martes, diciembre 30, 2008

Cinco años de "Buseta de papel" y adiós al 2008


Reportaje de Diario Expreso. 21.11.08
Reportaje de Diario El Universo. 11.12.08


Feliz año a todos nuestros lectores del blog "busetero" y a todos aquellos escritores, periodistas, críticos, colaboradores, amigos de aquí y de allá, que nos han acompañado durante estos cinco años de ininterrumpida actividad de difusión literaria. Gracias a todos. ¡Que sus proyectos cobren vida este 2009!

miércoles, diciembre 24, 2008

Presentación de libros de Augusto Rodríguez parte II: Matar a la bestia

Por Sonia Manzano

La poesía, como un arma que dispara hacia la cabeza de su propio creador para hacer que ésta se doblegue sobre un promontorio de imágenes fuertes, abruptas, para dentro de la razón lógica, pero literariamente convincentes para la razón poética que principalmente se alimenta de irracionalidades provenientes de la bestia que habita dentro del animal poético, es un fenómeno que se presenta recurrente en Matar a la bestia, poemario de Augusto Rodríguez (Guayaquil, 1979).

Matar a la bestia. Poemario cuyo título es una tácita invitación a emprender una cacería que solo puede concluir cuando el sujeto lírico exhiba su yo sangrante sobre su particular poética, es un afilado registro de las veces en las que, fallida o exitosamente, el poeta ha atentado contra su integridad psíquica, autoagresiones que son verbalizadas a través de versos irreverentes, pero provistos de literaturidad cualitativa.

“Bórrame con tus sobacos,
ládrame con tu sexo,
Mata a la bestia que me habita
y sepúltame junto al sol de cabeza,
tres metros bajo tierra”

El animal poético que acecha a su víctima, que no es otra que el mismo sujeto lírico, se solaza en mostrar su supuesta peligrosidad en poemas en los que la Muerte es la única posibilidad que espera al final de la cacería. Pero engullir a la bestia después de ultimarla, digerir la poesía luego de haberla castigado con imágenes crueles, trae una sensación de hartazgo al “cazador” que sólo puede encontrar alivio devolviendo lo ya devorado, aunque después de este descargo, vuelva el poeta a incurrir en el mismo “pecado de gula”:

“Tanta es mi nausea
que vomitaré sobre la mujer que amo
y después la devoraré”

La nausea, como un rasgo evidente de la postura existencialista por la que ha optado esta poética, está aludida con recurrencia y siempre asociada a la idea de la inutilidad de la existencia. Nausea y escepticismo es la combinación casi exclusiva con la que el sujeto lírico ha implementado espacios con los que el vacío caótico no deja lugar para que en aquello brote algún indicio de esperanza:

“La vida es pura ficción
de dioses fracasados”

Poesía, entonces, la de Rodríguez, sin más fe que aquella que se alberga por la propia creación poética; poesía con la que se cuestiona acremente a un ente divino por su falta de eficiencia al momento de trazar el plan o diseño del mundo:

“Pero Dios
se ha ido
y se niega a terminar lo arruinado”

Las actitudes de rechazo hacia todo y todos, hablan elocuentemente de la función transgresora que el yo lírico ha asignado a su discurso, el que no reduce su nivel de desafío ni ante los símbolos sacralizados de la muerte, ni ante los que se pertenecen al orden religioso. En el texto “entierro de un amigo” la transgresión a lo permisible salta todo límite en un enunciado que resume irreverencia, pero que a la vez alcanza una lograda originalidad:

“Cuando me quedé solo
frente a la lápida,
le arrojé semen y vino
lo único que a él
en verdad le interesó”

El animal poético clava sus garras en los “códigos de su cuerpo” y los somete a su desgarraduras profundas, como si tras de esta acción estuviera el intento de conseguir de sí mismo la exculpación de sus culpas. El vituperio, utilizado para desacreditar su filiación humana, cae con recurrencia visible sobre versos de fuerte catadura:

“Soy un demonio de cuerpo invisible
que se sumerge en el dolor de sus asesinatos”

La lengua de la bestia se embebe de un compuesto de amor-odio, cuando se interna en los meandros de una infancia traumática, difícil de evocar. Los poemas dedicados al padre, se erigen en los momentos textuales más altos y estremecientes, logrados por un animal discursivo cercado por sus conflictos vivenciales. El padre muriendo por un cáncer agresivo, figura que me remite a la del Mayor Sabines, cuyo hijo, el poeta Jaime, lo volvió asunto de una elegía memorable, es un interlocutor pasivo, pero a la vez suscitador de intensivos desbordes afectivos, a los que el poeta ha logrado condensar en textos cualitativamente, conmovedores:

“Todos los relojes dan la misma
hora y retroceden
cuando mi padre no era mi padre
sino un hombre
que se abría paso ante la vida”

El padre es la figura dominante de esta poesía presencia que es aludida con obsesión dolorosa, casi con furia reiterativa. Las otras presencias están condicionadas a este perfil omnímodo, como la de una madre que dentro de sí acumula rencor por las verdes palabras que le dirige su esposo.

“Mi madre llora
en un rincón de la cocina
su voz suena envenenada
por las palabras verdes de mi padre
mi madre es un río caudaloso
que no tendrá salida al mar”

Las prosas poéticas incluidas en el apartado “El beso de los dementes”, tienen como eje temático a la figura paterna y son páginas trabajadas con verdadero oficio, cuidadosamente labradas sobre una verbalidad cadenciosa, es decir provista de ritmo versal, el que adopta una pulsión ansiosa cuando el poeta trata de revivir al padre muerto a través de la palabra. Un cordón umbilical de trasvases angustiosos parece unir al padre con el hijo, de manera indefinida: trasvases de sangres, pero también, trasvases de afectos extraños pero auténticos, demostrativos de una forma de amar “más allá de la muerte”.

“Mi padre es la copa rota donde yo
bebo sus vicios. Soy su vicio más profundo,
su herencia vengativa. Mi padre es
una habitación abierta de par en par
donde yo entro sin zapatos
a corregir mis errores”

La bestia sigue bramando agonizante en el interior del poeta.

Guayaquil, 11 de diciembre de 2008.

* Texto leído en el Auditorio Grupo de Guayaquil de la Casa de la Cultura, Núcleo del Guayas, Guayaquil, Ecuador.

lunes, diciembre 22, 2008

Presentación de libros de Augusto Rodríguez parte I: Cantos contra un dinosaurio ebrio


Por Cecilia Vera de Gálvez


La voz que canta estos Cantos contra un dinosaurio ebrio nos involucra, a quienes los leemos/oímos, en una atmósfera de inquietud y desasosiego, mientras recorremos ese espacio/ciudad de vida y muerte atraídos, inevitablemente, por la palabra de un yo poético trasgresor de todo discurso y toda convicción.

Este poemario de Augusto Rodríguez, publicado en el 2007, en Barcelona, España, por la editorial La Garúa y prologado por Fernando Nieto Cadena, incluye dos secciones: la primera, denominada “El animal que hay en mí”, que contiene veintinueve poemas; y la segunda, “Esqueletos enterrados”, que abarca seis. A todos ellos los preceden, con definitiva pertinencia en su selección, epígrafes de Leopoldo María Panero, Charles Baudelaire y Gonzalo Rojas lo que nos remite a una identificación temática y de actitud poética propia de autores reconocidos, con la debida distancia de siglos, por su irreverencia, sus permanentes confrontaciones con el mundo que les ha tocado vivir y por su discurso innovador.

De allí que se desgrane a medida que avanzan los poemas, una intertextualidad convertida en varios casos, en diálogo entre textos y en otros, en glosa temática de otros autores. Así, el poema “Adiós padre”, se inicia con un epígrafe de Panero que dice: “Padre me voy: voy a jugar en la muerte/ padre me voy.” Y a continuación, el poema de Augusto Rodríguez continúa: Padre me voy/ me voy definitivamente a jugar con la muerte/ mis días se han tornado tenebrosos/ y ya no tengo/ tu mano sobre mis hombro/…” (48).

Estas incursiones discursivas o de circunstancias específicas como la ceguera de Borges, la invitación a Vallejo, las alusiones a Pound y a Bukowski, entre otras, se convierten en referentes que actúan en la poética de Augusto Rodríguez como motivos desencadenantes de su propia y original escritura. Se trata de una poética que reúne transversalmente, un conjunto de temas muy específicos: el origen vinculado a los afectos y desafectos parentales, el rechazo del enmascaramiento de un mundo por el que irremediablemente se ha de transitar, la ausencia de Dios, la presencia constante de la muerte o el hedonismo, como escapes de esas representaciones de una ciudad X, la infancia como refugio imposible e inservible para mitigar la soledad de ese yo en abandono y clandestinidad, al que nos remite el poema “Ese animal que hay en mí” (28), a través de una lograda retórica de las imágenes.

En el primer poema que inaugura el libro de Augusto Rodríguez, “Todo se irá a la basura” se define la caracterización discursiva del autor y la posición del yo poético frente a la vida: asumir lo cotidiano para poetizarlo y expresar las contradicciones afectivas y existenciales que la ponen en conflicto con el otro, con los otros. Esa voz poética exclama: “Mi corazón estallará como piñata de fiesta/ de lo que algún día fui/ no queda nada/ solo vómitos de transeúntes” y continúa más adelante: “La mejor poesía se sigue escribiendo en los baños públicos/ tanta es mi náusea/ que le vomitaré a la mujer que amo/” (25). Sin embargo, el conflicto encuentra, por una vez, salida mediante la vinculación del cuerpo, el lenguaje y el desciframiento de los sentidos a través de la escritura, lo cual se refleja en un excelente poema “Los dioses leen en mi piel” que dice: “Los códigos de tu cuerpo/ tienen múltiples alas/ donde mi enajenación se estremece/ y encuentra su espacio/ tu cuerpo es un pequeño lenguaje/ que los dioses leen en mi piel/ que solo yo descifro/ en mi escritura”. (34). Es la escritura el único espacio de desciframiento de sentidos que, en su amplitud, le permite al poeta metaforizar la vida para devolverla en textos que nos abarcan y conmocionan frente a la sinrazón y la inequidad de la existencia humana.

En “Despedida”, poema que cierra la primera sección de la obra, reúnen algunos de los temas que la recorren en constante juego dialéctico, y expresa la necesidad de evasión: lejos de las palabras, navegar por la eternidad, viajar por playas y selvas, son frases que terminan en la manifestación del deseo cada vez más inminente, de abandonar ese espacio/ ciudad en el que “ya no hay nada/ para mí/”- dice la voz poética-porque no quedan “más que los huesos/ de dinosaurios ebrios/ que nadie desea/ ni le interesa dilapidar.” (54) El vacío, la nada, mediante representaciones vinculadas al rezago de lo caduco y enajenado. En ese espacio en el que se afirma, desde otro poema, que “Nada somos/ mas que un poco de sol/ en los ojos/ y aire movido por los labios/…hay muertos que copulan con otros cuerpos/… (36). El sujeto de la voz poética se incluye en esa no-vida y más adelante, en el poema “Oración a un padre que ha fracasado” invocándolo, exclama: “ya no quiero seguir copulando con los muertos/ ya no quiero encontrarme en mis pesadillas con tu rostro moribundo/” (46). Son éstas, marcas discursivas que le permiten al lector apropiarse y experimentar ese sentimiento de orfandad ante destinos absurdos e irremediables, presentados desde la paradoja y la ironía que constantemente adquiere el tono fuerte del sarcasmo, el desenfado y la provocación y en otros casos, el de la derrota instalada en la fragilidad humana. Por eso se narra en un poema: “a veces mi infancia/ me somete/ y pienso/ que hay tiempo todavía/ pero con el paso de las hora/ me doy cuenta/ que no hay escapatoria posible” (39).

La segunda parte de esta obra, “Los esqueletos enterrados” toma el nombre del tercer poema de los seis que la integran. Esqueletos enterrados y visualizados como los otros, “ellos”, que en la memoria permanecerán como “los pequeños magos de la miseria/ que inventaron con sus cuerpos desnudos/ el mejor poema para ganar la victoria/ y no quitarse las máscaras…” (62). Se registran en esta sección del poemario, textos de excelente factura que retoman los temas transversales de la obra: los vínculos familiares, el recuerdo y la muerte del padre: “Todos los relojes dan la misma hora/ y retroceden el tiempo/…Mi padre murió en una alcoba de hielo/ y su cuerpo cada vez se adelgaza/ se empequeñece, se evapora,/ se disuelve en el aire vacío de la nada,/ la lámpara de la alcoba/ juega con la materia de su piel.” (57-58). Continúa otro poema con la presencia de la madre desde los sentimientos y la visión del yo poético: “yo trato de consolarla/ pero no hay consuelo/…yo trato de detenerla/ pero no tengo resultados. /Mi madre es un río caudaloso/ que no tendrá nunca/ salida al mar.” (59) El desencanto y la imposibilidad de lucha victoriosa abarca generaciones, es incluyente desde los desplazamientos simbólicos que propone el poeta en estos cantos dolorosos.

En esta parte, reaparece, en uno de los poemas el afán por absorber la infancia como un refugio que resulta ineficaz mientras “la ciudad y Dios duermen” y emerge así como confirmación cierta, la sensación de orfandad total. El libro se cierra con el poema “Decadente descenso” que consagra el deambular persistente y plural de un yo poético, ya despojado de todo: “vagamos sin rumbo/ -dice-sin señas, sin recuerdos, sin infancia/ por esta ciudad abierta de piernas/… (63). Se percibe, en ese texto, a través de imágenes que movilizan al lector en sus percepciones, la presencia de lo implacable, del determinismo que condena a un vagabundear por los espacios de la vida, “solo para seguir en nuestro decadente descenso/…en esta ciudad muerta o de muerte…” Y ya al finalizar se expresa: “tan solo seguiremos como un soldado moribundo / o un apostador sin su as bajo la manga/…” (63). Paradojas éstas que proyectan desde una actitud o irónica imposibilidad de lucha, la inevitable circunstancia de tener que sobrevivir.

Después de este recorrido de lectura por los caminos propuestos en los Cantos contra un dinosaurio ebrio, quedo movilizada, como lectora, tal cual lo he afirmado, por un admirable trabajo que plantea, desde el individualismo de la lírica y su discurso, una problemática que se universaliza en el contexto de la vida actual y de los exigentes y complejos requerimientos de la poesía contemporánea. Felicitaciones para Augusto Rodríguez y mi reconocimiento por haberme confiado la presentación de su poemario.

Guayaquil, 11 de diciembre del 2008.

*Texto leído en el auditorio Grupo de Guayaquil, Casa de la Cultura Núcleo del Guayas, Guayaquil, Ecuador.

jueves, diciembre 18, 2008

Luis Félix López (1932-2008)


Hoy, en la ciudad de Guayaquil, falleció Luis Félix López, médico, novelista, cuentista y poeta manabita, radicado en la ciudad de Guayaquil. Estuvo fuertemente vinculado a la política, que lo llevó a ocupar cargos en las funciones ejecutivas y legislativas. En el año 1973 quedó finalista en el Concurso Internacional de Novela, en México, con su libro Los designios, con un jurado compuesto por Mario Vargas Llosa, Miguel Ángel Asturias, Miguel Otero Silva, José Revueltas y que ya lleva varias ediciones. Fue director y editor de prestigiosas revistas médicas en Estados Unidos, España y México. Entre otros destacados libros publicó El talismán (1995) y La noche del rebaño (Premio Joaquín Gallegos Lara, otorgado por el Distrito Metropolitano de Quito). En los últimos años de su vida fue el Presidente de la Casa de la Cultura Ecuatoriana Benjamín Carrión, Núcleo del Guayas, cargo que por su larga enfermedad tuvo que cederle a la poeta Rosa Amelia Alvarado. Paz en su tumba. (En la foto superior el escritor aparece a la izquierda).

Novísima poesía ecuatoriana: simulacro de tantas realidades

Por Freddy Ayala Plazarte



“El mundo sólo existe gracias a esta ilusión definitiva
que es la del juego de las apariencias”
Jean Baudrillard



Es importante referirme en este tópico al simulacro que vivimos llamado “realidad”, me refiero al juego de apariencias que percibimos de cada fenómeno, todo el sistema está estructurado para que los individuos actúen, ahora la cuestión es que mientras más tecnología, consumismo, distracción y entretenimiento –factores propios de la ciudad –existan menor tiempo para ocuparse del otium (ocio).

El hombre actual es un ente espectador-actor de la realidad, que vive y se convence de una constante anamorfosis, los medios de comunicación reproducen surrealismo, anamorfosis (transposición de imágenes), que nada tienen que ver con lo cotidiano de las personas, de cierta manera desarticula el sentido creativo que poseen los seres humanos; ya todo está pensado no hay que preocuparse por nada.

Estamos ante un tiempo donde la identidad es lo que más se contrasta, lo uno es idéntico a lo otro, al mismo tiempo lo uno no quiere ser idéntico así mismo, en esta premisa podemos darnos cuenta cómo se puede dar una mezcla de sentidos, la autenticidad es un término para el limbo. Juego de apariencias en cada individuo, porque somos uno cuando estamos con alguien, otros en casa, otros en una ceremonia, otros escribiendo, incluso leyendo, es decir, no podemos estar conformes en una máscara, los estados de ánimo son variables como la realidad externa misma.

En esta paradoja de las apariencias es donde se canalizan las ideas del escritor actual, y quizá el lenguaje regule y manifieste el sincretismo de la realidad que percibimos. La poesía como un simulacro de la realidad se vale de las metáforas, hipérboles, y otras figuras literarias para manifestarse mediante símbolos e imágenes.

Baudrillard dice que el crimen nunca es perfecto, y que el artista es quien está mas cerca del crimen perfecto, que es no decir nada, porque precisamente como lo agrega Michaux su obra pretende no dejar huellas, ocultándose detrás de las apariencias. “Si no existieran las apariencias, el mundo sería un crimen perfecto, es decir, sin criminal, sin víctima y sin móvil”1.

Muchos no adeptos a la lectura cuestionan la imaginación de los autores; tanto de poesía como de relatos, por ser ilusorios y no estar en lo que ellos aciertan como realidad, a esto sumamos la ilusión en la que la superestructura llamada “ciudad” nos engloba, lo que aquí reflexionamos es que la palabra tiene un poder de construir escenarios excéntricos, que parten de la misma realidad concreta, lo que por el contrario los “realistas” no avanzan mas allá de lo que se les muestra.

El simulacro de la novísima poesía ecuatoriana/ premonición a las puertas es un acercamiento a la misma nada si la queremos asimilar desde Sartre, pero este simulacro de la novísima involucra otros elementos, que anteriormente ya mencionamos, influenciados por la contemporaneidad, huir de una realidad a otra, deformar un escenario hacia otro, enmascarar una escena cotidiana, en consecuencia; si la imagen poética se acerca al muro de la nada mucho peor el ilusionismo de la imagen virtual. Diferenciemos que una imagen virtual y una imagen artística poseen simbolismos ilusorios, si veo en un cuadro un paisaje de Claude Monet, mi pulsión, mi percepción, instinto me llevará a buscar un punto de vista inconsciente, como también si veo un cuadro de René Magritte, Ernst, mi pulsión me llevará a buscar el punto de vista consciente.
Otro vector fundamental que topamos a propósito del simulacro de la realidad, que delicadamente fue estudiado por los psicoanalistas casi un siglo es el sueño. ¿En que medida podemos asimilar a la imagen poética actual asociando a este factor?, ciertamente el sueño es un vector trascendente en la imagen poética actual, si el mundo contemporáneo satura sus imágenes comerciales, virtuales, mercantiles, entonces, el escritor actual recurre al mundo onírico como un síntoma de desahogo y desapego a lo establecido.
El sueño sigue y seguirá vigente, sobre todo en la imagen artística, no obstante, Milan Kundera decía que el sueño es una de las primeras necesidades del ser humano, a pesar de que él cuestionaba al siglo de la II postguerra como un constante campo de concentración donde no existe privacidad. Si aceptamos esta afirmación del escritor checo, entonces, escribir hoy en día es todo un desafío, voluntad, pulsión, creencia, inconformismo, cualquier contacto externo-interno nos motiva a escribir y expresar desde una particular cosmovisión.
Lo importante en este libro es resaltar la labor de cada autor y de todos los que se empecinan por la palabra día a día, si la misma realidad es imposible debido al acelerado trajinar de los hechos, la frase más conocida en una esquina es; “no tengo tiempo”, afortunadamente tenemos adeptos para desmitificar este tipo de afirmaciones.



1 BAUDRILLARD, Jean, “El crimen perfecto”, pgs 11.


*Tomado de: Antología de la novísima poesía ecuatoriana (autores nacidos a partir del año 1979) "Premonición a las puertas” CAP. III
Ponencia leída durante el I Festival de Poesía Joven "Ileana Espinel 2008"

martes, diciembre 16, 2008

Memorias del I Festival Nacional de Poesía Joven Ileana Espinel Cedeño 2008


Ya circula las Memorias del I Festival Nacional de Poesía Joven Ileana Espinel Cedeño 2008 publicado por la Casa de la Cultura Ecuatoriana Benjamín Carrión, Núcleo del Guayas y el grupo cultural Buseta de papel, cuenta con poemas de los treinta poetas invitados a esta primera edición. Además trae un prólogo del poeta ecuatoriano Fernando Iturburu. A continuación una breve muestra de este libro:


Freddy Ayala Plazarte (Latacunga, 1983)


VI

Conspira la geisha
ardida como una idea panteísta
por la cíclica cantera de seres mortales
hace parir su noche en la cofia del desierto
el ángel gregario de astronomías
adormece su espejismo

Su cuerpo es una vereda de salamandras
con el polvo de la viga derrama su pasado
lleva mucho tiempo en la garganta del mar
tragada por su leproso destino
en su espinosa yema almacena el olfato
de un desterrado brahmán
llora por la boca de los muertos
se deja mutar en la arcilla

Congelada de temores
escucha chocar su dentadura
-completamente hundida-
se aplasta en la lengua el alba
y come-las-vertientes-de-mi-corazón


Dina Bellrham (Milagro, 1984)

Lisis

Quisiera que sientas
el dolor en las ramas,
el hambre del tren a su paso,
el grito de la niña
cuando viola sus muñecas.

Abrir las piernas
es tan siniestro
como crear bocas en mis manos.

Es lastimero esto de esperarte
D i s p e r s a
para dormir enredada en los árboles.

A veces soy el florero de todas las salas
alojando dientes en tus costillas.

Qué bueno es esto
de abandonar los ojos en el baño.


Ernesto Intriago (Manta, 1986)

El muchacho


Tiene manos cortas para alcanzar lo suficiente
pies chicos para pisar lo necesario
el muchacho que abraza este poema
no roza siquiera su propia sombra
no sabe de pasados ni de mañanas
el muchacho que vive en este poema
es un día sin claros tardes sin oscuros
el muchacho que mira este poema
se avergüenza de todo cuanto ve
finge ser indiferente cuando llora
habla enmudeciendo su ira
el muchacho que llora en este poema
ríe burlándose del asco
el muchacho que ronda estas letras
vigila como un dios mi desagravio.


Edison Lasso Rocha (Piñas - El Oro, 1977)

La ciudad


Nos dejó construirnos en voz baja
(para no despertarnos)
y con precaución
integró la esquizofrenia con los laberintos
hasta precipitarse el carbón
que respiramos varias veces
pues es lo único que sirve aquí
y al final, sólo al final

Descubrimos nuestras manos tristes


María de los Ángeles Martínez (Cuenca, 1980)

Advertencia

Los ojos se cansaron
de arder,
pero todavía arden:
de llanto,
de furia,de vacío.
Oye príncipe azul:
las princesas
se cortaron las venas
con lo que hallaron.
Una se ha abierto
la yugular
sin ningún glamour,
con un triste
tenedor de avión,
¡Todas las princesas
que me habitaban!
¡Todas!

Ana Minga (Loja, 1983)

XVI

El día que comenzaste a quedar en silencio
mi padre en el cartón de su ropa
traía el aliento de los amantes enterrados.

Callada supe
cómo el fémur crujía debajo de las hojas.

Este mes
ese padre mío dejará a los de Sumpa
saldrá de la llaga
bajo el brazo llevará sus restos
mientras yo por las calles
llevaré a tu hijo en el cerebro.

Rocío Soria (Quito, 1979)

Él (11)

Seres inanimados pueblan su cuerpo por dentro
está hecho de miles de ellos
está hecho de las repeticiones de sus propios gestos y lloros
tantos que le es imposible encontrarse la cara con la mano y secarse
los ojos.
Seres inanimados pueblan su costumbre,
tiene espejos atravesándole la columna vertebral,
se apoya pero no lo lamenta,
se acarrea en su soledad sórdida
de un lado hacia otro
con una inexplicable picazón en las ventanas.
Una canción oscura vive en el fondo de sus ojos,
como terminando de alucinarcon
el ángulo homicida empotrado
en alguno de sus enfisemas.
Ha olvidado abierto uno de los cajones dentro de su cabeza,
y es como si una fruta rodara para perderse
debajo de algún sillón.
Y ningún ángel le guardara fidelidad.

Tyrone Maridueña (Guayaquil, 1986)

Nacimiento

Escapar de los sordos abismos de la palabra
es un movimiento que pertenece a los niños

Es crear algo más fuerte que la muerte o el amor
Es la transformación de la ciencia o de lo existente
en algo más elevado;

Todo será expulsado de nuestra piel y quedaremos sonrientes ante el último
nacimiento

seguro las personas que mueran después
podrán escribir con su mano izquierda

-sólo después de cortarse la lengua. Por respeto

su nombre en el sagrado libro de los locos
y entrar a nuestra guarida de lobos y vírgenes azules.

sábado, diciembre 13, 2008

Los ganadores del concurso Ileana Espinel

Encuentros gratos entre los poetas, lecturas de sus creación literaria, lanzamiento de obras y reflexiones sobre el legado de la poeta guayaquileña Ileana Espinel fueron los matices de este festival, cuyo concurso de poesía obtuvo una destacada participación de obras de diferentes puntos del país. La obra ganadora se hizo acreedora a US$500. Citamos el veredicto del jurado, compuesto por los poetas Fernando Cazón Vera, Sonia Manzano Vela y Siomara España.

"En la ciudad de Guayaquil, reunidos los jurados del I Festival de Poesía Joven Ileana Espinel Cedeño 2008, organizado por la Casa de la Cultura Ecuatoriana, Núcleo del Guayas y el grupo cultural Buseta de papel, luego de analizar los trabajos enviados al certamen, se decidió otorgar el Premio Único, al conjunto de poemas titulado “Isadora”, firmado con el seudónimo Ed Kemper; en mérito a las imágenes, al ritmo y a la musicalidad de estos textos, y al buen uso de un personaje de ficción, creando unos versos altamente logrados que le hacen honor solamente a la buena poesía.

El jurado decidió conceder la Primera Mención de Honor a los poemas “La mujer de Helio”, firmado con el seudónimo Euterpe, poemas en prosa de gran fuerza y de imágenes conmovedoras. La Segunda Mención de Honor a los versos “Ambigüedad de deseos” con el seudónimo Min-isis, poemas altamente eróticos y fuertes. La Tercera Mención de Honor para “Desobedientes papeles” con el seudónimo Dick Greison, poemas limpios que conjugan el arte de la escritura con la poesía y la Cuarta Mención de Honor para los poemario “De origen incierto” con el seudónimo Josué Abatista Rodríguez por su musicalidad y sus imágenes logradas.

Dos de los poetas que obtuvieron reconocimientos en el Ileana Espinel: Rocío Soria (Quito, 1979) y César Eduardo Galarza (Guayaquil, 1981)

Abiertos los sobres, se comprobó que el Premio Único, firmado con el seudónimo Ed Kemper corresponde a Rocío Soria, de la ciudad de Quito. La Primera Mención de Honor, firmado con el seudónimo Euterpe, corresponde a Dina Bellrham, de la ciudad de Milagro-Naranjito. La Segunda Mención de Honor, con el seudónimo Min-isis, corresponde a Tamara Pin Acosta de la ciudad de Guayaquil. La Tercera Mención de Honor, con el seudónimo Dick Greison, corresponden a César Eduardo Galarza de la ciudad de Guayaquil y la Cuarta Mención de Honor, con el seudónimo Josué Abatista Rodríguez, corresponde a Johanna López de la ciudad de Quito.

Dado en Santiago de Guayaquil, a los 12 días de diciembre del 2008"

miércoles, diciembre 10, 2008

I Festival de Poesía Joven "Ileana Espinel" 2008


¡Y nos llegaron los cinco años! Celebramos este primer lustro de ininterrumpida actividad de difusión literaria con el I Festival de Poesía Joven "Ileana Espinel" 2009, organizado en conjunto con la Casa de la Cultura Núcleo del Guayas y que se desarrollará en esta institución desde hoy miércoles 10, jueves 11 y viernes 12 de diciembre.

Fundado por Augusto Rodríguez y Miguel Antonio Chávez, contamos hoy con doce integrantes (Luis Bravo, José Nuñez del Arco, Mercy Carmona, Rodrigo Carrasco, Solange Rodríguez, Andrés León, Carlos Terán, Dina Bellrham, Tamara Acosta, Tyrone Maridueña y los antes mencionados). Hemos realizado más de 400 actividades a lo largo del país, entre conversatorios, lanzamientos de obras, ponencias, encuentros de poetas (como el I Festival de poesía joven "Hugo Mayo" 2005) y de narradores, presencia activa en todas las ediciones de Feria Internacional de libros Expolibro y hasta cuenta en su haber el haber realizado la primera chiva acuática literaria de la ciudad en 2005.
Este I Festival de Poesía Joven "Ileana Espinel 2008" contará con la presencia de los poetas jóvenes más importantes del país, como Ángeles Martínez (Cuenca), Carlos Vallejo, Alex Tupiza, Jairo Estacio, Johanna López Santos, Diego Cazar Baquero, David Guzmán, Rocío Soria, Andrea Samaniego (Quito), Edison Lasso (Piñas), Ana Minga (Loja), Cesibel Ochoa (Zaruma), Alexis Cuzme, Ernesto Intriago (Manta), Freddy Ayala (Latacunga), Rafael Méndez Meneses (Naranjal), Siomara España (Manabí), Mercy Carmona (Machala), Víctor Vimos (Riobamba), Dina Bellrham (Naranjito), Augusto Rodríguez, Tamara Acosta, Tyrone Maridueña, Miguel Antonio Chávez, Solange Rodríguez, Xavier Higaldo, Andrea Icaza (Guayaquil).

Este Festival editará, a manera de libro memoria, una recopilación poética de los mencionados autores.

Cronograma del I Festival de Poesía Joven “Ileana Espinel Cedeño” 2008

Organiza la Casa de la Cultura Ecuatoriana Benjamín Carrión, Núcleo del Guayas
y el grupo cultural Buseta de papel.



Miércoles 10 de diciembre

19:00 Inauguración y palabras de bienvenida
19:30 Lectura de Luis Bravo, Dina Bellhram, Andrea Icaza, Tyrone Maridueña, Solange Rodríguez, Xavier Hidalgo y Cesibel Ochoa.
20:15 Intervención musical
20:30 Homenaje a la trayectoria y presentación del libro de Fernando Cazón Vera.


Jueves 11 de diciembre

19:00 Ponencias
19:30 Lectura de Edison Lasso, Alex Tupiza, Diego Cazar, Siomara España, Ernesto Intriago, Alexis Cuzme, Tamara Acosta y Rocío Soria.
20:00 Presentación de libros (Cantos contra un dinosaurio ebrio y Matar a la bestia de Augusto Rodríguez, Te suicida de Carolina Patiño y Caleidoscopio de Diego Cazar Baquero)
20:30 Mesa redonda sobre la poeta Ileana Espinel (Sonia Manzano, Maritza Cino y Fernando Cazón Vera)


Viernes 12 de diciembre

19:00 Ponencias
19:30 Lecturas de Jairo Estacio, Ángeles Martínez, Andrea Samaniego, Freddy Ayala Plazarte, Johanna López Santos, Ana Minga y Víctor Vimos.
20:15 Premiación al poeta joven ganador del Premio de Poesía Joven Ileana Espinel
20:30 Lectura de Mercy Carmona, David Guzmán, Rafael Méndez, Carlos Vallejo, Miguel Antonio Chávez y Augusto Rodríguez.
21:00 Despedida y cierre del Festival

Ponencias:
Siomara España, Augusto Rodríguez, Diego Cazar, Ana Minga, Alexis Cuzme y Freddy Ayala Plazarte.

lunes, diciembre 08, 2008

Post-Fiesta de la Cultura (II): De obras voluminosas y la supuesta “gran novela de Guayaquil”

Por Miguel Antonio Chávez


1. De obras voluminosas y por qué Bolaño nunca arrancó una página

La pasé bien moderando en la mesa de los jóvenes narradores de la Fiesta de la Cultura, El Libro 2008 en Guayaquil: Martha Chávez, Ángela Arboleda y José Núñez del Arco supieron responder las únicas inquietudes que al fin al cabo cuentan, las del público, en gran parte universitario, que demandaba información sobre cómo acceder a los espacios de aprendizaje de la carpintería literaria en Guayaquil, y cómo había sido su experiencia. Martha transitó primero por la carrera de Medicina (algo que, si vemos, tampoco es tan inusual, tan solo si nombramos el caso del portugués Antonio Lobo Antunes); Ángela, por la comunicación, la publicidad y ahora, desarrollando a la par su alter ego como reconocida narradora oral. El caso de José, nieto del novelista ecuatoriano José de la Cuadra, debió desarrollarse desapegándose de este fantasma familiar.

Luego, fue un gran placer para mí haber presentado a poetas latinoamericanos como Rodolfo Hinostroza, William Osuna y Juan Manuel Roca, este último, se retrasó por problemas de su vuelo. Aun así, él se insertó en la mesa y su lectura poética fluyó como lo hicieron sus compañeros de mesa, cada uno son especial sensibilidad. No olvidaré a Hinostroza leyendo con su voz de Tom Waits o la cadencia de Roca. Dos días después tocaba otra mesa de poetas, en la que no pude estar presente, pero tuve el gran gusto de conversar con Jorge Boccanera, quien me preguntaba por la edad de Cristóbal Garcés, personaje muy conocido en el ámbito literario guayaquileño, director de la revista de la Casa de la Cultura del Guayas, crítico, profesor de literatura e incansable viajero. Yo le dije que quizá setenta. Boccanera se sobresaltó, ¿estás loco? Debe tener más noventa, cuando vine acá a Guayaquil (como exiliado de la dictadura argentina) tenía veintisiete, ¡y él ya era viejo!

Sin embargo la pasé aún mejor en la mesa que moderé donde intervenían el venezolano Carlos Noguera, el argentino Gonzalo Garcés y el ecuatoriano nacido en Esmeraldas, invitado por los organizadores desde Quito, Edgar Allan García. En el MAAC Cine, en medio del escenario, y luego de las presentaciones formales de autor, cada uno, sin necesidad de preguntas previas fluyó exponiendo su propia poética de autor. Noguera, presidente de la prestigiosa editorial Monteávila, usando gorra y chaqueta bordada con el logo del gobierno de la República Boliviana de Venezuela, fue sagaz, con gran precisión, lo tenía todo en su carpeta, escrita de manera muy metódica, producto de sus años como tallerista literario y de su formación como psiquiatra. Contó que, inspirado en el espíritu de Tostoi, discurrió una historia cercana a las 600 páginas que fue su novela “Los cristales de la noche”, y de cómo a partir de una experiencia que tuvo con una persona cercana a él, elaboró pacientemente el proceso de demencia de su personaje principal, y que el hacerlo de manera verosímil le resultó difícil. García se centró en la escritura de su obra venidera, un retrato biográfico del ex presidente liberal Eloy Alfaro Delgado, caudillo de la revolución liberal de finales del s.XIX y principios del XX; y de su interés por diversificar sus temas y que, a pesar de que no le molesta, no ser encasillado por completo en el género de literatura infantil, en el que ha incursionado muchas veces, y del que admitió que es rentable. Garcés puso una dosis de humor muy diáfano, muy intelectual a lo Woody Allen, en donde dijo que los primeros borradores de su primera novela “Diciembre” se los iba mostrando a la que luego se convirtió en su esposa, como un afán de conquista. Habló sobre su experiencia como instructor de talleres literarios en Santiago, donde reside, y de su paso por París, donde también vivió. Le pregunté acerca de su cercanía con Roberto Bolaño, con quien aparece en el célebre libro de ponencias “Palabra de América” de Seix Barral, donde también estuvieron Jorge Volpi, Rodrigo Fresán, Jorge Franco, Fernando Iwasaki, Edmundo Paz Soldán, Cristina Rivera Garza, etc. Llegados al punto de responder acerca de si rayaban o no sus libros cuando los leían, Noguera confesó ser un defensor a ultranza de las anotaciones y habló de las cosas que anotaba en sus obras de cabecera, novelas tan voluminosas como la suya. Garcés, con enorme desenfado, enfatizó que hay dos circunstancias en las que un hombre puede tener absoluto control, cuando ordena sus libros en la biblioteca y cuando se masturba. Y se mostró reacio a rayar los libros. Ahí habló de Bolaño: un día que fue invitado a un patético talk show español en donde hacían las cosas más estrambóticas, le pidieron que a medida que lea algunas páginas de su obra Los detectives salvajes, las vaya arrancando por ahí mismo, a lo que él espetó al animador: ¡por qué mejor no te arrancas los pelos del culo! Yo no daño un libro, peor uno mío.

Las preguntas fueron heterógeneas y los tres tuvieron la misma chispa para responderlas. Ahí me di cuenta que la afinidad entre los integrantes de la mesa es muy importante, aunque pocas veces advertimos en ello. Por fortuna sus signos zodiacales o lo que fuere conspiraron de buena manera. No faltó un momento freak en la noche: luego de que Garcés leyera en su portátil Mac su cuento La casa Bender, portador de un suspenso con gran eficacia, se levantó en medio de las penumbrosas butacas un personaje muy asiduo en todo tipo de mesas y coloquios en Guayaquil, Tito Cerda Llona, quien al parecer le chocó ver que alguien leyera sus textos en una computadora (?) y que ninguno de ellos en sus ars poetica encarnaba su “sensibilidad poética”, como él entendía a la poesía y súbitamente empezó a recitar versos floridos, a ratos a lo Darío a ratos a lo Rilke, dirigiendo sus brazos al vaivén de sus olas, que duraron cerca de 12 minutos, a lo que Garcés tomó el micrófono y le preguntó: disculpe señor, no entendí la pregunta, ¿nos la puede repetir? Cuando volteé a verlo, el tipo mágicamente había desaparecido. En primera fila Fabrizio Mejía Madrid, al igual que todo el público presente, aplaudió el epílogo de esta mesa que duró, entre gallos y primavera, la inusual duración de dos horas y media… Y el público con ganas de bis.


2. ¿Existe “la gran novela de Guayaquil”?

Luego de contarle esto a Patricio Burbano, él me habló de una mesa en Quito, en el marco del mismo encuentro. La mesa integrada por Alonso Cueto, Paulo Lins, Álvaro Enrigue y por Ecuador, Francisco Proaño Arandi (agradezco la aclaración de estos dos últimos autores a Patricio y a Eduardo Varas) que aparentemente llegó a la conclusión de que aún no se había escrito la “gran novela de Guayaquil”. Bueno, algo nada nuevo, ya que cuando Alberto Fuguet vino por primera vez, años atrás, a esta ciudad también lo dijo. Sin embargo, sigo sin entender qué es la “gran novela de Guayaquil”. Al menos creo reconocer ciertas novelas clave sobre Guayaquil: desde la mítica y prácticamente desconocida Guayaquil, ciudad fantástica de Manuel Gallegos Naranjo (1901), Las cruces sobre el agua de Joaquín Gallegos Lara (1946) enclavada en el realismo social, hasta más contemporáneas como Tribu Sí (1981) de Carlos Béjar Portilla, la barriada ficticia de Matavilela en El rincón de los justos (1983) de Velasco Mckenzie, la saga de novela negra criolla de El Cholo Cepeda (El cholo Cepeda, investigador privado -2002 y Si es que te queda cariño -2004) de Fernando Itúrburu, y las alusiones metaliterarias en un Guayaquil sumergido en El libro flotante de Caytran Dolphin (2006) de Leonardo Valencia. Sin embargo no es suficiente porque existe un componente más denso, un deber ser que nadie tiene claro. ¿Existe entonces la “gran novela de Quito”? Y si está presente en la obra de Javier Vásconez, ¿será en realidad Quito? ¿Interesa que sea Quito? ¿Le interesó a Pablo Palacio reportar sobre el entorno de las calles Escobedo y García de Quito en su cuento Un hombre muerto a puntapiés? Ya Leonardo Valencia habló mucho al respecto de este tema en El síndrome de Falcón, yo creo que, más allá de eso, se está confundiendo la proyección literaria poco difundida de un país con sus casi nulos referentes exportados fruto de su casi nula industria cultural, como lo viene haciendo México o Argentina desde los años treinta, por ejemplo con su cine y música (en mis clases de sociología me mencionaban el caso de que los filmes mexicanos en blanco y negro fueron medios de socialización para que la gente del campo supiera cómo era el estilo de vida de los chilangos). Creo que esa ausencia es lo que los extranjeros intentan, de buenas intenciones, reconstruir en sus mentes a través de la búsqueda de obras literarias que intenten mostrar siquiera algo, aunque tenga grandes posibilidades de caer en lo superficial. Y si hablamos de literatura como un todo, sería bueno que los interesados en las letras escritas en Ecuador, tanto de fuera como de dentro, sepan que la poesía y la crónica ha dado amplias muestras de registrar, no postales, sino sentires o subjetividades de ciertos espacios vividos de Guayaquil a lo largo de su historia. Si no, deber para casa: desde las crónicas de un José Antonio Campos (alias “Jack the Ripper”), del gran Medardo Ángel Silva, Justino Cornejo, hasta más contemporáneas como las del poeta Jorge Martillo Monserrate. Y en poesía, por solo nombrar unos cuantos casos, Fernando Cazón Vera y el grupo Sicoseo, Fernando Nieto Cadena, Fernando Artieda (hasta el que nada sabe de literatura reconoce ese poema de épica criolla que le dedicó a Julio Jaramillo en su muerte), Fernando Itúrburu, etc… Aún así, la pregunta queda corta, sin responderse, como la basta de una pierna sin medida. Un desafío para la crítica sería rastrear a los narradores contemporáneos en qué medida abordan la temática de la(s) ciudad(es) o si es solo una excusa topográfica para contar sus historias. De ser así Atacames Tonic del quiteño Esteban Michelena sería la “gran novela de la provincia de Esmeraldas”.

A veces pienso que cuando piden “la gran novela de Guayaquil”, están esperando la Trilogía austeriana. Pedir “la gran novela de Guayaquil” es tan inútil como pedir también la de Latacunga, Portoviejo, el recinto Tres Postes o del pueblo fronterizo de Angostura. Pedir “la gran novela de Guayaquil” es pedir que exista la Atlántida.

domingo, diciembre 07, 2008

Post-Fiesta de la Cultura (I): De Fiestas y Ferias

Por Miguel Antonio Chávez


En Guayaquil, a las afueras del MAAC, luego de finalizar una mesa que tuvo la inusual duración de dos horas y media, y que tuve el placer de moderar, el mexicano Fabrizio Mejía Madrid y yo tuvimos la infausta idea, matándonos de risa, que sería bueno que existiera un encuentro internacional de escritores donde, en lugar de abordar sobre literatura, se trate todo lo “off the record”, lo que ocurre tras bastidores o dicho de modo más gringoide los “bloopers”, que solo conocen los escritores. Un noche en un bar de mala muerte en Guadalajara, luego de una jornada de la FIL, Mejía Madrid nunca olvidará que vio gatear a uno de los autores más importantes de la lengua española, hasta erguirse ante el mostrador del bar, sorber de una botella de whisky, dejarla en su sitio y volver a gatear hasta su mesa, donde lo esperaba Juan Villoro.

Conocí a Mejía Madrid, al igual que a Alonso Cueto, Jorge Boccanera, Mempo Giardinelli, Gonzalo Garcés, Carlos Noguera, Juan Manuel Roca y demás, gracias a la Fiesta de la Cultura, El Libro 2008, evento de gran importancia para el ámbito cultural de nuestro país, una iniciativa para que Ecuador sea un visible punto de confluencia, y no sea esa tierra de nadie en medio de Colombia y Perú, como algunas editoriales multinacionales y hasta ciertos escritores hispanoamericanos la habían considerado hasta hace poco.

No por eso ha sido exento de críticas de los más diversos sectores, tanto en prensa como en blogs. Los que más escuché, dicho por escritores, estudiantes y público en general con el que me tocó interactuar durante toda esa semana en el MAAC, fue acerca de la desigualdad en el número de escritores extranjeros invitados en Guayaquil, en comparación con Quito y que también, en el caso de los literatos nacionales, se optó por traer algunos de Quito habiendo probos autores guayaquileños que debieron haber formado parte de estas. Sin denostar, por ejemplo, labor de una poeta tan importante como la quiteña Aleyda Quevedo, la Subsecretaría de Cultura (el ente que representa al Ministerio desde Guayaquil) propuso algunos nombres que abonaron una cuota local que no podía faltar en este encuentro, como Sonia Manzano, Martha Chávez (cuya novela inédita, La memoria correa a mil, mereció un accésit y la edición por parte del Ministerio) y otros poetas que a pesar de que no nacieron aquí hicieron prácticamente toda su vida personal y literaria en la urbe porteña, como Fernando Cazón Vera, Carlos Eduardo Jaramillo y el también artista plástico Hernán Zúñiga. Algo que no deja de ser cierto es que dos narradores guayaquileños, entre los más destacados en virtud de su trayectoria, Miguel Donoso Pareja y Jorge Velasco McKenzie, fueron enviados a Quito como parte de las actividades de la Fiesta de la Cultura en dicha ciudad.

Como diría alguien de mi barrio, mucho más allá de cómo se movieron las frutas, lo medular es no olvidar, como algunos que al parecer cometieron este desliz de la memoria, que esta gran iniciativa (que se espera repetir anualmente, tal como se lo ha planteado a manera de desafío el Ministerio de Cultura) cuenta con dos importantes e innegables precedentes, como lo son el “Encuentro Literario Alfonso Carrasco Veintimilla” de Cuenca y de la Feria Internacional del Libro en Ecuador “Expolibro”, cuya sede en Guayaquil ha recibido desde hace tres años a autores de todas partes del país y del extranjero. El mismo ministro Galo Mora lo sabe, por ello ha salido al paso resaltando la importancia de estas últimas dos, aunque los organizadores de la Expolibro no lo hayan sentido así porque aseguran que no coincide con la expresión de algunos organizadores de la Fiesta de la Cultura.

Ahora bien, implícitamente se ha demarcado una diferencia dialéctica entre “Fiesta de la Cultura” y “Feria de Libros”, siendo la primera una iniciativa estatal (en donde el fin último no consiste necesariamente en la venta, sino en suscitar encuentros en torno al libro) y otra una privada (como muchas otras en todo el mundo, tanto en países de “primer mundo” como en los “en vías de desarrollo”), pero que ha recibido el apoyo de diverso tipo de instituciones, entre esas la Municipalidad de Guayaquil y el mismo ministerio de Cultura. A mi parecer, “Fiesta” o “Feria”, ambas iniciativas son necesarias, ambas lícitas y que deben coexistir y sumar fuerzas. Con todo el esfuerzo logístico que ello implica, sea grande o mediana, de inmenso o de modesto presupuesto, de Guayaquil, Cuenca, Quito o la China, todas merecen respeto, al igual que tienen la obligación de perfeccionarse conforme pasa el tiempo. En el caso de nuestro país, estableciendo un calendario nacional de encuentros internacionales podremos contar con una mejor organización, ha asegurado el ministro de Cultura. Solo un diálogo sincero y constructivo subsanará cualquier malentendido. Porque si revivimos las viejas taras que el actual gobierno nos ha prometido superar, volveremos a canibalizarnos, a invisibilizarnos, y ahí sí nos jodemos, ni cien Marcelos Chiriboga nos salvarán.

jueves, diciembre 04, 2008

13 poetas ecuatorianos, antología publicada en Venezuela


Ya circula la antología 13 poetas ecuatorianos publicada por la editorial El Perro y la Rana, en Caracas, Venezuela. La reconocida poeta y periodista quiteña Aleyda Quevedo Rojas escribió el prólogo, hizo la selección y las notas. Los poetas ecuatorianos seleccionados son: Cachivache (Quito, 1979-2000), Augusto Rodríguez (Guayaquil, 1979), Ernesto Carrión (Guayaquil, 1977), Javier Cevallos Perugachi (Quito, 1976), Carlos Vallejo Moncayo (Quito, 1973), Franklin Ordóñez Luna (Loja, 1973), Enver Carrillo (Quito, 1973), Ángel Emilio Hidalgo (Guayaquil, 1973), Paúl Puma (Quito, 1972), Carlos Garzón Noboa (Quito, 1972), Marialuz Albuja Bayas (Quito, 1972), Pedro Gil (Manta, 1971) y Luis Carlos Mussó (Guayaquil, 1970).

Por Aleyda Quevedo Rojas

La tradición poética del Ecuador resulta imposible sin puntos de fuerza y resonancia fundacional como Jorge Carrera Andrade, Alfredo Gangotena, César Dávila Andrade, Lydia Dávila, Medardo Ángel Silva, Hugo Mayo, Gonzalo Escudero, Jorge Enrique Adoum, Efraín Jara e Ileana Espinel. Partiendo de estos poetas se podría trazar el mapa de la poesía contemporánea del Ecuador, poco editada y difundida en nuestro continente pero que está a la altura de la mejor poesía escrita en Perú, Chile, Argentina, México, Venezuela o Nicaragua. Y es partir de esa rica tradición, que me propuse armar una antología de poetas nacidos a partir de 1970, es decir, en la década en que yo nací, y que hoy configuran una interesante tela que pinta la poesía que se escribe en el país megabiodiverso y pluricultural que somos; Ecuador amalgama de aires urbanos y rurales; el Ecuador de múltiples sensibilidades e imaginarios como se intenta plasmar en esta lectura de estos 13 de la mitad del mundo. 13, número cabalístico, no por lo de viernes 13, sino porque con él apuesto a la poesía futura, convencida de que la mayoría sobrevivirá para contarnos cómo era los que escribían cuando fueron antologados para El Perro y la Rana y publicados en Venezuela.
Si bien toda antología es solo una muestra estructurada desde el gusto, la sensibilidad, el conocimiento y los contactos de la antologadora, toda antología también implica riesgos necesarios, retos esenciales y nuevos detractores, pero para mí es la única posibilidad de difundir diferentes revelaciones de paisajes reales y oníricos. Por ello, aquí está mi antología de 13 autores nacidos en los 80, que sin temor a equivocarme retoman una potente tradición poética, aún desconocida en gran parte del continente y del mundo. Es, como todas las muestras, creada a partir del gusto personal, íntimo y subjetivo pero también ha sido construida a partir de múltiples lecturas críticas, análisis de trayectorias y acercamientos personales, en muchos casos. Es que no es posible trabajar una antología desde la lejanía…pues una antología, tal y como yo la pienso y siento, encierra afectividades, afinidades selectivas, acercamientos cuestionadores y sobre todo, lecturas honestas, por ello, debo confesar que me faltaron tres poetas a lo que no pude incluir porque dos de ellos viven fuera del Ecuador, y el otro, simplemente no tuvo el tiempo para atender mi solicitud.
Siento que, de alguna manera, estos 13 poetas nos muestran una parte del presente y futuro poético del Ecuador. Es la poesía que hoy se escribe en Guayaquil, Quito, Manta, Loja…son poetas apegados a la tradición y poetas que rompen el canon, poetas de enorme rigor en el lenguaje como Ángel Emilio Hidalgo y Luis Carlos Mussó; o de inagotable vitalidad y pureza como Enver Carrillo, Franklin Ordóñez Luna y Carlos Vallejo Moncayo; también están poetas como Marialuz Albuja Bayas, Javier Cevallos Perugachi, Augusto Rodríguez y Carlos Garzón Noboa que se mueven por las aguas de las imágenes, las ciudades y su rico mundo interior; Pedro Gil, Paúl Puma, Ernesto Carrión, son poetas de rupturas y tradiciones, de submundos y ficciones; y Cachivache, rarísimo poeta que nos dejó una de las más singulares poéticas ecuatorianas, un mundo propio y una voz inconfundible. Todos ellos, tras la herencia y la ruptura de sus más inmediatos como Paco Benavides (1964), María Fernanda Espinoza (1963), Margarita Laso (1963), Edwin Madrid (1961), Jorge Martillo (1957), Roy Sigüenza (1958), Carmen Váscones (1958), Mario Campaña (1958), quienes ya han dado significativos aportes a la nueva lírica del Ecuador.

lunes, diciembre 01, 2008

Tres ensayistas en la Fiesta de la Cultura

Por Juan Secaira

La fría tarde capitalina cobija la conferencia titulada La crítica literaria en Ecuador, en el marco de la Fiesta de la Cultura. Es viernes y la gente entra y sale de los varios salones del antiguo hospital Eugenio Espejo, en Quito.

El público se muestra expectante mientras los expositores se acomodan en sus asientos. El moderador, Marco Arauz, hace una breve reseña de la carrera literaria de Vladimiro Rivas, Wilfrido Corral y Santiago Páez, ellos lo escuchan atentos; antes ha realizado una aproximación al ensayo, precisamente desde el punto de ensayar, intentar, decir algo no definitivo; y lanza la primera pregunta: ¿Cuál es el objeto de estudio en sus ensayos?

Rivas, chaqueta de cuero, camisa roja, prominente calvicie y barba cuidada, señala que en su último libro, sobre la obra de César Dávila, a medida que iba leyendo las poesías del mencionado autor, se iba transformando, hasta ser otro al final de la investigación. Prácticamente fue una reescritura, dice, un encuentro con lo inesperado, una aproximación de las muchas posibles. “Como no soy poeta, dice, leo y traduzco poesía, y la hago objeto de mis ensayos, desde una posición lejana”.

Corral, con terno y corbata, señala que realiza una jerarquización y selección de los autores y las obras que investiga, pues “no puedo escribir de cualquiera” y cuenta que en Cuenca un poeta se le acercó y le preguntó por qué no realizaba un ensayo de su obra; a lo cual Corral contestó que no escribía de poesía sino de narrativa. Después profundiza en la orientación que da a los ensayos y cómo su visión ha ido expandiéndose conforme ganaba en experiencia.
Y añade que en Ecuador no existe un diálogo de ideas, “si es que a los demás no les gustó lo que escribiste, pues te excluyen; no se confronta el pensamiento”, da la impresión, digo yo, de que se niega al otro, en un acto de envidiosa venganza más que de crítica literaria.

Luego Santiago Páez, camisa amarilla, boina negra, cuenta cómo fue creando su libro de ensayos, Itinerarios, que nació de una serie de temas de sus clases de maestría en la Universidad Andina, en la cual Páez era estudiante. Cuando presentó el libro a una editorial académica, ésta lo rechazó; finalmente Paradiso Editores aceptó el reto y lo publicó. Páez añade que el narrador que se mete a ensayista corre el riesgo de que la gente crea que las ideas que plasma en los ensayos se repetirán en sus novelas o cuentos, lo cual crea un espacio en la recepción de las obras.

Ante una pregunta de Diego Araujo acerca de que parecería que los tres expositores negaran su formación académica al momento de escribir sus ensayos; Rivas y Corral dicen que ellos no niegan esa influencia. Rivas asegura que hay ensayos con todos los elementos formales, citas, estructura, etc., pero sin contenido, y viceversa.

Corral explica que es necesario investigar y al mismo tiempo darle una forma atractiva a dicho material, para acercarse a un público más amplio.

Por su parte, Páez afirma que él si reniega de su doctorado en literatura, pues el modelo estructuralista es demasiado esquemático. “Imagínense a un lector joven sacando las 16 funciones de un cuento, y realizando esos esquemas, no…”.

Los tres expositores también hablan de la globalización, del sectarismo de cierta crítica, de los aportes de críticos y ensayistas como Aurelio Espinosa Pólit, Juan León Mera, entre otros, y de la recepción de la obra por parte del público. Corral apunta que los autores, y las obras, del siglo 19 han sido ignorados, no solamente en Ecuador sino en el mundo, y que ahí existe un terreno amplio para los investigadores de literatura. Al final de la velada, la gente se muestra conforme, pero uno que otro se queja de las preguntas demasiado generales del moderador; no obstante, los tres expositores sustentaron sus puntos de vista con talento y seguridad.

Entre el público estuvieron Gabriela Alemán, Carlos Calderón Chico, Margarita Laso, Cristóbal Zapata, entre muchos otros. También Javier Vásconez, quien me aseguró, haciendo referencia a mi libro, Obsesiones urbanas, que Humberto Salvador le parecía un mal novelista, aunque sus títulos eran muy buenos. La concurrencia no me permitió contraatacar; sin embargo, al final de la exposición pudimos hablar por varios minutos.

Como datos curiosos, tres observaciones:

1. Al inicio de la exposición, Marco Arauz presentó a Páez con Rivas, éste último no conocía a Páez. Esto es peculiar, pues son dos autores con una amplia trayectoria. Rivas se mostró claro en su forma de comunicarse y defendió la idea de que el ensayo es un punto de vista no definitivo. Además habló de Platón y sus cualidades poéticas, y de la sorpresa que le causa la recepción de un poema, pues escapa al funcionalismo de la comunicación. Incluso recitó unos versos de Escudero para demostrar su idea.

2. Corral fue cordial con sus contertulios, incluso les hizo preguntas y permitió que el diálogo fluyese. Transmitió honestidad y rigurosidad académica. Después hablé con él, me dijo que había comprado mi libro, que regresaba la mañana del sábado a Cuenca y que seguiríamos en contacto. Me pareció un hombre sin poses, nada egoísta y abierto a escuchar las ideas de los demás.

3. Páez, como siempre, fue lúcido en sus intervenciones; las matizó con anécdotas pertinentes; por ejemplo, defendió a la literatura de las garras de un profesor, “el único colombiano antipático que he conocido”, que en sus clases aseguraba que la literatura no servía para nada y que él disfrutaba más de los multi media y desechaba los libros. También tuvo tiempo para demostrar lo que no es un ensayo, al opinar acerca del libro Costumbres de los ecuatorianos, de Osvaldo Hurtado.

El telón cayó, más allá de las 19:00, salí del edificio y caminé hacia mi casa; en el trayecto pensaba en lo que dijeron los expositores y en que tenía que escribir acerca del encuentro; mas, tuve que escabullirme dos veces de la presencia de varios ladronzuelos ávidos de nuevas víctimas; pero esa es otra historia, una más de la desigual y contrastante Quito.