lunes, noviembre 30, 2009

Mario Bellatin, un performance literario con garfio incluido


Por Miguel Antonio Chávez

Mi madre no me ha pedido que me ponga el pijama
ni que me despoje del brazo ortopédico
El brazo, se llama. Colócate el brazo, quítate el brazo
¿dónde has dejado el brazo? No asustes a los niños con el brazo.
En efecto, a partir del mal uso del aparato
cada vez me invitan menos a las fiestas infantiles.

-M.B., La escuela del dolor humano de Sechuán





Un día, navegó por el Ganges un hombre que lanzó por la borda de la prótesis de un brazo derecho e, inmutable, no la extrañó más. Tiempo después, la sustituyó por extraños y amenazantes ganchos metálicos a los que llevó a cuanto evento literario y entrevista pudo. Si esta encarnación del capitán Garfio viviera hoy y fuera uno de los escritores de culto de la narrativa latinoamericana con nouvelles intensas, crueles, minimalistas, seguramente se llamaría Mario Bellatin.


La historia del Ganges se menciona en su novela El gran vidrio, y en los mitos urbanos que giran en torno a él. Bellatin convirtió lo que sería una maldición gitana para un escritor -el nacer sin un brazo debido a un mal congénito- en su mayor fortaleza, su licencia para asumir lo freak como la construcción de una territorialidad tan suya, tanto dentro como fuera de la literatura.


Amante de personajes con deformidades físicas que se encuentran en entornos aún más anormales, este autor (nacido en México DF, 1960, pero con media vida en Perú, donde inició su carrera literaria) no admite el barroco de Lezama Lima sino que, muy por el contrario, ha optado por una suerte de purga estilística cuya ascepcia, perturba y a la vez encanta a sus lectores. “Yo sería feliz si redujéramos el idioma al mínimo y eso está en contradicción con la idea que se tiene del escritor, como de un ser de imaginación desbordada y con manejo del lenguaje. Yo, en la primera etapa de mi trabajo, tengo una imaginación desbordada y, a medida que avanzo, la voy reduciendo y eliminando. Y, por supuesto, no creo que el idioma influya en el escritor. Yo preferiría que el español fuera un idioma más compacto”, dijo en una célebre entrevista con Caridad Plaza, en un mano a mano con su par mexicano Jorge Volpi. Con Bellatin, no hay adjetivos de más: los manda a dormir a mejor vida. Dentro de esa concepción, el crítico chileno Alvaro Matus lo ha señalado como uno de los “autores raros” contemporáneos. Nada mal para un DJ con garfio en cuya mezcla priman otras formas de narratividad, que va más de la mano de lo teatral o de la fotografía, que de lo que conocemos como literatura pura y dura.


Hace poco en el suplemento Ñ confesó: “Considero que no hay otras artes. Parto de la idea, un tanto descabellada, de que todo es escritura, por esa razón no veo la diferencia de fondo que puede haber entre una disciplina y otra”. En esta onda, no hay mejor manera de entender a Bellatin sino desde el performance. Así, como lo cuenta el escritor boliviano Edmundo Paz Soldán, a veces ha tenido presentaciones en las que no ha hablado una sola palabra: unas diapositivas y una grabadora con su voz han hecho lo suyo.


Pero hay casos más extremos: Ya es célebre el “experimento” que realizó en París, con su congreso de literatura mexicana. Allí, Bellatin trataba de saber si el texto podía no tener autor. Para ello, tomó a cuatro grandes de las letras del país azteca, Margo Glantz, Sergio Pitol, José Agustín, y Salvador Elizondo. El quid consistió en que no asistieron físicamente los escritores al encuentro sino sus dobles, previamente entrenados por los autores. Cada autor había enseñado a su doble textos emblemáticos que el doble se aprendía de memoria. Algunos asistentes, catedráticos estudiosos de sus obras, que habían viajado de otros países europeos, se llevaron un chasco al ver que sus rostros ni su género (sí, Bellatin había dispuesto que tampoco podían coincidir en eso) no correspondía a la foto de la solapa de sus libros.


Cuando conocí de esto, hace poco menos de un año, me recordó a Thomas Pynchon, aquel escritor norteamericano cuyo aislamiento extremo fue tema de un episodio de Los Simpsons, en donde fue caricaturizado como un tipo que llevaba la cabeza cubierta con una bolsa de papel (La connotación, claro está, no es la misma de la del hijo del gato Silvestre de los Looney Tunes, que se cubría por vergüenza a su padre). En Bartleby y compañía, de Enrique Vila-Matas, su protagonista viaja a Nueva York, atraído por una irresistible charla de Pynchon en una universidad. Un dominio, un conocimiento: una experiencia alucinante. Luego, conoce de otra ponencia en California y viaja también allá. Igual de excepcional, no lo puede creer. La única pequeña y perturbadora diferencia es que ninguno de los dos era el mismo: ninguno de los dos era Pynchon.


Bellatin ha sido enfático en su aspiración de “borrar” la noción de autor. Sin embargo, no deja de haber un dejo de ironía en estas palabras: “Escribo porque es la única manera que tengo de expresarme. ¿Por qué ponen tanto el cuerpo los escritores? ¿De qué se trata, es teatro o es una performance? ¿Gana quien deslumbra más, el que hace más piruetas?"... ¿Alguien se imagina qué relación puede haber entre él y Hugh Hefner? En una reciente conferencia en Brasil, su prótesis (ya no llevó el garfio modelo clásico ni el cyborg) tenía la forma de un dildo biónico, y el revuelo causado lo hizo digno de una caricatura en la Playboy de ese país.


Su personajes, salvo algunos como Endo Hiroshi o João , no suelen tener nombre, o tienen un no nombre como Nuestra Mujer, en Canon perpetuo. Sus lugares suelen ser no lugares, a pesar de que asistimos a un pogromo ruso en Jacobo el mutante, a una casa en El Cairo en La mirada del pájaro transparente, a un monasterio japonés en Shiki Nagaoka: una nariz de ficción o, a un salón de masaje para personas mutiladas en São Paulo. Ciertos aspectos del mundo de Oriente, sin embargo, son una constante. Ya lo dijo Juan Villoro: “No estamos ante un sibarita del exotismo que se pone la yukata para recibir a las visitas junto a su estanque de peces dorados. Tampoco estamos ante un viajero pop que busca pokemones tatuados en las pieles de las geishas posmodernas”. La influencia que ha recibido de maestros japoneses como Akutagawa y Tanizaki es tan profunda que se permite inventar a uno de ellos, Shiki Nagaoka, el autor que vino al mundo -en el seno de una familia aristocrática que luego lo repudió- con una nariz descomunal, y cuya propuesta estética que fusionaba la fotografía, incluenció directamente la obra de Juan Rulfo (célebre por haber sido también fotógrafo) y José María Arguedas. Si alguien mira las fotos de Nagaoka se dará que en todas, su nariz ha sido arrancada ex profeso, o aparece en una foto desenfocada. Quizá Matt Groening aprendió unos cuantos trucos y lo aplicó para “ocultar” la localización de Springfield.


La rareza de Bellatin no solo está en sus obras ni en sus performances (para él, también son sus obras literarias) sino en sus enseñanzas. Fundó en el DF la Escuela Dinámica de Escritores, que no se parece en lo absoluto a los talleres literarios. Su premisa, para empezar, es que es imposible aprender a escribir; y de hecho, está prohibido llevar textos de creación personal. ¿Dónde está la clave, entonces? Que las posibilidades de la narración no se encuentran en la literatura misma sino en la fotografía, la escultura, la pintura, el teatro, hasta en el cine. De ese modo, cuenta con una gran cantidad de maestros en esas ramas, a la vez que en literatura. No country for old men, ni tampoco para “Norma Lixtas”...


Confieso que tengo a Mario Bellatin en mi perfil de Facebook. No digo que es mi amigo, ya que el hecho de que a veces chateemos, no me convierte en tal, salvo que quiera presumir. Tiene, hasta el momento que redacto este reportaje, 1567 contactos, con 52 amigos en común. Ha puesto frases de cabecera como “Nunca más contestaré a quién creo que debieron darle el Nóbel... eso, para no mencionar la famosa isla desierta y los libros que se me ocurriría llevar. Siempre he tratado de imaginar dónde estará situada”, “Tuve que decir BASTA... ni que fuera el doctor Hawking” o “¿Será que la academia se toma en serio lo que digo?”. Un día me instó a que abriera una versión de su Escuela Dinámica. Lo asumí como una broma, propia de un chat. Pero fue tal su insistencia que le dije que me tomarían por plagiador. “No importa, yo te autorizo, hazlo”. Y no lo dijo una sola vez. Volví a pensar que seguía bromeando, pero ya estaba muy confundido para notarlo. Otro día, se me ocurrió proponerle que, a modo de juego “bellatinesco”, creemos una editorial fantasma, con el nombre de uno de sus personajes, que escribiera a ciertos autores deshauciándolos a priori para que no envíen ningún manuscrito. La idea la encantó, el texto lo aprobó. Solo faltaba un logo institucional. La vida cotidiana, mis amigos diseñadores gráficos más ocupados que yo, y mi falta de insistencia no concretaron la idea. Otra ocasión, quizá pensé que estábamos más en confianza, le confesé:


Tengo unos escritos que quisiera que veas, no se si sea un atrevimiento.
Sí... lo es.

Y eso me hizo temer, más que mil garfios juntos.

viernes, noviembre 27, 2009

VB2: Viñetas, Bits & Beats, un acercamiento al noveno arte



Guayaquil será escenario de un evento que contiene todo lo relacionado al llamado “noveno arte”, un museo vivo dividido en temáticas que conducirán a un recorrido histórico desde las Historietas hasta la actualidad: Manga y Comics Animación Arte e Ilustración Dioramas Sound track Figuras de Acción Cosplay Cine FX (Efectos Especiales). Como invitados especiales, estarán los personajes que hacen las voces de reconocidos personajes de las series animadas: Patricia Acevedo (Lisa Simpson) , Mario Castañeda (Gokú), Jesus Barrero (Seiya).
Además, el Capitán Memo con Sandra interpretarán canciones de su autoría como: He-Man, Capitán Futuro, El Galáctico, La máquina del Tiempo, Candy Candy, La abeja Maya y muchos más clásicos de los ochenta.
El músico y compositor ecuatoriano Schubert Ganchozo interpretará un concierto de Crono Cross.
VB2 (Viñetas, Bits & Beats) se realizará del 27 al 29 de noviembre, en el Palacio de Cristal, Malecón de Guayaquil. Localidades $3, y el domingo 29 $5.

lunes, noviembre 23, 2009

De cómo entran 22 escarabajos en un Volkswagen


Por Miguel Antonio Chávez


Para Pavichz, los Bluebirds, A.E. León, J.F. Andrade,

E. Varas, P. Burbano y los demás aludidos de la cofradía



Escribiré este post desde la más absoluta subjetividad: es una noticia literaria que ya está dando de qué hablar y que lo será mucho más cuando empiecen los lanzamientos oficiales por España y, supongo, por el continente americano: “22 escarabajos: antología hispánica del cuento Beatle” (Páginas de Espuma. Madrid, 2009).


Pero resulta algo muy especial para mí por el extraño placer que es decir que amas la música de los Beatles desde que tienes cuatro años, que te acompañaron en los momentos más alegres, absurdos, dramáticos y delirantes de tu vida, y que puedes admitir sin duda alguna que está entre tus influencias literarias.


Sí, Lennon escribió unos relatos muy destornillados en sus libros In his own write y Spandiard in the Works, Harrison plasmó su autobiografía en I me mine, pero no son esos los referentes que fluyen a primera piel. “Las cadencias eólicas de reminiscencias clásicas” de It won’t be long (calificación que les dio un crítico y que ellos, veinteañeros allá por 1963, no entendieron en lo absoluto), la extraña experiencia de directores ad-libitum en la experimental Magical Mystery Tour, el descubrimiento de una conciencia más ampliada a través de la meditación trascendental con el Maharishi, la aventura sinfónica-trumancapote-apollinaireiana de la grabación de “A day in the life”, los excepcionales galimatías lexicográficos de Ringo y tantos otros hitos, se marcaron en mí como una forma de responderme el porqué los he seguido toda mi vida. Y por más excusas que enumere sé que sería inútil. Simplemente ocurre. The deeper you go the higher you fly, the higher you fly the deeper you go.


No se crea que por ser esta una asamblea Beatle, debamos extralimitarnos a una lisonja al infinito hacia la banda a la que rendimos culto. Primero, los cuatro escarabajos no la necesitan en absoluto. Peor, que vengan de un proyecto de escarabajo como yo, aprendiz del avant garde. Los Beatles están hasta en los sueños de los más perturbados. Y esto lo pude constatar para mi sorpresa cuando traduje uno de los aforismos de Moe Schavezstein: “No veo nada original en esa música. Revolution 9 de los Beatles era una copia de Gesang der Jünglinge de Stockhausen, y ésta, de las canciones de cuna que me cantaban mi madre y mi tía Ruthie.”


Mario Cuenca Sandoval un día se levantó y dijo “Soy George Martin”. Luego se encontró con Juan Casamayor, quien la noche anterior confesó con extraño horror haber soñado que era Brian Epstein. Ambos lo tomaron como una señal del destino. Luego sonó algo parecido a la flauta de Hamelin (las notas de The fool on the hill) que atrajo algunos escarabajos literarios dispersos por el mundo, que venían esparciendo el evangelio Beatle, como Neuman de Tarso, Iwasaki de Tesalónica, Santo Velasco de Aquino y Fresán de Patmos, a través de sus conocidas epístolas (siendo estos dos últimos, experto en Teología de la Liberación Marxista-Lennonista y en el insigne profeta Dylan, respectivamente).


Escuché el rumor que Páginas de Espuma quiere fusionarse con la Apple Corps. Finalizo. Subjetivo. Como cuando John pensaba que no durarían más de dos años. Qué coño. Muero feliz. Primera fantasía literabeatle cumplida.




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Esta selección, preparada por Mario Cuenca Sandoval, reúne cuentos de Pilar Adón, Leonardo Aguirre, Miguel Antonio Chávez, Mario Cuenca Sandoval, Maurice Echeverría, Patricia Esteban Erlés, Javier Fernández, Marcelo Figueras, Rodrigo Fresán, Esther Garía Llovet, Salvador Gutiérrez Solís, Fernando Iwasaki, Eduardo del Llano, Salvador Luis, Leopoldo Marechal, Hipólito G. Navarro, Andrés Neuman, Raúl Pérez Cobo, Care Santos, Roberto Valencia, Xavier Velasco e Iban Zaldua.


22 Escarabajos. Antología del cuento hispánico Beatle
AA:VV.
Edición de Mario Cuenca Sandoval
Editorial Páginas de Espuma
Colección Narrativa Breve, volumen 21
320 pp. 24 x 15 cm.



miércoles, noviembre 18, 2009

Se viene el II Festival de Poesía Joven Ileana Espinel Cedeño 2009


Se viene el II Festival de Poesía Joven Ileana Espinel Cedeño 2009...ya daremos más detalles...organiza el grupo cultural Buseta de papel y la CCNG.