domingo, diciembre 04, 2011

La escritura me la planteo con riesgo (Entrevista al escritor Luis Alberto Bravo)


Entrevista por Flavio Paredes

1 - Tu opinión sobre esta selección de los 25 secretos de la FIL Guadalajara
 
Pienso que esto de los 25 secretos es como cualquier libro de antología. Los hay de narrativa, de poesía, de guiones cinematográficos (estos últimos, si no los hay, ya debería haberlos). Y a menudo tienen un criterio de selección; enfocados en un parámetro: ya sea cronológico o en los lugares de nacimiento. En los últimos años, los hay quienes tienen un argumento adicional. Cito el caso de la antología de cuento que preparó Jeffrey Eugenides, quien basado en un poema de Catulo, argumentó que uno de los parámetros para su selección, era que en el algún momento del cuento se mencionara a un gorrión o a un gorrión muerto.
El criterio de la selección de la FIL de Guadalajara, fue de descubrirle a los lectores y editores extranjeros, a aquellos potenciales escritores, relativamente conocidos en sus países, pero totalmente desconocidos fuera de los mismos.
  



2 - ¿Cómo ves esta lista en relación a otras anteriores, Bogota39 o McOndo? ¿Qué piensas sobre esta necesidad o intención de agrupar a los escritores (sean ejemplos el Boom o el grupo de Guayaquil, entre otros)?
 
Lo de los 25 de la FIL de Guadalajara está más emparentado con el reciente Bogotá 39 que con McOndo. Tanto las selecciones de estas dos fueron logradas en el boom de las redes sociales. Y tuvieron una feria de libro como plataforma. Los criterios de selección fueron otros, pero igualmente meditados por libreros, críticos, periodistas, escritores.
McOndo fue un libro, nada más. Fue una percepción de Alberto Fuguet, de replantearse las formas pues era lógico de que había un lector distinto.
Todas las selecciones literarias que se han venido haciendo en los últimos quince, veinte años reconocen (tarde o temprano) ausencias que pudieron motivar positivamente el criterio original de selección. La gente que conforma el mercado editorial (editores, críticos, directores de cultura, etc) entienden que una forma de llamar la atención del público es generando constantemente interés; y la reacción (para bien o para mal) se incita con formas novedosas.
Lo del Grupo Guayaquil pienso que se trató de una de las formas que interpreta el azar, la preocupación social y el pensamiento colectivo. El grupo devino a partir de eso. Y el Boom latinoamericano tiene algo de lo que recién acabo de explicar, pero también de estrategia y astucia editorial.
 
 
3 - ¿Encuentras relación entre tu escritura y la de los demás integrantes?
 
No los conozco a todos. Solo a Miguel y a Eduardo. Diría que no. A ellos dos les gustan The Beatles y The Who y a mi Air y Teleradio Donoso.
 
 
4 - La presencia de tres ecuatorianos levanta el manto de invisibilidad, acusado sobre las letras del país.


“El manto de invisibilidad” que arrastra el país es más lógico que un karma desgraciado. Creo que hay la oferta, pero no existe la demanda que sustente la inversión. Eso lo han entendido los editores extranjeros, con relación al Ecuador. Lo uno provoca lo otro. El escritor se siente como un piloto de F1 sin monoplaza, llega a entender que no podrá vivir de esto y se dedica a otra disciplina que le reditúe dinero. De esa manera mata la vocación, abandona la literatura. Esto es triste y no es algo sencillo. Va en contra del progreso. Y el país y el mundo pierden, a partes iguales, a quien, a lo mejor pudo haber producido obras literarias fundamentales.
Ahora, lo que diferencia de los autores locales de las generaciones anteriores es que ya no hay esa avidez de representación (más que forzada, autoimpuesta por el escritor). Yo viajo a la FIL sabiendo que me han invitado porque he hecho de la literatura algo propio, una excentricidad que exige de mí: oficio y tiempo. Y lo he entendido así, sabiendo que no voy a obtener dinero de ahí. Yo no viajo como un escritor que represento de algún modo al país, o a la literatura del Ecuador. Cuando escribo un libro tengo presente de que aquello, que estoy dando precisión, me guste a mí principalmente. No asumo responsabilidades y no tengo sentimientos nacionalistas.
 
 
5 - ¿Se puede hablar de una literatura generacional en el Ecuador?... ¿cabe aún el parricidio?
 
Como en todas las épocas, los autores, se han visualizado a partir del lugar, de intereses de publicación, de la edad. Nunca se ha tratado de algo concreto. Más bien es una ilusión, de estar percibiendo algo ordenado. Y ya sea por estar “afectados” de alguna consecuencia social o revolución mundial, todo aquello que puede determinar gustos estéticos compartidos, temas que seducen a más de un escritor, etc.
 
El parricidio es una tendencia que generalmente se lo asume por interés material o por asumir notoriedad. Tiene mucho de cobarde. Generalmente se le da batalla a quien no puede defenderse. Y a menudo la base de su argumento se sustenta en decirnos que quien estuvo aquí anteriormente, lo hizo todo mal. Por desgracia es algo cíclico. No lo comparto, pero existe.








Luis Alberto Bravo 


6 - ¿En qué proyecto te hallas este momento?... ¿Cómo te planteas la escritura?
 
Siempre estoy haciendo algo. Y a menudo no es una sola cosa en la que me encuentre enfocado. Por lo tanto se me hace difícil concretar. Pero me expresaré respecto a uno, consiste en traducir al universo literario la estética de las fotografías y el cine de David Hamilton. Aprecio una foto, por ejemplo, la analizo y empiezo a escribir cosas, muchas sin razonar. Escribo todo lo que me produce la composición, lo que logro percibir. Luego lo trato estéticamente. Y veo si funciona como un texto literario. Es un ejercicio de intentar extraer la atmósfera del universo vintage, glow, y onírico de las obras visuales de Hamilton, e intentar que al menos como una ilusión funcionen de modo literario.





El joven enamorado llora

y se golpea el sexo;

Se masturba creyendo
será la última vez.

 
***





Ella mira hacia el sueño:

Un leñador viaja hacia el bosque.


La memoria es blanca madera.

Ella mira hacia el bosque:
Sueña con tierra de sembrado en su vagina.
Ella admira un campo de algodones de azúcar;
mientras la mirada del leñador se posa en sus piernas.





La escritura me la planteo con riesgo. Y me gusta. Tengo que darlo todo. He configurado mi tiempo desde hace siete años para dedicarme únicamente a escribir. No sé si esto siga así, pero si resulta fragmentado, no va a hacer que la abandone progresivamente sino que la vocación va a ir declinando, perdiendo capacidad. Y con criterio tendré que asumir que estoy fuera. Pero es de la única manera que entiendo el oficio literario. Si quiero escribir las obras que intento o he logrado aproximarme, tengo que arriesgar y tener ambiciones. Si no tienes ambiciones o no arriesgas, no esperes producir obras ambiciosas, con riesgo, y que tengan la capacidad de defenderse solas.
  

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