lunes, agosto 16, 2010

Carta abierta de Carlos M. Gordiano para Luis Alberto Bravo


05-08-10

Hoy jueves terminé la lectura de tu libro Utolands (Lenguaraz, 2010). Me permitiré compartir un detalle por demás irrelevante, tratándose del propósito principal del encuentro íntimo con una obra: el placer obtenido a través de la palabra. Resulta que toda la semana pasada tuve la oportunidad de visitar las bahías de Huatulco, un lugar paradisiaco en el estado de Oaxaca mexicano. Entre mis pocas pertenencias llevé dos libros: Los Ángeles del Infierno, del gringo infernal, Hunter S. Thompson, y Utolands, de tu autoría.
Imaginarás que durante la visita a diferentes bahías, dediqué espacios de tiempo a la lectura de ambos libracos. En este viaje leí la mitad de tu libro y lo disfruté bastante. El estilo irreverente y poco apegado a las formas tradicionales de la poesía llamó con fuerza mi atención, amén de las ráfagas que disparas y que se encuentran dispersas a lo largo del libro. Coincido con los argumentos del prologuista: hay poesía en todo, acaso se requiere aguzar la mirada y la punzada del corazón para extasiarse con este hechizo.
Escribes poesía recurriendo a cualquier tipo de modalidad escrita, lo que entraña un desafío a las buenas formas, esto es un mérito que te aplaudo sin cortapisas. Creo que en esta actitud es donde te aproximas a tu admirado Kerouac, otro gringo infernal, que antepuso la pasión por la vida sobre cualquier compromiso literario, y ya ves, este fuego interno que se avivó en el camino, culminó en obras excepcionales que prohijaron un sinfín de criaturas vivenciales y literarias que explotaron en la posteridad.
Frente al mar plácido del Pacífico, compartí a quien quiso escuchar, tu “Cajita de música”. Me deleité con “Like a bird” y leí tu remix de Can´t take my eyes of you, y convencido afirmé que prefiero la versión discotequera de los ochenta; cuestión de gustos.
Hoy que leí el resto del libro frente a la ventana de mi encerrado departamento, en esta desquiciante ciudad de México, escuché en varias ocasiones una canción que apenas descubrí. Resulta que la sentí como una especie de soundtrack de distintos pasajes de la obra que tenía en mis manos (la adjunto para que la conozcas). Sucede que en estos últimos años me aguijonea el deseo de darle un giro a mi vida. Al volver a esta ciudad me consterna la sensación de tristeza que me produce abandonar el mar, y entonces me encuentro con que Me mudaré a una playa;/aquí sólo se me ocurre/escupir sobre los puentes. ¡Zas! Peor aún, descubro que esta cancioncita le imprime mayor melancolía a esta tarde de lectura veraniega, y por los estrechos espacios que permiten los edificios observo nubes que subrayan la sensación de enclaustro. Qué va, todo nublado, con tu libro y esta canción.
Tengo la sospecha que puedes formar parte de la correosa fraternidad de poetas latinoamericanos que al margen del stablisment cultural, ofrendan una poesía luminosa, encendida por una convicción que materializa un desafío que aporta voz, amor, inconformidad y delirio. Son varios los valientes, por ahora me vienen a la mente Raúl Gómez Jattin (Colombia) y Mario Santiago Papasquiaro (México).

Luis Alberto. Te felicito por tu libro Utolands. Fue un deleite recorrer cada palabra. Ten seguro que algunos de tus poemas, de tus versos, de tus estribillos, tendrán una cálida acogida en mis neuronas.
Felicidades, hermano.


Carlos M. Gordiano

Ciudad de México.


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