente “I likes” en mi muro de Facebook.

En la ahora mítica habitación 3407 del RIU Plaza de Guadalajara. Parecemos personajes tarantinescos en medio de "La fiesta interminable" de Peter Sellers. Con Adelaida Jaramillo, Solange Rodríguez, Pablo Soler Frost, Carlos Oriel Wynter Melo y Francisco Díaz Klaassen. Estaban también Laura Niembro, Sarahí Padilla, Daniela Tarazona, Fernanda García Lao, Eduardo Varas y Luis Alberto Bravo, entre los que recuerdo

Otra leyenda urbana era que yo quería matar a Jorge Herralde, el celebérrimo editor de Anagrama. La explicación era sencilla: Neuman, en la mesa  de los “25” en que participé, me preguntó por qué creía yo que ningún ecuatoriano ha podido publicar hasta ahora en Anagrama y trajo a colación una broma que en 2009 había hecho yo en mi muro de Facebook (y que sinceramente ya había olvidado), en donde parodié a Herralde a través de dos títulos inexistentes firmados por mí, y con el diseño de  cubierta y sello de Anagrama. Al día siguiente en el diario El Observador de Guadalajara salió un titular: “Anagrama nunca publicó a un escritor ecuatoriano: Antonio Chávez”… Debo admitir que mi respuesta a Neuman fue un no sé.


4.

Me llevé muchas cosas más. Un viaje de casi tres horas hasta la preparatoria regional de Autlán, donde di una charla sobre mi experiencia, pero desde la perspectiva de un colegial, como ellos: ahí expuse todas las inquietudes, obstáculos, temores y mi terquedad en persistir. Los primeros libros que me destaparon la cabeza. Los escritos fallidos que aún así disfruté. El cómo la música, el cine o la pintura están estrechamente relacionadas con la escritura. Y todas las docenas de preguntas con las que los chicos me bombardearon. Los organizadores se portaron increíble, me regalaron una inmensa botella de tequila (técnicamente, el primer tequila que obtengo por dar una charla a colegiales). Y debo rescatar el momento más bizarro del día, en un restaurante con las autoridades, escuchando a un mariachi que tocaba para la mesa de al lado. Primero, me preguntaba  si los guitarrones tenían esa forma debido a la panza de los mariachis o viceversa, hasta que escuché que cantaron inesperadamente Oh Sole Mío y Torna Sorriento, momento que grabé con mi camarita de turista japonés hasta que la batería se me agotó.

La mesa de toda la delegación ecuatoriana invitada a la FIL, que me tocó moderar, fue otra experiencia. Así, teníamos en la misma mesa a Ramiro Oviedo y Julia Erazo, que desde su experiencia como poetas hablaron de nuevas antologías poéticas internacionales que estaban a su cargo. Bruno Sáenz habló de su generación; Simón Zavala, de la dificultad de la difusión internacional de la literatura ecuatoriana; Belén Mena, de su experiencia como ilustradora de varios libros; y tanto Solange Rodríguez, Luis Alberto Bravo y Eduardo Varas, desde su perspectiva contemporánea, en la que es tan normal para uno como escritor recibir influencias de la música o el cine. Se notó una diferencia de opiniones entre las dos generaciones ahí presentes, pero tampoco nos fuimos a los tiros penas (quizá me hubiera gustado ver algo así). Lo mejor de esa noche fue sin duda el after: la cena en un hotel adonde todos fuimos junto el embajador ecuatoriano, el también escritor Galo Galarza. Transmitió su gran simpatía y un notable sentido autocrítico de lo que, pese a lo avanzado, le falta aún al Ecuador para promocionarse en lo cultural.

La delegación literaria ecuatoriana, en pleno. De las gafas a la derecha: Luis Alberto Bravo, Julia Erazo, Simón Zavala, Bruno Sáenz, 
Ramiro Oviedo, Eduardo Varas, Solange Rodríguez, Belén Mena y el odioso moderador con sombrero schavezsteiniano.

5.

Mensaje para Nona Fernández: disfruté mucho de ese baile en la “fiesta de los periodistas” y, sobre todo, de esa espectacular memoria que escribiste sobre la FIL, desde un contexto más marginal, la perplejidad ante el clima de violencia que vive actualmente México. Dudo que alguien de nosotros pueda igualar ese escrito en intensidad.


6.
Durante una feria de libros lo que menos hacemos es leer. Revisando hace poco el libro memoria de los “25 secretos”, advertí un rasgo que me llamó la atención: aquellos que revelaron en sus biografías de autor que la muerte de su padre fue una suerte de detonador para su vocación literaria. Si bien no fueron la mayoría, el punto es que ante la ausencia, vacío o exceso de padre (simbólico, claro está), me atrevería a afirmar que ese "dios-padre-creador" que usualmente asumimos al concebir nuestro propio universo de ficción, se vuelve más radical, imperioso, punitivo, aun cuando escribamos desde esa deslegitimación de la autoridad que es la sátira. Desde eso tan próximo a la verdad que podrá tranquilizarnos un poco, parafraseando a Kafka en Cartas al padre.

Me alegra que ahora, luego de la FIL, seamos cualquier otra cosa menos “secretos”.

No hay “secretos” (nunca los hubo) más que el misterio de nosotros mismos.


Guayaquil, diciembre 2011-ener0 2012

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