
Por Andrés Emilio León Rodríguez
A Joanne la vi por primera vez en la Estación, hecha cucharita -con su guitarra como almohada-, migrando musicalmente entre los acordes de “todas las violetas”. Joanne cantaba con la cabeza de lado y los ojos forrados, como quien escapa de los silencios incómodos para reciclar todos los espacios posibles con música.
Yo la disfruto así, desnuda. Con la voz aceitada y ese registro especial, mezcla de falsete y naturalidad. Sin embargo, ella prefiere tocar con banda y en su disco se rodeó de músicos interesantes que sumaron otros silencios para dejar listo su primer álbum.
Producido por Cesar Galarza, y con una gran participación de Ivis Flies en el bajo, Joanne engancha 10 canciones con un sonido que fluctúa entre el rock, el pop, jazz y blues. De entrada lo derrumba todo con “Asfalto y papel”, -para mí- la mejor canción del disco.
“Y entrégame un cofre con pastillas
Y muérdeme y que el dolor compita
Con las calles muertas pegadas a mis pies
que ya no sé si son,
si son de asfalto o de papel”
La canta autora -quien obtuvo su licenciatura en literatura hispana y música en la U. de Michigan-, cierra el tema pidiendo que se le entregue también un espacio en el aire y abre el siguiente jugando con Cortázar y las casas tomadas, para compartir su propia experiencia:
“Pero tu casa no está tomada, cangrejo ermitaño
Tu casa es temporal, antigotera pero selectivamente permeable”
Otro gran tema del disco, es “Paraíso”, en donde Joanne aprovecha el intermedio para invitar a la banda Rarefacción en donde Mancero, Benavides y Cepeda, estimulan de manera perfecta la ambientación jazz que el momento pide.
“Un paraíso para la gente actual
Un paraíso, ningún bicho que escuchar
Estamos libres de silencios incómodos
Nadie con quien te encuentres
Nadie con quien tengas que hablar”
Desde el minuto 1:29, se abre espacio en la canción un delicado solo de piano que profundiza un poco sobre ese confort, en donde los dedos de Mancero masajean las teclas binarias para devolver la estrofa más relajada… unos cuantos segundos después.
“Dizque inspiración” se turna las palabras para tratar irónicamente esos tira y jala de las relaciones, esas sensaciones y reacciones raras que se generan en espacios de tiempo en donde se espera a otra persona que de paso, no aparece mucho que digamos:
“Yo tenía algo atrancado en la garganta
y no sabía si tragármelo o escupir
Hasta que la dizque inspiración decida por mí
Esperando me voy a aburrir”
De paso, en esta estrofa, la banda original que participa en el disco, juega de manera perfecta con los tiempos y la música. De esta forma tenemos a Ivis Flies sosteniendo la sesión rítmica y a Michel Ferré jugando en el teclado, todos intentando hacernos sentir eso que Joanne tiene en su garganta y no logra salir.
“Tiempos contrapuestos” arranca con la grata trompeta de Roberto Rojas, coloreando las influencias de Pedro Aznar. Esta letra -que se escribe casi al final del disco- me parece la más madura de Joanne:
“Tú vienes de otros tiempos, ojo de huracán, abriéndote espacio en mi nueva cotidianidad
Las expectativas construidas pirotécnicas, nunca podré alcanzar
Intentando darnos respiración boca a boca
con el mismo aire que ya hemos respirado”
Es interesante quedarse con ese mutismo del final. El disco permanece sin palabras y consolida la experiencia que arrancó con tan solo 16 años (según interpreto por otra canción que integra el álbum) en donde la artista grafiteaba más que dudas en las paredes.
Pero me quedo impaciente, en silencio, recordando la última frase del disco de Joanne, para luego hallarme alejado del teclado, mirándome al espejo de su música y repitiendo al igual que ella… “Aquí, vigilándome las manos”.
Punta Blanca, 15 de mayo del 2010



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