jueves, julio 29, 2010

La isla en los sueños de la infancia




Y cuando tú no estas
sueño que duermo sueño que sueño

Paul Eluard



El patio de mi casa
es un país
que fundé en la infancia

Luis Alberto Bravo



Por Juan Armando Rojas Joo


Utolands, tierra utópica, espacio virtual, isla de la imaginación, ciudad ficticia —¿en verdad ficticia?— donde viven nuestros anti/héroes. Poesía, contemplación, sueños de la infancia, Neverland, deseos —¿acaso irrealizables?—. Utolands de Luis Alberto Bravo, que bien ha merecido ganar el Primer concurso de poesía organizado por la editorial mexicana Lenguaraz en el 2009, está compuesta por textos, poemas, historias, haikús, tradición lírica y ruptura. Pareciera como si esta sólida y afortunada colección poética surgiera del canto de añoranza del poeta al darse cuenta que el fin de la tierra de nunca jamás, su Neverland, ya ha sucedido. Es notorio que el poeta siente la lejanía de la niñez y quiere sujetarse fuertemente a los sueños y recuerdos de la infancia. A raíz de hacer conciencia, el poeta ahora examina su realidad y siente la necesidad de expresarla. Pensando en lo dicho, pareciera como si Luis Alberto Bravo buscara en la imaginación, en la intertextualidad y en su cotidiana realidad —una multiplicidad de instantes virtuales recibidos a través de la cultura pop, el text message, el e-mail y el Internet— el bello instante de la creación.

Me he quedado impregnado en mi lectura de Utolands de una tranquila tentación y sensibilidad; causa de ello han sido poemas como «Lov3 song» de la sección 7 Long Plays. Este texto dedicado «A la niña punk» ofrece de entrada una propuesta de reflexión interesante e inquietante ya que la niña, al perder la inocencia, toma una actitud frente a la vida y el ser punk; si nos vamos a la raíz del asunto, tiene que ver con una actitud que bajo ninguna circunstancia es una simple moda. Los versos desentrañan la vulnerabilidad del lector al concentrarse en el proceso de maduración y su rompimiento con la infancia, mas la imaginación y la ruptura —elementos constantes a través del libro— dan movimiento a la anécdota lírica. En el texto se descubre que el poeta es consciente de su cotidianidad y de los elementos que a diario le rodean, entre ellos los e-mails, los textos enviados y recibidos a través de su teléfono móvil, el cine y la música; es decir, los deseos: la realidad digitalizada del ser. En «Lov3 song» van apareciendo esos elementos a manera de canción: «Los tesoros de Marielisa». Los discos, el teléfono y la «telaraña llena de e-mails, mp3s y portadas» son el refugio de la humillante tentación que sufre el yo por no obtener el beso del amor lejano. La ruptura se inscribe dentro de un registro lingüístico contemporáneo y actúa como elemento desmitificador; sin embargo, deja en claro la humanidad y veracidad de los actos cotidianos.

Se ha dicho que Utolands se hilvana a través de una voz de ruptura con ciertas pinceladas de añoranza y tradición.
En «Carta y poema (remix) para Natalie Portman» el lector puede inscribirse en la intertextualidad como esencia de la intención poética: Bravo de nuevo rompe con la tradición mediante un clavado en las aguas del diario sobrevivir y la cultura pop. «Carta y poema» se recrea en el texto y el contexto de la posmodernidad, donde los registros de la cultura actual van apareciendo uno tras otro. El texto invita a la búsqueda en la red de canciones, imágenes e información de autores, artistas y compositores a que hace referencia.
¿Quién no recuerda, pareciera gritar el texto, a Natalie Portman en The Professional haciendo el rol de Mathilda, esa niña inocente cargada de una irascible sed de venganza? ¿Quién ya olvidó la fuerza dramática que aporta la misma Natalie en Frío en la montaña? Toda respuesta, si es que hubiera, se advierte en el tono del poema, intensificado a su vez mediante la repetición del verso «can’t take my eyes of the you» extraído de la canción «The Blower’s Daughter» de Damián Rice. Esto demuestra que la Utolands se va entretejiendo en el recuerdo y la inevitable emoción, melodramática incluso, que el ser humano siente al recordar momentos memorables de la cultura pop. No cabe duda que la poesía de Luis Alberto Bravo se origina en el fortuito hallazgo al explorar la tierra de los sueños y deseos.
De modo similar sucede en «Puedo escribir sobre olmos que se mueren esta noche (o 20 versos a Sofía Coppola)». Este poema intertextual de veintidós versos celebra la tradición lírica que el autor ha heredado (el texto obviamente nace en el «Poema 20» del más publicado libro de Pablo Neruda y consta de 20 versos más dos que corresponderían a la canción desesperada).
De modo similar a la propuesta de Neruda, el poema de Bravo se va escribiendo de noche, sin embargo, cada estrofa va encabezada por un horario progresivo.
Si el poema de Neruda abre asegurando que puede escribir los versos más tristes esta noche, el poema de Luis Alberto Bravo honra la tradición rompiendo con ella y canta: «Puedo escribir sobre olmos que se mueren esta noche. / Escribir por ejemplo: “Cae latex sobre tu nombre / y tu frente es como una línea de sangre que llega hasta tus ojos.”» Otro elemento que resalta es el horario progresivo del poema, ya que la primera estrofa inicia a las 11:39 p.m., la segunda a las 6:45 a.m., la siguiente a las 9:24 a.m., la cuarta da el salto hasta las 7:11 p.m., siguiente estrofa a las 9:47 p.m., la que le sigue a las 10:20 p.m. y la última estrofa, nuevamente, a las 11:39 p.m., cumpliéndose así las veinticuatro horas del día.

Como se ha observado, Luis Alberto Bravo parte de la intertextualidad y la hermenéutica con la intención de desarrollar su voz poética, una de ruptura; con ello ha logrado, en Utolands, manifestar la tradición literaria y cultura a la que se inscribe y admira.

Se ha dicho que los sueños y el deseo cumplen un objetivo hermenéutico en este poemario, el de abrir la puerta a la imaginación y a la fantasía. En Utolands van apareciendo referencias a dioses y a seres fantásticos, míticos y mitológicos de la cultura global. Hadas, princesas y diosas van desfilando a través de la colección de textos, particularmente en la sección «Utolands» que abre con un epígrafe del autor Kazuo Ishiguro quien dice: «La infancia es una utopía para niños afortunados.» Aquí inicia uno de los más bellos y honorables poemas del libro, «El tesoro de los pájaros», en el cual el poeta explica sobre una señora que les alquilaba una casa y quien solía «llamar a los pájaros / como si hiciera una llamada telefónica». Además de nombrar a los pájaros, también bautiza a los árboles, los colores, los caminos, el sexo de las mujeres, las hormigas, nuestros pasos: «Bautizaré a los pájaros, / les pondré nombres de ciudades escandinavas. / Así un pájaro se llamará Copenhague; / otro será Suomussalmi, y otro Espoo.» El poeta es un pequeño dios, escribió Huidobro; Utolands lo demuestra, ofrece un génesis, una creación. La poesía tiene el don de poder crear nuevos mundos, o incluso destruirlos, escribió Octavio Paz en El arco y la lira, y en esto pareciera insistir Luis Alberto Bravo.

Celebro la voz de Luis Alberto Bravo, celebro el Neverland o el mundo del nunca jamás presente en Utolands
, ya que parte de la imaginación y de la memoria del niño e incluso advierte que un niño morirá si pierde la memoria y esto sería terrible. Luis Alberto Bravo regresa una y otra vez sobre los sueños y deseos porque sabe que los encontrará en esa pequeña isla en la memoria, en su propio Neverland, en su escondite, ahí donde «El niño más callado del aula / dibuja en la clase de utopías: una ciudad con cuatro ríos / y un puente roto».

Utolands también se encuentra en el Ecuador de su niñez, ese mundo lejano y de añoranza, su propio Utolands; canta Luis Alberto Bravo: «El patio de mi casa / es un país / que fundé en la infancia.»

Juan Armando Rojas Joo, desde Utolands
10 de mayo de 2010



Juan Armando Rojas Joo (Ciudad Juárez, Chihuahua, México, 1969) Autor de los poemarios Lluvia de lunas (1999); Río vertebral (2002) http://www.margencero.com/articulos/new03/rio_vertebral.html; Santuarios desierto mar (2004); Ceremonial de viento / Ceremonial of Wind (2006) y co-editó la antología Canto a una ciudad en el desierto: Encuentro de Poetas en Ciudad Juárez (2004). Obtuvo el Premio de Poesía de la U. de Monterrey y el I Concurso Binacional Fundación México en 2000. Se doctoró en Letras Hispanoamericanas por la Universidad de Arizona y realizó estudios post-doctorales de literatura en Amherst College, Nueva Inglaterra.
http://experts.owu.edu/expertSourceGuide/experts/rojasJuanArmando.html

jueves, julio 22, 2010

Para la amistá - palabras a Utolands y a Luis en el día de la presentación del libro




Para la amistá

Por Eduardo Ávalos Vélez


Buenas noches. Es costumbre en Lenguaraz, o como se dice en el tuiter lenguaraz, es una #lenguarazrules, echarse unos mezcalitos previos a ocupar nuestros lugares en esta mesa. En esta ocasión son tequilas y brindo a la distancia con Luis y con Juan Armando por la culminación de un trabajo harto gratificante.
Queremos agradecer a Casa Refugio Citlaltéptl por recibirnos cada vez que se lo pedimos, a todos los concursantes de este primer y muy dilatado concurso de poesía y cuento Lenguaraz y a todos ustedes por venir a invertir un poco de su dinero y de su tiempo.
Estamos muy felices porque hoy concluimos un proyecto que inició hace más de un año. Un buen día los de Lenguaraz nos juntamos y dijimos: necesitamos más libros para dictaminar y hacer crecer nuestras colecciones. En ese momento fue cuando pensamos en el concurso. Teníamos una experiencia previa muy buena con el concurso de ensayo que realizamos en el 2008 y se nos hizo muy fácil lanzar una convocatoria para un concurso de libros. Gran sorpresa nos llevamos cuando contamos los libros recibidos y resultaron ser un chingo. Ahí comenzaron los problemas, nada más no terminábamos de leer y tuvimos que retrasar la fecha de entrega de resultados. Pasaron los meses y nanai, otro retraso. Los participantes comenzaron a dudar de la legitimidad del concurso y nosotros ya estábamos seguros de que la estábamos regando. Decidimos apretar el paso y seguir leyendo y pidiendo disculpas. Por fin terminamos y otro buen día nos juntamos para decidir quién era el ganador. Primero tocaba cuento y casi casi podemos decir que el libro de Carlos era el ganador indiscutible en la categoría de cuento, por ahí había otros libros muy buenos que luchaban por la preciada publicación, pero el mejor era Las noches (pequeñas reuniones), pero sobre esto ya les hablarán Ximena y el autor.. Semanas después, otro domingo, tocó a poesía. Ahí la competencia estuvo más reñida: cerrada como el mundial sudafricano, pero con más muestra de literatura que futbol en el mundial. Al final nos decidimos por el libro de un ecuatoriano porque, al igual que Las noches, Utolands era el mejor y un título 100% Lenguaraz. Muchas gracias a todos los concursantes estén donde estén, a Luis y a Carlos. Pedimos ublicamente una disculpa por la demora, ya estamos afinando los detalles del siguiente concurso.
A lo que nos truje. Utolands es un libro fantástico. Fantástico porque, como su autor lo menciona, está hecho de la imaginación de un niño-adulto, o un adulto que decidió ser escritor y nunca olvidar su niñez. Fuera de esto que es muy bonito, Utolands es un libro que hace muestra de la gran habilidad que posee Luis en el arte de escribir poesía; y no sólo cuando de versos se trata. En esta entrega Luis hace uso de otros recursos literarios como cartas, caligramas, emails, mensajes te texto msn, apuntes escolares, telegramas, haikus, y canciones para darles la vuelta, reinterpretarlos y componer poemas. En el prólogo a este libro afirmo que estamos rodeados de poesía y Utolands es la prueba fehaciente de esta afirmación. Utolands nos obliga sumergirnos en lo más profundo de nuestro ser interno, para desde ahí descifrar todos los símbolos, que por más alejados de nuestra cotidianidad parezcan, nos configuran diariamente. Sobre el proceso de edición de Utolands me gustaría señalar el resultado: es un libro redondo, bien logrado, divertido y filoso. Pero sobre todo, nació una bella amistad epistolar-virtual con Luis. Todo por mail y chat (y aprovecho para agradecer a gmail y a Facebook, donde quieran que estén, por facilitarnos la comunicación autor-editor). Luis y yo nos entendimos de maravilla; yo le dije: “quitemos este haikú, está malísimo” y el respondió: “perfecto, ya lo había pensado”. Yo le pregunté qué significaba tal o cual cosa del ecuatoriano, y él se esforzó en explicármelo en mexicano. También conocí a Juan Armando, un excelente poeta de Chihuahua, quien en una bella muestra de fraternidad y compañerismo, escribió el excelente epílogo de Utolands. De este trabajo salieron muchas pláticas enriquecedoras: hablamos horas de Teillier porque los dos somos fans; me presentó el poemario La isla del tesoro, que el poeta peruano Juan Cristóbal escribió mano a mano con Jorge Teillier. También me contactó con José Eugenio Sánchez, quién es un tipazo al que nadie se debe perder; y, lo que más agradezco a Luis, es que al leer y editar su libro recordé que tengo un poemario por terminar y me puse a escribir. Insisto, este mundo es bellísimo y estamos rodeados de poesía.




Prólogo a Utolands


Estamos rodeados de poesía. En este preciso instante me encuentro en un jardín hermoso, por ejemplo. Estoy de paseo y no traje mi cámara, pero conmigo siempre vienen mi pluma y mi libreta. Tomo notas y escribo lo que veo: un cielo muy limpio y azul, caminos de piedra, lozas que se pierden entre espejos de agua que se asemejan a las paredes de un laberinto, las aves
del sitio y un centro cultural en medio de la ciudad de Lisboa se integran perfectamente a la naturaleza. No traje cámara, pero un poema puede ser una foto y una foto puede ser un poema.
Puedo decir que leer y editar el libro de Luis Alberto Bravo ha sido un gran deleite y un bello descubrimiento. Utolands es más que un poemario, en él encontramos una serie de elementos y recursos que aparentemente podrían situarse muy lejos de la poesía, pero que el autor retoma desde el lugar del que se sabe poeta; son cartas, narraciones, apuntes, telegramas, mensajes de textos msn, caligramas, e-mails, canciones, remixes y, desde luego, poemas los que dan vida
a este libro; es en esta suerte de miradas poéticas que podemos afirmar que de cualquier instante puede nacer un poema. Utolands es la vuelta a la infancia y la eterna búsqueda del lugar que anhelamos. En el poema «¡Oh Juana!» observamos la utopía que se mantiene
viva gracias al soplo de mar que la mantiene anclada al mundo. Desde el poema titulado «Primer día», Luis Alberto lanza una bella imagen circular y deja muy claro cuál será el tono del poemario: una conversación muy profunda con el ser interno del que escribe y del
que lee, con las distintas emociones que configuran al ser interno. Cito,

Es tarde.
Un fauno pasa y el agua celebra en el río.
Un colibrí muerde el final de otro colibrí.
Coloco la mano en el segundo en que tú la sacas…
no dices nada y yo no sé nada.
Hay hojas agarradas al tronco podrido que flota y pasa;
y algún ave ha hecho caer el pistilo que devoraba
—sólo para verse reflejar en el agua.


Así comienza el libro, con una apología a la naturaleza y una fantasía que nos sitúa en el lugar adecuado para enfrentar a los recuerdos. Utolands es un libro que nos obliga a buscar dentro
de nosotros mismos los elementos necesarios para descifrar todos los símbolos que construyen el mensaje en los poemas; al mismo tiempo, está repleto de referentes actuales y completamente insertados en nuestra cotidianidad; esto nos hace más asequible el trabajo de
decodificación de símbolos y además nos sitúa dentro de los poemas.
Cabe destacar la propuesta de poemas que Luis propone en Utolands. Un tanto aproximados al estilo aforístico, los haikus de Luis ofrecen una reinterpretación de la tradición oriental, situándola dentro de nuestro entorno latinoamericano. Los haikus de Luis conservan su propósito tradicional: son una provocación y una propuesta porque componen construcciones poéticas donde los fenómenos naturales están en estrecha relación con los artefactos modernos, con objetos de consumo, y que, al final de cuentas, estos elementos conforman el nuevo paisaje.
El pasto está húmedo y yo me tumbo a escribir estas líneas que pretenden ser un prólogo; mi libreta se humedece y comienza a arrugarse, la tinta deja de salir de la pluma y este prólogo se escribe solo. Así es Utolands, como este momento que se escribe solo y deja testimonio de que estamos rodeados de poesía.


Eduardo Ávalos Vélez
Lisboa, 18 de junio de 2010



A continuación algunos poemas del libro.



Utolands

1
El patio de mi casa
es un país
que fundé en la infancia.

2
Equador es un pueblo
que nieva al sur de Chile.

3
Luxemburgo es el dibujo
de un alemán
que volvió de Neverland.





Guayanas


Conservan silenciosamente el secreto
de aquel antiguo desprenderse de tierras
y que originó el África tan lejos del Brasil.
Porque al final de cuentas son eso:
porción del África adherida a la Baja América.

Son como los tres pequeños dedos de mi pie derecho
(en porte y ubicación);
son tres y se los piensa por uno;
son como los alumnos más callados de la clase,
y de quienes lo único que conocemos
es que sus padres viven en el extranjero:
y a veces les escriben, y a veces les envían dinero.

Las Guayanas son tan fantásticas
que podemos decir de ellas cualquier cosa, como:
un tercer o un sexto puesto en el mundo
por algún mineral desconocido;
un jugador de golf nacido en Surinam;
una distopía compuesta por 909 suicidas;
un futbolista guayano jugando en la bundesliga;
un asentamiento de fracasados navegantes holandeses
(que perdieron el Brasil, frente a las Amazonas).

Y hasta los pescadores guayanos son seres fantásticos:
acostumbrados a introducir plantas mágicas en el agua
para adormecer a los peces.

En fin, las Guayanas son:
un inglés,
un holandés
y un francés, soñando lo mismo.




Charlie Kaufman a una chica
(que no sabe que él es Charlie Kaufman)


—¿Has visto Eternal Sunshine…?
—No.
—Te espero en Montauk.

martes, julio 20, 2010

El mundo de los niños


Discurso de aceptaciòn del Primer Concurso de Poesía y Cuento Lenguaraz 2009” (categoría poesía)


No recuerdo exactamente cuando empecé a leer ni el primer libro que leí. Suelo decir imprecisamente que fue Las aventuras de Tom Sawyer, entre el recuerdo de otros dos libros: El Gran Meaulnes y Genoveva de Brabante. Sin embargo tengo la suerte de recordar el momento exacto en que decidí escribir. La Enciclopedia El Mundo de Los Niños fueron 15 tomos editados por SALVAT. El número 10 era mi favorito, se denominaba Conoce lugares maravillosos. En cuyas páginas pude conocer las maravillas del mundo antiguo, así como al lago Titicaca, a un país con dos capitales, a una refinería de petróleo en el agua, etc. ¿Mi maravilla favorita? El coloso de Rodas. Mi infancia está muy ligada a las páginas de aquel libro, cuya lectura aun me hace muy feliz. Podría decir que la génesis de mi mitomanía empieza en aquel tomo número 10: de un momento a otro empecé a cambiar lo que me contaban las historias de ese libro. De esta manera para mí: “Groenlandia fue descubierta por un niño”. “Un hombre viajaba por el mar yendo en un Volkswagen que flotaba”, “El coloso de Rodas era novio de La Estatua de la Libertad”, etc. Estas historias me las inventaba en voz alta, pero me las contaba a mí mismo. Nunca hubo necesidad de transmitir estas cosas. Pero retomando, mi necesidad de escritura se da cuando me enfrento a un título maravilloso “El país de los castillos encantados”. Nunca había leído algo así. Enseguida me dejé llevar por la lectura donde descubrí a Luxemburgo, al río Our y a una población llamada Vianden. Tiempo después supe que a este lugar llegó a vivir el poeta francés Víctor Hugo. El país de los castillos encantados creó avidez de lectura en mí, quería conocer las historias por las que llegaron a catalogar de esa manera a dicho país. Al no hallar ninguna historia, me las empecé a inventar. Es en ese momento en que empiezo a tener conciencia de los escritores. ¿Quiénes eran estos tipos? ¿Dónde estaban? ¿Dónde viven? ¿Cómo se visten? Es de esta manera por la cual me embarco en la lectura voraz de biografías, durante un tiempo leía solo biografías. Compraba biografías: me interesaban las historias de estos tipos. En el pueblo, en la provincia nunca pude conocer a uno. Fue ahí en que retomé las historias y al río Our hice hablar con el Sauer y el Mosela, en los castillos de Vianden hice vivir a vampiros, durante un tiempo Luxemburgo cambió de nombre e hice crecer a la familia Nassau.

Tuvieron que pasar muchos años para que yo retomara aquella fascinación de la infancia. En mi juventud leí muy poco. Por ello la lectura original está fuertemente ligada con mi infancia, en la actualidad cuando leo es para encontrar los textos que leí en esa época. Mi juventud es la Edad Media, y mi adultez es la escritura. Y no fue hasta que alguien me hizo saber de cierto señor que era escritor —Poco me interesó saber lo que escribía— que le seguí alguna vez en la calle, fui caminando detrás de él. Entró en la biblioteca. Había conocido por fin a un escritor. No se parecía a nada de lo que había conocido, o sí, era alguien mágico vestido ordinariamente. Fue cuando supe que quería ser escritor.
Utolands está nutrido de estos acontecimientos, distantes en el tiempo. Utolands (Utopías + Tierras = Utopías realizadas) parte de la necesidad de entender países que existen pero que en lo personal me suenan a fantasía: Luxemburgo, Andorra, Islandia, Guayanas, Finlandia, por ejemplo, pero también para dar cabida a otros que de tanto escucharlos me saben a verdad: Neverland, Wonderland, Macondo, Las ciudades invisibles de Italo Calvino, así como a los amigos del facebook, los libros digitales, incluso una editorial llamada Lenguaraz, y un premio de poesía celebrado sin la presencia del autor, todo ello conforma la mitología propia de Utolands.

Celebro Utolands, celebro el premio otorgado por Lenguaraz, celebro SALVAT, celebro las View Master (de esta manera se leen mejor los poemas de mi libro), celebro a los hermanos Coppola, a Charlie Kauffman, a una señora de acá que me gusta mucho, a mis amigos de Buseta de Papel, a Michel Gondry, a Stan Getz, a Italo Calvino, a Jorge Teillier, a Juan Cristóbal, a Tin Tán, a mi amigo el poeta José Eugenio Sánchez, a una chica de allá de México que me gusta mucho, a un grupo de orates que decidieron darle un premio a un ecuatoriano, sonará algo así como un jugador guayano jugando en la bundesliga.
Han entregado un premio a un salvaje y de esta no se salvan. Los empezaré a extrañar cuando tenga el libro en mis manos.
Yo siempre quise ser como mi hermano, él era popular, estaba pendiente de todo lo que necesitaba… pero de un momento cambió… me decían que él estaba en las drogas, y yo no podía creerlo, no quería creerlo, pero era verdad. Las drogas lo mataron (Ahhhh), me hace falta, él ëra mi hermano.
Y citando a Maradona: a todos los que no creyeron en mí que la chupen.
Buenas noches


Luis Alberto Bravo



Fotos: Juan Carlos Egas

miércoles, julio 14, 2010

La Expolibro en su laberinto

Por Miguel Antonio Chávez

Los comentarios en torno a la última edición de la Feria Internacional del Libro Expolibro, de Guayaquil, llovieron. No era de esperarse. Una marcada ausencia de muchas librerías, editoriales y de autores invitados internacionales. La ausencia del Ministerio de Cultura, que decidió crear un nuevo espacio ferial para Guayaquil en octubre. La presencia sin mucho lustre ni aportaciones relevantes de la Municipalidad de Guayaquil, ente público auspiciante en su mayoría de esta feria que pasó.

Algunos medios mostraron que a ratos resaltaban más el stand de los chicharrones de soya o el de los Testigos de Jehová. Esto no deja de ser bizarro, ya que por ejemplo, deslucen actividades como las del Cuento Cuentos del Sinab (Sistema Nacional de Bibliotecas) y otras para niños que, dentro de las falencias organizativas de la feria, han tenido acogida entre el target estudiantil y sus padres. Sin embargo hay aspectos medulares que hay que, sin su resolución, no podrán hacer que esta Feria, de la manera que está concebida, pueda avanzar. Siquiera subsistir.

Las principales ferias internacionales del libro (o FIL, como se las conoce) las organiza un ente por lo general privado llamado Cámara Nacional del Libro, quienes se encargan de articular las alianzas comerciales, estratégicas y publicitarias con editoriales y libreros del país convocante y de los invitados internacionales. De hecho, algunas de las más importantes, días antes de abrir sus puertas al público masivo, lo hacen solo para estos empresarios del libro. Así, por ejemplo, Marco González de Mr. Books ha conseguido las últimas novedades de literatura en editoriales independientes en la FIL Guadalajara, o Margarita Barriga de Baquerizo, de Vida Nueva, ha podido adquirir en la FIL Buenos Aires los últimos títulos de literatura infanto juvenil.

Ecuador, por las particularidades que los que vivimos aquí conocemos, sufre de falta de cohesión en muchos ámbitos, por una pugna de poderes que tienen un raigambre histórico, y que en el contexto político actual se han agravado. Esto incluye a la Cámara del Libro, ya que resulta que tanto la de Pichincha (provincia donde se encuentra la capital del país, Quito) como la de Guayas (cuya capital es el puerto principal, Guayaquil) no se reconocen entre sí. A la sazón, la Cámara Nacional del Libro, lo integran los principales libreros de Quito lugar del que, dicho sea de paso, proceden las dos cadenas más importantes de librerías de este país, Librimundi y Mr. Books. En la FIL, estas cámaras nacionales son las que traen a los autores internacionales de peso y que suben el prestigio de estas citas.

Por otro lado, ¿qué ocurre con las editoriales? Las multinacionales, las más visibles y conocidas, tienen una agenda definida y países como Ecuador solo son sus sucursales menores, mercados minoritarios y que por ende deben acatar las directrices superiores. (En lo único que podría resultar una excepción es el mercado de literatura infanto juvenil, único rubro que se sepa, en este país, que el escritor ecuatoriano reciba sus cheques mensuales por regalías). Así, el premio Alfaguara 2010, Hernán Rivera Letelier estuvo en Ecuador días antes de la Expolibro, como parte de la gira. Si nos remitimos a esta lógica, la Expolibro tuvo el "extraño honor "de tener a Andrés Neuman en 2008, como uno de sus invitados especiales (sin financiamiento de ninguna editorial), un año antes de que este fuera el premio Alfaguara 2009. ¿La multinacional le habría permitido venir acá con el premio a cuestas?

La Expolibro es organizada por un ente privado llamado Horitzo Grup, representado por el ciudadano catalán Jaime Rull, empresario que ha logrado consolidar la FITE (Feria Internacional de Turismo) y ahora poco la Exponavidad. La FITE, de paso, ha recibido reconocimientos y goza de un mayor auspicio de la empresa privada. ¿Qué le ocurre a la Expolibro? Las diversas librerías ausentes aducen que son excesivos los costos por metro cuadrado. Rull se defiende argumentando los altos costos de alquiler de espacio, vigilancia y limpieza que impone Fundación Malecón 2000. Por favor, ¡tener que pagar por un espacio público!... Para los que no conocen, la Municipalidad de Guayaquil concesionó a esta fundación tanto el Palacio de Cristal como todo el Malecón Simón Bolívar, mal llamado “Malecón 2000”. En este escenario, ¿quién va a ceder?

Esta multiplicidad de funciones de la empresa de Rull es también su talón de Aquiles. Cuando las cámaras nacionales de libro se focalizan en UNA sola feria anual, acá apenas termina la Expolibro, a mediados de julio, ya se está preparando la FITE, y es recién por enero o febrero que se vuelve a juntar el comité de la Expolibro que planeará lo de julio. Así, por ejemplo, un autor como Enrique Vila-Matas, que tiene su agenda copada con un año de anticipación, nunca podrá venir. Ni qué hablar de un Vargas Llosa.

El Ministerio de Cultura, por su lado, ha anunciado una feria para Guayaquil acorde a sus políticas institucionales. El tiempo es un factor que también les está jugando en contra. Por otro lado, al ser estatal, tiene la ventaja “de no tener que ser rentable”. Se supone que uno de los motivos de la ausencia del ministerio de la Expolibro fue la ausencia de libreros y editoriales. ¿Fue acertado haber dado un paso al costado por un "objetivo mayor"? Eso lo veremos en octubre, en la medida de los resultados que logre este nuevo emprendimiento. Ya que la percepción ciudadana es que la llamada Fiesta de la Cultura realizada en noviembre del 2008 en Guayaquil fue un pigmeo en comparación a lo desplegado en Quito, con un presupuesto que bordeó el medio millón de dólares.

Un país, acostumbrado a trabajar cada cual por su lado, sin la debida planificación, resiente estas consecuencias también en el ámbito cultural. Hay muchos más aspectos que los antes expuestos para discutir. ¿Cuál es la FIL que queremos? ¿Cómo debería ser? Aquí no interesa que una institución u otra se pongan la “S” de Superman en el pecho. O que la “izquierda” vaya en salvación de la “derecha”. O viceversa. Si el mundo fuera “ambidiestro” quizá nos iría mejor.


Algunos links:

http://www.eluniverso.com/2010/07/11/1/1380/expolibro-pierde-fuerza.html

http://kevinhurlt.blogspot.com/2010/07/la-expolibro-2010.html

http://www.eluniverso.com/2010/07/06/1/1363/feria-libro-guayaquil-ministerio-cultura.html

http://www.eluniverso.com/2010/07/11/1/1380/jaime-rull-expolibro-inicio-movimiento-literario-pais.html

martes, julio 06, 2010

El desenlace es amar la trama


Por: Andrés Emilio León Rodríguez


Bien. Siempre es interesante que llegue un nuevo CD. Más aún si este viene acompañado por María José, que al volar desde Buenos Aires trae un poco más que música.

Sin embargo, Jorge llega con ella, bien empaquetado, dentro de un lindo cuadradito musical que al abrirse, huele a madera.

"Amar la trama" es el último disco de Drexler. Y es un álbum tan interesante, más aún para los que venimos siguiendo al uruguayo desde antes que se gane el Oscar.

Luego del gran éxito de “Eco”, el autor de “el valle de las leñas amarillas” pasó por un proceso que ha quedado plasmado en cada camino musical que ha tomado. Desde ese punto de vista, “12 segundos de oscuridad” rasga de lado, ese proceso de separación de su ex esposa Ana Laan (“la fidelidad, brumosa palabra, con su incierta lista de gestos prohibidos, muerde siempre menos de lo que ladra” -acerca El otro engranaje-) y los nuevos estímulos que llovían desde Leonor Watling (“¿Quien sabe cuándo, cuándo es el momento de decir: ahora? Si todo alrededor te está gritando: ¡Sin demora, sin demora!” -repite Inoportuna-). Luego vinieron los lados B y C, discos acústicos grabados en vivo por algún lugar de Barcelona, en donde encontramos a un Drexler retomando algunos covers que han marcado su vida, cantando y preparándose para lo que vendría.

Y lo que vino, no fue un disco… sino un nuevo hijo: Luca.

En medio de todo ese nuevo momento lo único que le sonaba a Jorge era algo distinto y nació la idea de producir “Amar la trama”.


Se me vienen 2 ideas aquí. Una es Spinetta cantando “Muchacha ojos de papel” y luego entonando “El blues de Cris” ("atado a mi destino, sus ojos al final olvidaré"). El Flaco cerraba el círculo y pasaba a lo nuevo.

Por otro lado, está Mc Cartney quien tuvo la idea de llevar a los Beatles al estudio cinematogáfico “Twickenham” (donde tanto A Hard Day's Night como Help! habían sido rodadas) para intentar darle un refresh a la gran banda oxidada que necesitaba de urgencia algo un reto, luego de casi haberlo probado e inventado todo.

Todos saben como terminó "Let it be". Luego los fabulosos 4 se fueron alegremente a inventar Abbey road, el real último disco.




Drexler por su parte, se divirtió un poco. Jugó con Shakira (colaboró con “Loba”, “Lo hecho está hecho” y “Añós luz”) y se sentó en un buen momento, fresco, renovado y listo para -en el Centro de Arte y Tecnología Aplicada (CATA)- juntar a 9 músicos y producir junto a Matías Cella (quien inclusive toca magníficamente el bajo) y Ariel Hassan, un memorable disco y un altísimo documental sobre esta etapa luminosa de su vida.

Adicionalmente a Drexler lo acompañaron 20 personas que fueron seleccionadas para estar presentes, mediante un concurso en su myspace. Luego la euforia se grabó en 4 días.

“Amar la trama” destaca principalmente por su sonido, por el buen gusto en la producción, por tener un Drexler que se arriesgó a alejarse de Campodónico y Superville para variar los violines, violonchelos y la electrónica, por una crujiente y exótica sesión rítmica adornada por saxos barítonos, saxos tenores, flautines, clarinetes, fliscornos y trompetas que resaltan totalmente -junto a excelentes coros- en la nueva producción del uruguayo que reside en Madrid.



En medio de toda esta belleza, resaltan principalmente las siguientes canciones:

Mundo Abisal: Canción que le iba a dar nombre a este disco. Drexler destaca: "El mundo de las profundidades marinas, es una metáfora que me gusta mucho y que se refiere también a las personas, a un mundo interior al cual llegan pocos". Aquí Drexler se sumerge de excelente manera, con una letra extraordinaria, paisajista y húmeda, para volver a travesear con su capacidad para vulnerar las leyes de la métrica sin afectar la melodía.

I don’t worry about a thing: Clásico de Mose Allison… interpretado por Jorge Drexler con la ayuda en el piano y voz de Ben Sidran. Para muchos, no es nueva esta mezcla, ya que desde “Eco”, se vieron las caras para componer juntos una de las mejores canciones del álbum: “Se va, se va, se fue”. Aquí la presencia de Sidran potencia totalmente la interpretación del tema, e inclusive para mí, refresca la melodía original y seduce con el juego de las marimbas (tocadas por Leo Sidran) y percusiones menores que destacan en los arreglos.



Una canción me trajo hasta aquí: “Varias primaveras atrás el viento cambió, y una canción me trajo hasta aquí”, arranca la canción, como definiendo el antes y el después. Drexler ha tenido varias primaveras desde hace unos años y bueno, esta canción -dedicada a Victor Manuel y Ana Belén- enciende una de las mejores melodías en los vientos adornados por una cómoda guitarra rítmica del uruguayo.

Aquiles por su talón es Aquiles: Drexler compuso esta canción para Paulinho Moska, el 28 de junio del 2009, en Río de Janeiro. Aquí baja la velocidad y presenta un tema muy interesante, que lo deja a uno con sed… esa, que el agua no cura.

Los Transeúntes: Como invitado aparece José Miguel Carmona -ex guitarrista de Ketama- en la Guitarra española, generando una excelente ambientación y acompañamiento (En este trabajo puntual se nota la experiencia del compositor ganada en el desarrollo de la banda sonora y dos nuevas canciones para la película de James Ivory “The city of your final destination”). Además la banda tiene un gran protagonismo cuando llega por la esquina.


De la misma forma destacan “La trama y el desenlace”, “tres mil millones de latidos” y “Noctiluca” (dedicada a su hijo Luca y con la participación de su primogénito Pablo).

Y ya… ahí va Drexler arrancando con el giro dramático de su vida. Ahí va claro y sincero, con el desenlace de amar la trama, su trama personal.


*Para ver en alta calidad todo el concierto dar clic aquí


--- Quito, Ecuador ---

lunes, julio 05, 2010

Prólogo de "Asamblea Portátil" y su presentación en Guayaquil


A propósito de la lanzamiento en Guayaquil de Asamblea Portátil. Muestrario de narradores iberoamericanos (Casatomada. Lima, 2009) -cuyo lanzamiento el martes 6 a las 20h en la Feria Expolibro ha quedado suspendido por fuerza mayor, hasta segundo aviso- presentamos el prólogo de su antologador el escritor peruano Salvador Luis. En esta selección aparecen los mexicanos Mayra Luna y Mauricio Salvador, los peruanos Diego Trelles Paz, Gabriel Rimachi Sialer, Mónica Belevan y Katya Adaui Sicheri, los chilenos Claudia Apablaza y Diego Zúñiga, los españoles Samuel Solleiro, Lara Moreno y Elvira Navarro, los argentinos Maximiliano Matayoshi, Federico Falco y Samanta Schweblin, los cubanos Jorge Enrique Lage y Michel Encinosa Fú, los uruguayos Leonardo Cabrera y Fernanda Trías, el guatemalteco Rodrigo Fuentes, el boliviano Rodrigo Hasbún, el venezolano Rodrigo Blanco Calderón, el paraguayo Juan Ramírez Biedermann y los ecuatorianos Solange Rodríguez Pappe y Miguel Antonio Chávez.

Reseña de prensa en Revista Caretas, por el narrador peruano José Donayre. Lima, abril 2010



Una caja-maleta (o el eclecticismo)


Por Salvador Luis

Al igual que la valise duchampiana este muestrario de narradores es también portátil. En él lo que existe es relevante y representativo, así como inevitablemente reduccionista y parcial. Lo cierto es que una caja-maleta nos sirve para agrupar de manera ordenada algunas de las particularidades de un momento, en este caso el de algunos narradores iberoamericanos nacidos entre 1974 y 1987, que escriben sus obras durante la apertura del siglo XXI y que se caracterizan fundamentalmente por su multiplicidad estética (heterogeneidad) y por desarrollarse dentro de un marco de crisis ideológicas en el que la institución que llamaremos, con un poco de ironía, Literatura Iberoamericana1 es no sólo maleable sino también un equívoco del cual se puede llegar a prescindir.

Al recopilar este conjunto de narrativa el intento de forjar una nueva camada, generación o entourage literario no ha sido precisamente la misión primaria; la palabra nueva, sobre todo, es muy antojadiza e ilusoria, y debe usarse con discreción; lo que sí existe en este libro es una conciencia similar a la que tiene un comisario de arte cuando elige las piezas para una exhibición, es decir, la conciencia de lo que significa una muestra, con ciertas obsesiones morfológicas, con una imaginario compartido y a la vez distanciado, con repeticiones, omisiones y singularidades. Otra forma más pedestre de entenderlo es utilizando el símil de hace unos instantes, que dice que esta compilación es como aquella caja en la que Duchamp guardaba su antología personal, con todo su eclecticismo y movilidad intrínseca.

Los 25 narradores incluidos en esta compilación provienen de trece países: Argentina, Bolivia, Colombia, Cuba, Chile, Ecuador, España, Guatemala, México, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela2. Una lista parcial que, desde luego, coincide con lo ya antes mencionado: intenciones y arbitraje, pero que, sin embargo, no busca ser un ranking ni una lista canónica, sino más bien una compilación que, a la vez que presenta la narrativa de un grupo de escritores coetáneos, sirve también como un esparcimiento por medio de la prosa. El goce y la distracción, a veces perdidos en nombre de la recopilación de corte bibliotecario, fueron factores cardinales en el proceso de elaboración de este muestrario de narrativa. No obstante, hay también en este conjunto un propósito un poco más especializado, que se refiere a la presentación de ciertas estéticas generales (teniendo en cuenta siempre una semi-uniformidad) que deben contrastarse con paradigmas previos.

No se puede afirmar, ni siquiera insinuar, que todos los antologados comparten una misma escuela, pues, como suele ocurrir desde que la literatura es literatura, cada uno utiliza un código y psyche personales, ya sea insertándose en corrientes disímiles como el existencialismo o el realismo sucio, en sub-géneros como el cuento fantástico, de terror o la ficción transgresiva o utilizando técnicas narrativas metaficcionales, pero sí es posible trazar una lista de préstamos y diálogos literarios (y también de los extraliterarios) que individual o colectivamente afecta mucho de lo aquí reunido, y que, retomando la actitud duchampiana, cabe en una pequeña valise.

En general, en este volumen son frecuentes los planteamientos absurdos de corte kafkiano (airano, si se extrapola a la narrativa latinoamericana de los últimos 25 años), la subjetividad, el pesimismo y la escritura escueta de la obra intermedia de Samuel Beckett y el diálogo realista y directo de J. D. Salinger, como también su dureza discursiva. Al mismo tiempo, hallamos cierta inclinación hacia la prosística de Jorge Luis Borges, Juan Carlos Onetti, Clarice Lispector, Mario Levrero, Julio Ramón Ribeyro, Julio Cortázar, Margo Glantz y Alfredo Bryce Echenique, como modelos que desplazan un tanto la paternidad (en contraste con muchos autores nacidos en los años 60) de Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes y Mario Vargas Llosa, aunque también, coincidentemente, no deja de suceder lo inverso de una manera menos normalizada.

Sin contar con manifiestos artísticos ni con un brand name que se relacione con el mercadeo y el sistema de consumo estadounidenses, varios de estos narradores encuentran en libros como Bartleby y compañía de Enrique Vila-Matas o Cómo me hice monja de César Aira no sólo relevos que modifican –no eliminan completamente– el diálogo con el Boom mediático, sino también formas que los distancian un tanto de etiquetas más recientes como la de McOndo3. Se podría decir, entonces, que este muestrario reune la suma de sus diálogos y referencias explícitas, pero también la crisis ideológica en la que están enmarcados sus modernos/posmodernos autores.

Lo curioso del caso es que, en términos generales, esta caja-maleta comparte lo que los compiladores de McOndo esbozan como globalización cultural y cimientos intertextuales de intercambio (esencialmente venidos de los medios de comunicación y la cultura pop), quizás sus aportes más significativos4. Eso no implica, sin embargo, que la antología de Fuguet y Gómez se haya convertido en un manual de cabecera para los escritores recientes (sobretodo por no contar con reediciones y porque su marco de influjo se ha centrado principalmente en algunos países sudamericanos empeñados en polemizar) sino que McOndo, de algún modo, mediatiza y resume una vía de salida, desalojando del imaginario aquel amasijo regionalista/costumbrista/real-maravilloso/realista-mágico en el que se hallaba encasillada la imagen de la literatura iberoamericana para sentar una de fisonomía variopinta (que también desea ser mediática y que, más temprano que tarde, ha sido víctima de su propia vulgarización).

Así como McOndo es una salida para sus antólogos, la experiencia que resulta de esa compilación origina otras circunstancias. Se puede decir que en esta caja-portátil el rechazo a lo que se conoce como el Boom Latinoamericano –en su casi infinita diversidad de autores, valga la mención– es inexistente de la manera en que fue planteada por los antólogos de McOndo; lo que sí puede apreciarse es la libertad estética, aquel ánimo mcondiano de escribir fuera de un molde sacrosanto, pero sin contar exclusivamente con las orientaciones específicas de sus autores.

En un ensayo de principios de esta década, Edmundo Paz Soldán nos dice que “no hay nada más saludable para una cultura que una actitud de reconocimiento hacia las grandes obras artísticas del pasado y, a la vez, de juguetona descortesía”.5 El punto en el que hace hincapié Paz Soldán, desde luego, es una constante en la historia literaria y de las artes en general, un recordatorio para no borrar de la memoria que todas las nuevas generaciones suelen desvincularse de un manera relativamente explícita de varios de sus precedentes inmediatos a través de un rito de paso de oposición a la obsolescencia (o, mejor puesto, de lo que es considerado por la población en actividad obsoleto estética y discursivamente).6

A pesar de las enseñanzas de McOndo, y, a la par, a pesar de los redactores del Manifiesto Crack7, es válido mencionar que los diálogos que se han hecho más comunes con aquella población literaria (los nacidos entre 1950 y 1970) son mayormente con autores que no tienen ligaduras con ninguna de esas dos listas, como por ejemplo: Roberto Bolaño, Rodrigo Rey Rosa, Alan Pauls y Mario Bellatin (habría que incluir también a César Aira, nacido en 1949). Lo que tanto McOndo como el Crack estimulan es en realidad una apertura que no se basa precisamente en tomar a sus autores como nuevos referentes, sino en buscar un espacio literario compuesto por la diversidad estética y de discurso, algo por lo que en su momento abogaron las vanguardias históricas españolas y latinoamericanas.

El hecho de que los autores de McOndo o el Manifiesto Crack no sean obligatoriamente los préstamos que los escritores recientes están tomando dice mucho de las lecciones de liberación que derivan de aquellas iniciativas y, sin duda, queda pendiente un análisis más exhaustivo de hasta qué punto etiquetas como McOndo y Crack, o antologías como Páginas amarillas y Líneas aéreas 8, funcionan en autores nacidos a mediados de los años 70 y 80 más como provocativas opciones outside of the box que como panteones romanos propios.

En cuanto a la caja-maleta en sí, y volviendo al meollo de lo que significan los préstamos en este conjunto, es importante destacar la trascendencia de la tríada estadounidense compuesta por Philip Roth, Raymond Carver (Gordon Lish, para quienes admiten las polémicas) y Paul Auster, cuyos materiales temáticos y estrategias narrativas cobran clara relevancia, especialmente el lenguaje y la sintaxis de Carver y los protagonistas retraídos e incomunicados de Paul Auster. Un autor como Chuck Palanhiuk, por su conexión con Fight Club, se convierte asimismo en el interino de Charles Bukowski; otros momentos más delimitados tienen el aura de Flannery O’Connor, John Cheever, David Foster Wallace y Stephen King, sin dejar de lado el acercamiento a autores de la narrativa nueva francesa de los años 60 como Alain Robbe-Grillet, Michel Butor y el propagado Georges Perec. Por otro lado, en lo que se refiere al campo temático más básico, el desamor, la alienación (en sus dos acepciones: desequilibrio y apartamiento), la incomunicación y la fatalidad son fijaciones recurrentes en los autores de este conjunto.

La afinidad por la metaficción y por la intertextualidad derivada de Enrique Vila-Matas (al parecer, junto a Ricardo Piglia y Javier Tomeo, uno de los autores que más contribuye a la modificación de relaciones con los dos grandes padres del Boom: GGM y MVLL) es una característica importante, como lo son el minimalismo, la fragmentación formuláica y la adjetivación reprimida de Mario Bellatin, la “desfachatez” y “suciedad” de Ray Loriga, así como la rabia, unida al gusto por la marginalidad, de la literatura de Roberto Bolaño, quien para algunos se ha convertido en una suerte de analogía de Jim Morrison, mitificado tanto por su obra como por su personalidad y muerte prematura.

En el caso específico de los narradores españoles resulta conveniente hacer un constraste entre la narrativa de los años noventa conocida popularmente como Generación X o Generación Kronen9 y el fenómeno aún en movimiento que ha sido llamado por los medios de comunicación Generación Nocilla10 (a pesar de que para el ensayista Eloy Fernández Porta, autor de Afterpop. La literatura de la implosión mediática11, esta designación trivialice lo que en realidad es un paradigma estético de proporciones más amplias que el ámbito peninsular y que, tras la volatización de las barreras entre la alta cultura y la cultura pop, afecta a artistas de todas partes del globo).

Si bien existen claras diferencias entre las fijaciones de la Generación Kronen (enfrascada, siendo bastante someros, en los terrenos del realismo urbano y las juventudes “nihilistas”) y los escritores que estarían moviéndose dentro de los principios de la cultura afterpop (donde tanto la alta literatura como la nueva neovanguardia acaban reinstalándose en el mainstream debido al “exceso simbólico creado por los medios”, según el escritor y crítico Vicente Luis Mora12), los autores españoles incluidos en esta selección, al igual que sus contemporáneos latinoamericanos al situarse ante las líneas de McOndo o Crack, no podrían ser completamente reducidos a ninguna de las dos clasificaciones porque su producción parece alternar y no constreñirse en lo urbano o lo afterpop; de este modo, la inestabilidad de doctrinas hace que la heterogeneidad de grupo y no la preocupación por una línea de algún modo conjunta sean los procesos primordiales, lo que podría entenderse, si se quiere, como una breve etapa antiteleológica en nuestra narrativa (al menos en lo que respecta a un único fin generacional).

La denominación Nocilla, asimismo, parece querer aglomerar a los narradores nacidos tras la desaparición del régimen franquista (vale mencionar que Fernández Mallo nació ocho años antes del ocaso del general Franco) dentro de un molde que no es ni fáctico ni evidente de manera grupal (aunque tal vez sí para un subgrupo, como el que fue recogido en la antología Mutantes. Narrativa española de última generación13), y que a lo sumo crea generalidades mediáticas e incovenientes para la crítica. Es importante tener en cuenta que la ya canónica división de Gonzalo Sobejano (narrativa existencial, social, estructural y ensimismada)14 y la dualidad mencionada por Francisco Umbral (literatura casticista y literatura babelista)15, precisamente por ser funcionales y tener cierta amplitud, podrían agrupar a cualquier narrador español de la actualidad (por no decir a cualquier narrador/a vivo independientemente de su país de origen). Si bien es cierto que la sobreexposición a la cultura pop y su relación con el elitismo cultural son fenómenos muy de nuestros tiempos16, y que siempre es necesaria una búsqueda de la especificidad que permita definir las cosas por sus diferencias, ambas manifestaciones (saturación pop y filtración de la alta cultura) no puenden medirse de manera efectiva ni aplicarse a todos los escritores nacidos en el posfranquismo por igual. El término Nocilla, por ende, no nos ayuda a definir cabalmente lo que está ocurriendo en la actualidad, sin embargo, las ideas vertidas en los ensayos del afterpop (que tratan sobre todo de explicar circunstancias epistemológicas) merecen tomarse con seriedad para sustentar denominaciones y clasificaciones futuras que sean más exactas, ya sea para grupos o subgrupos.

A pesar de ello, citar a Reinaldo Laddaga, tanto como citar a los teóricos del afterpop (así como tener en cuenta los puntos claves del prólogo de McOndo), abre resquicios para nuevas interpretaciones. En su estudio sobre la narrativa de Gilberto Noll, César Aira y Mario Bellatin, el crítico rioplatense señala que estos libros


se escriben en una época en que, por primera vez en mucho tiempo, no está claro que el vehículo principal de la ficción verbal sea lo impreso […] Esta es la literatura de una época en la cual un fragmento de discurso está siempre ya atravesado por otros. No me refiero a esa manera de “estar atravesado” que llamábamos “intertextualidad”, por la cual un texto exhibía siempre ecos de otros remotos, sino un “estar atravesado” por los textos e imágenes contiguos, sin poder acabar de asegurarse de sus bordes, de manera que todo punto de emisión se vuelve parte de algo así como una vasta conversación, sin comienzo ni fin determinados (19-20).


Laddaga, desde luego, no proclama la muerte de la intertextualidad, algo imposible, sino la aparición de una narrativa sin “bordes”, donde la literatura, además, pareciera estar bajo presión (presionada por el tiempo y la sobreabundancia informativa), ocasionando que autores como Aira o Bellatin (más recientemente Alejandro Zambra) trabajen lo que él llama espectáculos de realidad, y que en este prólogo llamaremos textos inmediatos, caracterizados, siguiendo a Laddaga, por ser “emisivos”, como si se tratase de entregas de TV, y por


escribirse ensayando la imposible articulación del espacio de la narración y el espacio de la información, proponiendo su coexistencia en textos que pueden abordarse un poco como si fueran secuencias de mensajes, puntuales, lacónicos, de una brevedad que es el efecto del hecho de que sobre ellos gravita una presión de tiempo. (21)


Las impresiones de Laddaga, que han tomado, de la misma forma, de la estética musical del sampling17 (aunque se podría argumentar que desde sus inicios el cine practica el sampling a través del montaje y los trucos de cámara) se adecuan con puntualidad a la narrativa de los autores que estudia y también a algunos de los que han sido incluidos en esta caja-maleta; un rasgo presente, aunque no uniformemente ni de manera integral (por ello la constante vuelta en este prólogo a lo ecléctico, característica que por algún motivo no deja de persistir cuando se intenta una contención crítica).

Las narraciones inmediatas de algunos autores iberoamericanos recientes, las cuales vendrían a ser textos influenciados, entre otras conexiones, por escritores como los que estudia Laddaga, aparecen en momentos específicos de esta antología (pienso rápidamente en los cuentos de Samuel Solleiro, Juan Sebastián Cárdenas y Samanta Schweblin), pero deben también ser analizados cuidadosamente más allá de este conjunto, ya que en sus respectivos cuentarios y novelas ellos y algunos otros autores de esta antología se inscriben en una estética de espectáculos de realidad más personal y, por qué no decirlo, compleja, que por obvias razones no cabe en un muestrario de veinticinco cuentos.

Teniendo siempre presente la época de “recalentamiento informativo” en la que vivimos, tal como señala Juan Francisco Ferré en Mutantes, más allá de los influjos meramente literarios, son destacables también los que provienen de otros géneros (del universo audiovisual, el Internet y el cómic, por mencionar unos cuantos), y no sólo como capital cultural –la manera más frecuente que tienen de manifestarse en la literatura sino como una mecánica aplicada.

En primer lugar, el montaje consciente o inconsciente por medio de jump-cuts (saltos en la continuidad de la acción) está presente en autores como Jorge Enrique Lage o Mayra Luna no precisamente a causa de la lectura sino debido a una frecuente exposición a la narrativa cinematográfica, principalmente la que explota luego de la Nueva Ola Francesa de la década del 60; se trata, pues, de escritores que sobreviven en un mundo afectado tanto por las palabras como por las imágenes, analógicas y digitales, y esto es evidente cuando las angulaciones de la cámara (inclinaciones del eje) se ven incorporadas a la prosa, así como los efectos de cámara lenta o rápida, las tomas largas introductorias o intermedias y las bandas de diálogo y sonido en oposición a los intercambios verbales meramente literarios.18 En este acápite es justo subrayar la presencia del cine de Quentin Tarantino (por ende de la Nouvelle vague, la Escuela de Hong Kong y los intertextos cinematográficos gangsteriles) y las atmósferas de autores como David Cronenberg, Paul Thomas Anderson, los hermanos Coen y David Lynch, al igual que el lado tragicómico de Woody Allen. El tinte gore de películas slasher y de miedo genérico es, al mismo tiempo, un ingrediente de esta amalgama que puede suponer visionados de filmes tan diversos como los que han dirigido George A. Romero, John Carpenter, Takashi Miike o Eli Roth.

En otro sentido y con la misma relevancia, la fuente audiovisual también puede interpretarse mediante los ascendentes televisivos, en los rangos de The Twilight Zone (Dimensión desconocida/La cuarta dimensión), Twin Peaks, Heroes, Six Feet Under (A dos metros bajo tierra) y Lost, y de series de corte absurdista como Family Guy (Padre de familia) y Los Simpson19, sin dejar de lado los dibujos animados de procedencia japonesa, de donde se desprenden parte del humor negro, la acción, la extrañeza y las situaciones ilógicas y de suspense recopiladas en esta antología. No pasemos por alto que desde los años 60 del siglo pasado, aproximadamente diez años después de su introducción masiva, la televisión se convirtió en un influjo decisivo en el imaginario y las prácticas artísticas mundiales, llegando a ser, debido a su accesibilidad por parte de las clases medias, un pasatiempo tan o más significativo que el cine.

El hecho de que tanto la escritura como la recepción de la escritura se vean afectadas por cambios tecnológicos semejantes, como señala el escritor uruguayo Rafael Courtoisie, hace que “el discurso narrativo [sea] tributario a inicios del tercer milenio de la serie, de la telecomedia, del culebrón (en la vertiente latinoamericana), de la soap opera (en la yanqui), [y] del sit-com.20

Así como la cultura de la imagen se hace tan significativa, surge del mismo modo la extrapolación de la viñeta a los confines de la escritura y el obvio soporte de los universos de Marvel y DC Comics asimilado al imaginario literario tradicional; así se destaca la complicidad de series de historietas en las cuales la continuidad narrativa de los personajes se ve afectada, como en el caso de la clásica What If…?21, publicada originalmente por Marvel entre 1977 y 1984, y la reconocida Elseworlds de los años 90, sin dejar de lado el sello Vertigo de DC Comics, célebre por su violencia gráfica y temática controvertida.22 Autores como Alan Moore, Frank Miller, Brian Azzarello y Neil Gaiman no pueden dejar de mencionarse en este sentido.

Por último, el Internet, la cultura Google, el correo electrónico sucediendo a las epístolas, la blogósfera y las redes sociales (con un par de esbozos aquí pero encerrados como una muy interesante simbiosis en la novela Diario de las especies23), nos hacen pensar que estos autores iberoamericanos no han inventado la pólvora ni el iPhone, que siguen un derrotero impuesto por un continuum literario y la cultura de masas en la que han sido instruidos (o se siguen instruyendo), pero que, a la par, se inscriben en la nómina de sus antecedentes y en la de los autores que están por emerger, no como figuras que inventan algo nuevo (lo nuevo es una noción que los seres humanos solemos prostituir a diario), sino como artistas que utilizan una mezcla propia durante su momento de acción, un sampling con referentes de alta y baja cultura, creando plasticidad y una falta de deudas inmediatas con lo que suele reconocerse como la tradición nacional.

De acuerdo con Laddaga:


todo texto se pone en relación con otros géneros, con los cuales sus autores se encuentran en los entornos en que viven, y a los cuales recurren sistemática o casualmente para incrementar la inteligibilidad, la complejidad, la definición de su trabajo. (143)


El resultado que este tipo de fenómeno provoca no es solamente la creación de textos inmediatos, sino el incremento de una literatura iberoamericana que se desengancha con más frecuencia (sin finiquitarlo, claro está) de un genotipo únicamente costumbrista o regionalista, tal como proponían los integrantes de McOndo y otros escritores nacidos en los 60 que no pertenecen a sus filas, pero en el que incluso McOndo se convierte en un paso fagocitable debido a la selección indiscriminada de vínculos y a la crisis ideológica del individuo moderno/posmoderno, un sujeto que revisa constantemente su relación con las instituciones sociales y culturales.

Si tenemos en cuenta que el Boom buscaba seriamente organizar una literatura continental, hispanoamericana y principalmente ético-política, los narradores y narradoras de esta compilación, ya insertados en el mapamundi gracias a los esfuerzos de sus predecesores, participan del fenómeno de la globalización cultural para independizarse no del centro hegenónico sino de su periferia estereotipada (la América de los dictadores y Chichen Itza y la España de las corridas y el cante jondo). La globalidad, sin embargo, no encierra el desprecio a la obra y experimentación del Boom o de la posguerra española (Rayuela, La muerte de Artemio Cruz, La casa verde, Reivindicación del conde don Julián, Parábola del náufrago) como tampoco la total aceptación de su estética y discurso (ni de los anteriores ni posteriores, para tal efecto), sino que se refiere a la apertura de vínculos (e hipervínculos) y a la falta de un sectarismo ideológico.

Refiriéndose a la muestra tomada para Mutantes, Juan Francisco Ferré apunta que los cuentos que integran dicha antología son modelos narrativos españoles creados


no sólo con materiales o componentes surgidos del país. Más bien al contrario, y sin que eso entrañe ninguna clase de explotación… muchos de estos autores trabajan dentro de un sistema de importación sutil de componentes y materias primas procedentes de otras culturas y tradiciones. […] Narrativas, por tanto, surgidas de un estado de cosas plurinacional, multinacional o plenamente internacionalizado. (10)


Dicha cita, sin duda, se puede enlazar con lo que los antólogos de McOndo habían descrito acerca de la narrativa latinoamericana, prosaicamente tal vez, en la última década del siglo XX; tanto Fuguet y Gómez en 1996, como Ferré en 2007, advierten circunstancias innegables, un nuevo estado de cosas, que sin embargo conserva microrelaciones estéticas con el Boom y el Post-Boom (y con el regionalismo y con la anteguerra y con la posguerra, etc., etc.). Porque si bien hay una tendencia a que lo iberoamericano no aparente ser “Iberoamericano”, una lucha a ultranza contra aquella identidad estereotipada que germina esencialismos y tergiversaciones, también es cierto que el archivo de los escritores últimos es amplio, compuesto por ficheros de metal y flashdrives de bolsillo, y que la verdadera cualidad “mutante”, para seguir a Ferré, está en no incorporarse totalmente, como grupo, a una versión de las cosas, sino a múltiples variaciones de aquella sobreabundancia informativa.

Tomando esa premisa como base, cabría apuntar que los escritores recientes escogen distinto porque tienden a elegir desarticulada y aleatoriamente, sin detenerse precisamente en los bordes, en ese postulado podría resumirse su diferencia (o su similitud, si pensaramos en las tradiciones de ruptura que constan en la historia artística). Esta compilación, entonces, es una caja-maleta donde a pesar de todo y de todos, las posibilidades son varias.


Mayo de 2008 – Septiembre de 2009

1 Para los efectos de este conjunto, denomino Literatura Iberoamericana, con letras mayúsculas, al equívoco generalizado que desemboca en una noción esencialista de las obras originadas en Iberoamérica, concepto que las determina, por un lado, dentro de un marco puramente regionalista y de protesta social y, por el otro, como la perpetuidad del realismo mágico, encadenado a la etiqueta de consumo Boom. Las obras reunidas en este muestrario de narradores no están sujetas a dicho estereotipo mediático y pertenecen a una etapa de creación que es inclusive posterior al Post-Boom.

2 Para esta compilación se convocó a 38 narradores nacidos entre 1974 y 1987. La omisión de algunos países y autores responde a un proceso de selección que duró cerca de seis meses y a la oferta antológica existente en el momento. Si se busca un panorama complementario de la narrativa iberoamericana actual es importante revisar las antologías Álbum. 30 cuentistas hispanoamericanos (Literaturas.com, 2007; Claudia Apablaza, ed.) y El futuro no es nuestro, editada por Eterna Cadencia en 2009 y compilada por Diego Trelles Paz; dicha antología incluye países del Caribe que no hemos citado en este corpus, y también el Brasil. El presente muestrario de narradores contiene autores de España, país que fue omitido por falta de espacio de la selección de Trelles Paz, pero admite la omisión de Portugal por carecer el antólogo de un panorama detallado de su narrativa más joven. Más sobre las tendencias de la narrativa iberoamericana de las últimas tres décadas puede encontrarse en textos de Doris Sommer, George Yúdice, Julio Ortega, Hugo Achugar (resaltamos su prólogo en El descontento y la promesa; Trilce, 2008), Eduardo Becerra y Vicente Luis Mora, así como en las bitácoras de Miguel Ángel Muñoz, Antonio Jiménez Morato, Gustavo Faverón, Sergi Bellver, Edmundo Paz Soldán, Iván Thays y el colectivo Afterpost.

3 Grijalbo-Mondadori, Barcelona, 1996.

4 Aunque es cierto que los autores del Boom y el Post-Boom cultivaron la admiración por la música jazz, las radionovelas o el cine de la época dorada hollywoodense, la cultura popular de sus tiempos, a partir del fin del Post-Boom se plantea un cambio receptivo que, a la vez que comprende aquellos referentes previos, ensalza de manera aún más significativa la baja cultura, las manifestaciones artísticas decididamente comerciales como la música pop británica y estadounidense y los productos de consumo masivos como los refrescos carbonatados o los aparatos estereofónicos.

5 Ver “Entre la tradición y la innovación: globalismos locales y realidades virtuales en la nueva narrativa latinoamericana” en Desafíos de la ficción, Eduardo Becerra (ed.), Cuadernos de América sin nombre, Murcia, 2002.

6 Sin ir muy lejos, recordemos que algunos de los autores del Boom consideraban que sus predecesores indigenistas eran no sólo anacrónicos sino también dueños de un horizonte temático limitado.

7 México, verano de 1996.

8 Editorial Lengua de Trapo, Madrid, 1997 y 1999, respectivamente.

9 Grupo de escritores cuya producción aparece de manera sincrónica tras el desencanto español y que se sintetiza reciclando el título de una de las novelas del madrileño José Ángel Mañas.

10 Siguiendo la línea de apelativos mediáticos, algunos narradores españoles nacidos en la década del 70 son encasillados en esta nueva taxonomía cuyo nombre deriva de la novelística temprana del escritor gallego Agustín Fernández Mallo y de la crema de cacao para untar Nocilla (comercializada en España).

11 Editorial Berenice, Córdoba, 2007.

12 http://vicenteluismora.blogspot.com/2007/07/generacin-nocilla.html

13 Editorial Berenice, Córdoba, 2007.

14 Ver Novela española contemporánea. Mare Nostrum, Madrid, 2003.

15 Ver Diccionario de literatura.1941-1995. Editorial Planeta, Barcelona, 1995.

16 Los ensayistas del afterpop no son los únicos en esta región en hablar de ello, el crítico argentino Reinaldo Laddaga lo apunta también en Espectáculos de realidad. Ensayo sobre la narrativa latinoamericana de las últimas dos décadas (Beatriz Viterbo Editora, Argentina, 2007) cuando anota que vivimos en “una época de sobre abundacia informativa, de pleno de discursos” (20).

17 El sampling (o muestreo) es una técnica de grabación que permite la reutilización de sonidos para nuevas grabaciones musicales. Los principios del sampling se remontan a los primeros años de la década de los 80 y a la masificación del hip-hop y la música electrónica. Esta técnica de grabación puede ser adaptada a la literatura mediante la reutilización de intertextos y la repetición de motivos y tropos reconocibles en un mercado globalizado. Tras la apertura del siglo XXI, y después de la llegada de los sintetizadores y de los aparatos de clonación digital, las obras literarias se hayan, retomando una idea de Walter Benjamin, “en la época de su reproductividad técnica”.

18 No olvidemos tampoco las alteraciones cronológicas como el flashforward y el flashback.

19 Tanto Family Guy como Los Simpsons, por citar sólo dos franquicias, son también parte del popular universo de los videojuegos. Aunque no se ha hecho explícito en otras partes de este prólogo, la cultura del arcade y de las consolas electrónicas (desde la primera generación de videojuegos que incluye clásicos como Computer Space y Pong hasta la actual sétima generación, con controles inalámbricos y gráficos de alta definición establecidos para las plataformas XBox 360, Playstation 3 y Nintendo Wii) forman parte del mundo que los autores de esta antología reconocen como suyo y afectan, de igual forma, su percepción audiovisual del mismo.

20 Ver “Crisis o vigencia de los géneros narrativos: literatura transgénica, transgenérica, transmediática” en Desafíos de la ficción, Eduardo Becerra (ed.), Cuadernos de América sin nombre, Murcia, 2002.

21 What if… el prólogo a los cuentos de Felisberto Hernández hubiese sido escrito por MB? What if… Sor Juana y Pierre Bourdieu se hubiesen citado en un café de Santiago de Chile?

22 A pesar de la polémica discusión acerca de la impronta literaria que algunos le dan a los cómics, es común, al menos en la experiencia del antólogo, que muchos artistas que se sirven de ellos consideren ese influjo un préstamo extraliterario, quizá por la etiqueta de outsider que dicho criterio promueve. Asimismo, los principios del arte secuencial acuñados por Will Eisner buscan darle cierta independencia –válida, además– a los cómics, resaltando su propia gramática, vocabulario y composición. El ilustrador francés Francis Lacassin, por su parte, considera que el cómic es el noveno arte.

23 Lanzallamas Libros, Chile, 2008; Editorial Jus, México, 2008.


domingo, julio 04, 2010

Recital "busetero" y dos lanzamientos de obras, durante la Expolibro 2010

En el marco de la Feria Expolibro 2010, Buseta de papel y algunos de sus integrantes por separado estarán presentes en algunos eventos que se realizará en el Palacio de Cristal, Olmedo y Malecón Simón Bolívar.

"No es una letra imaginaria", es el nombre del recital de poesía y cuento que realizará este lunes 5 de julio de 20 a 21h en la Urna Sur. Participarán: Augusto Rodríguez, Miguel Antonio Chávez, Dina Bellrham, Solange Rodríguez, Luis Alberto Bravo, etc.

Por otro lado, Solange Rodríguez y Miguel Antonio Chávez, los dos narradores ecuatorianos antologados en "Asamblea Portátil" (Casatomada. Lima, 2009), estarán presentes, de 20 a 21h (Urna Norte) en el lanzamiento de nuestro país de esta obra. Como invitado especial estará el editor de Casatomada, el escritor peruano Gabriel Rimachi Sialer.

Mientras que el jueves 8, Solange Rodríguez lanzará su nuevo cuentario "Balas Perdidas" (Casatomada, 2010), con la presencia de los escritores ecuatorianos María Fernanda Pasaguay y Santiago Páez.