Jorge Raffo, Cónsul del Perú en Guayaquil, nos envió un pequeño recuerdo del encuentro con Alfredo Bryce Echenique hace un par de semanas en la Universidad Casa Grande, que fue reseñado en blogs y diarios, y al que asistimos algunos de los integrantes de Buseta de papel. Una iniciativa privada que deberían imitar empresas que auspician con mayor facilidad un “torneo de biki open” que algo relacionado con la cultura. Por cierto, chocó en ciertos sectores de Guayaquil el comentario -a lo mejor no mal intencionado pero sí poco atinado y con tintes regionalistas- de una presentadora de noticias de Ecuavisa Quito que le preguntó a Bryce “¿por qué usted va a Guayaquil y no va a Quito si acá hay mayor movimiento cultural?”. Es hora de vencer el cliché de ciudad exclusivamente fenicia y poco interesada en el arte, había dicho en su editorial la crítica literaria Cecilia Ansaldo, criterio con el que concordamos.
En el evento, vimos a un Bryce con dificultades para hablar fluidamente pero sin perder un segundo su lucidez y lucidez. A pesar de que en términos mediáticos las últimas noticias que nos llegaban de él por las agencias trataban de acusaciones concernientes a plagio (algo tampoco inédito, Saramago también ha sido blanco de estas), la gente deseaba conocer de qué manera ficcionalizaba sus vivencias y por qué utilizó determinadas perspectiva narrativa en una novela u otra . Aseguró que el humor es un oficio serio. Y lo ejemplificó con un testimonio real: al asistir a un congreso de humoristas en España, con la intención de divertirse, encontró a los seres más tímidos y depresivos que vio en su vida. Bueno, no debió irse tan lejos: buscando en los sitios clave, aquí en su país vecino, podría encontrar a la inversa: especímenes revestidos de pesadumbre y hastío que, al contemplarlos, resultan inevitablemente risibles. Como decía un ufólogo, no lo crea, pero tampoco lo niegue: investíguelo.
En la foto, el Cónsul le entrega a Bryce Echenique un ejemplar de la antología binacional ecuatoriano-peruana de cuento "Historias bajo el árbol", antologada por Mario Palomino y Miguel Antonio Chávez.
9 comentarios:
Es interesante que la nota hable del "supuesto plagio", cuando hay una decisión bien fundamentada y razonada sobre el tema.
Sí, justamente eso es lo que me llama la atención de este post. Bryce Echenique no fue acusado por 'supuesto' plagio, sino sentenciado por el órgano regulador de la propiedad intelectual en Perú y obligado a pagar 56 mil dólares.
Ya una sentencia te habla de culpabilidad.
Supongo que hay que tener cuidado con lo que se esgrime como argumento.
Saludos
Nadie de nosotros es jurista especializado en Propiedad Intelectual que yo sepa para determinar decisiones "bien fundamentadas". Entiendo que nuestros comentarios (incluyo en mío) van como simples lectores que intentamos entender a qué se debió aquella acusación, más aún viniendo de un autor a quien le concedemos cierto respeto. Aquí nadie está siendo "abogado" de Bryce. Es un hecho que la multa se haya impuesto, pero algo que uds no han mencionado es que él ha manifestado a la prensa internacional que va a apelar:
"Voy a apelar la resolución. Confío en que poco a poco todo se vaya aclarando, porque es bastante increíble que ninguna de las personas que se dice he plagiado se quejara jamás”, afirmó el autor en una entrevista publicada el jueves por el diario Expreso."
http://www.jornada.unam.mx/2009/01/23/index.php?section=cultura&article=a07n1cul&partner=rss
Me pregunto yo, ¿esto no daría para dudar? Si soy culpable, me quedo frío, pero si no: ¿gastar una suma dos o tres veces superior a la multa, por los honorarios de abogados?
Mi hermana, que sí es abogada especializa en P.I. me dijo, de que en el hipotetico caso de que Bryce ganara tal apelación, podría iniciar un jugoso juicio por daño moral
Ergo, mientras exista un recurso de apelación, el proceso legal no ha terminado, al igual que esta historia. Este tema es muy complejo, como ven, por ello
ni siquiera es el foco central del post. A lo mejor contextualicé mal el "supuesto" y se tomó por ese lado. De todos modos resalto sus observaciones y agradezco seguir constantemente el blog.
saludos,
Miguel Antonio
Miguel Antonio,
Usted cita una declaración de Bryce Echenique en la que el dice que "ninguna de las personas que se dice he plagiado se quejara jamás."
Esa declaración es pura y simplemente una mentira. Los afectados con el plagio han estado quejándose y denunciando el mismo por mucho tiempo. Léase lo que sucedió con Oswaldo de Rivero:
"Alfredo Bryce actuó como un depredador, casi me deja un esqueleto de ensayo. Cuando lo leí me di cuenta de que el texto era mío, porque este título es parte de una conferencia que di en Nueva York. Y registré los derechos de autor en Ginebra. Al leerlo me quedé espantado. Luego mandé un mail a El Comercio y Bryce me contestó con varios mails pidiéndome disculpas y le contesté que para arreglar el problema el artículo debía salir con mi nombre y con una nota explicando el error y así lo hizo"
http://www.literaturas.com/v010/sec0704/polemica/polemica.htm
No es necesario ser jurista especializado en propiedad intelectual para apreciar la realidad de las cosas. En mensajes seguidos incluyo a continuación copias del artículo de de Rivero y la copia servil efectuada por Bryce Echenique.
Tambien incluyo un texto de Daniel de la Fuente, Permiso para Plagiar, publicado por Reforma hace unos días. De él se desprende cuán amplia y cuan repetida ha sido la actividad de plagiador de Bryde Echenique.
Bryce Echenique continúa a negarlo todo, a debatirse contra la realidad. El hablar de "supuesto plagio" es contribuir a esa charada.
Saludos.
Artículo original de Oswaldo de Rivero
Potencias sin poder.
Oswaldo de Rivero.
Fuente:Revista Quehacer 153,
marzo-abril 2005
La situación del mundo en el siglo XXI es paradójica. Se integra globalmente por procesos productivos, corrientes comerciales, flujos financieros, el transporte aéreo, el progreso de las telecomunicaciones por satélite e Internet, y a la vez, se fragmenta por el incremento de la desigualdad social, conflictos civiles, étnicos, religiosos, genocidios, terrorismo, delincuencia global, proliferación nuclear, degradación ecológica y cambio climático.
En un mundo fragmentado como el que estamos viendo surgir, ninguna potencia, por más poderosa que sea, podrá unilateralmente poner orden. Estamos, así frente al comienzo de una suerte de vacío de poder global. Hoy, los grandes arsenales nucleares que tienen Estados Unidos y Rusia, y los medianos con que cuentan Gran Bretaña, Francia y China, han perdido su sentido estratégico debido a que estas turbulencias sociopolíticas y ecológicas globales no se resuelven con disuasión nuclear.
El mundo es hoy caótico. Tenemos conflictos desde los Balcanes hasta el centro de Asia, pasando por el Cáucaso y el Golfo Pérsico. Esta última región, nada menos que la principal abastecedora de energía del mundo, se desestabiliza con el conflicto en Irak, el surgimiento de un Irán nuclear y el descontento creciente en Arabia Saudita. Además, todos estos conflictos, que envuelven poblaciones musulmanas, se conectan y se inflaman con el conflicto Israelí-palestino. En África, se diseminan la guerra civil, las hambrunas y los genocidios, mientras que en América Latina la pobreza no se reduce, colapsa Haití, el conflicto civil colombiano no se abate y surgen fuertes reivindicaciones sociales y étnicas en los países andinos. Finalmente, el terrorismo se globaliza, golpea países del Asia, del Oriente Medio, del Cáucaso, Rusia y Europa, al mismo tiempo que la proliferación de armas nucleares es un hecho en India, Pakistán, Corea del Norte y muy probablemente en Irán. A todos estos conflictos y estallidos de guerras civiles y proliferación nuclear se unen el terrorismo global y la gran delincuencia transnacional del tráfico de drogas, armas y personas.
Frente a este mundo caótico y violento, la superpotencia estadounidense con sus siete flotas y decenas de bases militares y aéreas por todo el mundo ha probado que no tiene suficiente poder para crear una pax americana. En efecto, los insanos actos terroristas del 11 de septiembre de 2001 contra Nueva York y Washington D. C. evidenciaron que Estados Unidos es vulnerable a ataques terroristas que son difíciles de disuadir, pues las entidades terroristas no tienen territorio, ni comando supremo y además están compuestas por células inconexas dispersas clandestinamente por todo el globo.
La victoria militar de Estados Unidos sobre los harapientos y fanáticos talibanes y las mal equipadas fuerzas armadas de Saddam Hussein logró derribar los regímenes odiosos de Kabul y Bagdad, pero no ha resuelto el problema de la amenaza terrorista en el territorio estadounidense. En la llamada "guerra contra el terrorismo" es más fácil derrocar regímenes tiránicos que dar seguridad a los ciudadanos de Nueva York o Los Ángeles contra futuros atentados terroristas. Además, los cambios de regímenes en Afganistán e Irak tampoco son una garantía de que estos dos países islámicos se conviertan en verdaderas democracias aliadas de Estados Unidos. Afganistán es hoy un narco-Estado dominado por señores de la guerra, e Irak no es otra cosa que una entidad caótica ingobernable. El poder militar de Estados Unidos ha logrado así victorias sin triunfos políticos.
Niall Ferguson, uno de los más ilustres historiadores británicos y profesor de la Universidad de Nueva York, en su reciente y famoso libro Colossus afirma con ironía anglosajona que Estados Unidos, a diferencia del Imperio Británico, carece lamentablemente de "Imperial Governance". Ferguson considera que el coloso estadounidense tiene tres déficits estructurales imperiales. El primero es su dependencia del capital extranjero para financiar su sociedad de excesivo consumo, que se refleja hoy en una colosal deuda externa y en un megadéficit fiscal que está haciendo perder la confianza en el dólar. El segundo déficit imperial se debe a que las fuerzas armadas estadounidenses, formadas por voluntarios, luego de las intervenciones en Afganistán e Irak están sobreextendidas y no encuentran reemplazos suficientes. Finalmente, el tercer déficit imperial es cultural y consiste en la poca resistencia de la sociedad estadounidense a intervenciones militares largas y costosas en vidas.
Otros destacados académicos internacionales como Paul Kennedy y Joseph Nye consideran que el poder militar de Estados Unidos no es eficaz para enfrentar las amenazas del siglo XXI. Según ellos, no es posible hacer frente al terrorismo, a la proliferación nuclear, al narcotráfico, al tráfico de personas y de armas, a los graves problemas ambientales y la enorme pobreza mundial con portaviones, misiles crucero, bombas láser y marines. Asimismo, el profesor Samuel Huntington afirma que la situación del mundo es demasiado complicada para ser controlada por Estados Unidos como un sheriff solitario.
Hoy, Estados Unidos y todas las potencias occidentales democráticas, que son las únicas que tendrían capacidad para poner orden en el mundo, tienen enormes problemas para intervenir militarmente, no por falta de ambición política sino como consecuencia de un problema de civilización. Sus sociedades de consumo, fundadas en la gratificación material instantánea, no aceptan sacrificios para enmendar entuertos en regiones pobres y alejadas. A los políticos de las grandes potencias democráticas les es casi imposible vender la idea de que es necesario participar en las "intervenciones humanitarias" de Naciones Unidas. Su electorado no está dispuesto a sacrificar la vida de sus hijos y pagar más impuestos para establecer un nuevo orden mundial. La sola idea de ver a sus soldados regresar en bolsas de plástico aterra a sus gobiernos, por el castigo que podría tener ello más tarde en las urnas. Como resultado de esta situación, los gobiernos de las grandes potencias occidentales, incluyendo Estados Unidos, son extremadamente prudentes en embarcarse en las pacificaciones humanitarias de Naciones Unidas, razón por la cual estas se hacen ahora con tropas mal equipadas de países subdesarrollados.
Actualmente, las potencias más capaces para poner orden no funcionan y, en consecuencia, tampoco funcionan las operaciones de paz de Naciones Unidas. La respuesta de Estados Unidos y de las grandes potencias occidentales ante las violaciones masivas de los derechos humanos es siempre una combinación de indignación con extrema prudencia, que disfraza su falta de poder para intervenir. Esta es la causa principal de la disfunción de Naciones Unidas, que se ignora o se quiere ignorar criticándose a la Organización como si esta fuera, en sí misma, una gran potencia mundial y no el reflejo de las políticas de potencias sin poder. El más reciente ejemplo de este déficit de poder mundial es la inacción de las grandes potencias del Consejo de Seguridad frente al genocidio de Dorfur.
Si se quiere tener una visión realista del poder mundial, el concepto de la unipolaridad merece ser revisado. Desde el colapso de la Unión Soviética se ha difundido una imagen, más periodística que real, de unos Estados Unidos omnipotentes, imperiales. En la realidad no ha habido ni omnipotencia ni imperio, sino solo un corto periodo de unipolaridad que terminó con Irak y cuando Estados Unidos volvió al Consejo de Seguridad pidiendo apoyo multilateral para aliviar el infierno creado por su ocupación. Más bien, lo que ha habido, como dice Ferguson, ha sido incapacidad imperial para gobernar Afganistán e Irak y, con ello, una erosión del poder estratégico global estadounidense debido a la sobreextensión de sus fuerzas armadas voluntarias, que no reclutan como antes, y al aumento peligroso de su megadéficit fiscal, que ha hecho que el dólar se devalúe notablemente. Estos hechos prueban hoy los límites del poder unilateral estadounidense. Con mucha razón, el conocido especialista en seguridad internacional Zbigniew Brzezinski ha dicho: "No confundamos preponderancia con omnipotencia".
Estados Unidos sigue siendo una superpotencia pero no es un imperio, y su acción unilateral tiene serios límites: se ha probado que no puede actuar como un sheriff solitario. Entonces, el poder en el mundo no es hoy unipolar. Este hecho tampoco debe llevamos a pasar de una utopía unipolar a una utopía multipolar, porque Francia, Alemania, Japón, Rusia, China o la India, ni juntas ni separadas, pueden ejercer un balance multipolar de poder frente a la superpotencia estadounidense. Hoy, en vez de unipolaridad o multipolaridad, lo que hay es un gran déficit de poder mundial. Las grandes potencias brillan por su impotencia frente a un mundo caótico y fragmentado por la pobreza, el cambio climático, las guerras civiles, el terrorismo, el genocidio, la proliferación nuclear y el tráfico de drogas, personas y armas.
Este déficit de poder mundial nos estaría llevando hacia una era geopolítica nueva, en la que el ocaso de los Estados Naciones, incluyendo los más poderosos, impide la emergencia de un mundo unipolar o multipolar; una era en la que comienza lentamente a emerger una suerte de apolaridad. Es decir, un mundo sin sheriff y sin balance multipolar de poder, un mundo en el que surgen, cada vez más, poderosos actores No-Estatales, enormes conglomerados transnacionales que dominan casi todas las actividades económicas globales; organizaciones delincuenciales transnacionales del terror, la droga, el tráfico de personas y armas; y poderosas organizaciones globales de la sociedad civil que luchan por una globalización sin exclusión social y sin degradación ecológica.
Los límites del poder de los Estados más poderosos y el surgimiento de poderosos actores globales No-Estatales parecen indicar que estamos entrando a un mundo apolar, de potencias sin poder, donde la humanidad, después de cuatrocientos años, comienza a vivir nuevamente más allá del Estado Nación.
OSWALDO DE RIVERO, Embajador del Perú ante la Organización de Naciones Unidas.
Plagio de Bryce Echenique
Potencias sin poder.
El Comercio de Perú
Alfredo Bryce Echenique
18 de marzo de 2007
En un mundo roto como el que va surgiendo, ni la más poderosa potencia logrará poner orden. Estamos, así, frente al comienzo de una suerte de vacío de poder global. Hoy, los grandes arsenales nucleares que tienen EE.UU., Rusia y los medianos de Gran Bretaña, Francia y China han perdido su sentido estratégico, pues estas turbulencias sociopolíticas y ecológicas no se resuelven con disuasión nuclear.
Ante el mundo caótico en que vivimos, EE.UU., con sus siete flotas y decenas de bases militares y aéreas por todo el mundo, ha probado que no tiene poder suficiente para crear una pax americana. EE.UU. es vulnerable a ataques terroristas que son difíciles de disuadir, pues los grupos terroristas no tienen territorio y además están compuestos por células dispersas clandestinamente por todo el globo.
La victoria militar de EE.UU. sobre los harapientos talibanes y los mal equipados batallones de Saddam Hussein logró derribar los odiosos regímenes de Kabul y Bagdad, pero no ha resuelto el problema de la amenaza terrorista en territorio americano. En la llamada "guerra contra el mal" es más fácil derrocar regímenes tiránicos que dar seguridad a los ciudadanos de Nueva York o de Los Ángeles contra futuros atentados terroristas y, además, los cambios de regímenes en Iraq y Pakistán tampoco son garantía de que estos países se convertirán en auténticas democracias aliadas de EE.UU. El poder militar estadounidense ha logrado victorias militares pero sin triunfos políticos.
Esto se debe a que el coloso estadounidense tiene tres déficits estructurales imperiales. El primero es su dependencia del capital extranjero para financiar su sociedad de excesivo consumo, que se refleja en una colosal deuda externa y en un megadéficit que está haciendo perder la confianza en el dólar. El segundo déficit se debe a que las Fuerzas Armadas estadounidenses, formadas por voluntarios, están hoy sobreextendidas y no encuentran reemplazos suficientes. El tercero es cultural y consiste en la poca resistencia de la sociedad estadounidense a las intervenciones militares largas y costosas en vidas. Destacados académicos internacionales como Paul Kennedy consideran que el poder militar de EE.UU. no es eficaz para enfrentar las amenazas del siglo XXI, ya que no es posible enfrentar al terrorismo, la proliferación nuclear, el narcotráfico, el tráfico de personas y de armas, los graves problemas ambientales y la enorme pobreza mundial con portaviones, misiles cruceros, bombas láser y marines. E n fin, que no se puede controlar la muy complicada situación del mundo actual como un sheriff solitario.
Hoy EE.UU. y las potencias occidentales democráticas, que son las únicas que tendrían capacidad de poner orden en el mundo, tienen enormes problemas para intervenir militarmente. Sus sociedades de consumo, basadas en la idea de la gratificación material inmediata, no aceptan sacrificios para resolver problemas en regiones pobres y alejadas. A los políticos de las grandes potencias democráticas les es casi imposible vender la idea de que es necesario participar en las intervenciones humanitarias de la ONU. Su electorado no está dispuesto a sacrificar la vida de sus hijos y a pagar más impuestos para establecer un nuevo orden mundial. La sola idea de ver a sus soldados regresar en bolsas de plástico aterra a sus gobiernos, por el castigo electoral que ello podría significarles. Actualmente, la respuesta de EE.UU. y de las potencias occidentales ante las violaciones masivas de los derechos humanos, por ejemplo, es una mezcla de indignación con extrema prudencia, que disfraza su falta de poder para int ervenir.
Estados Unidos sigue siendo una superpotencia pero no es un imperio, y su acción unilateral tiene serios límites, aunque este hecho tampoco debe llevarnos a pasar de una utopía unipolar a una multipolar, porque Francia, Alemania, Japón, China o la India, ni juntas ni separadas, pueden ejercer un balance multipolar de poder frente a la potencia americana. Hoy, en vez de unipolaridad o multipolaridad, lo que hay es un déficit de poder mundial. Las grandes potencias son impotentes ante un mundo caótico y fragmentado por la pobreza, el cambio climático, las guerras civiles, el terrorismo, el genocidio, la proliferación nuclear y el tráfico de armas, drogas y personas.
Permiso para plagiar.
Reforma (México D.F., México)
18 de enero de 2009
Daniel de la Fuente
Bryce Echenique: El copyright vs. el copy-paste. Comprobado el plagio, el escritor peruano deberá pagar 56 mil dólares como sanción
Pocos autores contemporáneos han vivido tal escarnio en los años en los que debieran cosechar aplausos como el peruano Alfredo Bryce Echenique, quien el próximo 19 de febrero llega a los 70 años. Pocos, también, han cometido el copy-paste de una manera tan desparpajada. ¿Cómo llegó a esto el autor de Un mundo para Julius?
Hace días en Perú, el Instituto Nacional de Defensa de la Competencia y de la Protección de la Propiedad Intelectual (Indecopi), entidad defensora de la creación registrada, confirmó legalmente lo que ya se sabía: el escritor Alfredo Bryce Echenique plagió por lo menos 16 artículos de 15 autores distintos, la mayoría académicos, entre 1986 y el 2006. Más lo que se acumule.
El escritor, quien no ha hecho declaraciones sobre la sanción, fue multado con cerca de 56 mil dólares e, incluso, se habla de años de prisión. Sus abogados dijeron que apelarán.
Quien dio el campanazo de inicio sobre el hábito secreto de Bryce fue el escritor peruano Herbert Morote, quien denunció que su obra inédita Pero... ¿tiene el Perú salvación? fue publicada casi íntegra por el narrador en el diario limeño El Comercio, bajo el título La educación en ruinas.
Morote dijo entonces que le envió a Bryce y a otros tres amigos el manuscrito de su obra para que le dieran una opinión, pero tiempo después se dio cuenta de que el autor de Permiso para sentir y Permiso para vivir lo había plagiado. La misma Indecopi no encontró esa vez elementos para sancionar a Bryce, quien dijo que todo había sido un error de su secretaria y, además, que él veía al plagio como una especie de "homenaje".
Un año después, Perú 21 reveló otro plagio y, enseguida, el diplomático peruano Oswaldo de Rivero señaló que el autor también había hurtado un artículo suyo aparecido en la revista Quehacer.
Ya frente a esto, el peruano dijo que todo era un complot en su contra. Luego, aclaró que se había inventado la versión de la secretaría "porque estaba aturdido". Embarazoso.
La punta del iceberg
En ese río revuelto apareció la catedrática chilena María Soledad de la Cerda, quien documentó gran parte de los plagios de Bryce Echenique.
Periodista e investigadora, De la Cerda publicó en 2001 Chile y los hombres del Tercer Reich, pero se le conoció a nivel internacional por bajarle la falda al Bryce articulista. Entrevistada hace tiempo, cuenta cómo fue develando la trama secreta.
"Estaba preparando una clase para el ramo de periodismo de investigación en la Universidad del Desarrollo de Santiago que trataría sobre plagios, rumores y noticias falsas en Internet", comenta.
"Para ello trabajé con casos reales y justo por esos días habían aparecido varias denuncias de plagio que involucraban a Alfredo Bryce. Decidí verificarlas una a una, y aproveché para revisar todas las columnas suyas a las que podía acceder por Internet, para ver si encontraba un caso nuevo".
Descubrió primero que un texto de Jordi Urgell titulado América Latina: ¿Regresando al pasado para enfrentar el futuro?, que su autor publicó como ensayo en el portal Nueva Mayoría y, luego, en versión resumida en La Vanguardia, de España, como Fujimori no es la excepción, había sido firmado por Bryce el 18 de febrero en El Comercio bajo el título Todos vuelven.
"Perú 21 era el periódico que mejor cobertura le había dado al caso, entonces les escribí para comunicarles lo que había descubierto y ellos lo publicaron", relata la investigadora.
"Luego volví a contactar con ellos para contarles que creía haber descifrado el misterio de una columna titulada La estupidez perjudica gravemente la salud, en la que todo parecía indicar que el plagiado había sido Bryce, pues la suya se publicó el 30 de abril de 2006 y, la de un Salvador Barros, titulada de idéntica forma y de igual contenido, apareció el 30 de noviembre de ese mismo año en El Siglo de Durango.
Sin embargo, De la Cerda descubrió que el texto plagiado a Bryce había sido a su vez plagiado por él a los sicólogos Jordi Cebriá y Víctor Cabré.
"A medida que iba encontrando los plagios no podía dejar de sentirme muy triste, pues yo era una admiradora de la obra de Bryce y me resultaba aún más incomprensible comprobar que en muchos casos había plagiado artículos sobre literatura, una materia que sin duda domina", expresa De la Cerda vía electrónica.
Bryce plagió artículos que versaron sobre temas tan disímbolos entre sí como terrorismo, tabaco, Kaf-ka y Woody Allen; Lennon, Warhol, Steinbeck y la nostalgia. En la revista mexicana Nexos aparecieron algunos de éstos.
"¿A cuántas personas habría plagiado el escritor?", se le pregunta a la investigadora.
"Pienso que ha plagiado a por lo menos 25 autores", responde. "Intentar ubicarlos ha sido la parte más complicada, yo estaba trabajando desde mi casa y no podía llamarlos uno a uno a España. Entonces, los fui ubicando por Internet. En algunas oportunidades contacté a familiares que me ayudaron a encontrarlos.
"Me tuve que ganar su confianza, explicarles lo que estaba haciendo, enviarles los textos de Bryce para que los compararan con los suyos y pedirles que me los enviaran y que fueran discretos hasta que los diéramos a conocer".
Ya cuando los casos fueron apareciendo uno a uno, Bryce dejó de hacer declaraciones sobre el tema, siendo que en anteriores entrevistas prometió que desmentiría las acusaciones.
"Eso es lo que todos estamos esperando", comenta De la Cerda. "Deseo de todo corazón que se recupere y que nos sorprenda nuevamente con una obra tan magistral como Un mundo para Julius.
"Por ahora, ha perdido credibilidad y el peor favor se lo están haciendo sus amigos, que intentan justificarlo con explicaciones absurdas".
Bryce era y es un magnífico autor, añade la escritora, quien descubriría más tarde plagios hechos por él aun y cuando ya estaba acusado de robo.
Frente a esto, ella pide no confundir plagio con intertextualidad.
"Por eso cada caso se debe analizar cuidadosamente".
En México, varios autores también han sido acusados de plagio.
"¿Vislumbra que puedan surgir más casos de plagio de Bryce?", se le interroga a De la Cerda.
"Sí, me consta que hay más plagios", dice. "Con las denuncias que ya se hicieron creo que es suficiente; sin embargo, está el caso del doctor Cristóbal Pera, autor de un libro titulado Pensar desde el cuerpo. Ensayo sobre la corporeidad humana, una serie de ensayos que publicó en la revista Jano. Uno de ellos se llama Lo grotesco y lo freak en la cultura actual.
"Bryce, en el 2001, en el suplemento del diario La Nación de Argentina, publicó Lo grotesco y la moda freak y, aunque el primero no lo tengo completo, he recuperado trozos idénticos en ambos. Y dentro de la misma obra pienso que hay otros.
Esta serie de escándalos, concluye, significan a todas luces el fin del Bryce columnista.
"Espero que sigamos contando con el Bryce escritor por muchos años. Yo soy una fiel lectora de Bryce y lo seguiré siendo. Aprendí a distinguir perfectamente su pluma en las columnas, y con sólo leerlas ya podía saber si eran suyas o pertenecían a otros.
"(Después) Me decepcionó su actitud, me molestó su soberbia y su falta de respeto con los autores a los que plagió".
Aquí nadie está contribuyendo a ninguna charada, Sara, te lo puedo asegurar; en ningún momento ha sido ese el objetivo del post, sino hablar de las circunstancias de su visita a Guayaquil. Si el sr. Bryce no quiere afrontar la realidad legal, y decide apelar y alargar este asunto,¡allá él!
Gracias por aportar con los artículos.
Saludos, hasta pronto,
Miguel Antonio
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