sábado, noviembre 27, 2010

¿Tienen que dormir las niñas punk? (Prólogo al libro Cuentos para hacer dormir a una niña punk)



por Miguel Antonio Chávez

Llega un momento en que la literatura necesita uno de esos baños de non sense para romper con la predictibilidad que a ratos sentimos cuando leemos obras, especialmente de autores noveles. La tradición podría aplastarlos tempranamente, hay que ser demasiado osado (pero sobre todo ignorante) como para inventar a un Lewis Carroll o un Witold Gombrowicz.
Decenios después de la satanización supina hacia los mass media y de haber superado, gracias al cielo, teorías de comunicación tan anacrónicas como la de la Aguja Hipodérmica, hoy podríamos sentarnos apocalípticos e integrados en una consola de Nintendo Wii, mientras el afable Umberto Eco se toma unas merecidas vacaciones en Aruba. Del mismo modo que un grupo pop como Miranda! puede afirmar sin el más mínimo desparpajo del mundo, y hasta con cierto orgullo, que el dueto Pimpinela es su mayor influencia musical (y no, por ejemplo, los Niños Cantores de Viena), el ecuatoriano Luis Alberto Bravo compone unos tracks de su álbum/filmo/libro para desdibujar las fronteras, precisamente, entre la música, el cine y la literatura. Un paseo donde los cuentos de Bravo transitan gozosa y anárquicamente sin necesidad de mostrar visados ante aduana academicista alguna.





Retomando al imaginario de la gran mayoría de personas que aún cree que los «cuentos» sólo son para infantes hiperkinéticos a quienes hay que anestesiarlos con dragones o brujas, Cuentos para hacer dormir a una niña punk, hace su tour de force, llevándonos de la mano —con la visión de un crítico de road movie/gore y de un pop-adicto al pop corn— por cinco salas de proyección que Bravo ha llamado: 1) Cuentos para hacer dormir a una niña punk; 2) Cuentos Tristes & Mitología; 3) Cinema; 4) Bonus Track; y 5) Epílogo (Para irnos despidiendo).
A lo largo de cada sección de la obra se pueden distinguir ejes temáticos reconocibles. En una, hablaremos de antifábulas cinematográficas; en otras, de criaturas sátiras y élficas (básicamente a través de microcuentos o cuentos cortos); y en la siguiente, de la falsa biografía de escritor. Cada sección (a excepción de la cuarta, que es más bien un apéndice lúdico de la obra y un astuto adelanto, vía trailer, de la venidera novela de Luis Alberto Bravo, Septiembre) va alternando estos tres temas. En el primero, podríamos hablar de «Ximena San Diego», «Las ardillas del Orden Enano» o «Joven interrumpida en su música», donde el autor narra qué podría resultar de ubicar a Sid Vicious frente a un cuadro de Veermer; del lesbianismo colegial de «Leyendas de Volkswagen’s», donde con un humor normalmente ajeno a historias etiquetadas como «comedias románticas», asistimos a las vidas de Mon y Sofía, desde sus inicios, cuando en los baños del colegio se besaban con el pretexto de intercambiarse sus chicles, y las consecuencias en la relación de la ida a Canadá de una de ellas; de «Pequeños papeles», donde un frenético flujo de minucias invade nuestras hojas, y será degustado especialmente por aquellos que recuerden, por ejemplo, la aparición del escritor Rodrigo Fresán en una escena de Martín Hache. Sin embargo, destacamos en este grupo de relatos, «La verdad sobre wilis cinematográficas» y «Notas de Cine o lo que es peor, Tarantino + Godard = Bolaño». Este último parece más bien una suerte de fachada para exponer el manifiesto estético cinéfilo de Bravo. Entre el aluvión de referentes, hilvana con precisión aspectos de los personajes del filme de Julie Taymor, Across the universe, con las circunstancias históricas que rodearon a Los Beatles.




«La verdad sobre wilis cinematográficas», por su parte, tiene momentos de antología cuando, desde el primer párrafo, se enuncia un significado de diccionario: Wilis, «de la mitología eslava: Nombre que se daba a los espíritus de las muchachas que morían vírgenes un día antes de su boda; y que en los años sesenta fracasaron en su intento por convertirse en cantantes yé-yé; perdieron su virginidad, aprendieron a fumar yerba, a ir al cine, y a cantar alguna que otra canción de moda (desde Los Beatles hasta Bruno Lomas y Solera).» En la historia, el actor Klaus Kinski obsequia a su amigo Roman Polaski (quien por entonces sufría por la fatídica muerte de su esposa Sharon Tate a manos del clan Manson) un frasco que contenía a una wili. Tras meses de disputa, y para evitar cualquier escándalo en los tabloides, deciden sortear: «Quien sacara “cara” la desvirgaría y se convertiría en su mentor, pero quien sacara “sello” sería su padre y de esa manera su nombre sería relacionado con el de ella para siempre». Kinski pierde, y así, «ulceroso, triste, cabizbajo y erecto, le puso a la ex wili el nombre de Nastassja (en recuerdo a una gitana que murió en un acto de circo); en cambio Roman… luego de desvirgarla, se la llevó donde Lee Strasberg, para que éste la convirtiera en una gran actriz.» Más adelante, se men¬ciona que con el transcurso de los años muchas de las wilis se dedicaron a la música, como Natalie Imbruglia, Karen O (vocalista del grupo de rock y garage-punk Yeah Yeah Yeahs), Christina Rosenvinge, Fiona Apple; y «en Chile, una wili llamada Javiera que se fue a caer en el jardín de la casa de los Parra.»
Entre las fábulas de criaturas sátiras y élficas, descubrimos «La elfa infiel» y «Cuento para niños castigados en las bodas», este último, una sabrosa y torcida apología al mundo de los Pitufos.
Por sus conexiones intertextuales, no podemos dejar pasar los que hemos denominado las falsas biografías de escritor. Así, Luis Alberto Bravo hace su homenaje a obras como Historia abreviada de la literatura portátil, de Enrique Vila-Matas; Literatura nazi en América, de Roberto Bolaño; y, a ratos con Zelig, de Woody Allen, creando una genealogía propia de escritores multifacéticos, cuya historia se entrelaza.
En «Corati», la vida del capitán Biblius Corati (poeta y navegante ateniense de origen italiano, autor de El buen puerto) sigue más allá de la muerte a través de insólitas reen¬carnaciones —transmutaciones, lo llama con mayor acierto el narrador— que sirven de excusa para dibujar persona¬lidades múltiples, como el del encantador secretario de la embajada de Ecuador en París, Manuel Durán Sotomayor.
En «Fabio Martinis» se cuenta que este personaje, vivió en París desde 1881 a 1885, y asistió durante algún tiempo a tertulias literarias hasta que fue expulsado por Stéphane Mallarmé «debido a sus obstinaciones de besar en la boca al joven André Gide». Trabajó algún tiempo a las órdenes del capitán Corati. «De regreso a Estados Unidos trabajó en seis películas pornográficas. Y en abril de 1968, luego de un concierto de Nico, se coló en una orgía sexual en la que participarían Jim Morrison, la mujer de éste, dos poetas beat —uno de éstos decía ser discípulo de Allen Ginsberg—, una joven que afirmaba ser pariente de Janis Joplin, el mismo Martinis y un moreno».
«El poeta porno» es la historia de Eugenio Conrado, poeta y editor, que se asentó en Barcelona, a mediados de los cincuenta y que publicó a Corati. Se menciona en el cuento que Bellmer, condiscípulo de Conrado, fue sorprendido por este «en el momento justo en que intentaba introducir su pene a una muñeca que había pertenecido a Úrsula», prima de Bellmer. «La sonora carcajada de Conrado fue tal que Bellmer se le abalanzó a golpes y luego de hacerle perder el conocimiento procediera a abusar sexualmente de él.»
En «Vitantonio Castro Santini», por su lado, descubrimos que este guionista, director y poeta visual, cuya familia materna de ascendencia italiana llegó en un barco capitaneado por Corati en 1940, se embarcó en 2023 en su ópera prima, la adaptación de Niebla, la recordada novela del español Miguel de Unamuno; y logró en 2041 una fallida comedia de humor negro con una octogenaria Nastassja Kinski. ¡Y no hablaré de la aparición de cierta vaca sagrada de la poesía chilena para no arruinar la sorpresa!



El libro del escritor ecuatoriano en el Stand L14 (Área de editoriales independientes), Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2010.


¿Bastarían cuentos para hacer dormir a una niña punk? Sería como responder convincentemente Do androids dream of electric sheep? En medio de este mundo de sexo, fábulas y humor, Luis Alberto Bravo nos reencuentra con el lector punk que todos tenemos por dentro. Sea que viva en forma de muchacha o de una niña de siete años. Fogwill o Aira decidirán.
Guayaquil, marzo de 2010

lunes, noviembre 22, 2010

Entrevista al escritor ecuatoriano Luis Alberto Bravo



Por Augusto Rodríguez

Luis Alberto Bravo (Ecuador, 1979). Ha publicado Antropología Pop (Para árboles epilépticos) (mención de honor del César Dávila Andrade de Poesía 2008), Utolands (Ganador del Concurso de poesía y cuento Lenguaraz 2009 (México) y Cuentos para hacer dormir a una niña punk (Ediciones Arlequín, de México). Su novela Septiembre recibió una mención de honor del XII Concurso Nacional de Literatura 2009 Dr. Ángel Felicísimo Rojas. Mención de honor del II Concurso Nacional de Dramaturgia y Creación Contemporánea José Martínez Queirolo 2011 por su obra dramática La casa del árbol. Es miembro del grupo cultural Buseta de papel.


1-Luis Alberto, ¿Cuándo y por qué empiezas a escribir? ¿Qué poetas o escritores son tus referentes o tus autores de cabecera?

No recuerdo exactamente la edad que tenía cuando se da este especial encuentro con el destino. Pero sí recuerdo el momento en que supe que quería ser escritor, aunque esto no es exacto, yo no tenía idea de saber lo que era un escritor, lo que yo entendí en aquel momento fue: que me gustaría ser alguien que crea historias. Dicho episodio se dio el día en que me enfrenté a un especial título de una página, del tomo 10 de la enciclopedia El Mundo de Los Niños: El país de los castillos encantados. Fue algo maravilloso aquello, nunca me ha dejado de producir fantasía y de gustar dicho título. Leí con devoción lo que contenía aquella página y quedé satisfecho pero además sentí que era muy poca información (acostumbrado a evitar libros sin ilustraciones, aquella fue una revelación: era la primera vez que sentía avidez por leer más sobre un tema). Di vuelta la página y… lástima, ya no había más castillos encantados. Me di a la
tarea de buscar todo sobre Luxemburgo, a la caza de otra leyenda de castillos (quería conocer más de estas historias por las que llegaron a catalogar de esa manera a dicho país). Pero nunca encontré nada. Triste, al no hallar ninguna historia, me las empecé a inventar. Es en ese momento en que llego a cuestionarme sobre la existencia de los escritores.




Han sido muchos los autores que me han entusiasmado; dejo de leer a algunos pero suelo volver a ellos cada cierto tiempo. Me gustan poetas como Jorge Teillier, Rolando Cárdenas, Braulio Arenas, Enrique Lihn, Javier Heraud, Armando Uribe, Charles Bukowski, Jack Kerouac, Allen Ginsberg, Claudio Bertoni, Erick Pohlhammer, George Trakl, Leopoldo María Panero, René Char, Emilio Adolfo Westphalen, Charles Simic, José Eugenio Sánchez, etc. En narrativa me gustan: Italo Calvino, Adolfo Bioy Casares, Jorge Luis Borges, Georges Perec, Julio Cortázar, J.D. Salinger, Enrique Vila-Matas, Sergio Pitol, Roberto Bolaño, César Aira, Leonardo Valencia, Jeffrey Eugenides, Miranda July, Juan Forn, Ray Loriga, etc.



2-Has publicado en el 2010 el poemario Antropología pop (para árboles epilépticos), el poemario Utolands que ganó el I Premio de Poesía de la revista mexicana Lenguaraz y el libro de cuentos Cuentos para hacer dormir a una niña punk publicado en México ¿Qué me puedes decir de estos libros?

En primer lugar que se tratan de libros contemporáneos. Los escribí aleatoriamente. Y en segundo lugar que estos libros eran un salvoconducto, una forma que había encontrado para hacer literatura ante la imposibilidad de escribir una novela. Yo tenía desde el 2001, 2002, no es exacto esto, una novela relacionada con el mes de septiembre, aparentemente acabada, llevaba unas 120, 140 páginas. Y no lograba ni que la historia me convenciera ni que el resultado fuera consistente al paso de los años. En la búsqueda del tono de la narración, de la experimentación de las formas, de editar mucho; y con un sentimiento de fracaso (al no poder llevar la novela a buen puerto) es cuando me veo con abundante material para otros libros. De pronto me vi escribiendo poesías, cuentos, canciones. Yo no era un gran lector de poesía. Así que lo que escribía no necesariamente era poesía, sino tal vez lyrics de canciones (sin música). Empecé a leer mucho, también para descubrir parentescos con lo que yo estaba haciendo. Pero siempre me sentía inconforme porque mi objetivo principal era aquella novela sobre el mes de septiembre que me daba vueltas en la cabeza; esto se prolongaría muchos años más, la retomé en el 2009: eliminando más del noventa y ocho por ciento de lo escrito (apenas me quedé con el nombre de un personaje) y terminándola en tres meses. Un nuevo tratamiento de la novela lo hice este año.


3-Tu poesía se nutre de una gran gama de imaginarios sociales, idiomáticos, artísticos y culturales muy diversos ¿qué me puedes decir al respecto sobre tu propia poética?

Que envés de concentrarme en un discurso retórico, efectista, sorprendedor (cosas que solo sirven para quedar bien con el canon), siempre le doy especial énfasis a una estructura, donde vaya a caber el contenido. Encuentro mi estilo ahí. La búsqueda de la «forma» es muy importante para mí, es lo primero que busco y muchas veces es donde más me demoro; es la parte estética de la obra. Es en ese momento cuando me enfrento a algo amorfo y empiezo a darle precisión a partir de mis gustos pictóricos, musicales, cromáticos, literarios; atiendo todo el tiempo una mitología personal (nada alejado al ejercicio que hacía Stéphane, el protagonista de La ciencia del sueño, de Michel Gondry). Una vez que tengo resuelto esto, el contenido debe funcionar en dicha forma. En este punto corrijo leyendo el texto en voz alta (una y otra vez) atendiendo un ritmo (que ha sido impuesto por la forma) y editando mucho; un “ruido” o algo que no me deje leer fluidamente, que no encaje la lectura de una imagen en la estructura: es indicativo de que algo anda mal, y hay que corregir.

En ocasiones el contenido viene ya con la forma. Pero básicamente las cosas que quiero contar son en apariencia sencillas, fáciles de digerir para el lector; aunque el camino para la construcción no sea así. Me interesan los contextos, las connotaciones, mover los elementos en la naturaleza para que sean sugeridos de otra manera, un texto reciente: Una muchacha lanza una hamburguesa al océano: ella jamás dirá su nombre, es un ejemplo de lo que acabo de decir, son cosas que excitan mi imaginación. A veces creo que son como los ready mades de Duchamp. Pero en fin, es la apariencia sencilla del texto, lo que resulte que determinada índole, lo vea como algo malévolo, mediocre, pobre, fácil. Y se pasa por alto el ejercicio de la búsqueda de un orden, de un montaje, ignorando que estructura y ritmo han convenido para que el contenido sea natural.

Un discurso retórico aparentemente gana por su elegancia, por su poder de persuasión, por su aparente dominio y técnica, cuando no es así, es un texto que muchas veces no encaja en nada, ni simula un orden, peor tiene un contenido aparente. Los escritores de esta índole: se repiten. La retórica es una técnica artificiosa que persigue el efecto y descuida el contenido. Pero esto no es del todo condenable: apenas es su concepto. Lo condenable es creer que es el único medio válido para la celebración poética.

En mi caso una forma o estructura termina, finaliza con el texto en el que lo he utilizado, no me parece ético que vuelva a utilizar la misma forma para otros discursos, de esa manera tendría una fórmula (podría escribir muchos libros así). Sucede que a mí me gusta hallar otras posibilidades y formatos en que la creación y contenido coexistan. Invento todo el tiempo. Me invento todo el tiempo. Estoy muy de acuerdo con lo que dice César Aira de la poesía: «es el laboratorio de la literatura».



4-Sé que también escribes narrativa, por ejemplo tu novela Septiembre ganó una mención en un concurso nacional de novela, y sé que pronto publicarás el libro de cuentos Las Ardillas del Orden Enano, ¿qué me puedes decir de esto?

A mí me gusta pensar que mis textos pueden ser la base, producto en potencia o punto de partida para que otro agente creativo logre que mis historias, mis personajes, mis procedimientos… puedan alcanzar otras formas de expresión, ya sea pictóricas, musicales, cinematográficas, incluso literarias (productos apócrifos, no sé); un amigo lo llamó cross media. Yo lo encuentro así como un ejercicio de sinestesia, el final sería una comunidad que ha creado a un público simpatizante de determinado tema.

Para hablar de Septiembre en principio tengo que dejar de hablar de mis otras obras. Pero diré que es la matriz. Lo que es un poema en Utolands acá es el epitafio en la tumba de un personaje. Lo que es un relato en Cuentos para hacer dormir a una niña punk, acá es el epílogo de la novela, el making off. ¿Ya dije que mis otras obras se gestaron mientras no podía escribir Septiembre? Es algo así como la cosmovisión de mi obra literaria (hasta el momento).

Las ardillas del Orden Enano en principio fue evitar escribir una novela corta, basada en uno de los relatos incluidos en Cuentos para hacer dormir a una niña punk; conservé el cuento, y en cambio escribí la configuración de la mitología particular, alrededor del mundo de los personajes: que habitan donde se da la historia de Las ardillas del Orden Enano; sus ídolos, sus enfermedades, la configuración del paisaje, sus miedos, sus pasatiempos. Ahora la publicación responde a un proyecto paralelo, a veces por su carácter de respuesta medito en que se trata de un happening, pero no quiero especular. Un grupo de lectores pagan por la obra antes de que esta salga de imprenta, con aquel dinero reunido se paga la financiación de la postproducción: diagramación, impresión, etc. Es cuando una emergente editorial independiente como El Quirófano (que de ser un dibujo de editorial va encontrando cuerpo a través del diálogo, escuchando y proponiendo otras posibilidades); de esta manera Las ardillas del Orden Enano a paso lento va esbozando un camino hacia el lector. Alguna vez pensé que las editoriales cartoneras eran acordes para este tipo de procedimientos; intenté contactarme con Matapalo y no obtuve respuesta. Que un editor no responda o no emita su criterio de evaluación o punto de vista acerca de una obra, pone en evidencia su incapacidad de profesión, pone en perfil su inoperancia y finalmente muere.


5- Pienso que eres parte de la nueva generación de escritores y poetas ecuatorianos que su gran meta no es publicar en el Ecuador sino de traspasar los límites-paredes mentales y publicar en el extranjero para abrir nuevos diálogos y perspectivas a la literatura ecuatoriana al mundo, ¿qué piensas al respecto?

Es de poco aliento volver a las palabras del escritor Fernando Nieto Cadena, cuando dice: «Estar publicado en Ecuador es como estar inédito en el extranjero». Y sí. En lo particular obedece a dos razones, soy una persona muy ambiciosa (en cuanto a lo que quiero hacer y a donde quiero llegar con mi obra). Todo lo hice distinto. Dejé mi carrera cuando supe que lo mío era la Literatura. Soy un poco como El barón rampante de Calvino, no me adapto a que nadie me diga lo que tengo que hacer, ni qué cosa tengo que leer. Si me metía a estudiar Literatura, sin duda terminaba enviando al carajo a algunos profesores y renunciando a la idea de escribir. Sabía que ninguna universidad me iba a hacer escritor; era una decisión muy seria que yo tomaba y por ello iba a configurar un sistema de aprendizaje basado en auto crítica y en lo que me daba auténtico placer: lecturas y horarios de creación; es decir, aquello que en el sistema educativo normal responde comúnmente a un verdadero sacrificio. En segundo término, lo de no publicar acá y hacerlo afuera se debe a que responde a mi percepción de cómo está configurado el mercado editorial: es poco, con canales de distribución mínimos o nulos, lo que a escala de un país: no existe. Por ejemplo, para mí no existen en el país editoriales independientes, ni editoriales cartoneras, ni siquiera existen editores. Lo que existen son personas que publican libros a escritores que pagan por la publicación de su obra. Eso está mal y va a terminar mal. Sin mencionar la frustración de estos autores que… ni por la forma monetaria pueden ver despegar su obra literaria. Además, tengo la sospecha que las grandes editoriales, con sucursales en Quito, apuestan por la obra de figuras públicas, entes mediáticos; algo que es razonable: quieren vender (esto es un fin y a la vez un principio). Yo no soy figura pública, entonces tengo que buscar otros rumbos. Mi relación apenas con el movimiento literario del país se da en que tengo amistad con varios escritores locales y por el hecho de que participo en concursos literarios. Esto último lo hago por dinero. Para mí la literatura se termina con la literatura, todo lo demás es accesorio y no tiene que ver nada con el quehacer literario, una vez que culmino una obra, lo empiezo a ver como un producto comercial.

Lo de publicar afuera es consecuencia de tu labor de difusión, de asistir a ferias internacionales, a donde llevaste borradores (me refiero al viaje que hiciste a la FIL de Guadalajara, México en noviembre de 2007, entre ellos llevaste uno de mis libros) y lo acercaste a editores. Un día Ediciones Arlequín me escribió un mail diciendo que estaba interesado en mi libro. Y lo de Utolands, fue porque gané un concurso (el libro lo envié en formato digital). De igual manera está en que hayas leído en festivales y acercado mi obra a otros autores, como en el caso de Héctor Hernández Montecinos, quien prácticamente conoció mi obra a través de ti.

El acercamiento de la literatura ecuatoriana en el exterior se da gracias a labores como la tuya; en este caso estás haciendo el trabajo que no hace tanto funcionario de pacotilla, tanto pipón, tanta momia coctelera. Pienso además de ti, en Fernando Iturburu, en Fernando Nieto Cadena, en Xavier Oquendo Troncoso. Mi caso responde a algo mínimo: Yo soy muy ególatra (y respetuoso a la vez) solo acerco lo mío.


6-¿Qué piensas de la joven poesía ecuatoriana actual?

Pienso que yo no soy el indicado para emitir juicio sobre este tema. Uno porque solo me ocupo de lo mío. Otro porque creo que es afirmativo lo que dice Héctor Hernández Montecinos, en el prólogo de su 4m3r1c4, dice: «ellos no representan en nada al promedio poético de sus lugares de origen, de hecho son los raros, los ‘anormales’ (…)». Mi obra y yo no representamos al país, ni a nadie, solo a mi literatura. Además el ángulo de visión que emitiría sobre lo que se hace aquí, sería muy reducido, porque en mis inicios pequé de extranjerizante; me interesaba saber más lo que se estaba haciendo en otros lugares. Lo único verdadero es que en el país hay gente que se dedica a la creación poética, pero esta no es su principal actividad sino que es la que ocupa sus ratos libres. Hay autores interesantes y otros que escriben textos viscerales pensando más en el canon que en el lector. Y obtienen lo que quieren: un cargo burocrático, el aplauso de sus mayores, el abrazo hipócrita, el ego desmedido, la indiferencia del lector. Celebran la exaltación poética, pero la poesía misma los detesta.

7-He escuchado en numerosas ocasiones de que supuestamente la poesía solo la leen y la consumen los mismos poetas, ¿Crees que es así? ¿Cómo crear mecanismos para que la poesía llegue a otros sectores de la sociedad, pero sin que pierda su parte radical o subversiva?

Eso es verdad. Al menos los dejan muy en claro los recitales de poesía, los encuentros de literatura. Donde la ausencia de público deja en foco a tal o cual asistente: siempre somos los mismos, además del que quiere escribir porque le gusta y no puede, la groupie (cuyos fines son más sexuales que devoción literaria), el pana gay que está enamorado de un compañero del trabajo, la pelada rica que se va en medio del recital, el pana que vino solamente porque lo trajo un amigo, el antiguo declamador con cara de cabreado, nada más. Es un paisaje patético. Donde no se sabe qué es más patético si venderle tu libro de poesía a uno de estos tipos o regalárselo. Sin embargo, es agradable pensar que sí habían personas que en verdad querían venir al recital, pero se quedaron atrapadas en un ascensor, el tráfico, fueron asaltadas en el camino, a última hora el jefe les impuso más trabajo, olvidaron el día, la hora o murieron. Mecanismos han existido siempre, pero a quien no le gusta leer no le va a gustar nunca, por más campaña que se haga; y esto también hay que respetarlo. Yo creo en aquello que decía Cortázar, que el azar a menudo hace mejor las cosas que la lógica. Un día tal o cual libro o poema, llegará a quien en verdad quiera leerlo, a quien en verdad esperaba leer algo así.


8- ¿Actualmente en qué proyectos literarios estás?

En muchos. Terminando la trilogía Antropología Pop (la componen Antropología Pop (para árboles epilépticos), Utolands y El país de los Malls embrujados), estoy trabajando este último. Acabo de terminar un libro de ensayos Hotel Bartleby (Capítulos que se le olvidaron a Vila-Matas), en un primer acercamiento Leonardo Valencia me recomendó que hiciera algo con Juan Montalvo para cerrar, y lo haré. Estoy terminando una nouvelle denominada Los bosques de cervezas azules (Una ficción lárica). Y esbozando dos novelas: Febrero y Te espero en Montauk.



domingo, noviembre 21, 2010

Poeta guayaquileño Andrés López gana el III Premio Nacional de Poesía Joven Ileana Espinel Cedeño 2010



El Jurado del III Festival Nacional de Poesía Joven Ileana Espinel 2010, organizado por la Casa de la Cultura Ecuatoriana, Núcleo del Guayas y el grupo cultural Buseta de papel, luego de analizar los trabajos enviados al certamen (diecisiete en total), se decidió otorgar el III Premio Nacional de Poesía Joven Ileana Espinel Cedeño al poeta guayaquileño Andrés López. Además se otorgaron tres menciones de honor, van en este orden: Adolfo Santistevan López (Guayaquil), Freddy Ayala Plazarte (Latacunga), Cristian López (Quito). La lectura del acta oficial del Jurado se la dará a conocer el día 25 de este mes en las instalaciones de la Casa de la Cultura, Núcleo del Guayas dentro del marco del Festival. Los esperamos.







VEREDICTO DEL III CONCURSO NACIONAL DE POESÍA JOVEN
ILEANA ESPINEL CEDEÑO 2010


En la ciudad de Guayaquil, reunidos los jurados del III Festival Nacional de Poesía Joven Ileana Espinel Cedeño 2010, organizado por la Casa de la Cultura Ecuatoriana, Núcleo del Guayas y el grupo cultural Buseta de papel, luego de analizar los trabajos enviados al certamen, se decidió otorgar el Premio Único al conjunto de poemas titulado “Escapando de la caverna de Platón” firmado con el seudónimo Neo; en mérito a su contundencia, su limpieza en la palabra, su poder de síntesis, la prolijidad de las imágenes perfectamente logradas y por la reflexión profunda de la labor del poeta en el mundo contemporáneo.

El jurado decidió conceder la Primera Mención de Honor a los poemas “Carne quemada y otros cuerpos”, firmado con el seudónimo Adán Polsi, poemas desgarradores y directos llenos de erotismo y sensualidad. La Segunda Mención de Honor a los versos “Las ceremonias del fuego” con el seudónimo Jorge Palma, poemas reflexivos y muy limpios. La Tercera Mención de Honor para “Granizo deshilvana su cuerpo desnudo en un verso de Dylan Thomas”, con el seudónimo Jomau, poemas en prosa que recrean el mundo del teatro a través de acertados diálogos sobre la poesía y la vida de los poetas.

Abiertos los sobres, se comprobó que el Premio Único, firmado con el seudónimo Neo corresponde a Andrés López, de la ciudad de Guayaquil. La Primera Mención de Honor, firmado con el seudónimo Adán Polsi corresponde a Adolfo Santistevan López, de la ciudad de Guayaquil. La Segunda Mención de Honor, con el seudónimo Jorge Palma corresponde a Freddy Ayala Plazarte de la ciudad de Latacunga. La Tercera Mención de Honor, con el seudónimo Jomau corresponde a Cristian López de la ciudad de Quito.


Dado en Santiago de Guayaquil, a los 25 días de noviembre del 2010.




Fernando Cazón Vera
JURADO

Sonia Manzano
JURADO

Siomara España
JURADO

miércoles, noviembre 17, 2010

III Festival de Poesía Joven “Ileana Espinel Cedeño” 2010


Se viene el III Festival de Poesía Joven “Ileana Espinel Cedeño” 2010, los días 23, 24 y 25 de noviembre del presente año. Este Festival nació para homenajear y recordar el legado poético de la gran poeta guayaquileña Ileana Espinel Cedeño y a la vez para reunir a las voces emergentes de la nueva poesía ecuatoriana.

Los poetas convocados para esta tercera edición vienen de todos los rincones del país como Manta, Loja, Milagro, Cuenca, Tulcán, Zaruma, Alausí, Latacunga, El Oro, Manabí, Chone, Otavalo, Quito, etc.

Muchos de ellos no han tenido la oportunidad de leer en Guayaquil y no han tenido el suficiente espacio y apoyo de difusión como otros poetas de las ciudades principales. Por eso existe este festival, para dar espacio y escuchar a las voces que están emergiendo a lo largo y ancho del país.

Lista de poetas invitados al III Festival de Poesía Joven “Ileana Espinel Cedeño” 2010:

Carmen Jaramillo (Otavalo, 1974)
Beatriz Viteri Garcés (Guayaquil, 1974)
Alex Tupiza (Quito, 1975)
Jairo Estacio (Quito, 1975)
Rafael Méndez (Guayaquil, 1976)
Siomara España (Manabí, 1976)
Edison Lasso (Piñas, El Oro, 1977)
Diego Cazar (Quito, 1977)
Xavier Hidalgo (Guayaquil, 1977)
Augusto Rodríguez (Guayaquil, 1979)
Luis Alberto Bravo (Milagro, 1979)
Rocío Soria R. (Quito, 1979)
Carlos Luis Ortiz (Alausí, 1979)
Johanna López Santos (Quito, 1979)
Alexis Cuzme (Manta, 1980)
María de los Ángeles Martínez (Cuenca, 1980)
César Eduardo Galarza (Guayaquil, 1981)
Natalia Enríquez Pozo (Tulcán, 1982)
Andrés López (Guayaquil, 1982)
Mercy Carmona (Machala, 1982)
Ana Minga (Loja, 1983)
Freddy Ayala Plazarte (Latacunga, 1983)
Dina Bellrham (Milagro, 1984)
Laura Nieves (Guayaquil, 1984)
Cesibel Ochoa Pineda (Zaruma, 1985)
Cristian López (Quito, 1985)
Andrea Samaniego (Quito, 1985)
Carla Badillo Coronado (Quito, 1985)
Tyrone Maridueña (Guayaquil, 1986)
Adolfo Santistevan López (Guayaquil, 1986)
Lis Quezada (Guayaquil, 1986)
Yuliana Marcillo (Chone, 1987)
Tamara Acosta (Guayaquil, 1988)
María Fernanda Campos (Guayaquil, 1989)
Lucero Llanos Orellana (Guayaquil, 1990)
Giovanni Bayas (Guayaquil, 1990)

Cronograma del III Festival de Poesía Joven
“Ileana Espinel Cedeño” 2010

Organiza la Casa de la Cultura Ecuatoriana Benjamín Carrión, Núcleo del Guayas y el grupo cultural Buseta de papel.

Martes 23 de noviembre (Auditorio de la CCNG)

19:00 Inauguración y palabras de bienvenida por parte de la poeta Rosa Amelia Alvarado en representación de la CCNG y palabras de Augusto Rodríguez por parte del grupo cultural Buseta de papel.
19:30 Lectura de Dina Bellrham, Tyrone Maridueña, Siomara España, César Eduardo Galarza y María Fernanda Campos.
20:00 Intervención musical y fotográfica de José Núñez del Arco y presentación del libro Selección natural de Rafael Méndez Meneses.
20:30 Lectura de Alex Tupiza, Alexis Cuzme, Edison Lasso, Rafael Méndez, Giovanni Bayas, Jairo Estacio y Adolfo Santistevan López.

Miércoles 24 de noviembre (Auditorio de la CCNG)

19:00 Palabras de bienvenida
19:30 Lectura de Freddy Ayala Plazarte, Ana Minga, Mercy Carmona, Cristian López, Laura Nieves, Xavier Hidalgo y Andrés López.
20:00 Presentación de las Memorias del II y III Festival de Poesía Joven Ileana Espinel Cedeño 2009-2010 y del libro de Ensayo sobre Hugo Mayo de Freddy Ayala Plazarte.
20:30 Lectura de Johanna López Santos, Luis Alberto Bravo, Lucero Llanos Orellana, Beatriz Viteri Garcés, Cesibel Ochoa, Carmen Jaramillo y Andrea Samaniego.

Jueves 25 de noviembre (Auditorio de la CCNG)

19:00 Palabras de bienvenida y premiación al poeta joven ganador(a) del III Premio de Poesía Joven Ileana Espinel Cedeño 2010.
19:30 Lectura de Carla Badillo Coronado, Yuliana Marcillo, Lis Quezada, Carlos Luis Ortiz, Diego Cazar, Natalia Enríquez, Tamara Acosta, Rocío Soria, María de los Ángeles Martínez y Augusto Rodríguez.
20:30 Despedida y cierre del Festival.

miércoles, noviembre 10, 2010

Capítulos que se le olvidaron a Vila-Matas (XII)



Otros Bartlebys

Por Luis Alberto Bravo





Cósimo Piovasco di Rondó


Arbóreo, gran lector de obras literarias y de tratados filosóficos, anarquista, utopista, cazador, libertino, aventurero… todo esto y más fue Cósimo Piovasco di Rondó (personaje a caballo entre el Huckleberry Finn de Twain y el Bartleby de Melville); quien configuró su vida a un modelo extravagante de libertad y en su incapacidad por explicar la reflexión de sus ideales: terminó por convertirse en un escritor del No.


«Fue el 15 de junio de 1767 cuando Cósimo Piovasco di Rondó, mi hermano, se sentó por última vez entre nosotros». Así da comienzo la segunda novela de Calvino, que compone su trilogía Nuestros antepasados. Y de esta manera empieza uno de los modelos —de conducta bartleby— más viscerales: El “Preferiría no hacerlo” como una forma de vida, un excepcional monumento al No. Además, que la actitud anarquizante del barón (al anular cualquier autoridad sobre él), consigue —inevitablemente— ser relacionada con doctrinas como el nihilismo; pero que si se atiende al cronos: estas propuestas de sistemas políticos aun no existían (o apenas empezaban a ser esbozadas; la novela está ambientada en la Italia del siglo XVIII e inicios del XIX) para la época en que vivió Cósimo, lo cual lo vuelve también en un precursor.

El mediodía de aquel 15 de junio de 1767, fue el escenario en que el barón Rondó, ante su negativa de comer un plato de caracoles (detonante de su rebelión contra la tiranía de su padre): trepó a un árbol del jardín de su familia y nunca más volvió a bajar. «¡He dicho que no quiero y no quiero!», «¡No y no!», «Nunca cambiaré de idea», «¡No bajaré nunca más!». Fueron algunas de las exclamaciones que el pequeño Cósimo, de apenas doce años de edad, pronunció a partir de aquel día; y que se dejan leer en las páginas del primer capítulo de la novela. Más de medio siglo, cincuenta y tres años exactamente (de los sesenta y cinco que vivió) cumplió plenamente esta determinación.



Es conocido aquello de que a Italo Calvino (leer el capítulo de estos ensayos: aquel que está dedicado a su fallida «Sexta propuesta…») siempre le sedujo el escribiente Bartleby. Alguna vez analizó su personaje de esta manera: «El barón rampante se identificaba con quien realiza su plenitud sometiéndose a una ardua y reductiva disciplina voluntaria». Al pequeño barón, una cosa le llevó a la otra. Su exaltación de la libertad en la naturaleza, hizo que pasara por alto todo tipo de reglas (a las que se somete el hombre en la tierra). El barón descubre que la absoluta libertad del individuo tiene su verdadero enclave en la imaginación, y un camino para llegar a ella eran los libros. Esther Benítez sospecha que la conducta del escritor del No tiene su fuerza (¿y aliciente?) en la soledad. «La calidad de solitario de Cósimo de Rondó se ve confirmada por el epílogo que nunca escribió para su «Proyecto de Constitución», ya que la obra quedó inacabada».

Benítez se refiere al «Proyecto de Constitución de un Estado ideal fundado en los árboles». El hermano de Cósimo, el personaje que narra la novela de Calvino, lo explica: «Convaleciente, inmóvil en el nogal, profundizaba en sus estudios más serios. Comenzó en esa época a escribir un Proyecto de Consitución de un Estado ideal fundado sobre los árboles, en el que describía la imaginaria República de Arbórea, habitada por hombres justos.». Se dice que «Proyecto de Constitución…» inicialmente tenía el carácter de un libro serio sobre tratados de leyes y de gobiernos, pero que después la obra llegó a experimentar variados géneros y mutó de capítulo a capítulo; de esta manera pasó a alimentarse de historias «y salió un borrador de aventuras, duelos e historias eróticas, insertas, estas últimas, en un capítulo sobre el derecho matrimonial.» Probablemente su condición de aventurero le dejó mucha materia prima; y en potencia a convertirse en obra literaria. El lector de estas líneas dirá, «Si Cósimo Piovasco di Rondó escribía, no encuentro su relación con el arte del no». En principio el barón Rondó no era un bartleby, pero el destino final de sus obras, alcanzaron el mismo final trágico de quienes padecieron, alguna vez, el Síndrome Bartleby. En la novela de Calvino, se lee también lo siguiente: «El epílogo del libro habría debido ser éste: el autor, habiendo fundado el Estado perfecto en lo alto de los árboles y convencido a toda la humanidad de que se estableciera en ellos y viviera feliz, bajaba a habitar en la tierra, que se había quedado desierta. Habría debido ser, pero la obra quedó inacabada. Le mandó un resumen a Diderot, firmando simplemente: Cósimo Rondó, lector de la Enciclopedia. Diderot se lo agradeció con una breve carta.»





De esta manera tenemos un par de documentos (valiosos para la estantería del No):



Bibliografía existente de este bartleby

- Un resumen de «Proyecto de Constitución de un Estado ideal fundado en los árboles» fueron enviados por Cósimo a Diderot. La obra que trataba sobre la utópica República de Arbórea; no llegó a ser terminada.

- En el tronco del árbol más alto que había en el jardín. Cósimo escribió:

«Viola y Cósimo» Y más abajo: «Perro pachón Optimo Máximo»



Bibliografía inexistente de este bartleby


- «La historia de Zaira». Se trataba de una historia apócrifa que Cósimo Piovasco solía relatarles a los ombrosenses. El barón alegaba que su tío Enea Silvio Carrega se la había contado antes de morir. La historia en principio tenía un propósito: distraer a los ciudadanos de Ombrosa de la complicidad de Carrega con los piratas.


- Relatos sobre su vida en los árboles y sus experiencias de caza y aventuras. Según se dice en la novela, eran «relatos que no terminaban jamás». Esto nos lleva a deducir que se trataban de historias infinitas o era relatos incapaces de hallarles un final. «Cósimo aún estaba en la edad en que las ganas de contar dan ganas de vivir, y se cree que no se ha vivido lo suficiente para contarlo (…) contaba a los ombrosenses nuevas historias que de verdaderas, contándolas, se volvían inventadas, y de inventadas, verdaderas.»

- El epílogo de «Proyecto de Constitución de un Estado ideal fundado en los árboles».

Muchos críticos aseguran que Cósimo Piovasco es el alter ego de su autor. Y que la novela es una fiel alegoría de su desvinculación del Partido Comunista, debido a la decepción que experimentó Calvino, por la invasión que llevó a cabo la URSS sobre Hungría, en 1956. Debido a que el ensayo literario es el género más libre, me permitiré especular: Si Cósimo Piovasco de Rondó es a Italo Calvino, entonces el epílogo de «Proyecto de Constitución de un Estado ideal fundado en los árboles» es a la «Sexta Propuesta para el próximo milenio». Dos autores, dos obras inexistentes.

El barón Rondó además fue el instigador para la constitución de una obra-instalación, llamada «Cuaderno de quejas y contentos», la misma que consistía en que todos los ciudadanos de Ombrosa escribieran sus inconformidades en las hojas de este cuaderno que yacía colgado de un árbol. «cada uno iba allí y apuntaba las cosas que no marchaban. Surgían quejas de toda clase; sobre el precio del pescado los pescadores, y los viñadores sobre los diezmos, y los pastores sobre los límites de los pastos, y los leñadores sobre los bosques comunales…». Pero el barón, acostumbrado a burlar todas las reglas, fue quien promovió la ficción dentro de este documento: que si no pretendía ser un tratado antropológico (ni mucho menos), si pretendía ser un documento fiel. «Cósimo pensó que aunque era un «cuaderno de quejas» no estaba bien que fuera tan triste, y se le ocurrió la idea de pedir a cada uno que escribiese la cosa que más le habría agradado (…) unos querían una rubia, (…) uno quería una carroza con cuatro caballos, otro se contentaba con una cabra; uno habría deseado volver a ver a su madre muerta, otro encontrarse con los dioses del Olimpo: en suma, todo cuanto hay de bueno en el mundo era escrito en el cuaderno, o, a veces, dibujado, porque muchos no sabían escribir, o incluso pintado a colores. También Cósimo escribió algo: un nombre: Viola. El nombre que desde hacía años escribía por todas partes». Pero el destino de este “libro colectivo”, “instalación metaliteraria”, “cuaderno performático” o como quiera llamársele, no alcanzaría buen puerto: la lluvia finalmente malograría las páginas del «Cuaderno de quejas y contentos».

Hacia el final de sus días, Cósimo no hablaba. Su hermano lo persuadía: «A estas alturas lo que querías decir lo has dicho, lo hemos entendido, ha sido una gran fuerza de ánimo la tuya, lo has conseguido, ahora puedes bajar». Y siempre era lo mismo, cuando descendía de la escalera apoyada al árbol. «Pero qué va. Dijo que no con la mano.»




Anexos

1) Al igual que «arrojar al agua» textos literarios o «quemar» páginas de un libro inédito, la «lluvia» como fenómeno natural, pasa a formar parte de las Formas De Llevar A Cabo El Arte Bartleby: de volver al silencio algo que existe para que ya no exista.

2) Esto se cuenta de su fundación: hombres de naciones diversas tuvieron un sueño igual (…) Después del sueño buscaron aquella ciudad; no la encontraron pero se encontraron ellos; decidieron construir una ciudad como en el sueño.» Este fragmento de Las ciudades invisibles, también novela de Italo Calvino, puede resumir, lo que aconteció hace algunos meses en los árboles de Sant Hilari Sacalm, en Girona; y también afirmar lo que Mario Vargas Llosa sostuvo en una entrevista televisiva, acerca de las utopías artísticas, que «a diferencia de lo que ocurre con las utopías sociales o políticas, de alguna manera se materializan». El reportaje de Rebeca Carranco, del 24 de marzo de 2010, para El País denominado «Los 'barones rampantes' de las eléctricas», decía que un grupo de jóvenes de diferentes nacionalidades habían preferido vivir (durante cinco meses) en los árboles de esta localidad, a fin de evitar que la Red Eléctrica de España construyera «la torre 114 de la línea de Muy Alta Tensión (MAT) que pasará por Girona». Aquí vale preguntarse, si… ¿la desobediencia de estos rampantes posmodernos, configuró inconscientemente el Proyecto de Constitución de un Estado ideal fundado en los árboles? Y sí. ¡Esta gente realmente vivía en los árboles! En la misma fuente se lee que «a unos 1.000 metros de altura, donde un grupo de entre 15 y 20 personas vivía en los árboles desde el 17 de octubre. Ese día los jóvenes, de no más de 30 años, ocuparon la zona de manera pacífica para evitar la construcción de la torre 114. Hicieron unas cabañas que colocaron en las ramas más gruesas y montaron también un campamento a ras de suelo». La mañana del 24 de marzo de 2010 «los Mossos d'Esquadra han puesto fin a su sueño y les han echado», «les bajaron a la fuerza de las alturas».

3) El poeta chileno Jorge Teillier, escribió un poema denominado A un niño en un árbol; me es imposible no pensar en el baroncito de Rondó cada vez que lo leo. Me gusta pensar que Teillier lo escribió para él.


A un niño en un árbol

Eres el único habitante
de una isla que sólo tú conoces,
rodeada del oleaje del viento
y del silencio rozado apenas
por las alas de una lechuza.

Ves un arado roto
y una trilladora cuyo esqueleto
permite un último relumbre del sol.
Ves al verano convertido en un espantapájaros
cuyas pesadillas angustian los sembrados.
Ves la acequia en cuyo fondo tu amigo desaparecido
toma el barco de papel que echaste a navegar.
Ves al pueblo y los campos extendidos
como las páginas del silabario
donde un día sabrás que leíste la historia de la felicidad.

El almacenero sale a cerrar los postigos.
Las hijas del granjero encierran las gallinas.
Ojos de extraños peces
miran amenazantes desde el cielo.
Hay que volver a tierra.
Tu perro viene a saltos a encontrarte.
Tu isla se hunde en el mar de la noche.