Otros Bartlebys
Por Luis Alberto Bravo
Cósimo Piovasco di Rondó
Arbóreo, gran lector de obras literarias y de tratados filosóficos, anarquista, utopista, cazador, libertino, aventurero… todo esto y más fue Cósimo Piovasco di Rondó (personaje a caballo entre el Huckleberry Finn de Twain y el Bartleby de Melville); quien configuró su vida a un modelo extravagante de libertad y en su incapacidad por explicar la reflexión de sus ideales: terminó por convertirse en un escritor del No.
«Fue el 15 de junio de 1767 cuando Cósimo Piovasco di Rondó, mi hermano, se sentó por última vez entre nosotros». Así da comienzo la segunda novela de Calvino, que compone su trilogía Nuestros antepasados. Y de esta manera empieza uno de los modelos —de conducta bartleby— más viscerales: El “Preferiría no hacerlo” como una forma de vida, un excepcional monumento al No. Además, que la actitud anarquizante del barón (al anular cualquier autoridad sobre él), consigue —inevitablemente— ser relacionada con doctrinas como el nihilismo; pero que si se atiende al cronos: estas propuestas de sistemas políticos aun no existían (o apenas empezaban a ser esbozadas; la novela está ambientada en la Italia del siglo XVIII e inicios del XIX) para la época en que vivió Cósimo, lo cual lo vuelve también en un precursor.
El mediodía de aquel 15 de junio de 1767, fue el escenario en que el barón Rondó, ante su negativa de comer un plato de caracoles (detonante de su rebelión contra la tiranía de su padre): trepó a un árbol del jardín de su familia y nunca más volvió a bajar. «¡He dicho que no quiero y no quiero!», «¡No y no!», «Nunca cambiaré de idea», «¡No bajaré nunca más!». Fueron algunas de las exclamaciones que el pequeño Cósimo, de apenas doce años de edad, pronunció a partir de aquel día; y que se dejan leer en las páginas del primer capítulo de la novela. Más de medio siglo, cincuenta y tres años exactamente (de los sesenta y cinco que vivió) cumplió plenamente esta determinación.
Es conocido aquello de que a Italo Calvino (leer el capítulo de estos ensayos: aquel que está dedicado a su fallida «Sexta propuesta…») siempre le sedujo el escribiente Bartleby. Alguna vez analizó su personaje de esta manera: «El barón rampante se identificaba con quien realiza su plenitud sometiéndose a una ardua y reductiva disciplina voluntaria». Al pequeño barón, una cosa le llevó a la otra. Su exaltación de la libertad en la naturaleza, hizo que pasara por alto todo tipo de reglas (a las que se somete el hombre en la tierra). El barón descubre que la absoluta libertad del individuo tiene su verdadero enclave en la imaginación, y un camino para llegar a ella eran los libros. Esther Benítez sospecha que la conducta del escritor del No tiene su fuerza (¿y aliciente?) en la soledad. «La calidad de solitario de Cósimo de Rondó se ve confirmada por el epílogo que nunca escribió para su «Proyecto de Constitución», ya que la obra quedó inacabada».
Benítez se refiere al «Proyecto de Constitución de un Estado ideal fundado en los árboles». El hermano de Cósimo, el personaje que narra la novela de Calvino, lo explica: «Convaleciente, inmóvil en el nogal, profundizaba en sus estudios más serios. Comenzó en esa época a escribir un Proyecto de Consitución de un Estado ideal fundado sobre los árboles, en el que describía la imaginaria República de Arbórea, habitada por hombres justos.». Se dice que «Proyecto de Constitución…» inicialmente tenía el carácter de un libro serio sobre tratados de leyes y de gobiernos, pero que después la obra llegó a experimentar variados géneros y mutó de capítulo a capítulo; de esta manera pasó a alimentarse de historias «y salió un borrador de aventuras, duelos e historias eróticas, insertas, estas últimas, en un capítulo sobre el derecho matrimonial.» Probablemente su condición de aventurero le dejó mucha materia prima; y en potencia a convertirse en obra literaria. El lector de estas líneas dirá, «Si Cósimo Piovasco di Rondó escribía, no encuentro su relación con el arte del no». En principio el barón Rondó no era un bartleby, pero el destino final de sus obras, alcanzaron el mismo final trágico de quienes padecieron, alguna vez, el Síndrome Bartleby. En la novela de Calvino, se lee también lo siguiente: «El epílogo del libro habría debido ser éste: el autor, habiendo fundado el Estado perfecto en lo alto de los árboles y convencido a toda la humanidad de que se estableciera en ellos y viviera feliz, bajaba a habitar en la tierra, que se había quedado desierta. Habría debido ser, pero la obra quedó inacabada. Le mandó un resumen a Diderot, firmando simplemente: Cósimo Rondó, lector de la Enciclopedia. Diderot se lo agradeció con una breve carta.»
De esta manera tenemos un par de documentos (valiosos para la estantería del No):
Bibliografía existente de este bartleby
- Un resumen de «Proyecto de Constitución de un Estado ideal fundado en los árboles» fueron enviados por Cósimo a Diderot. La obra que trataba sobre la utópica República de Arbórea; no llegó a ser terminada.
- En el tronco del árbol más alto que había en el jardín. Cósimo escribió:
«Viola y Cósimo» Y más abajo: «Perro pachón Optimo Máximo»
Bibliografía inexistente de este bartleby
- «La historia de Zaira». Se trataba de una historia apócrifa que Cósimo Piovasco solía relatarles a los ombrosenses. El barón alegaba que su tío Enea Silvio Carrega se la había contado antes de morir. La historia en principio tenía un propósito: distraer a los ciudadanos de Ombrosa de la complicidad de Carrega con los piratas.
- Relatos sobre su vida en los árboles y sus experiencias de caza y aventuras. Según se dice en la novela, eran «relatos que no terminaban jamás». Esto nos lleva a deducir que se trataban de historias infinitas o era relatos incapaces de hallarles un final. «Cósimo aún estaba en la edad en que las ganas de contar dan ganas de vivir, y se cree que no se ha vivido lo suficiente para contarlo (…) contaba a los ombrosenses nuevas historias que de verdaderas, contándolas, se volvían inventadas, y de inventadas, verdaderas.»
- El epílogo de «Proyecto de Constitución de un Estado ideal fundado en los árboles».
Muchos críticos aseguran que Cósimo Piovasco es el alter ego de su autor. Y que la novela es una fiel alegoría de su desvinculación del Partido Comunista, debido a la decepción que experimentó Calvino, por la invasión que llevó a cabo la URSS sobre Hungría, en 1956. Debido a que el ensayo literario es el género más libre, me permitiré especular: Si Cósimo Piovasco de Rondó es a Italo Calvino, entonces el epílogo de «Proyecto de Constitución de un Estado ideal fundado en los árboles» es a la «Sexta Propuesta para el próximo milenio». Dos autores, dos obras inexistentes.
El barón Rondó además fue el instigador para la constitución de una obra-instalación, llamada «Cuaderno de quejas y contentos», la misma que consistía en que todos los ciudadanos de Ombrosa escribieran sus inconformidades en las hojas de este cuaderno que yacía colgado de un árbol. «cada uno iba allí y apuntaba las cosas que no marchaban. Surgían quejas de toda clase; sobre el precio del pescado los pescadores, y los viñadores sobre los diezmos, y los pastores sobre los límites de los pastos, y los leñadores sobre los bosques comunales…». Pero el barón, acostumbrado a burlar todas las reglas, fue quien promovió la ficción dentro de este documento: que si no pretendía ser un tratado antropológico (ni mucho menos), si pretendía ser un documento fiel. «Cósimo pensó que aunque era un «cuaderno de quejas» no estaba bien que fuera tan triste, y se le ocurrió la idea de pedir a cada uno que escribiese la cosa que más le habría agradado (…) unos querían una rubia, (…) uno quería una carroza con cuatro caballos, otro se contentaba con una cabra; uno habría deseado volver a ver a su madre muerta, otro encontrarse con los dioses del Olimpo: en suma, todo cuanto hay de bueno en el mundo era escrito en el cuaderno, o, a veces, dibujado, porque muchos no sabían escribir, o incluso pintado a colores. También Cósimo escribió algo: un nombre: Viola. El nombre que desde hacía años escribía por todas partes». Pero el destino de este “libro colectivo”, “instalación metaliteraria”, “cuaderno performático” o como quiera llamársele, no alcanzaría buen puerto: la lluvia finalmente malograría las páginas del «Cuaderno de quejas y contentos».
Hacia el final de sus días, Cósimo no hablaba. Su hermano lo persuadía: «A estas alturas lo que querías decir lo has dicho, lo hemos entendido, ha sido una gran fuerza de ánimo la tuya, lo has conseguido, ahora puedes bajar». Y siempre era lo mismo, cuando descendía de la escalera apoyada al árbol. «Pero qué va. Dijo que no con la mano.»
Anexos
1) Al igual que «arrojar al agua» textos literarios o «quemar» páginas de un libro inédito, la «lluvia» como fenómeno natural, pasa a formar parte de las Formas De Llevar A Cabo El Arte Bartleby: de volver al silencio algo que existe para que ya no exista.
2) Esto se cuenta de su fundación: hombres de naciones diversas tuvieron un sueño igual (…) Después del sueño buscaron aquella ciudad; no la encontraron pero se encontraron ellos; decidieron construir una ciudad como en el sueño.» Este fragmento de Las ciudades invisibles, también novela de Italo Calvino, puede resumir, lo que aconteció hace algunos meses en los árboles de Sant Hilari Sacalm, en Girona; y también afirmar lo que Mario Vargas Llosa sostuvo en una entrevista televisiva, acerca de las utopías artísticas, que «a diferencia de lo que ocurre con las utopías sociales o políticas, de alguna manera se materializan». El reportaje de Rebeca Carranco, del 24 de marzo de 2010, para El País denominado «Los 'barones rampantes' de las eléctricas», decía que un grupo de jóvenes de diferentes nacionalidades habían preferido vivir (durante cinco meses) en los árboles de esta localidad, a fin de evitar que la Red Eléctrica de España construyera «la torre 114 de la línea de Muy Alta Tensión (MAT) que pasará por Girona». Aquí vale preguntarse, si… ¿la desobediencia de estos rampantes posmodernos, configuró inconscientemente el Proyecto de Constitución de un Estado ideal fundado en los árboles? Y sí. ¡Esta gente realmente vivía en los árboles! En la misma fuente se lee que «a unos 1.000 metros de altura, donde un grupo de entre 15 y 20 personas vivía en los árboles desde el 17 de octubre. Ese día los jóvenes, de no más de 30 años, ocuparon la zona de manera pacífica para evitar la construcción de la torre 114. Hicieron unas cabañas que colocaron en las ramas más gruesas y montaron también un campamento a ras de suelo». La mañana del 24 de marzo de 2010 «los Mossos d'Esquadra han puesto fin a su sueño y les han echado», «les bajaron a la fuerza de las alturas».
3) El poeta chileno Jorge Teillier, escribió un poema denominado A un niño en un árbol; me es imposible no pensar en el baroncito de Rondó cada vez que lo leo. Me gusta pensar que Teillier lo escribió para él.
A un niño en un árbol
Eres el único habitante
de una isla que sólo tú conoces,
rodeada del oleaje del viento
y del silencio rozado apenas
por las alas de una lechuza.
Ves un arado roto
y una trilladora cuyo esqueleto
permite un último relumbre del sol.
Ves al verano convertido en un espantapájaros
cuyas pesadillas angustian los sembrados.
Ves la acequia en cuyo fondo tu amigo desaparecido
toma el barco de papel que echaste a navegar.
Ves al pueblo y los campos extendidos
como las páginas del silabario
donde un día sabrás que leíste la historia de la felicidad.
El almacenero sale a cerrar los postigos.
Las hijas del granjero encierran las gallinas.
Ojos de extraños peces
miran amenazantes desde el cielo.
Hay que volver a tierra.
Tu perro viene a saltos a encontrarte.
Tu isla se hunde en el mar de la noche.






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