Para
Laura, Sarahí y los 24
Miguel
Antonio Chávez
1.
No llegué al inicio de la
FIL Guadalajara, por eso no vi ni a Vargas Llosa (aunque años antes del Nobel,
pude estrechar su mano en El Ateneo de Buenos Aires) ni a Herta Müller ni a
Fernando Vallejo, aunque pude ver, por ejemplo, a Almudena Grandes, Juan
Gelman, Wendy Guerra y Xavier Velasco; sin embargo tuve el extraño honor de ser
invitado por Laura Niembro, la Directora de Contenidos la FIL, a un sencillo
pero muy significativo rito secreto que se practica el día de la clausura en la
“sala de atención a autores”, aquel backstage
de la feria donde nunca faltaron los bocaditos ni el tequila. Los únicos que
intervienen son las organizadoras, en este caso, el equipo a cargo de Laura, y
algún autor que coincida en el momento. Los favorecidos esta vez fuimos Andrés
Neuman y yo. El rito, luego del shot tequilero de rigor, era rayar con un
marcador todas las actividades del último día del cronograma. En la foto que
tomé, Neuman acusó una cara de espadachín sádico. Luego acudí al concierto de
cierre de la FIL a cargo de Super 700, interesante cuarteto berlinés que cerró
la presencia de Alemania como país invitado del 2011, para dar paso al primer
abreboca de lo que será Chile en el 2012, con la fugaz repertorio del dueto de
Valparaíso, Pascuala y Cristián. And that
was the end…
Con Laura Niembro, en el día de clausura de la FIL. Gran conversadora y inquebrantable farrera
En ese día, Sarahí Padilla,
la asistente de Dirección de Contenidos de la FIL, me dijo: “cuando me
preguntaron qué me lleve de los 25 secretos mejor guardados de América Latina dije, un cocktail de virus
internacionales”. Pues sí, al parecer la contagiamos de la malade literaria.
Pero como buena hija de la estirpe del Mr. Wolf de Pulp Fiction, resolvió todos
los problemas logísticos de cada uno de nosotros, “los 25”, y supo curarse
rápido del resfriado. No como yo, que a mi regreso a Ecuador, caí con tres
enfermedades terminadas en –itis, que postergaron la escritura de estos
apuntes.
2.
¿Qué me llevé de la FIL? Una experiencia comparable
al estar en una Disneylandia laberíntica. Mensaje para Giovanna Rivero: creo
que te tomaste demasiado en serio mi comparación un poco pueril al citarme
textualmente en el reportaje que escribiste para tus compañeros de doctorado en
Gainsville.
¿Qué más me llevé? Una
colección de anécdotas acaso fragmentadas que solo se dan cuando el recinto
ferial es tan grande y mis capacidades de orientación son peores que brújula en
el Triángulo de las Bermudas. Además del hecho de que haya tenido un cronograma
frenético y de que cada uno de los “25 secretos” debíamos cumplir con una
agenda diaria y a ratos exigente. Hasta las fiestas privadas a las que íbamos
con nuestros collarines de la FIL nos exigían…
algunas horas de desvelo. Pero eso fue lo de menos. Mensaje para Pablo Soler
Frost: esas venias decimonónicas que hacías cuando conversábamos durante “la
fiesta de los periodistas” en el antiguo mercado de Mexicaltzingo, eran tan
reverentes como divertidas. Al igual que fueron increíbles esas reflexiones que
hiciste comparando el florecimiento del idioma español en la literatura actual
con lo que fue en su momento el Siglo de Oro, durante la entrevista para Babelia, donde participamos además Hernán Ronsino, Dani Umpi y yo. Mensaje para
ustedes tres: fueron muy delirantes esos diálogos sobre “los alienígenas que
moran en los helechos y que algún día conquistarán el mundo”, que improvisamos ante la necesidad del
camarógrafo de planos de nuestros rostros para el reportaje, cuya temática fue
dirigida por Winston Manrique. Mensaje
para Dani Umpi: ¡tan humilde y tímido en tu faceta de escritor y luego
me entero que eres todo un performer
de culto en el río de la Plata!
Pues fue así: enterarnos de
nuestra existencia en la marcha, mientras coincidimos todos en Guadalajara.
Vale mencionar aquí el papel de la periodista mexicana Mariana Linares Cruz, de
Letras Libres, quien nos contactó a los 25 previo a la FIL y realizó (para mi
opinión) el cuestionario más largo, minimalista y sin embargo más inquietante y
mejor pensado que me han hecho.
En la llamada "fiesta de los periodistas". De izq. a der: Pablo Soler Frost, Luis Alberto Bravo, Luis Miguel Rivas, Dani Umpi, Eduardo Varas, Miguel Antonio Chávez, Daniela Tarazona, Fernanda García Lao, Nona Fernández, Enrique Planas, Mariana Linares Cruz y Francisco Díaz Klaassen.
El concepto de los 25 secretos mejor guardados de América
Latina resultó ser tan efectivo que inclusive, salvo excepciones, para cada
uno era un completo secreto la existencia del otro. Así, a quienes algo había leído eran a
Pablo, Giovanna, Dani, Carlos Wynter Melo, Fabián Casas y a mis dos
compatriotas Eduardo Varas y Luis Alberto Bravo. Temas como estos se trataron
en las cinco mesas de los “25 secretos” a las que, por cruce de horarios, no
pude estar presente más que a la mesa en la que tocó intervenir, moderada por
Neuman. Muchos me dijeron que él, como todo un Lionel Messi, se llevó el balón
de oro como moderador. Yo solo me
siento agradecido porque realmente la pasé muy bien y porque Neuman logró un
gran clima para el diálogo entre Andrés Burgos, Fabián Casas, Roberto Martínez
Bachrich, Carlos Wynter Melo y yo, haciéndonos excelentes preguntas que
mantuvieron una mesa de casi dos horas de duración. Difícil olvidar ese gran
texto a base de tuits que leyó Andrés Burgos, herencia del humor y la lucidez
de Monterroso. De aquel testimonio de lealtad que dio Fabián al declinar una
propuesta editorial en Anagrama porque ponía en riesgo a su editora argentina
de toda la vida. Las pocas palabras
pero profundas reflexiones de Roberto. Las convicciones de Carlos: convicciones
firmes, desde un país (Panamá) cuya tradición literaria parece compartir el
mismo karma que el del mío.
3.
Entre las leyendas urbanas
que se corrieron entre los “25”, estuvo aquella de Francisco Díaz Klaassen, el único
de nosotros que obtuvo como hospedaje una fastuosa suite presidencial, la 3407
(quedará en el eterno misterio el porqué), en la que algunos de nosotros
gozamos como en La fiesta inolvidable
de Peter Sellers, y de la que una hora después fuimos expulsados por un
empleado del hotel. Díaz Klaassen daba por hecho una y otra vez que iba a morir
en Guadalajara y lo repetía como mantra … hoy en día, pone ocasionalmente “I
likes” en mi muro de Facebook.
En la ahora mítica habitación 3407 del RIU Plaza de Guadalajara. Parecemos personajes tarantinescos en medio de "La fiesta interminable" de Peter Sellers. Con Adelaida Jaramillo, Solange Rodríguez, Pablo Soler Frost, Carlos Oriel Wynter Melo y Francisco Díaz Klaassen. Estaban también Laura Niembro, Sarahí Padilla, Daniela Tarazona, Fernanda García Lao, Eduardo Varas y Luis Alberto Bravo, entre los que recuerdo
Otra leyenda urbana era que
yo quería matar a Jorge Herralde, el celebérrimo editor de Anagrama. La
explicación era sencilla: Neuman, en la mesa de los “25” en que participé, me preguntó por qué creía yo
que ningún ecuatoriano ha podido publicar hasta ahora en Anagrama y trajo a
colación una broma que en 2009 había hecho yo en mi muro de Facebook (y que
sinceramente ya había olvidado), en donde parodié a Herralde a través de dos
títulos inexistentes firmados por mí, y con el diseño de cubierta y sello de Anagrama. Al día
siguiente en el diario El Observador de Guadalajara salió un titular: “Anagrama nunca publicó a un escritor ecuatoriano: Antonio Chávez”… Debo admitir que mi
respuesta a Neuman fue un no sé.
4.
Me llevé muchas cosas más.
Un viaje de casi tres horas hasta la preparatoria regional de Autlán, donde di
una charla sobre mi experiencia, pero desde la perspectiva de un colegial, como
ellos: ahí expuse todas las inquietudes, obstáculos, temores y mi terquedad en
persistir. Los primeros libros que me destaparon la cabeza. Los escritos
fallidos que aún así disfruté. El cómo la música, el cine o la pintura están
estrechamente relacionadas con la escritura. Y todas las docenas de preguntas
con las que los chicos me bombardearon. Los organizadores se portaron
increíble, me regalaron una inmensa botella de tequila (técnicamente, el primer
tequila que obtengo por dar una charla a colegiales). Y debo rescatar el
momento más bizarro del día, en un restaurante con las autoridades, escuchando
a un mariachi que tocaba para la mesa de al lado. Primero, me preguntaba si los guitarrones tenían esa forma
debido a la panza de los mariachis o viceversa, hasta que escuché que cantaron
inesperadamente Oh Sole Mío y Torna Sorriento, momento que grabé con mi
camarita de turista japonés hasta que la batería se me agotó.
La mesa de toda la
delegación ecuatoriana invitada a la FIL, que me tocó moderar, fue otra
experiencia. Así, teníamos en la misma mesa a Ramiro Oviedo y Julia Erazo, que
desde su experiencia como poetas hablaron de nuevas antologías poéticas
internacionales que estaban a su cargo. Bruno Sáenz habló de su generación;
Simón Zavala, de la dificultad de la difusión internacional de la literatura
ecuatoriana; Belén Mena, de su experiencia como ilustradora de varios libros; y
tanto Solange Rodríguez, Luis Alberto Bravo y Eduardo Varas, desde su
perspectiva contemporánea, en la que es tan normal para uno como escritor
recibir influencias de la música o el cine. Se notó una diferencia de opiniones
entre las dos generaciones ahí presentes, pero tampoco nos fuimos a los tiros
penas (quizá me hubiera gustado ver algo así). Lo mejor de esa noche fue sin
duda el after: la cena en un hotel
adonde todos fuimos junto el embajador ecuatoriano, el también escritor Galo
Galarza. Transmitió su gran simpatía y un notable sentido autocrítico de lo
que, pese a lo avanzado, le falta aún al Ecuador para promocionarse en lo
cultural.
La delegación literaria ecuatoriana, en pleno. De las gafas a la derecha: Luis Alberto Bravo, Julia Erazo, Simón Zavala, Bruno Sáenz,
Ramiro Oviedo, Eduardo Varas, Solange Rodríguez, Belén Mena y el odioso moderador con sombrero schavezsteiniano.
5.
Mensaje para Nona
Fernández: disfruté mucho de ese baile en la “fiesta de los periodistas” y,
sobre todo, de esa espectacular memoria que escribiste sobre la FIL, desde un
contexto más marginal, la perplejidad ante el clima de violencia que vive
actualmente México. Dudo que alguien de nosotros pueda igualar ese escrito en
intensidad.
6.
Durante una feria de libros
lo que menos hacemos es leer. Revisando hace poco el libro memoria de los “25
secretos”, advertí un rasgo que me llamó la atención: aquellos que revelaron en
sus biografías de autor que la muerte de su padre fue una suerte de detonador
para su vocación literaria. Si bien no fueron la mayoría, el punto es que ante
la ausencia, vacío o exceso de padre (simbólico, claro está), me atrevería a
afirmar que ese "dios-padre-creador" que usualmente asumimos al
concebir nuestro propio universo de ficción, se vuelve más radical, imperioso,
punitivo, aun cuando escribamos desde esa deslegitimación de la autoridad que
es la sátira. Desde eso tan próximo a la verdad que podrá tranquilizarnos un
poco, parafraseando a Kafka en Cartas al padre.
Me alegra que ahora, luego
de la FIL, seamos cualquier otra cosa menos “secretos”.
No hay “secretos” (nunca
los hubo) más que el misterio de nosotros mismos.
Guayaquil,
diciembre 2011-ener0 2012




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