jueves, febrero 25, 2010

Capítulos que se le olvidaron a Vila-Matas (IV)





Otros Bartlebys


Por Luis Alberto Bravo



David Zimmer


El desencantado personaje de Paul Auster en su novela El libro de las ilusiones (Editorial Anagrama S.A, 2003), no es un bartleby, y sería excesivo decir que fue un cazador de bartlebys: como lo son Enrique Vila-Matas, 'El jorobado' Marcelo (CasiWatt), Robert Derain y quien escribe estos capítulos. Diré simplemente que… David Zimmer, aparte de ser un profesor de literatura, con traducciones a su haber de poetas europeos, y algunas reseñas para periódicos y revistas, fue un concienzudo investigador de bartlebys.




Antes de la publicación de su libro El silencioso mundo de Hector Mann (Ediciones de la Universidad de Pensilvania), Zimmer ya había publicado dos libros de crítica literaria: Voces en zona de guerra y La ruta de Abisinia (siendo éste último el que nos interesa).

La ruta de Abisinia, era un extenso ensayo dedicado a los escritores del No, o en palabras del profesor Zimmer “Era un ensayo sobre escritores que habían dejado de escribir, una meditación sobre el silencio (…) Poetas y novelistas de singular brillantez que, por un motivo u otro, habían interrumpido su actividad”.

Jean-Arthur Rimbaud, Dashiel Hammett, Laura Riding, J.D. Salinger, son algunos de los escritores contagiados con el Síndrome de Bartleby, que se pasean por las páginas de este libro. Siendo La ruta de Abisinia un título que ancla perfectamente con este mal y que hace una interesante analogía (y de valor áureo) entre el viaje geográfico del escritor del No por antonomasia (como lo fue Rimbaud) con el viaje metafísico que experimenta todo aquel que acepte la voluntad bartleby.




De ésta manera podremos incorporar un nuevo título al penumbroso anaquel donde se encuentran todos aquellos libros que tienen en común haber reunido “a un buen puñado de bartlebys”, palabras del colega CasiWatt.

Eclipses littéraires, Robert Derain
Bartleby y compañía, Enrique Vila-Matas
La Ruta de Abisinia, David Zimmer
Bartleby o della contingenza, Giorgio Agamben


jueves, febrero 18, 2010

Capítulos que se le olvidaron a Vila-Matas (III)

Otros Bartlebys


Por Luis Alberto Bravo



Zorg






El coprotagonista y bloqueado escritor en la película francesa Betty Blue es un bartleby. La película de Jean-Jacques Beineix (casi en su totalidad) se desarrolla durante el periodo de nula creación de Zorg (interpretado por el actor Jean-Hugues Anglade). Es decir, éste personaje (a quien no le gusta usar ropa interior) nace y existe en la ficción siendo un escritor del No y culmina con la vuelta a la escritura; ó poniéndolo en estilo alejandrozambriano: Mientras Zorg no escriba sigue la película, cuando Zorg vuelva escribir… la película se acaba.

Zorg es un tipo solitario (aunque éste detalle quedará algo desconocido para todos, debido a la irrupción de una mujer llamada Betty Heyman en su vida), trabaja de conserje (a más de brindar mantenimiento) en una urbanización en la costa del sur de Francia, no tiene familia (y si la tiene: sus familiares viven lejos), es humilde, le encanta el sexo, fuma mucho, le gusta el tequila y los platos picantes: el chili, por ejemplo.
A sus treinta años sigue soltero, no tiene hijos y ha hecho de plomero, pintor de bungalows, camarero, barman, conserje, asaltante, vendedor de pianos, chofer y… escritor (algo que regularmente se le olvida). Presumiblemente todas y cada una de estas facetas han sido para este natural anti-héroe, intereses para olvidar su desilusión: la desconfianza en su obra, y el desconocimiento de su bloqueo creativo.



Hipotéticamente la voz en off de Zorg en el filme (llamado originalmente 37°2 Le Matin), es la voz narrativa de su segundo libro, éste libro bien podría llamarse Betty Blue y trataría de su relación amorosa con una chica que mató y que padecía borderline; paralelamente mientras detalla el mutismo y silencio escritural en que cayó alguna vez.

De ésta manera, la bibliografía de este bartleby estaría compuesta por dos libros y posiblemente por desconocidos textos que elaboró cuando se empleaba en un antiguo trabajo relacionado a la escritura:

1) El manuscrito que encontró Betty en un cartón. Una docena de cuadernos contenían esta obra, que Zorg (un tanto sarcástico, un tanto evasivo) llamó Las memorias de Hitler, éste es un título no comprobado, pero que hace suponer se trataba de una novela de detectives. Betty sería su primera lectora. Una casa editorial escribió respecto a esta obra lo siguiente:

Lo siento, no. Entretenido, pero su estilo es insoportable. Usted deliberadamente escribió un no-libro
Libros Unidos


Posteriormente sería publicado. De él, Zorg (bajo la aureola bartleby) dijo alguna vez:

Sólo he escrito un libro en mi vida y tal vez no escriba otro… y dudo que pueda escribir otro”.


2) Betty Blue. Se podría decir que este libro se gestó gracias a la bendición/maldición que fue la llegada de Betty a su vida. El silencio bartleby que enfermaba a Zorg fue devorado por otro silencio: el de Betty, el silencio que esta mujer brindaba inconscientemente a los ratos de soledad de su amante. La ausencia de Betty, ya sea por el sueño o la muerte (finalmente) despertaba una extraña excitación en la imaginación de Zorg, y que lo hacía volver a escribir. Así mismo, las intermitentes apariciones del gato blanco ante Zorg, anunciaba secretamente la renuncia de bartleby.




Siempre estoy oyendo tu voz en la casa, Betty. Lo peor de todo es el silencio”. Le dice Zorg a una sedada Betty.

A continuación, algunas citas de aquel presumible libro:

Betty era como un caballo salvaje que se había cortado los muslos… Saltando sobre un muro y trataba de pararse. Lo que ella veía como una pradera era un lúgubre corral. No soportaba la inmovilidad. No estaba hecha para eso.


Me gustaba ese lugar, estaba seguro de que sería un buen día. Y lo habría sido si hubiera afinado sus motores.



A los treinta uno comienza a saber de que se trata la vida y uno disfruta un descanso.


Los hombres se enloquecen con un tanque lleno de gasolina. Los autos grandes son el último destello de nuestra civilización.


Yo no había ido a ese hueco para escribir. No. Fue después que comencé a escribir. Para poderme sentir vivo.


3) De la escena donde Eddy y Zorg beben y ríen, el escritor bartleby anuncia “novelas históricas, ciencia ficción, novelas de detectives” entre los temas que toca, así mismo llega a decir algo muy interesante “la risa del oficio literario”; de ser esto último… tema habitual en sus narraciones, Zorg pasaría a formar parte del círculo de escritores relacionados con la Metaliteratura (aquella corriente que atiende los conflictos de la literatura desde la plataforma misma o realidad en que ésta existe).

Además en este mismo episodio surge un dato cargado de contenido clave:

Eddy: ¿Así que tú escribes libros? ¿Ganas algo haciendo eso?
Zorg: A veces


Siendo esto un documento pobre, nos puede llevar a suponer (imprecisamente) que Zorg hizo trabajos periodísticos por ejemplo (un oficio tangencial a la escritura, y que tiene su parte pragmática muy conocida).

--- Cápsula bartlebyana ---


El comisario de la cárcel (donde ha terminado encerrada Betty por agredir a un editor) es también un bartleby. Éste, enterado que Zorg es un escritor, se compadece por la situación de su “camarada”, y le declara además su vocación literaria y el total desencanto en que se encuentra.

--- Fin de la cápsula bartlebyana ---

Como ya señalé más arriba, con el silencio de Betty se fue configurando una nueva ruta a la creación literaria, coqueteos que poco a poco empiezan a quitar la telaraña de la nulidad bartleby.
Hay en la película de Beineix una escena que pasaría de cajón a formar parte de un museo dedicado a la renuncia bartleby.

Zorg se despierta en la madrugada. Betty duerme profundamente. Haré hincapié en esto: Betty duerme profundamente. Totalmente desnudo, Zorg camina hacia la cocina, toma papel, esferográfico y se coloca los lentes (unos lentes que cambian su perfil notablemente, por cierto). Escribe. Escribe y tacha. Tacha. Tacha mucho. Es interrumpido por un goteo. Haré otro hincapié en esto: Es interrumpido por un goteo (llámenlo la voz de bartleby, no sé). Finalmente acerca la hoja al fuego y observa su lenta consumación.


Arrojar escritos al agua o quemarlos, seguirán siendo dos auténticas formas del arte bartleby: de volver al silencio algo que existe para que ya no exista.

Si analizamos algo: en la realidad todo es verdad. La habitual asistencia de la ficción a la realidad es lo que conocemos como «mentira» o sea la verdad de otra realidad. Si bien Zorg quema su texto, el estímulo que normalmente activa la ficción empieza a atender otras formas de creación, de ésta manera la realidad es para Zorg un medio óptimo para llevar a cabo la negación por el solo gusto de negar.

Lisa: ¿Te huele a quemado?
Zorg: No

Zorg miente descaradamente, y termina por garantizar la destrucción total de su texto, negando su escritura, fabricando silencio.


Niño: ¿Éste es un turbo?
Zorg: No, es un OVNI
Niño: ¿Es tuyo?
Zorg: No

Aun en estado etílico, la naturaleza de Zorg sigue creando y tal vez de una manera inconsciente, como la recordada escena donde tumba una pared.

Zorg: ¿Me parezco a Stallone en Rocky IV, nena?
Niño: No. Parece que escribieras tu libro.
Zorg: No veo que tiene que ver una demolición con escribir.

Un último análisis, hacia una escena que en lo particular me llenó de intriga: Betty le pide a Zorg opinión banal y sugiere que vea el cielo... Zorg no le responde:


Betty: ¿Ves todas esas estrellas?

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El silencio había vuelto.




• Éste artículo no atiende la versión literaria de Philippe Djian, quien es el autor de 37°2 Le Matin (37.2 Grados en la Mañana), el libro sobre el cual se basó Betty Blue. Siendo 37.2 grados la temperatura de una mujer embarazada al momento de despertar.
Posiblemente en la versión literaria el personaje de Zorg atiende otras dimensiones pues no es un ente concreto. Djian ha dicho algo al respecto:

La estética de Jean-Jacques Beineix en la película es completamente diferente, quizá el oponente. Es difícil porque en la película usted tiene dos caracteres —en el libro yo no estuve seguro si hablaba de dos caracteres. Algunas veces en mi mente había un único ser quien era parte varón y parte hembra—.

viernes, febrero 12, 2010

Preciado y Rodríguez en el Festival Internacional de Poesía de Granada, Nicaragua 2010

El poeta Ernesto Cardernal, parte del Festival Internacional de Poesía de Granada, Nicaragua 2010. Este año ha sido postulado como candidato al Premio Nobel


Los poetas ecuatorianos Augusto Rodríguez y Antonio Preciado participarán en el VI Festival Internacional de Poesía de Granada, Nicaragua, 2010 en Homenaje al poeta Azarías H. Pallais que se realizará del 15 al 21 de febrero del 2010. El Festival Internacional de Poesía de Granada, Nicaragua es considerado uno de los Festivales de Poesía más importantes del mundo. En la edición del 2010 asistirán 200 poetas de 77 países. Destacados poetas como el candidato al Premio Nobel de Literatura 2010, el poeta místico y revolucionario Ernesto Cardenal; el poeta Ganston Saint-Fleur, sobreviviente del terremoto de Haití; el célebre poeta de la poesía afroamericana, Amiri Baraka; el chileno Raúl Zurita; y la nicaragüense Gioconda Belli quien dará a conocer su nuevo libro “Escándalo de miel”.

Augusto Rodríguez (Guayaquil, Ecuador, 1979) Periodista, editor y catedrático. Ha publicado los poemarios: Mientras ella mata mosquitos (2004), Animales salvajes (2005), La bestia que me habita (2005), Cantos contra un dinosaurio ebrio (Barcelona, España, 2007), Matar a la bestia –recopilación- (Guadalajara, México, 2007) y La gramática del deseo ( La Paz , Bolivia 2009/ Monterrey, México 2009). Ha obtenido el Premio Nacional de Poesía David Ledesma Vázquez (2005), el Premio Nacional Universitario de Poesía Efraín Jara Idrovo (2005), Mención de Honor en el Concurso Nacional de Poesía César Dávila Andrade (2005), Finalista del III Premio Internacional de Poesía Màrius Sampere (2007), Finalista del VII y VIII Premio Internacional de Poesía Joven Martín García Ramos (2008-2009). Es uno de los fundadores del grupo cultural guayaquileño Buseta de papel. Ha participado en varios festivales poéticos, encuentros literarios, ferias de libros dentro y fuera de su país natal como el I Festival Nacional de Poesía Hugo Mayo, CCE (2005), Toda la poesía al asador: Encuentro de Poesía Ecuador-Argentina, Alianza Francesa de Quito (2005), Encuentro Nacional de Literatura Ecuatoriana “Alfonso Carrasco Vintimilla” (2005), Expolibro, Feria Internacional del Libro en Ecuador (2006-2009), FIL, Feria Internacional de Libro Guadalajara, México (2007), I Festival de Poesía Joven Ecuatoriana Naranjal (2007), III Encuentro Latinoamericano de Poesía Actual “Poquita Fe”, Santiago de Chile (2008), I Encuentro de Jóvenes Escritores Latinoamericanos del Alba, San Cristóbal, Venezuela (2008), I Festival de Poesía Joven Ileana Espinel Cedeño, CCE (2008), II Festival de Poesía Joven Ecuatoriana Naranjal (2009) y el II Festival de Poesía Joven Ileana Espinel Cedeño, CCE (2009). Parte de su obra poética está traducida al inglés, al catalán y al francés. Poemas suyos han salido en importantes periódicos y en revistas impresas o virtuales de Ecuador, México, Argentina, España, Colombia, EE. UU., Chile, Canadá, Venezuela, Perú y Uruguay. Editor de la revista literaria El Quirófano.

lunes, febrero 08, 2010

Capítulos que se le olvidaron a Vila-Matas (II)





Otros Bartlebys



Por Luis Alberto Bravo





Phoebe Caulfield




Nombres Completos: Phoebe Josephine Caulfield (suele firmar Phoebe Weatherfield Caulfield o Phoebe W. Caulfield o Sr. D. Phoebe Weatherfield Caulfield; debido a que odia su segundo nombre y constantemente se inventa uno nuevo).


Edad: 10 años


Lugar de nacimiento: NY


Hermanos: DB, Holden y Allie (+)


Profesión: Estudiante de cuarto grado, tiene muchos sobresalientes. Aspirante a escritora.


Obras: La saga de la detective Hazel Weatherfield; son historias que nunca finaliza.



Phoebe Caulfield, la hermana menor del protagonista de El guardián entre el centeno no es una escritora del No, pero sí lo son sus historias. Ésta delgada niña de diez años y que suele encender cigarrillos en la habitación, para darles una pitada y luego arrojarlos por la ventana, padece del mismo mal que aquejaba al narrador uruguayo Felisberto Hernández: La tendencia a no finalizar sus cuentos. (Texto de apoyo: 28) Bartleby y compañía, de Enrique Vila-Matas). En un pasaje del Capítulo 10 de El guardián entre el centeno, su hermano Holden, dice de ella lo siguiente “Otra cosa que tiene es que siempre está escribiendo libros que luego nunca termina”.






Nació y vive en NY (en la calle 71). Es pelirroja (como su difunto hermano Allie), cada verano se corta el pelo muy cortito y se lo acomoda por detrás de las orejas. Posee unas orejas muy pequeñas. Pero en el invierno lleva el cabello largo. Su madre le suele hacer trenzas y otras veces se lo deja suelto, pero siempre le queda bien. Su delgadez la hace ver graciosa, es muy lista y nació para patinar. Tiene carácter, y sabe lo que quiere, además es una excelente bailarina. Es muy ordenada, sus cuadernos están llenos de sobresalientes y es muy buena en Ortografía. Posee un sentido común muy exquisito. Suele cruzar la Quinta Avenida para ir al parque a patinar y se acuesta alrededor de las nueve de la noche.






Película favorita: Los treinta y nueve escalones (Alfred Hithcock)


Tesoros: 1) Un long play (hecho trizas) de Estelle Fletcher
con el single Litíle Shirley Beans
2) Una gorra de caza, que su hermano Holden le regaló
(suele dormir con ella puesta).

Animal favorito: El elefante

Mejor amiga: Alice Holmborg (quien le enseñó a provocarse fiebre, así de la nada: “Sólo tienes que cruzar las piernas, contener el aliento y concentrarte en algo muy caliente como un radiador o algo así. Te arde tanto la frente que hasta puedes quemarle la mano a alguien”).



En su casa de la calle 71, vive en un cuarto muy pequeño, y que no le gusta para nada; en su opinión dicho cuarto necesita expandirse. Además, suele dormir con la boca abierta.
Le gusta hablar por teléfono con su hermano Holden; y no le importa si éste la llama tarde aunque sea para hablar estupideces. Lo quiere mucho. Él es su lector No 1 y en señal de cariño: Holden le suele acariciar la nuca. Phoebe le envía cartas frecuentemente a Pencey (sitio donde estudia Holden), diciéndole entre otras cosas, que ha colocado sus nuevos cuentos en su maleta, para que luego éste los lea.


En el mismo Capítulo 10, de El guardián entre el centeno, su hermano dice algo al respecto del universo literario de su hermanita: “La protagonista es una niña detective que se llama Hazel Weatherfield, sólo que Phoebe escribe su nombre Hazle. Al principio parece que es huérfana, pero luego aparece su padre todo el tiempo. El padre es «un caballero alto y atractivo de unos veinte años de edad».”


Siendo ésta frase “un caballero alto y atractivo de unos veinte años de edad” uno de los pocos registros literarios que conforman la bibliografía de esta bartleby.


En una conversación telefónica (grabada) que sostuvo un periodista de la CBS con Holden Caulfield, éste le ha dicho sobre ella:




— Es muy probable que a todo el mundo le agrade conocer a Phoebe, ¡Hombre! Cuando uno le habla, ella entiende perfectamente lo que se le quiere decir. ¡Jo! Además es guapísima, deberías verla saltar en la habitación, es tan lista que percibe fácilmente cuando una película es mala, y cuando se trata de una buena. A mí me queda claro que le van las películas francesas, ya sabes Cocteau y esos... La mujer del panadero de Marcel Pagnol le encantó por ejemplo. Suele aprenderse de memoria los diálogos. Pero su película favorita es Los treinta y nueve escalones, de Alfred Hithcock, se la ha visto como diez veces, tal vez más, te cuento algo, yo creo que es porque se siente atraída por Robert Donat, no sé, nunca he hablado de eso con ella. ¡Jo! Creerás que soy un pervertido por pensar estas cosas, ¡pero vamos! Piensa lo que quieras. Es verdad que no disfruto la idea de mi hermana suspirando por Donat en blanco y negro, pero… eso es lo que a mi me parece.
— ¿Es verdad que ella escribe?
— ¿Cómo? ¿Qué has dicho? Disculpa es que unos tipos han encendido una moto-sierra en el patio, creo que bajarán un árbol, no lo sé
— He preguntado qué… quiero saber si es verdad que ella escribe
— ¿Quién te ha dicho eso? No, no me lo digas, además Phoebe me tiene prohibido hablar de eso.
— Lo siento
— Descuida, ¡Jo! Apuesto a que eres un tipo sumamente raro… uc! ¡Qué bulla que hacen esos idiotas!
— ¿Qué has dicho?
— Me refería a los tipos que destrozan mi patio. ¡Son miles! Deberías verlos… pero lo cierto es que mi hermana es una niña sorprendente y lo capta todo perfectamente, ¿ya lo dije?



— …
— La primera vez que fue a ver Los treinta y nueve escalones, DB le dijo: “Hey Phoebe el tipo que tira la basura al inicio de la película es Hitchcock”, ella preguntó: “¿Y quién es Hitchcock?” a lo cual DB le hizo saber que se trataba del director de la película y que esa estupidez de aparecer en papeles insustanciales en tu propia película se llamaba cameo; yo no podría decirte lo que significa cameo ni para qué sirve en realidad, pero ella se lo grabó, ¡así! como se grabó el nombre de una tal… Alma Reville; DB nos dijo que era una de las guionistas. Por eso siempre que ella vuelve a ver esa película en el momento justo en que Robert Donat y Lucie Mannheim salen del teatro: Phoebe salta de su asiento y dice orgullosa “Va el cameo de Hitchcock”, ¡Jo! ¡Es grandiosa! A mi no me hace mucha gracia recordarme una y otra vez algo que ya sé; estoy seguro que si tú harías esa observación en el cine, me darían ganas de saltar encima de ti y golpearte hasta verte sangrar, pero… sé que no tendría el valor de hacerlo… y… eso me deprimiría mucho… tanto que tal vez me pondría a llorar… ¡Pero otra cosa es escuchárselo a Phoebe, otra cosa es escuchárselo a ella!

Frase célebre: ¡Papá va a matarte!

Capital monetario: Ocho dólares con sesenta y cinco centavos.


Recuerdo favorito: (Sucedió en un teatro) Las palmaditas que Hamlet le daba al perro en la cabeza.


Extravagancias: 1) Suele rezar sus oraciones en el baño.
2) Phillis Margulis, una amiga suya, le enseñó a eructar.





Cuando era muy pequeña, le gustaba ir al parque con sus hermanos; le encantaba subirse al carrusel. Un día fue con sus compañeras de estudio al zoológico, y en un descuido de la maestra metió el tallo de una planta en la nariz de un bebé oso. Cada vez que D.B. (su hermano mayor, quien es guionista de cine) vuelve a Hollywood, ella se va a dormir a la habitación de él. Le gusta porque se trata de la habitación más grande de la casa y porque tiene un gran escritorio; además de una inmensa cama. Cuando Phoebe hace las tareas en ese escritorio, no se la ve. Pero a ella, eso le gusta.
Suele ir los domingos al Mall. Le gusta patinar cerca del quiosco de la música. De pequeña no soportaba pasar desapercibida entre los adultos, por lo que siempre se colocaba en mitad de cualquier conversación. Cuando se quita la ropa, le gusta dejar los calcetines dentro de sus zapatos.






En el Capítulo 21, de El guardián entre el centeno, algunas páginas después de que Holden llega a su casa; exactamente cuándo husmea entre los libros de su hermana (mientras ésta duerme), descubre que “Debajo de los libros había un cuaderno. Tiene como cinco mil. Lo abrí y miré la primera página. Había escrito:


Bernice, habla conmigo en el recreo. Tengo algo muy importante que decirte.


Eso es todo lo que había en la primera página”.


Si analizamos detenidamente esta última frase:


“Eso es todo lo que había en la primera página”


Notaremos que hay una pulsión de misterio cargada sobre ella. El inexplicable misterio que se le presentaba a Holden cada vez que se enfrentaba a los textos de su hermana: la negación del mundo y la frase de sorpresa (de parte de él) al no obtener respuesta.


De ésta manera esta nueva frase “Bernice, habla conmigo en el recreo. Tengo algo muy importante que decirte” así como lo que estaba en la segunda página de dicho cuaderno:


“¿Por qué hay tantas fábricas de conservas en el sureste de Alaska?
Porque hay mucho salmón.
¿Por qué hay allí unos bosques tan extensos y valiosos?
Porque tiene el clima adecuado para ellos.
¿Qué ha hecho nuestro gobierno para ayudar al esquimal de Alaska?
Averiguarlo para mañana.


¡Por favor, pásale esto a Shirley!
Shirley, dijiste que eras sagitario, pero no eres más que tauro. Tráete los patines cuando vengas a casa.”

Forman parte de los pocos registros literarios que conforman la bibliografía de esta bartleby.



Ropa: Dos vestidos, un par de mocasines, un pijama azul con elefantes rojos en el cuello,
la chaqueta de un traje marrón, una blusa.

Bibliografía: La saga de la detective Hazel Weatherfield, cartas a su hermano Holden, y algunas anotaciones en sus cuadernos del colegio.

Otras expresiones artísticas: El baile, el patinaje y la actuación (Hizo de Benedict Arnold en una obra llamada Cuadro navideño para americanos).



Cuando algo le sorprende o se excita demasiado, se tira de bruces sobre la cama o los muebles y se tapa la cabeza con algo, una almohada por ejemplo. Sostenía que argumentos válidos de personas que gustan en la vida deben estar vivos, sino: “Si una persona está muerta y en el Cielo, no vale...”

Si bien Phoebe Caulfield era una asidua escritora de cuentos, poseía la desobediencia de Bartebly. Aquella ruptura es poco perceptible cuando en su papel de simple copista (los alumnos tienen mucho de ellos: por algo tienen los mismos libros y sus deberes tienen los mismos problemas) bautiza al cuaderno de aritmética con el sugerente título “La aritmética es divertida”, sin embargo la notable cualidad del No y la clave del nihilista más descorazonado se hacen evidentes en episodios como éstos:


1) —Ya sé, pero cada vez que voy al parque me sigue por todas partes. No me deja en paz. Me pone nerviosa.
— Probablemente porque le gustas. Además, esa no es razón para mancharle...
No quiero gustarle —me dijo. Luego empezó a mirarme con una expresión muy rara—

2) —¿Quién te ha cortado el pelo? —acababa de darme cuenta de que le habían hecho un corte de pelo horrible. Se lo habían dejado demasiado corto.
—¡A ti que te importa!

3) —Bueno, ahora a dormir. ¿Qué tal la cena?
Asquerosa —dijo Phoebe.

4) No quiso subir las escaleras. Se negaba a ir conmigo. Subí solo, dejé la maleta y volví a bajar. Estaba esperándome en la acera, pero me volvió la espalda cuando me acerqué a ella. A veces es capaz de hacer cosas así.

5) No me contestó siquiera. Quise darle la mano, pero no me dejó. Seguía sin mirarme.
—¿Tomaste algo? —le pregunté. ¿Has comido ya?
No despegó los labios. Se quitó la gorra de caza —la que yo le había dado—, y me la tiró a la cara. Luego me volvió la espalda otra vez. Yo no dije nada. Recogí la gorra y me la metí en el bolsillo.

6) —Vamos. Te llevaré al colegio.
No pienso volver al colegio.

7) —Tienes que volver. ¿Quieres salir en esa función, o no? ¿Quieres ser Benedict Arnold, o no?
No.

8) —He dicho que no vuelvo al colegio. Tú puedes hacer lo que te dé la gana, pero yo no vuelvo allí. Así que cállate ya.

9) —Oye, ¿quieres que vayamos a dar un paseo? —le pregunté—. ¿Quieres que vayamos hasta el zoológico? Si te dejo no ir al colegio y dar en cambio un paseo conmigo, ¿no harás más tonterías?
No quiso contestarme (…).

10) —¡Voy a entrar al zoológico! ¡Ven!
No volvió la cabeza, pero sabía que me había oído (…).





En todos estos episodios, la fórmula “Preferiría no hacerlo” está implícita, y hasta podría decirse que se encuentra ahí como una clave. ¿Son éstos acaso… datos semánticos que Salinger creó inconscientemente? ó ¿Provocadas dedicatorias hacia la literatura de su admirado Melville?


De no ser por los osos y las focas del zoológico (y por su afición a los carruseles) Phoebe Caulfield se habría pasado sin mencionar palabra alguna en el capítulo 25 (y todo por la negativa de Holden, de llevarla con él al Oeste).




Nota de su hermano Holden: Si alguna vez se la encuentran caminando por el Central Park, no vayan a pasarse de listos tomándola por el cinturón del abrigo. ¡Jo! A no ser que quieran oír unas palabrotas geniales:

—Las manos en los bolsillos, si no te importa.



Taller literario vampírico y de cultura gótica


El joven narrador y fotógrafo José Núñez del Arco, autor del "Aullido de las Moscas" y LibriMundi (Guayaquil) se complacen en presentar su taller literario: "VAMPIR", sobre literatura gótica, centrándose hacia el personaje de los vampiros, un taller interactivo cuyo costo es de US$70. Empiza el miércoles 10 de febrero a las 19h00.


Los interesados, llamar al 092740895 o comunicarse con LibriMundi Riocentro Entre Ríos o Riocentro Los Ceibos.


Cupos limitados.

sábado, febrero 06, 2010

Capítulos que se le olvidaron a Vila-Matas (I)






Otros Bartlebys


Por Luis Alberto Bravo


Eduardo “El Chico” Molina

El escritor chileno Eduardo Molina Ventura apodado “El Chico” es otro de los escritores donde la ausencia de obra literaria no impidió la leyenda, al contrario... el autor mismo fue la obra.

Hombre de buen humor y un conocimiento enciclopédico, misterioso, duende, lector voraz, gordo, mujeriego, fabulador, bohemio, mentiroso, vividor, protegido (tenía una mecenas), bonachón, todo eso fue “El Chico” Molina; quien creó una mitología propia a partir de la elaboración de silencios en torno a su vida, la realidad y el tiempo fueron para él meros pretextos para cambiar de lugar el enigma. Tal vez lo único verdadero en Molina Ventura era la memoria: sí, todos aquellos libros que leyó y como bien decía Bolaño, “es la forma de tenerlos para siempre”.

Quienes desconfiaban de él llamándolo “escritor sin obra” o tildándolo como “el decano de los poetas inéditos chilenos” al no ubicar rastros de obra física, no atinaban a descubrir que el constante ejercicio de alterar datos que ejercía “El Chico” Molina, así como la mutación de sus raíces y la oscuridad con que dotó detalles de su vida, era en sí, su verdadero texto: la obra en que trabajaba; de éste modo aquella chinita que cruzaba su página en blanco tenía mucho de profético.
Probablemente es uno de los pocos hombres que se sentó en la misma mesa y compartió tertulia con notables poetas, narradores, pintores y filósofos de distintas generaciones, que van desde Vicente Huidobro, Teófilo Cid, Nicanor Parra, Efraín Barquero, Rosamel del Valle, Eduardo Anguita, Juan Emar, Jorge Teillier, Enrique Lihn, Rolando Cárdenas, Martín Cerda, Stella Díaz Varín, Enrique Bello, Luis Oyarzún, Roberto Humeres Solar, Jaime Valdivieso, Carlos Olivares, Enrique Valdés, Iván Teillier, Alfonso Calderón, Juan Guzmán Paredes, Ramón Díaz-Eterovic, Álvaro Ruiz, Aristóteles España, Juan Cristóbal, Roberto Araya, Lorenzo Peirano, Germán Arestizábal y Enrique Lafourcade.

Aquellos que lo conocieron lo recuerdan como “un gordito bajito y colorado, buen conversador, de gran cultura y excelente humor” (Juan Cristóbal), “Parecía un duende sacado de un cuento de hadas. Bajo, gordo, de cabellera y barbas blancas. Rostro de piel blanca, ojos claros y estrábicos. Molina daba la impresión de no ser real, que venía de otro tiempo o se había escapado de alguna novela de Dickens” (Ramón Díaz-Eterovic). Muchas entrevistas realizadas a Jorge Teillier, dan fe de cómo este hombre no dejó indiferente al autor de Poemas del País de Nunca Jamás, quien además citaba siempre una frase de “El Chico”: "La novela es la poesía de los tontos". Como esta que concedió para NORESTE en marzo de 1990: “Lo que sí he visto, a cambio de duendes, son personas dotadas de alguna cualidad angelical o mágica, no sé cómo llamarlo (…) son gente con una vida sellada a la realidad y a la vez incorporada a ella. El chico Molina era una especie de duende también, porque vivía en el mundo imaginario, pero tenía la gracia de crearlo, y tú podías entrar a su mundo y compartirlo”.




Pero... ¿Quién era este heterodoxo señor, a quien distinguidos literatos citaron, admiraron, dedicaron textos e hicieron honores?
Su biografía es imprecisa y hasta cierto punto contradictoria, nunca se supo su fecha de nacimiento, no tenía familia (y a falta de ella se inventó raíces aristocráticas que lo emparentaban con la nobleza del Vaticano), no trabajaba, vivía (y se cree que había nacido) en Lo Gallardo, “viajaba de Lo Gallardo a Santiago, a cobrar una jubilación o cierto arriendo del que nunca daba muchas luces.” recuerda Díaz-Eterovic. "Eran tiempos difíciles, entonces las botellas se vaciaban con monedas (...) Había un día que no había problema, cuando cobraba el arriendo o la jubilación el chico Molina; ese día era chipe libre", recuerda Roberto Araya. En octubre de 2008 apareció un libro a modo de retrato de este mitómano, Ventura y desventura de Eduardo Molina, el autor del libro es el escritor (alguna vez relacionado a la corriente lárica) Alfonso Calderón, quien a partir de la memoria y de escasos documentos arma un dibujo de “El Chico”: “Él (Molina) pone y quita partes de su vida. Desaloja a un pariente; convierte a la madre en abuela”, confiesa Calderón en las primeras páginas.

El 29 de mayo de 1977 había apareció en Las Últimas Noticias un artículo del poeta Jorge Teillier denominado “Bibliografía moliniana por Jorge Teillier, miembro correspondiente de la ADEM” donde negaba que Molina Ventura fuera un escritor inédito, y argumentaba a “favor de El Chico” que la obra de éste simplemente se encontraba dispersa y que la falta de presencia física de obra alguna se debía a cierta “despreocupación moliniana” simplemente. Aquí algunos de los textos literarios que daba a conocer el vate chileno

• Un poema llamado In memorian de Molina Ventura (y que estaba dedicado a Rosamel del Valle) aparecido en el número 5 de la revista peruana Hipócrita lector.
• Un ensayo de Molina aparecido en Gong (Valparaíso) donde “El Chico” opinaba sobre la metáfora renovadora en Huidobro y Neruda.
• La escritura de un prólogo a la novela Hombres de máquinas, de Laurencio Gallardo.
• Molina prologó dos libros de Efraín Barquero: El viento de los reinos y Arte de vida (autobiografía).
• Antologado en Madre España (1937).
• En 1942 en la revista Hoy Molina apareció con un texto denominado Narrador sin familia (dedicado al poeta surrealista Braulio Arenas).






A continuación algunos “datos importantes” y que no tienen sustento real ni hay medio que lo compruebe. Tal vez la bibliografía inexistente de este bartleby.

El fondo del vino, era una novela de Molina Ventura de la cual Luis Oyarzún preparó un riguroso análisis y que apareció en Pro Arte (dicha edición se encuentra perdida); aparentemente no hay registros de esta obra, ni tampoco aparece en el catálogo de la Biblioteca Nacional.
• Es posible que trabajos literarios de Molina Ventura aparecieron firmados con los siguientes seudónimos "Diógenes Linterna" (sostenía Teillier) y "Marquesita Pompadour" (este último teorizado por Enrique Lafourcade).
• Traducciones de poetas franceses: “Varias veces me ofreció entregar un baúl lleno de traducciones de poetas franceses para que fueran publicados en la revista “La Gota Pura”. Nunca vimos los poemas” (Ramón Díaz Eterovic en su artículo Molina Ventura: La poesía sin palabras).
El Gran taimado, una novela que según Jorge Teillier alcanzaba en 1950 las 700 páginas de la cual se ha dicho “Eduardo Molina anunciaba siempre un libro -El Gran Taimado- que jamás apareció” (Juan Cristóbal) o "Molina contaba que estaba escribiendo una novela que se iba a llamar El Gran Taimado, y después Lafourcade publica una con ese nombre" (Ramón Díaz Eterovic).
• Algunos ensayos sobre Bachelard.
• Una extensa novela llamada El sombrero de tutti fruti y que según “El Chico” se adelantaba a todo cuanto decían las novelas de Manuel Puig; el único problema es que Puig ya las había escrito y él aun no.
• Se dice que Molina para 1948 redactó una novela que trataba de la resurrección de Gregorio Samsa. Tenía por título Un Gregorio Samsa tecnológico, e iba a ser dedicada a Max Brod.
• Consideraba que Manual de comportamiento para el Super-Ego sería su obra maestra; y cuyo argumento hizo que su mecenas dijera que sería un libro que envidiarían Freud y los más grandes psicoanalistas.
• Una obra llamada Viaje a Italia, del cual se dice que algunos de sus compañeros le escucharon recitar (detalle carente de comprobación y validez).
• Una obra llamada Órficas; y que según Teillier (en 1977) “planea el espíritu de Rilke”.
• Sus memorias: Los días de nuestros años, que jamás apareció.








Además, la fabulación de Molina tuvo por un tiempo entre “sus obras destacadas” un texto que dejó a sus amigos muy impresionados. No fue hasta que Luis Oyarzún descubriera que aquella obra ya había sido escrita y que lo que había leído “El Chico” se trataba de la traducción de un fragmento de Demian, de Hermann Hesse. Sobre esto último Alfonso Calderón (quien hace “hablar” al Chico en Ventura y desventura de Eduardo Molina: Materiales para una biografía) “Desde entonces entendí que los libros -leídos o escritos por mí, lo cual es una misma cosa- serían mi salvoconducto”; sobre este tema el escritor Ramón Díaz-Eterovic agrega “Molina decía con aire triunfal que daba lo mismo quién lo había escrito, ya que servía para que el resto conociera a autores de calidad. Ejercía el plagio con naturalidad y buscaba a autores exquisitos".

Mi silencio es la obra mayor de toda mi producción” es la frase que parece sintetizar la labor de este autor (a quien no faltaron homenajes que distinguidos autores hicieron en sus respectivas obras):

Cuando todos se vayan es un poema de Jorge Teillier que está dedicado a “El Chico” y que aparece en su libro El árbol de la memoria (Imprenta Arancibia Hnos. 1961); sin embargo este homenaje no sería verdadero, al respeto, el poeta peruano Juan Cristóbal declara “Si bien el poema está dedicado a Eduardo Molina (...), en realidad, el poema es un homenaje a Ray Bradbury -confesión que me hiciera Jorge- lo cual se puede colegir de su lectura”.
• En el celebrado poema "Única razón de la Pasión de N.S.J.C." el poeta Eduardo Anguita escribió "Nuestro Señor Jesucristo subió al Calvario por el Chico Molina".
• Nicanor Parra lo celebró en un discurso.
• En los títulos nobiliarios que le dedicaba Teófilo Cid.
• Es mencionado por Jorge Edwards en "La casa de Dostoievski", libro que ganó el premio Planeta-Casa de las América 2008.
• Molina es protagonista de cierta novela (sin muchas noticias aun) de Enrique Lafourcade "Viaje al corazón del cielo".
• Como dato curioso sus amigos crearon la ADEM (Asociación de Amigos de Molina) a la cual se dice se fueron adhiriendo otras personalidades como Pierre de Place, en París y Jorge Edwards, en Barcelona.
• El poeta Álvaro Ruiz recuerda que cuando Molina fue nombrado Presidente Honorario, Relativo y Transitorio (por ser el mayor de todos) aquellos escritores y artistas que se reunían en el bar La Unión Chica. “Éste desde su cargo presidencial determinó crear la cofradía de los botones negros. Uno de los contertulios fue al bazar más próximo y trajo una docena de ellos, los cuales fueron repartidos entre los miembros formalmente inscritos en el Libro de Actas y de ahí en adelante para sentarse en la mesa de los poetas era necesario mostrar el botón negro, negro, negro de los días oscuros y tristes”.

Además, como buen bartleby, Molina Ventura no solamente anunciaba libros que nunca aparecieron, que nunca escribió, sino que además hablaba de autores y libros inexistentes. En un artículo aparecido en noviembre de 2001 denominado Los sobrevivientes de La Unión Chica algunos de sus antiguos camaradas lo recordaron “Comentaba libros de autores inexistentes. Una vez le preguntaron por alguien apellidado como el vino que estaban tomando y él se explayó sobre las bondades de su obra”.




Cuando la muerte visita a “El Chico” en 1986, él vivía en Lo Gallardo, en la casa de su mecenas Inés del Río de Balmaceda. Se dice que ese día las mujeres del pueblo lloraron a Molina Ventura, y le colocaron flores en las manos. En materia mitómana la muerte sería apenas la siesta de quien se ha olvidado de despertar, es posible que “El Chico” nos esté jugando otra broma, haciéndonos creer que ha muerto (sólo para empezar a parecerse a un humano).

En 1995 Ediciones Platero publicó “Eduardo Molina, un poeta mítico”, montado y editado por Miguel Ruiz, quien señala “El poeta Eduardo Molina Ventura concibió muchos libros, pero lo cierto es que no publicó ninguno”. Ruiz es honesto al declarar “Sé que al publicar estos textos corro el riesgo de que alguno pudiera no ser de él..., pues en los originales no existe separación entre sus poemas y los que ha transcrito de algún poeta que le gustaba...”.

A continuación hago una libre selección de textos encontrados en distintos artículos que han hecho de su persona (El antecesor de Hesse de Cristián Cruz por ejemplo) y versos sueltos que han recordado personas que alguna vez le escucharon recitar.

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Una muchacha debe ser fresca como un huevo del día

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No olvides a los muertos que jamás olvidan y son tu sombra viva dale al muerto un guijarro, uno solo y te devolverá el interior de una montaña.


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Los Amantes Eternos

Un viejo y su vieja
Yacen por fin tendidos bajo la tierra
La podrida mano de él en la podrida mano de ella
A través de sus labios ya desaparecidos
Se comprenden sin decir palabras
Y mientras escuchan
El lento y grave canto de la tierra
Que de ellos se alimenta
Se preguntan en su vacío corazón
Si han de morir algún día

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Canción

El vestido que se deja caer
De noche en el bosque
El vestido que se deja caer
Solo vuelve a la aldea

Golpea vacío a la puerta
A la puerta de los padres
Abrid abrid pronto dice
Para salvar a vuestra hija
Vuélvete le dice la madre
Vuélvete allá de donde viniste
Cuando yo tenía dieciocho años
De noche en un bosque hace ya mucho tiempo
Yo hice otro tanto


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Poema

Una chinita
cruza mi página en blanco


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Se nos ha pasado la vida

Se nos ha pasado la vida
como en una gran casa triste
que todos los vientos atraviesan
corrientes de aire golpean las puertas
y sin embargo ninguna pieza está cerrada
Allí pasan polvos desconocidos y cansados
de no se sabe qué


***

Es casi la calma

Es casi la calma
El viento debe cantar más allá de las nubes
Es el momento en que las manzanas
caen sin saber por qué.

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Yo vine al mundo a embellecer la realidad

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En la noche invernal, apoyado contra un pirca de piedras, un niño contempla la Vía Láctea. Absorto tiene los ojos hundidos en las estrellas. Un tibio vaso de leche en la mano.

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Senté a la fealdad en mis rodillas, y no la hallé amarga, y no la injurié.

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Nota: Es muy probable que algún poema de éstos pertenezca a otro autor; si es su caso, ¿si es así?, no se sienta ofendido, simplemente le sugiero enviar un mensaje pacificador para corregir este oprobioso detalle, y no haga bulla porque en este momento el poeta Molina duerme.