lunes, mayo 23, 2011

Cajita de música, poetas hispanoamericanos del siglo XXI




La poesía es un árbol que al girarlo se le cae la música.

Pablo Guíñez




La presente antología Cajita de música, Poetas de España y América del siglo XXI (AEP, Madrid, España, 2011) pretende ser un libro que muestre la vitalidad, la energía y la buena salud de la poesía de nuestra lengua. Es una breve muestra de poetas de los diferentes países de América y de España.





El título de este libro fue escogido de un poema del ecuatoriano Luis Alberto Bravo. Y pretende ser eso: Una cajita de música que suene en todos los oídos del mundo. Vienen de Nicaragua, México, Chile, Argentina. Cuba, España, Guatemala, Ecuador, Perú, Bolivia, Venezuela, Uruguay, entre otros países. Sus nombres ya son memorizados, aceptados y seguidos en sus respectivos países por la crítica, los escritores, medios de comunicación y lectores.




Muchos de ellos han ganado varios premios locales e internacionales. Publican sus poemas en revistas, diarios, antologías y otros soportes. Algunos ya están traducidos a varios idiomas. Viajan, se comunican, debaten, dan ponencias, recitales, escriben con rabia, con apuro, con oficio literario. Sus temáticas son amplias que van desde lo histórico, lo urbano, lo surrealista, lo imaginario, la herencia de sus antepasados, la existencia humana, el humor, la ironía, el tiempo, lo político, lo social, entre otras vertientes.




Estos poetas de algún modo siguen el camino trazado por esos grandes poetas hispanoamericanos como son Lezama Lima, García Lorca, Pizarnik, Eielson, Neruda, Rojas, Vallejo, Celaya, Lihn, Borges, Teillier, Alberti, Cortázar, Cardenal, Watanabe, Juarroz, Rokha, Dávila Andrade, Panero, Huidobro, Giannuzzi, Paz, Dalton, Mistral, Parra, Rodríguez, Gangotena, Zurita, Pacheco, Goytisolo, Varela, entre otros.




Muy bien el crítico peruano Julio Ortega se preguntaba: “¿Cómo leer la poesía que vendrá? Por alguna razón, no del todo evidente, la lectura de poesía es siempre un acto de fe. Se ha dicho que presupone la suspensión de la credibilidad, y que abre un espacio alternativo a los negocios de este mundo. Pero aun si su voluntad de afincamiento nos exige muchas veces dirimir las disputas del presente; termina, no obstante, afirmando un presente proyectivo, reescrito desde la levedad del provenir. ¿Cómo explicarse de otro modo la reafirmación de individualidad y de comunicación humanizadora, de intimidad de diálogo y deseo creador en la poesía más joven de este fin de siglo, precisamente cuando el presente documenta privaciones de todo orden? Al igual que otras artes de este tránsito, la poesía se ha convertido en una de las formas de futuridad compartible. Este libro pretende leer ese provenir”.




Lo mismo creo y espero: que este libro lea el porvenir de la nueva poesía hispanoamericana. Que sea un libro obligado de investigación literaria y que sea una fuente indispensable para entender y saber lo que vive la poesía más reciente de esta América y de España. Espero que los lectores, escritores, periodistas y críticos que lean esta antología disfruten los versos de estos poetas que ya están tatuando la memoria de sus países y sobre todo el futuro del mundo.




Augusto Rodríguez



Guayaquil, febrero de 2011.






Lista de poetas:





Ecuador: Siomara España, Luis Alberto Bravo y Alexis Cuzme



Paraguay: Ernesto Centurión y Silvia R. Miranda Benítez



Bolivia: Jessica Freudenhtal y Osmar Filipovich



Colombia: Fernando Vargas y Gustavo Adolfo García



Venezuela: Freddy Ñáñez, Gladys Mendía y Dannybal Reyes



México: Yaxkin Melchy, Luis Alberto Arellano e Iván Cruz



Uruguay: Horacio Cavallo y Manuel Barrios



Brasil: Pedro Rocha



Perú: Paúl Guillén y Vanessa Martínez



Argentina: Andrés Neuman, Valeria Meiller y Eugenia López



Chile: Héctor Hernández Montecinos, Ernesto González Barnert y Oscar Saavedra



Guatemala: Alan Mills



Cuba: Elio Javier Pellejero y Susana Haug Morales



El Salvador: Pablo Benítez



Nicaragua: Francisco Ruiz Udiel



España: Alfonso Berrocal, Pablo Méndez, Sergio Rodríguez


martes, mayo 03, 2011

Llamadas telefónicas con Gonzalo Rojas (1917 - 2011)


Por Augusto Rodríguez


Gonzalo, poeta, amigo, te seguiré llamando por teléfono y seguiré escuchando tu voz. Tu voz que viajaba desde el otro lado del teléfono por el alambre de la poesía. De esos poemas que hemos leído siempre como si vinieran de otro lado, de otro mundo. Las palabras en ti tomaban otro ritmo, otra respiración, otro verbo. Creabas nuevas palabras al hablar y al escribir dejabas rastros de luz, pero sobre todo nos decías algo del más allá, del cielo, de las nubes y de eso que está escrito en las estrellas.

Cuando viajé a Santiago de Chile e iba al Sur a verte, viniste a Santiago y nos cruzamos. O como tus deseos de venir a leer con nosotros (tus amigos, tus lectores) a nuestro cálido Guayaquil. El clima te vendría bien, según tú. Pero de último momento te enfermaste. Ya nada importa. Pero me quedo con las conversaciones y los diálogos abiertos. No tuve la suerte de conocerte pero quedo con tus palabras del otro lado del telefóno. Sé que seguirás hablando con tu única voz, a borbotones, a disparos, con la velocidad del lenguaje y de la rabia.
A ratos pienso que las palabras se nos van acabando y que los verdaderos y últimos poetas se van muriendo y vamos quedando los mortales. Los otros. Los ocultos. Los iniciados. Los que esconden cenizas y tienen sucias las manos. En un tiempo actual de terroristas, beatos, tsunamis, terremotos, mineros, talk shows, bodas reales y donde los poetas sólo piensan en premios, marketing, antologías, residencias, ministerios, dinero, mujeres, entrevistas, etc., y se olvidan de escribir el poema sencillo y cotidiano de todos los días que nos aliente, nos descifre y nos una como humanos…
Te seguiré llamando Gonzalo, poeta, amigo. Seguramente tu teléfono sonará ocupado, ocupado, ocupado. ¿Estarás hablando con todos nuestros muertos? ¿Eres aire? ¿Estrella? ¿Fuego? Sólo sé que respiraremos tu oxígeno.