Entrevista por Flavio Paredes
1 - Tu opinión sobre esta selección de los 25 secretos
de la FIL Guadalajara
Pienso que esto de los 25 secretos es como cualquier libro de antología. Los hay de
narrativa, de poesía, de guiones cinematográficos (estos últimos, si no los
hay, ya debería haberlos). Y a menudo tienen un criterio de selección; enfocados
en un parámetro: ya sea cronológico o en los lugares de nacimiento. En los últimos años,
los hay quienes tienen un argumento adicional. Cito el caso de la antología de
cuento que preparó Jeffrey Eugenides, quien basado en un poema de Catulo, argumentó
que uno de los parámetros para su selección, era que en el algún momento del cuento
se mencionara a un gorrión o a un gorrión muerto.
El criterio de la selección de la FIL de
Guadalajara, fue de descubrirle a los lectores y editores extranjeros, a aquellos
potenciales escritores, relativamente conocidos en sus países, pero totalmente desconocidos
fuera de los mismos.
2 - ¿Cómo ves esta lista en relación a otras
anteriores, Bogota39 o McOndo? ¿Qué piensas sobre esta necesidad o intención
de agrupar a los escritores (sean ejemplos el Boom o el grupo de Guayaquil,
entre otros)?
Lo de los 25 de
la FIL de Guadalajara está más emparentado con el reciente Bogotá 39 que con McOndo. Tanto las selecciones de estas dos fueron logradas en el
boom de las redes sociales. Y tuvieron una feria de libro como plataforma. Los
criterios de selección fueron otros, pero igualmente meditados por libreros, críticos,
periodistas, escritores.
McOndo fue un libro, nada más. Fue una percepción de Alberto
Fuguet, de replantearse las formas pues era lógico de que había un lector
distinto.
Todas las selecciones literarias que se han venido
haciendo en los últimos quince, veinte años reconocen (tarde o temprano)
ausencias que pudieron motivar positivamente el criterio original de selección.
La gente que conforma el mercado editorial (editores, críticos, directores de
cultura, etc) entienden que una forma de llamar la atención del público es generando
constantemente interés; y la reacción (para bien o para mal) se incita con formas
novedosas.
Lo del Grupo Guayaquil pienso que se trató de
una de las formas que interpreta el azar, la preocupación social y el
pensamiento colectivo. El grupo devino a partir de eso. Y el Boom
latinoamericano tiene algo de lo que recién acabo de explicar, pero también de
estrategia y astucia editorial.
3 - ¿Encuentras relación entre tu escritura y la de
los demás integrantes?
No los conozco a todos. Solo a Miguel y a Eduardo. Diría
que no. A ellos dos les gustan The Beatles y The Who y a mi Air y Teleradio Donoso.
4 - La presencia de tres ecuatorianos levanta el manto
de invisibilidad, acusado sobre las letras del país.
“El manto de invisibilidad” que arrastra el país es más lógico que un karma desgraciado. Creo que hay la oferta, pero no existe la demanda que sustente la inversión. Eso lo han entendido los editores extranjeros, con relación al Ecuador. Lo uno provoca lo otro. El escritor se siente como un piloto de F1 sin monoplaza, llega a entender que no podrá vivir de esto y se dedica a otra disciplina que le reditúe dinero. De esa manera mata la vocación, abandona la literatura. Esto es triste y no es algo sencillo. Va en contra del progreso. Y el país y el mundo pierden, a partes iguales, a quien, a lo mejor pudo haber producido obras literarias fundamentales.
Ahora, lo que diferencia de los autores locales de las
generaciones anteriores es que ya no hay esa avidez de representación (más que
forzada, autoimpuesta por el escritor). Yo viajo a la FIL sabiendo que me han
invitado porque he hecho de la literatura algo propio, una excentricidad que exige
de mí: oficio y tiempo. Y lo he entendido así, sabiendo que no voy a obtener
dinero de ahí. Yo no viajo como un escritor que represento de algún modo al
país, o a la literatura del Ecuador. Cuando escribo un libro tengo presente de
que aquello, que estoy dando precisión, me guste a mí principalmente. No asumo
responsabilidades y no tengo sentimientos nacionalistas.
5 - ¿Se puede hablar de una literatura generacional en
el Ecuador?... ¿cabe aún el parricidio?
Como en todas las épocas, los autores, se han visualizado a partir del
lugar, de intereses de publicación, de la edad. Nunca se ha tratado de algo
concreto. Más bien es una ilusión, de estar percibiendo algo ordenado. Y ya sea
por estar “afectados” de alguna consecuencia social o revolución mundial, todo
aquello que puede determinar gustos estéticos compartidos, temas que seducen a
más de un escritor, etc.
El parricidio es una tendencia que generalmente se lo
asume por interés material o por asumir notoriedad. Tiene mucho de cobarde. Generalmente
se le da batalla a quien no puede defenderse. Y a menudo la base de su
argumento se sustenta en decirnos que quien estuvo aquí anteriormente, lo hizo todo
mal. Por desgracia es algo cíclico. No lo comparto, pero existe.
Luis Alberto Bravo
6 - ¿En qué proyecto te hallas este momento?... ¿Cómo te planteas la escritura?
Siempre estoy haciendo algo. Y a menudo no es una sola cosa en la que me
encuentre enfocado. Por lo tanto se me hace difícil concretar. Pero me
expresaré respecto a uno, consiste en traducir al universo literario la
estética de las fotografías y el cine de David Hamilton. Aprecio una foto, por
ejemplo, la analizo y empiezo a escribir cosas, muchas sin razonar. Escribo
todo lo que me produce la composición, lo que logro percibir. Luego lo trato
estéticamente. Y veo si funciona como un texto literario. Es un ejercicio de intentar
extraer la atmósfera del universo vintage, glow, y onírico de las obras
visuales de Hamilton, e intentar que al menos como una ilusión funcionen de
modo literario.
El joven enamorado llora
y se golpea el sexo;
Se masturba creyendo
será la última vez.
***
Ella mira hacia el sueño:
Un leñador viaja hacia el bosque.
La memoria es blanca madera.
Ella mira hacia el bosque:
Sueña con tierra
de sembrado en su vagina.
Ella admira un campo de algodones de azúcar;
mientras la mirada del leñador se posa en
sus piernas.
La escritura me la planteo con riesgo. Y me gusta. Tengo que darlo todo. He
configurado mi tiempo desde hace siete años para dedicarme únicamente a
escribir. No sé si esto siga así, pero si resulta fragmentado, no va a hacer
que la abandone progresivamente sino que la vocación va a ir declinando,
perdiendo capacidad. Y con criterio tendré que asumir que estoy fuera. Pero es
de la única manera que entiendo el oficio literario. Si quiero escribir las
obras que intento o he logrado aproximarme, tengo que arriesgar y tener
ambiciones. Si no tienes ambiciones o no arriesgas, no esperes producir obras
ambiciosas, con riesgo, y que tengan la capacidad de defenderse solas.



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