miércoles, febrero 27, 2008

Novelistas ecuatorianos escriben del sueño al desencanto político


Por Gilberto Lopes gclopes@racsa.co.cr

Acunada en el seno del volcán Pichincha, parece inevitable comparar: la ciudad de Quito está enclaustrada en su valle, como San José está en el suyo. Guayasamín veía la ciudad arropada de colores, y la pintó verde, blanca, azul, roja, negra. Pero se trataba, más bien, de estados de espíritu, aunque no se puede descartar el color de las estaciones, que van iluminando la ciudad con tonos diversos. La diferencia es que Quito es andina, y eso tiene que ver con una herencia indígena de la que carece San José, así como sus noches, más frescas que las nuestras, después de haber vivido, en un solo día, una pincelada de cada estación.
Lloviznaba, mientras recorríamos sus calles, subíamos sus cerros, la mirábamos con una inevitable sensación de caminar por una familiar ciudad desconocida.
¿Cómo asomarse también a su literatura? ¿Por dónde comenzar? ¿Qué se publicaciones recientes se encuentran en las librerías de Quito?
Desencanto en Poso Wells. Quizás lo más reciente sea Poso Wells, de Gabriela Alemán, una quiteña nacida en Río de Janeiro. Ella cumplirá 40 años y tiene ya una trayectoria reconocida en la literatura ecuatoriana. Poso Wells es su segunda novela y se presentó en Ecuador en octubre.
El año pasado, Alemán participó en la reunión, celebrada en Bogotá, de 39 autores latinoamericanos menores de 39 años, parte de lo que, de más nuevo y mejor, se está publicando en la región.
“Una sátira”, dice ella, en reciente entrevista, para explicar su novela, ubicada en los barrios marginales de Guayaquil, pero cuyo escenario es, en realidad, una caricatura del submundo de la política, resumida en el divertido capítulo inicial titulado “El candi-dato”. “Quería inicialmente que el libro saliera como un folletín, y para que esto funcionase debía existir un deliberado intento por crear suspenso”, explica.
El resultado de la novela es algo disparejo. Gabriela Alemán construye una trama en la que se combinan, con cierta tensión, temas como la desaparición de mujeres en medio de un laberinto de túneles subterráneos que recorren la ciudad; la mezcla de corrupción, política y negocios, que mantienen en vilo al lector hasta algo más de media novela. Es en el desenlace, en los dos capítulos finales (de los tres que tiene la obra) donde esa tensión se diluye, se pierde algo del ritmo que nos mantenía atrapados mientras se describía el escenario.
Gabriela Alemán precisa una de las razones por las que escribió Poso Wells: “Como varios cientos de miles de ecuatorianos, estaba cansada, de la manera en la que el discurso de la crónica roja se ha filtrado en toda narración de la realidad. Ese discurso se alimenta de la escena del crimen y después desaparece. En la isla Trinitaria en Guayaquil, en la Jaime Roldós, el Comité del Pueblo en Quito, ¿solo se experimenta la muerte, el odio, la droga, la venganza? ¿Nadie vive, ríe, aprende, sueña, desea, crea, también en esos barrios?”.
Son los personajes rebeldes, los que se niegan a aceptar la arbitrariedad y el abuso del poder, los que dan vida a esa otra cara de la realidad; los que, de algún modo, sobreviven a la catástrofe.
Poso Wells, metáfora de la novela En el país de los ciegos, que H. G. Wells sitúa en Ecuador, fue recibida con una crítica mixta, que destaca su “prosa ágil”, sin dejar de señalar que “no es una novela que conmueva o apasione”.
La alucinación en El hacha enterrada. Si Alemán representa una nueva generación, Iván Oñate (de 60 años) es la generación intermedia. Sus cuentos, se publicaron originalmente en 1987 bajo el título El hacha enterrada y llevan ya siete ediciones. Ciertamente, son mucho más lúdicos e incursionan casi siempre con gran acierto en el terreno de los sueños, donde las cosas no son lo que parecen.
De los ocho cuentos que lo integran, ninguno atrapa tanto como “La media estocada”, una melancólica conversación en un bar, en la que Manolo, el “torero”, y su mozo de estoques, reconstruyen sus patéticas presentaciones por los pueblos del interior, hasta construir un escenario desolador que los amigos deshilvanan en medio de unos tragos de mala muerte.
Sin embargo, Oñate no afloja la tensión, muy lograda en todos los cuentos (salvo en uno, “Por entre los árboles”, confuso). Notables resultan “En el límite” y “La fiel literatura”, en los que se va construyendo paulatinamente lo equívoco de la situación, que conduce a desenlaces inesperados.
Oñate juega con maestría en el terreno impreciso en el que se traslapan el sueño y la realidad, dejando al lector el espacio necesario para aportar a la historia con su propia imaginación. “Libro emblemático de una de las voces más originales de la literatura ecuatoriana”, dijeron algunos críticos. Oñate tiene también una vasta obra, sobre todo de cuento y poesía.
Concierto de sombras. Este recorrido se cierra con Concierto de sombras, de Alicia Yáñez Cossío (79), una de las escritoras más reconocidas del Ecuador. Publicado en el 2004, Concierto de sombras es una especie de libro de memorias, en el que los recuerdos se hilvanan mientras se viaja de Miami a Quito en un vuelo en el que la narradora encuentra a un viejo amigo de la infancia, transformado en un diplomático presuntuoso, que ha perdido todo el encanto de la juventud.
Escrito en tercera persona, el relato hace un recorrido por el mundo del Quito de hace algo más de medio siglo, poblado de personajes cargados de un catolicismo antiguo, paño de fondo de toda la vida social. En todo caso, no es la obra principal de la escritora, quien en estos días acaba de publicar otra novela. Alicia Yánez ha escrito más novelas que cualquier otro ecuatoriano.
Tres propuestas, de tres generaciones distintas, nos ofrecen un panorama de una literatura desconocida en San José, pese a la cercanía geográfica y a la hermandad del paisaje.

(Fuente: nacion.com /Áncora/ Costa Rica)
http://www.nacion.com/ancora/2008/febrero/03/ancora1402860.html

lunes, febrero 25, 2008

Entrevista a Tulio Stella:"Quisiera leérmelas todas"

Por Claudia Apablaza


La Familia Fortuna
Tulio Stella (Buenos Aires, 1944)
Editorial Lengua de Trapo
Madrid, 2001

¿Es el lector como agente activo del texto? Es decir, más activo de lo que es “normalmente”. ¿Cómo es tu propuesta hacia el lector?
Dejando bien en claro que considero que siempre el lector es agente activo del texto, en mi caso intento potenciar esa función: la inter-independencia de los 7 libros (yo los llamo novelitas) que integran la novela “La familia Fortuna”, el que no haya ninguno que sea primero o último, el aclarar desde la portada que el orden de lectura es el que elija el lector, creo que establece una “diferente mirada” a toda la novela. Una re-categorización permanente, como Gerald Edelman dice del funcionamiento del cerebro y de la mente. O sea, y lo he comprobado hablando con algunos lectores, según haya sido su elección, según hayan elegido comenzar por una u otra novelita, su visión de quienes son los protagonistas, por ejemplo, o de “quienes ellos eligen como protagonistas” es diferente. En síntesis, tiene algo que ver con la búsqueda de una obra abierta, que el lector debe cerrar, o de una obra incompleta, que el lector debe completar. En fin, un lector activo, despierto, creador.


¿Qué ideas de narrativa o de literatura se desprenden de esa propuesta?
Tal vez, y si bien corro el riesgo de sonar un tanto ingenuo y un mucho pretencioso, la literatura como despertadora, como avivadora de conciencias. Narrar una historia que “sirva para algo” (con perdón). Y también, como juego, como desafío, como estimuladora de la inteligencia. Ya que creo en la literatura como un intento de “entender el mundo” o “de qué va la realidad”, y porque pienso que “entender”, o intentar hacerlo, es una de las pocas formas seguras y exentas de peligros mesiánicos de intentar “salvar al mundo” (y otra vez, con perdón…) o por lo menos de mejorarlo un poquitín…


¿Cuál es la temporalidad de esta novela? ¿Cómo funciona? En cierta medida atacas las temporalidades convencionales, incluso la corriente de conciencia. Este gesto de lograr la temporalidad múltiple desde la intervención de la materialidad del libro, me huele a propuesta política. ¿Es así?
De alguna manera, creo que sí, en el sentido político, de polis como el mundo que nos rodea y del cual somos siempre responsables. Y que esa búsqueda de una “duración”, de un tiempo no lineal, de esa idea del tiempo (interior, subjetivo y también exterior, objetivo) múltiple, como diversos planos que se van encastrando sin prioridad ni preeminencia, tiene que ver con nuestra idea - la idea contemporánea, nuestro “espíritu del tiempo”- en donde el tiempo no tiene la lógica del reloj sino la lógica (¿cubista?) de la manera peculiar en que percibimos la realidad. Una novela es siempre, aún el nouveau roman francés que en su momento me influyó mucho, una descripción de la realidad. El espejo que se traslada al borde de un camino, creo que algo así era la idea de Stendhal, ¿no? Una novela “realista”, entendiendo “realismo” como el naturalismo de Dickens o Zola, o de muchos escritores contemporáneos, en ese retorno al “realismo” y a “contar historias” de moda en los últimos tiempos, que sospecho no responde a nuestra real concepción del tiempo, (o, más modestamente: a mi percepción del tiempo) y por eso, busco, intento, esa temporalidad múltiple, ese especie de travelling que se da tanto en la temporalidad como en el punto de vista múltiple, cambiante, de La familia Fortuna.


Planteas la estructura de la novela como poseedora de un gran secreto. ¿Es la reproducción de las estructuras y funciones de las constelaciones familiares?
Todas portadoras de grandes secretos que el lector/familiar debe conocer con la lectura/vida.
Más que de “un gran secreto”, es de varios, pequeños secretos; hasta podríamos llamarlos “pequeños misterios” que se anidan en las constelaciones familiares (hermosa expresión, te felicito), y también y sobretodo en la Familia humana, y que constituyen su esencialidad, su unicidad.


¿Cuál es el gran secreto de esta novela? Para mí es la muerte del padre, el señor Fortuna. Es desde ahí que se estructura y desarrolla todo. Desde y hacia ese núcleo.
Desde mi modesto rol de autor, que quiere compartir y exige compartir su responsabilidad con el lector, por ende, mi interpretación no es la Verdadera, sino simplemente la forma en que la trabajé en cuanto estructura: Más que la muerte del señor Fortuna padre, el “gran secreto” es la
explosión de esa bomba en la fiesta familiar, una bomba quizá estúpida(¿quién la puso?, nunca se sabe. ¿Alguno de los presentes en la fiesta fue el causante? ¿O fue simple causalidad, una bomba abandonada en un jardín por un grupo de terroristas perseguidos?) esa explosión, que es indirecta causante de la muerte del Fortuna padre, hace volar por los aires a esa familia, y esos fragmentos son las historias que se encarnarán en cada “novelita” y que todas constituyen la novela enmascarada. Esos fragmentos vuelan por el aire, y al caer, el dibujo incierto y peregrino que han trazado es la novela que crea el lector con esas “esquirlas” de historia.

Y los pequeños secretos: La homosexualidad de Toni, la muerte de la mujer de agustín, la procedencia de los hermanos gemelos. ¿Por qué trabajas con micro secretos?
Porque los micro secretos, o pequeños misterios, anidan en cada familia, y en todo ser humano. Si bien la homosexualidad de Tony no es ningún secreto (es alguien que hizo bandera de su sexualidad para aterrarse cuando esa sexualidad y su “presunta culpa” lo lleva a la muerte, y que crea en él una especie de rechazo a su sexualidad, una especie de “conversión” mística y poco digna.). La mujer de Agustín ha tenido también su misterio (ocultarle al marido su pasión militante), etc. Y sobretodo, la bastardía del señor Fortuna, solo develada por su viuda en Linguaglossa, como un microsecreto fundante de la mitología familiar. O el secreto de la pareja de a tres de Florencia y los gemelos, que en “La venganza de Beatriz”, si el lector ya transitó el “Amor fati”, es un misterio solo para Beatriz Fortuna. Me encanta que el lector conozca secretos de los personajes, que a veces ni ellos mismos aún saben, o que tal vez no sepan nunca.

¿Hay alguien afortunado en la Familia Fortuna?
Casi todos, creo, a su manera… Excepto Laura Fortuna, la madre “adoptiva” de los gemelos, que ni siquiera tiene su “novelita” propia, su historia es una historia de frustración, de noexistencia (no saber es no existir), de culpa boba, boba en el sentido de que no es una “villana”: ella adopta a esos gemelos sin preguntar, sin querer saber de donde provienen, y su aparición en las diferentes historias es siempre sesgada, de costado, contada por otros. Apenas la distingue esa “mirada triste” que registra Tony en “Arte poética”. Y también hay otros desafortunados totales: por ejemplo Tony, el escritor de carrera, trepador y mediocre, que muere malamente sin tener conciencia de su irremediable estupidez. Por eso es el protagonista de “Arte poética”, que es mi ars poetica o descripción del método que usé para La flia Fortuna: Contar una historia que significa otra cosa, una historia-metáfora; y que finaliza con la antítesis total de ese tipo de escritor: Silvina O. muriendo la muerte de los que han aprovechado su vida, gozado su vida (creo que no es difícil identificar a Silvina O. como a Silvina Ocampo, ¿no? Para mí, una gran escritora, una creadora). Otro desafortunado: el pobre y efébico ruso, una especie de animalito arrastrado por los vendavales de la historia. El resto de los personajes, como todos nosotros, son alternativamente afortunados o no, según sus circunstancias. Y si son “bastante” afortunados es porque casi todos, de alguna manera, “se salvan”; desde la abuela, (“Linguaglossa”) que elige hacerse cargo de su nieta, hasta el vengador, (“Pistol Star”) que quiere matar a su hermano y termina dándole la mano, o a este, el agónico hermano mayor, el que muere en la unidad de terapia intensiva, que consigue, poco antes de morir, pedir perdón, sin palabras, con un gesto. Perdón por la torpe denuncia que causó la muerte de su cuñada, que más que la denuncia de un vil colaboracionista, es la imbecilidad de un hombre común, que en épocas aciagas de la historia argentina, ve a su alrededor el horror de secuestros y desapariciones y está tan aterrado que se justifica diciendo “algo habrán hecho”. Si hasta la rusa Larissa Tarada se salva…encontrando el amor, aunque esto está bastante “enmascarado”, creo.

¿Crees que la dramaturgia te ayudó a montar y desmontar esta obra? Porque supongo que en el proceso de creación montaste en una gran y luego la desmontaste en textos independientes.
Es posible, la lección de la dramaturgia puede haber sido la síntesis, la concentración que exige cada historia. Sin embargo, mis intentos a lo largo de años fue escribir una novela “normal” en donde se iban alternando las diversas historias, pero eso no funcionaba; hasta que en un momento, inspirado por una frase del Finnegan´s Wake “cada historia un deleite en sí misma” me di cuenta que cada historia tenía que tener su independencia, y a partir de eso apareció la imagen de la caja que contendría los 7 libros dándoles inter-independencia. Sin saberlo, intenté poner en práctica lo que sugiere un critico italiano: Filippo LaPorta, (en el Corriere Della Sera de hace unos poco días) que dice que el futuro será el tiempo de las escrituras híbridas más abiertas y flexibles, capaces de representar la ambigua multiplicidad de lo real…A partir de esa multiplicidad, encontré la estructura de la familia Fortuna. Algo muy Bauhaus, en donde la función dicta la forma.


¿Es necesario leerlas todas?
Creo que sí, en el sentido que la novela La familia Fortuna es todas las novelitas que la integran.. Salvando las distancias, sería como leer madame Bovary e interrumpir la lectura cuando muere Emma, faltaría el tremendo final del pobre Bovary y de su hija. Si el lector no lee todas, le quedaría “una parte de la realidad” sin visitar, sin conocer. Ese el esfuerzo que le pido al lector. Por eso, consciente de ese esfuerzo, intenté que fueran “legibles” y hasta entretenidas, dentro de lo posible y dentro de mi capacidad de hacerlas entretenidas.

¿Crees que el lector/mercado no coincide con una obra así? Lo digo por la dificultad que se presentó al publicar tu obra cuando te ganaste el premio.
Misterio. Creo que lo que no coincide con esta novela (o no todavía) es el editor mercado. La familia Fortuna parece un proyecto desmesurado; sin embargo, un editor inteligente y creativo (que todavía no ha aparecido, helás) podría hasta pensar en editar los 7 libros por separado, y quien quisiera fuera completando la obra, como un juego, o armar un puzzle… Claro, siempre tratando de que “las novelitas” fueran apareciendo en el mercado simultáneamente, para no perder la inter-independencia. La no preeminencia de una sobre las otras, que a veces puede darla simplemente el orden de aparición (pienso en el Cuarteto de Alejandría, de Durrell, en donde siempre se considera Justine la primera y a Clea la última, por que ese fue el orden de aparición de las novelas.)

En qué texto trabajas ahora o en qué proyectos.
Luego de un largo y laborioso intento de novela “bio-histórica”, aún inconclusa; y luego de un largo parate, o writer´s block, que aparte de ciertos avatares personales, tuvo que ver con mi debilidad. Digo debilidad en cuanto que me costó digerir el aparente “fracaso” o falta de suceso de “La familia Fortuna”, una novela en que yo había invertido (y creo que es justo el término financiero) muchos años de mucho trabajo. Una especie de summa de mis primeros 30 años de escritor… Ahora ya pasó, y acepto que quizá seré postumo, con suerte, y mientras espero la posteridad he retomado otro proyecto bastante absurdo, complejo, y etc., que es una novela cuya primera parte escribí en la decada del 60, a los 22 años… veremos, será rara. Se podría decir que tengo tres novelas escritas y “normales” (cada una en un solo volumen, con unidad de tema) y la que retomaré luego de finalizado el actual proyecto sesentista, es la bio-histórica que es “bastante normal”., pero como venía saliendo para mi gusto demasiado “académica” la interrumpí esperando que decantara, y que trataré seguramente de hacerla volar por el aire y montar, luego, las esquirlas dispersas… Veremos.

¿Te molesta la imagen del escritor sentado frente a un Pc, sólo escribiendo? Es decir, ¿apelas a otros formatos?
No me molesta, y todavía no he apelado a otros formatos, pero me tientan. Apenas supere mis miedos (generacionales) al ordenador e Internet, creo que visitaré ese mundo. La soledad ante la PC me pesa cada vez menos, estoy en una etapa de mi vida (por primera vez) que gozo de esa soledad. Para mí, es casi un triunfo.

¿De qué más se alimenta tu escritura?
De todo. La actualidad, la locura y la mediocridad del mundo; la frivolidad y el mejor pensamiento contemporáneo (René Girard, Emanuele Severino); la memoria, propia y ajena. Y las ganas de reaccionar contra la queja. La conciencia de que la mayoría de los escritores, críticos y lectores, hoy por hoy, somos privilegiados en un mundo en donde gran parte del mismo aún se debate entre el hambre y la desesperación, y que no tenemos derecho al plañido que se ha convertido en el ruido de fondo favorito de gran parte del mundo intelectual; ni al autolesionismo (esa mezcla de culpa e intento de expiación) que se ha vuelto uno de los tics favoritos de los creadores contemporáneos, especialmente del mundo “desarrollado”.

Literatura & política.
Sin duda, no hay literatura sin política. En mi caso, mi “política” como señalé más arriba, es compromiso con la familia humana, no política partidista. Más bien una política que se anime a no ser ideológica ni políticamente correcta, sino verdadera. Creo que muchos de los grandes papelones del siglo pasado lo hicieron escritores cuando presumían de activistas o comentaristas políticos.

Algunos escritores de referencia y de no-referencia.
De no referencia serían muchos, especialmente aquellos que insisten con el “realismo” tipo Philip Roth o los ingleses, excepto – por ejemplo- Iris Murdoch; y también aquellos escritores que en pos de una carrera, o atrapados por el mercado editorial, poseídos por una furia escritural lanzan un libro tras otro sin meditar, sin corregir, sin dejarlos en un sabio reposo de años… Pero esto tal vez sea solo envidia. Como referencia, entre mis contemporáneos podría nombrar sin dudar a J.M. Coetzee , y especialmente “Desgracia” o “Elizabeth Costello”, que considero Obras Maestras. No leo demasiado lo que se escribe hoy, lo reconozco, por eso mi opinión en el tema es, como mínimo, incompleta. Últimamente me he dado un baño de Flaubert, leyendo conjuntamente sus “Cartas” y la Bovary., (o sea, a medida que Flaubert escribía “Bovary” y comentaba lo que escribía, los problemas que se enfrentaba, el hartazgo y esfuerzo que le causaba esa escritura). Me resultó un excepcional taller literario. Ahora estoy leyendo “Hambre” de Knut Hamsum, que me parece modernísima y extraordinaria. Muchos de los hoy “aclamados” me aburren soberanamente, me parecen tristes y mustios. Pero, repito, eso quizá sea porque no he leído a quienes debiera. Algún día ya llegarán a mis manos. Sí, tengo como referencia (o mini-canon) al Perec de “La vie mode de emploi”, al hungaro Péter Nadas y su “Libro de memorias”, a la Elsa Morante de “Mentira y Sortilegio”, al Carlo Emilio Gadda de “El conocimiento del dolor”, o a la reciente y ajustamente Nobel Doris Lessing de “Memorias de una sobreviviente” y “Shikasta”. Y muchos más, claro: A. B. Yehoshua con su “Mr Mani”, o a la Wolf y “Orlando”, a Thomas Mann, al Herman Broch de la “Muerte de Virgilio” (al cual creo rendir un modestísimo homenaje en “Pistol Star”), o todo Onetti. Y como soy un latinoamericano de origen europeo, sección Argentina, no podría dejar de nombrar a Borges, a José Hernández, a Sarmiento, a Martínez Estrada. La Argentina ha sido muy afortunada con los escritores que ha tenido. Ha sido. En esto es lo único en que podría decir: “Todo tiempo pasado fue mejor…”


Publicada en la revista virtual Dado Roto, reproducida con el permiso de su autora.

jueves, febrero 21, 2008

"El libre albedrío no va más allá del poste que uno elije o no para agarrarse": Samanta Schweblin

Por Miguel Antonio Chávez

Flamante ganadora del Casa de las Américas 2008, en categoría cuento, Samanta Schweblin cuenta sobre su premio y la cadena de eventos que surgieron a partir de entonces para esta autora, hoy, entre las narradoras jóvenes más importantes de Latinoamérica.


Pocos años atrás, un reportaje del diario Página 12, te ubicó junto a otros escritores jóvenes (Juan Terranova, Shila Vilker, Maximiliano Matayoshi) como parte de una “Sub-30 de la narrativa argentina”, ¿qué resonancias tuvo eso en lo personal, como autora, y en el ámbito literario?
Dentro del pequeño mundo literario argentino puede decirse que hay un movimiento interesante entre los nuevos escritores. Son muchos, y los medios culturales nos están dando cierto lugar. Cuando uno recién comienza las notas son buenas para empezar a contactarse, conocerse y leerse entre los pares. Conozco a gran parte del “sub-30” como decía la nota, y se lo debo casi todo a las entrevistas, las presentaciones de libros o eventos por el estilo. Las notas también te obligan a empezar a pensar ciertas cosas sobre lo que uno hace y el lugar que ocupa. Hay que responder preguntas como Porqué uno escribe, Qué opina sobre la literatura actual, Qué opina del mercado, etc., etc. Preguntas que pueden contestarse a veces con ironías o alguna anécdota graciosa, pero que en cuanto uno las piensa con cierta seriedad se da cuenta que responderlas implica responsabilidad (o no), cierto conocimiento de tema (o no), en fin, tarde o temprano uno tiene que sentarse a pensar todo eso, y a mi particularmente me cuesta bastante tomar decisiones sobre ese tipo de preguntas!


Recuerdo que en el 2003 me comentaste que para un autor novel el publicar en editoriales multinacionales resultaba muy difícil en Argentina. Luego de que tu primer cuentario, El núcleo del disturbio, saliera bajo el sello Destino (del grupo Planeta), ¿te volviste menos escéptica?, ¿le ocurrió lo mismo a otros autores contemporáneos a ti?

¡Sigue siendo tan difícil como antes! Para empezar, publicar en Planeta-Argentina no significa que ese libro llegue a todos los países en que se encuentra la editorial. Cuando yo llegué a Planeta tenía todos los contras que se podían tener para ser editada. Primero y principal, era diciembre del 2001, es decir, el peor mes de la última gran crisis argentina. Segundo, era inédita. Tercero, tenía solo veintitrés años, y cuarto, era cuentista (En argentina, para los editores, los cuentistas no somos más que esperanzas de novelistas). Sin embargo, Planeta leyó el libro y apostó a la edición. Pero respondiendo a tu pregunta, creo que realmente tuve mucha suerte con eso, y sigo siendo tan escéptica como antes al respecto.


¿Qué opinas del surgimiento de editoriales independientes en países como el tuyo, o México, Chile o España, en las cuales autores importantes han optado por publicar? Pongo como un ejemplo Interzona, de Argentina, donde vemos a latinoamericanos como Villoro, Bellatin o Aira; o la mexicana Sexto Piso, donde aparece el israelita Etgar Keret.
Me parece una excelente apuesta si el autor ya tiene cierto reconocimiento. La editorial se favorece, y el escritor también, porque al ser una editorial chica estará mucho más comprometida con la distribución y promoción del libro. Acá hay muchas editoriales nuevas. Salen con autores noveles y ediciones atractivas, es muy bueno que eso esté pasando.


Esta década nuestra región también ha visto un auge de antologías narrativas. Entre las tantas que has sido incluida (“Cuentos argentinos” –Siruela, España. 2004–, “Album” –Claudia Apablaza, literaturas.com, 2007), ¿a qué escritores has descubierto y/o seguido a partir de ahí?
Sí, es verdad. Acá en Argentina, particularmente, se editaron muchísimas antologías estos últimos años. Es interesante, porque podría ser un buen impulso para el género cuento, y es una buena manera de conocer nuevos autores, o tomar contacto con autores que uno ya leyó pero nunca tuvo oportunidad de abordar. Esa última antología que nombraste, sobre todo, “Álbum”, me puso en contacto con narradores latinoamericanos para mi totalmente desconocidos hasta entonces. Y algunos de ellos con textos muy, muy buenos.


Háblanos del Casa de las Américas, del cómo te animaste a participar hasta cuando empezaron a llover las llamadas y las entrevistas. ¿Qué tal fue cuando te enteraste que Mario Bellatin fue uno de los jurados que leyó tu cuentario “La furia de las pestes”?
El jueves en que recibí la noticia volví a casa muy tarde, alrededor de la una, dos de la mañana. Tuve que consultar mi casilla de correo a esa hora porque de un mail dependía que tuviera que levantarme temprano o no al día siguiente. Encontré en la bandeja de entrada un mail de Casa de las Américas con el subject: “Felicitaciones”. En cuanto lo leí empecé a levantar a todo el mundo de la cama a telefonazos. Es increíble lo asustada que atiende la gente a esa hora. Fue muy divertido. Al momento del fallo yo no había leído a ninguno de los jurados. De inmediato me puse en campaña. Exceptuando a Bellatin, la obra de los otros cuatro jurados no está editada ni disponible en Argentina. Pero conseguí bastante información por Internet. Luis Lopez Nieves, por ejemplo, tiene mucho material on-line. También hay cuentos de Humberto Mata, y de María Elena Malla. Todos me parecieron muy buenos. Como Francisco Proaño Arandi es embajador de tu país –Ecuador- acá en Argentina, tuve la oportunidad de reunirme con él y conversar. Él mismo se contactó conmigo y fue muy amable y generoso en su devolución de la lectura. Realmente estoy muy agradecida con todo el jurado, pero claro, él ha sido de alguna manera el portavoz.


En los 60, Sábato admitía su desconocimiento de referentes lúdicos, a diferencia de otros países de la región, en la literatura ecuatoriana (que sí los hubo y hay) dada la fuerte impronta que dejó el indigenismo y el realismo social en los 30. ¿Qué tal fue tu reciente encuentro en Buenos Aires con Francisco Proaño Arandi? ¿Qué has podido escuchar o leer de los autores de Ecuador?
Intenté por mi parte conseguir material de él en Argentina, pero no hay nada editado acá todavía. Él me regaló dos de sus libros. Estoy leyendo en este momento el primero, “Historias del país fingido”, me gusta mucho... Es complicado acceder a la literatura ecuatoriana, y estoy muy poco informada al respecto. El 24 de marzo va a hacerse en Cuba un festival de jóvenes narradores latinoamericanos, para lo cual han invitado al menos un escritor por país de habla hispana. Yo estoy invitada en nombre de Argentina y espero saldar ahí mis deudas. El escritor invitado para Ecuador es Andrés Villalba, y ya estuvimos escribiéndonos algunos mails sobre el tema.


Muchas veces decimos que leímos a un autor cuando en realidad fue solo una obra suya. ¿De quién o quiénes puedes decir que has leído prácticamente todo?
Jaja! Me gusta esta pregunta. Saca a la luz autores que en algún momento fueron muy importantes para uno. A ver... Adolfo Bioy Casares. Antonio di Benedetto. Juan Rulfo (Ese es el fácil, porque escribió solo dos libros). Patricia Highsmith (Y esta es difícil, porque escribió muchísimo). Grace Paley. John Cheever. Raymond Carver. Don Delillo. Ray Bradbury. Boris Vian. Dino Buzzati. Esos recuerdo ahora…


La poeta Laura Yasán, coterránea tuya, ganó también este Casa de las Américas. ¿Cómo es tu relación con los poetas y la poesía de tu país?
La verdad es que no leo mucha poesía. Sí leí a Yasán, porque ella me contactó de inmediato, y nos cruzamos el material, y la verdad es que su obra me pareció buenísima. Es muy moderna, es ágil y profunda al mismo tiempo, me pareció genial. Hay un poeta Argentino que me gusta mucho, Oscar Fariña, que lo nombro un poco para hacer justicia, porque todavía es un desconocido total, y le está costando bastante editar su obra. No sé como será en el resto de Latinoamérica, pero acá en Argentina los poetas son los que más complicaciones tienen la hora de encontrar un editor.


El empleado estatal Gismondi de “La furia de las pestes” se adentra en un pueblo con aires rulfianos para censarlo; Ana y Pol, de “En la estepa” se van a la caza de una criatura desconocida para cumplir un extraño rito de fertilidad; un matón principiante intenta pasar una prueba para ser aceptado, en “Matar al perro”. Tus personajes sí o sí tienen que enfrentar eso que su entorno les impone. ¿Habría la posibilidad de un “preferiría no hacerlo” bartlebiano? ¿Qué tiene que hacer un lector de Samanta Schweblin?

No, no hay un preferiría no hacerlo. Es más, en muchos casos los personajes ni siquiera pueden enfrentar lo que sucede. Creo que son empujados o arrasados por lo que pasa, como una gran ola o un tornado. No hay mucho que hacer. Sucede lo que sucede y el libre albedrío no va más allá del poste que uno elije o no para agarrarse. La marea te lleva, y se hace lo que se puede.


Vuelvo a En la estepa, y cito: “(…) cuando uno está desesperado, cuando se ha llegado al límite, como nosotros, entonces las soluciones más simples (…) parecen opciones razonables. Como hay muchas recetas para la fertilidad, y no todas parecen confiables, yo apuesto a las más verosímiles y sigo rigurosamente sus métodos”. No pude evitar asociarlo un poco con el ars poetica de César Aira (la cita aireana sería perfecta si solo dijera, en cambio, inverosímiles). Aunque veo que tu estilo es muy distinto al de él, ¿creerías posible, ante las “recetas” que no parecen confiables, “apostar a lo inverosímil y seguir rigurosamente sus métodos”?

No hay recetas. Pero para que lo inverosímil funcione, es requisito un método riguroso. Yo confío en la corrección, en la reescritura, en las relecturas atentas. Se puede producir a partir de la espontaneidad, pero al menos en mi caso ese material precisa de un trabajo posterior bastante necesario.

lunes, febrero 18, 2008

El Laboratorio de Escritura de Leonardo Valencia

Siguiendo con más noticias desde España, ahora esta primicia está a cargo del escritor ecuatoriano, residente en Barcelona, Leonardo Valencia.

Cercano al mundo de la docencia universitaria, Leonardo -junto a otros destacados escritores y a la gestión cultural de Nella Escala- ha emprendido una iniciativa llamada "Laboratorio de Escritura", definido como "un espacio de encuentro literario orientado a estimular la creatividad", en donde, más que la enseñanza de fórmulas de redacción, "profundiza en una exploración interdisciplinaria de la cultura. El escritor no está aislado, sino que debe acceder a nuevas tecnologías, lenguajes y discusiones en torno a la sociedad y el arte".
El staff del Laboratorio está conformado por:

Rolando Sánchez Mejías. Premio Nacional de la Crítica en Cuba en 1993 y 1994. Ha publicado dos libros de narrativa en la editorial Siruela: Historias de Olmo y Cuaderno de Feldafing, y los libros de poesía Derivas y Cálculo de lindes. Ha antologado en la editorial Océano Cuentos chinos maravillosos y Obras maestras del relato breve.

Estrella Borrego. Cursó el doctorado de Literatura Española en la UAB, especialidad Poesía Contemporánea. Fue durante cinco años directora de revistas culturales de la editorial Scholastic (Londres) y desde 1998 ha trabajado como editora de literatura infantil y juvenil para varias editoriales españolas.

Irene Renau. Licenciada en Filología Hispánica y dedica su vida profesional a tareas relacionadas con la lingüística y la edición. En la actualidad, trabaja como investigadora en el Institut Universitari de Lingüística Aplicada (Universitat Pompeu Fabra, Barcelona), en un proyecto sobre creación de diccionarios de aprendizaje de español.

Javier Izquierdo. Estudió Comunicación Social en la Universidad Politécnica Salesiana de Quito . En 2003, estrenó su ópera prima, el documental Augusto San Miguel ha muerto ayer, sobre la legendaria figura del primer cineasta ecuatoriano. Fue el curador de la primera muestra de cine ecuatoriano realizada en España, presentada en Casa de América en 2004.

Claudia Apablaza. Estudió Escritura Creativa en la UAB y en el Ateneo Barcelonés. Ha publicado el libro de relatos Autoformato (Lom ediciones, 2006. www.lom.cl). Ha obtenido el Primer lugar en el Concurso de Cuentos de la Revista Paula 2005 y en el Concurso Filando cuentos de mujer (Asturias, 2004). Compiló el especial de cuentistas ÁLBUM: 30 cuentistas hispanoamericanos, para Literaturas.com.

Leonardo Valencia. Doctor en Teoría de la literatura por la Universidad Autónoma de Barcelona y Master en Edición por Publish/ Oxford Brooke University. Ha publicado el libro de cuentos progresivo La luna nómada (1995, 1998, 2004), las novelas El desterrado (2000) y El libro flotante de Caytran Dölphin (2006). Fue seleccionado para el Hay Festival de Bogotá 39 como uno de los 39 autores más destacados de la actual literatura latinoamericana. Dirige el Programa de Escritura Creativa de la Universidad Autónoma de Barcelona.

Para quien viva o piense pasar por la capital catalana, el Laboratorio de Escritura es una experiencia creativa que no vale la pena pasar por alto.

viernes, febrero 15, 2008

"Literatura Comprimida 2007" ya tiene su libro


Mancomunidad Comarca de la Sidra, de España, presenta ahora la edición electrónica del libro Literatura Comprimida, 2007 que recoge los microrrelatos ganadores y seleccionados en la segunda edición del concurso que lleva ese nombre, y donde han participado cerca de mil relatos procedentes de Hispanoamérica (incluimos aquí algunos de ellos, entre los cuales consta el narrador Miguel Antonio Chávez, integrante de Buseta de papel).
La publicación completa puede ser descargada aquí.

http://www.comarcajoven.com/04_noticias/noticia_ampliada.php?cod=913

De cuentos y ventanas

Elena Martínez Martínez
(Microrrelato ganador)

Él fabricaba ventanas. Decenas de ventanas. Pero nunca se asomó a ninguna.
Ella escribía cuentos. Decenas de cuentos. Pero nunca se atrevió a contar.
Dicen que una vez él se asomó para verla. Pero ella siempre creyó que era un cuento.
Dicen que una vez ella quiso contarle algo. Pero él estaba asomado a la ventana.


Culebrón
Carlos Aponte Rodríguez
(Mención honorífica)

Cuando mi mujer se quejó de que su vida era aburrida, yo le expliqué que eso era de lo más lógico, porque, acostumbrados como estamos a presenciar por medios audiovisuales las vidas más fantásticas y emotivas, la realidad cotidiana se nos hace insorportablemente tediosa.
Le sugerí que viera telenovelas. De esta forma podría estudiar el comportamiento de personajes irreales con ciertos visos de verosimilitud, tratar de emularlos y, poco a poco, aderezar su vida y terminar convirtiéndola en una telenovela.
Ya ha conseguido un padre millonario que nunca antes tuvo y me engaña con mi hermano, del que ha quedado embarazada, su mujer ha roto con él y ahora congenia bastante bien con m hijo. No he vuelto a escuchar sus quejas y me ha dejado mucho tiempo libre, que yo, trato de ocupar con la sirvienta en quien he descubierto encantos en los que antes no había reparado.


Oración
Marc R. Soto

"Que ningún niño pase hambre; que a ningún niño le falte un juguete, una sonrisa, un beso; que nadie se cuele en su cama mientras mami duerme; que no les peguen si se resisten, ni les retuerzan el brazo hasta hacerlos llorar, ni les amenacen con rompérselo si lo cuentan por ahí. Pero sobre todo, sobre todo, diosito, por favor, por favor te lo pido, que papi no note el sabor a almendras en su té"


El exorcista
Miguel Antonio Chávez

Nunca se lo conté a nadie, pero ella me gustó desde el segundo grado. Se sentaba adelante y le gustaba jugar conmigo; en la escuela, o en su casa, siempre se las ingeniaba para que cada juego nuestro fuera distinto. Era una conexión especial, era la niña de mis sueños.
Cuando regresó de su enfermedad, la profesora nos prohibió que nos acerquemos a ella o que siquiera le hablemos. Pensé que había cogido sarampión o varicela, pero el horror de la profesora parecía indicar otra cosa. Logré escabullirme de una clase y fui a verla hasta la Pastoral, donde la retenían. Abrí la puerta y por fin pudimos vernos. Me abrazó con desesperación, estaba con los cabellos alborotados y la cara con olor a vómito. Intentó decirme algo pero se cohibió, no vas a entender, eres bobito, me dijo. Yo me quedé perplejo –como cuando miro los quebrados en el pizarrón– y no entendí. Dime no más, dime, le rogué para que hablara. Tenía las muñecas con huellas de haber sido atadas, le traqueteaba el cuello y me dijo algo de que perdió la virginidad con un crucifijo. Yo solo sonreí con la bocota bien abierta; si había algo que me fascinaba de Megan era su asombrosa imaginación.

miércoles, febrero 13, 2008

Una Grinch en San Valentín


Por Dina Bellrham
Llega el 14 de febrero y los tórtolos salen a invadir la metrópolis. Aberrantes y neuróticos derramando feromonas, como si fuera gratis. Ese día es terrorífico, justo ahí quiero enamorarme, justo ahí me conmueve hasta el pájaro que lanza su excremento en los parabrisas, no es abuso, es un acto de amor –me digo- el pájaro ha querido dejar algo tan suyo.

En el bus la flores, en las flores las manos. Los novios zumban como abejas, se tocan, se masturban de más. Los ramos de rosas decapitadas golpean mi rostro. Siempre es oportuno y cosas de mi gran suerte tener junto a mi asiento un chico atemporal viendo el reloj, con bombones en mano y condones en los bolsillos, releyendo la carta con retazos de aquellos libros de “amor del bueno” “frases para volverlos (as) locos(as) “poemas de amor ecológicos” que venden los mancos con mano, y los mudos con monólogos de hora y media. Vaya que el ser humano es necio.

Aquel día siempre me ha parecido el más largo de todos. Los edificios se visten de rojo, las muchachas del malecón triplican el precio de la rosa enfundada, y la tarjetita “saca apuro” con caramelo incluido. Los restaurantes, bares, cafés hacen su navidad, su halloween, su viernes santo, y su quinceañera.

Siempre me compro una flor, y la llevo a la vista para no quedarme atrás –¿quién te dio eso? pues un admirador-. Justo me da por escuchar radio, hasta que contengo mis uñas por no marcar a dedicarme una canción. Cupido es el invento de un pedófilo. El día con mayor índice de riesgo de embarazo, de estrenadas de himen y prepucio, del primer beso con o sin lengua, la llegada a segunda base.

Yo suelo emborracharme ese día con mis amigas. Cantar y putear a los hombres. Confesarles nuestro amor desesperado, porque siempre hemos sido desesperadas al amar, yo por lo menos, soy tan romántica cuando me alcoholizo. ¡Oh si yo fuera hombre, me tendría feliz! Siempre las convencionales son las que se llevan la serenata. Qué no daría yo ese día por tener de novio aquellos descerebrados… ¿o decapitados? Para que me digan cositas cursis. Uno a veces necesita eso, uno necesita apapachos, uno necesita dejar de llorar por un día.

Pero me gustan los hombres de mente. Los escudos, aquellos que cuando le sale lo romántico, es un milagro para celebrar, aquellos que salen de lo común, los que me llenan la bilis. Sí, sí, pero San Valentín contagia, pero yo quiero una flor que no sea de mi dinero. Es que por desgracia nací mujer. Sí, sí, aquellas que se desangran cada mes, que son un jeroglífico andante. Las que lloran por todo y para todo. Las que nos hacemos las enojadas para que nos consientan. Las que somos madres, hijas, hermanas, amigas, y putas para una sola persona.

Mentira que San Valentín también es para los amigos, ésa es la máscara conformista que te asegura que no estás completamente jodido, es ese día que el amanecer viene en par, que vas por el congestionamiento matutino, y… ¡hasta los autos andan en par!. Tu nervio óptico pasa doblemente el quiasma, todo –en ese día– vendrá en par.

Y en la noche que llegas con las milputasqueteparieron a tu casa, imposible dormir, porque eso sí, el vecino (a) será desagradable y espantoso (a), pero ese día hasta él tiene una orquesta de orgasmo. Te toca la manuela compañero (a).

¡Y a la mierda con el puto San Valentín! que tengan una enterocolitis con tanto chocolate y vino, que el baño sea su segundo hogar por unas semanas y como dice Girondo Que cuando quieras decir: "Mi amor", digas: "Pescado frito".

domingo, febrero 10, 2008

Ordenar la ausencia: Pendejo




Por Claudia Apablaza




ese tipo que había llenado la noche con una risa del infierno y había acabado hundido en la caricatura demencial de su propio juego, no era el doble de nadie...
(Pablo Azócar)


Pendejo, de Gonzalo León; o tal vez el autor Gonzalo León, o el personaje de Pendejo: un tal Gonzalo León; o incluso ese personaje que está en los escaparates de la librería Crisis, el autor de un libro, un tal Gonzalo León, que se llama igual al narrador del libro, para la sorpresa del mismo; bien podría (n) ser uno de el (los) personaje (s) de Eduardo Halfon y El ángel literario; así como Pablo Azócar, o el personaje de El señor que aparece de espaldas: Fausto, o Damián el personaje que se crea Fausto, bien podrían ser uno de los personajes de Bartleby y cia. de Vila Matas (incluso, y digámoslo, también de Halfon o del que quiera que así sea). Porque es del minuto en que un escritor se decide a serlo, y las infinitas posibilidades que hay de que un autor en esa decisión radical abandone la pertenencia certera de su nombre para trasmutarse en personaje de sí, de los otros, de las cosas, del aire incluso, un héroe, un antihéroe, un superhombre, una figura odiada por sus pares, amigos y familiares o de quién sea, es lo que va desentrañando León en este libro; como una disección, un ajuste de cuentas con el pasado, como dice él, y es lo que algunos insisten en llamar la rareza de la conciencia que debe adquirir el autor de sí mismo y la multiplicidad de caricaturas por venir que ello implica. Un proceso agotador, al fin y al cabo, pero que sucede y que es así (por mucho que algunos dejen de escribir y se escondan en sus madrigueras).

Y esa trasmutación de sujeto a escritor de la que León nos habla en este libro la recuerdo como una imagen que hasta hoy se revuelve (y no se resuelve) en mi cabeza. Es la pregunta que resuena de esa noche en que estaba con León y Nicolás Cornejo bebiendo una cerveza y que me llevó a molestarme, aún sin saber porqué (tal vez por su certeza, o sabe Dios porqué) y que fue cuando Cornejo me dijo si yo había ido a Chile como escritora o qué.

En Pendejo León intenta, entonces, esclarecer esas capas de trasmutaciones y metamorfosis personales y colectivas, bordear el inicio, saber desde cuándo, por qué y dónde comenzó su escritura y luego (o a la vez) trazar un mapa de ese recorrido. Y en ese recorrido ir levantando piedras, piedras que son las de su propia historia personal entrelazada a la historia de Chile, sin dejarla de lado, por supuesto, ya que bien sabemos que León declara tajantemente que el que no lo hace estaría cayendo en el fascismo, pensando que el mapa interno es también el mapa de Chile, o que si uno viaja debe viajar con las ciudades a cuestas. Esté en París, Venezuela o Cumpeo. Y ante esto último le digo por el chat: no tengo idea, León, lo siento.

León realiza en Pendejo entonces, un viaje, un viaje al Chile que lleva a cuestas, al Chile de los 90, a la anunciada democracia que vendrá, que se cruza con el viaje a su adolescencia, a parte de su infancia, a la relación con su padre, con su madre, su entrada a la universidad, al trabajo; intercalando también algunas breves imágenes de su presente. Así nos traza su plano personal, implicando todo el ejercicio de rastreo y aunque en la lectura nunca tuve la certeza exacta para decir si la figura se parece al mapa (imposible saberlo), sí estoy segura es que traza un mapa y de paso saca algunas ronchas y consigue con su texto algunas pataletas de críticos y/o autores que habitan sus caricaturas y su fauna. Y menciono estas pataletas, porque también tiene que ver con el tópico del libro de León: ser escritor y desde cuándo y quiénes lo rodean.

Bien sabemos que desde que el sujeto o persona que publica es escritor, se vuelve más público que antes y comienzan a circular a mayor cantidad y de mayor intensidad teorías, ficciones e ideas, y ya no sólo de ese que antes tenía un nombre “x” inscrito en el registro civil, sino que sus pares se van encargando de escribir su biografía ya sea en sueños, en llamadas telefónicas, en medios escritos, radiales, biografías póstumas, montajes, cahuines, y todo lo que el hombre dispone como medio de comunicación para llamar la atención del otro y configurar el sí mismo. Porque sin esa llamada de atención o ese grito de sí y del otro no se configura el yo, nos diría simplemente Freud. Y le creo. Por mucho que los estructuralistas quieran decir: murió el autor o La mort de l'Auteur, como dirían los más arribistas para demostrar que saben algo de francés y que leyeron a los estructuralistas, aunque sea un resumen y a los post, pasar por Gadamer, Butler, Foucault, Eco, Feyerabend y terminar internándose en las teorías de la autoficción de Serge Doubrovsky que se proclaman por allí, diciendo que renació el autor y que las autobiografías no existen y que los géneros tampoco. (Perdón, Señor, ¿pero no seré yo aquélla?).

Decía que el mapa personal de León es un mapa pesimista. Incluye la sentencia de la propia derrota y la vergüenza ajena: “muy en el fondo nos creíamos héroes de la derrota que vendrá, de la patada en el culo que nos darían los hechos políticos, del siga participando en la seudo democracia. A Pinochet, el Augusto, no lo derrotaremos ni por la razón ni menos por la fuerza. Y eso se lo podremos contar con vergüenza a nuestros hijos, si es que los tenemos”. Asume esa vergüenza y se ríe de ella. También se queda de pie frente a un abismo. En blanco, riéndose de sí mismo y del otro con el jueguito en clave que conlleva el uso de la ironía. Usando también algunos recursos caricaturescos, como cuando se le cuela en su imaginario lo Cartoon Network: La Caperucita, el gallo Claudio, los 4 fantásticos... ¡Aja! Afterpop Latinoamericano, diría Fernández Porta, saliendo tras bambalinas y señalando a León entre los escritores Nocilla. No tengo idea, le diría yo y no me interesa. Puede ser. Pero está el Cartoon Network y me hace reír y me hace recordar que los personajes son caricaturas, que nunca fueron personas, ni animales ni bestias ni humanos, por mucho que los escritores se afanen en hablar aquí y allá de llegada gloriosa de la realidad apetecida y majestuosa.

Tal vez podría terminar esto convenciéndome de que la ausencia (presencia) del padre es una de las figuras centrales tanto en este libro como en todo escritor o sujeto. Es uno de los puntos por donde se mueve todo relato. Apareciendo aquí como fantasma, ausente siempre, lo que crea un narrador-personaje desolado, ausente, carente, riéndose solo de su propia fiesta de graduación que no le servirá para su objetivo de ser escritor en ese momento y que es a lo que aspiraba, pero sí para tener un cartón de la Universidad de Chile, igual que su padre, y que su padre se lo querrá celebrar sólo con un simple hot-dog. De esta forma en Pendejo la escritura se presentará como antídoto a esa ausencia. La necesidad de ser escritor-creador y la angustia que hay en ese proceso, luego ir tras ese camino de regreso o ir hacia atrás para reordenar las piezas de este rompecabezas y explicarle a los demás quién fue ese padre que hoy no está (padre real y la anhelada democracia), quién reemplazó esa figura (el abuelo muerto) y quién, definitivamente la reemplaza hoy: la escritura. “...ella se angustiará más, porque no conoció a mi abuelo, ni sabe cómo era. Intentar explicar esto, entonces, está resultando un ejercicio literario, o un ajuste de cuentas con el pasado”. Y quién es además el personaje de esa escritura: un tal personaje que lleva su nombre y que se implica a fondo en la desgracia de esa ausencia. Un autor que se reproduce en un espejo una y mil veces. ¿Era eso la escritura?

En fin, buscar el punto irreversible donde se comienza a escribir es lo que nos muestra León en este libro, la regresión infinita hacia el propio infierno y todo lo que ello implica; y por otro lado Halfon nos dice para terminar El ángel literario: El ángel literario se asoma, nos eleva efímeramente hacia algunos paraísos y nos arrastra hacia nuestros propios infiernos, y eso es todo, y a la mierda.
Pendejo. Gonzalo León/ Editorial La Calabaza del Diablo
Santiago, 2007

jueves, febrero 07, 2008

90 poetas del mundo en Nicaragua, 2 por Ecuador

Nicaragua, la tierra de Rubén Darío, Joaquín Pasos, José Coronel Urtecho, Ernesto Cardenal y Geoconda Belli, enormes escritores universales, celebra del 11 al 17 de febrero 2008 la IV edición del Festival Internacional de Poesía de Granada, en homenaje al importante poeta Salomón de la Selva.

Para representar al Ecuador en este evento de las letras internacionales, nada mejor que la poesía y la presencia de dos voces de distintas generaciones de la literatura ecuatoriana: la poeta y periodista Aleyda Quevedo Rojas y del poeta Humberto Vinueza.

90 poetas de 33 países del mundo compartirán su poesía en diversos escenarios de la mítica ciudad de Granada y otras ciudades del país centroamericano, rodeadas por el gran Lago de Nicaragua. Aleyda Quevedo Rojas tiene publicados 5 libros de poesía, es Premio Nacional de Poesía “Jorge Carrera Andrade”, algunos de sus poemas han sido traducidos al inglés, hebreo, portugués y alemán; mantiene 3 libros inéditos. En mayo de este año Quevedo Rojas presentará en Caracas-Venezuela la Antología de Poesía Ecuatoriana: 13 poetas de los 70´s, un trabajo que preparó para la editorial “El perro y la rana” y que circulará en varios países de Latinoamérica.

Este año el IV Festival Internacional de Poesía de Nicaragua reunirá importantes voces de la poesía contemporánea como:

Luis García Montero y Luis Antonio de Villena de España; Diana Belessi de Argentina; Yolanda Pantín de Venezuela; Rafael Courtoisie de Uruguay; Arturo Corcuera de Perú; Ledo Ivo de Brasil; Verónica Zondeck y Manuel Silva de Chile; Raúl Henao de Colombia; Oswaldo Sauma de Costa Rica, José Vicente Anaya y Marco Antonio Campos de México, Eduardo Mitre de Bolivia; Luke Davies de Australia; Casimiro de Brito de Portugal; Marianne Larsen de Dinamarca; Stheven White de Estados Unidos; Vincent Woods de Irlanda; Nial Binns de Reino Unido, Geoconda Belli de Nicaragua, entre otros.

http://www.festivalpoesianicaragua.org.ni/

*Fotografía de Aleyda Quevedo Rojas: Jorge Vinueza.

viernes, febrero 01, 2008

Te suicida, Una versión demasiado humana de Carolina Patiño


Por Fernando Nieto Cadena

Hace apenas dos años atrás tuve noticias de Carolina Patiño. Sus poemas venían en una antología de poetas jóvenes ecuatorianos que Fernando Itúrburu presentaba y seleccionaba. Los intermediarios eran los integrantes del grupo Buseta de Papel de Guayaquil. A partir de eso mantengo una correspondencia más o menos constante con Augusto Rodríguez y a través de él recibo noticias de lo que hace el grupo y uno que otro acontecer del quehacer literario nativo.
Los poemas leídos de Carolina me llamaron la atención. Primero por la edad, dieciocho años, después por los textos en sí. Finalmente el interés se centró en sus versos que me hicieron abrigar esperanzas de que más allá de la maldición gitana de los promesismos que los solapadores de oficio perpetran al presentar a un poeta primerizo, podíamos encontrarnos a la vuelta de unos años de intensificación formativa, descubrimiento y hallazgo de una pertinaz experimentación de lenguaje, con una poeta que la literatura ecuatoriana desde hace mucho tiempo reclama, una poeta que tenga la misma trascendencia de lo alcanzado y trascendido por más de un poeta nacional a lo largo del siglo veinte (todo esto al margen y sin entrar en burdas comparaciones ni en bizantinas discusiones sobre lo hecho o deshecho por los y las poetas del Ecuador en el pasado).
Tengo en las manos el que hubiera sido su segundo poemario, Te suicida. Aún no asimilo su título porque inicialmente me hizo pensar en otra posible intención. Desconfío mucho de premoniciones, presentimientos, sobre todo si se refieren al pasado, cuando uno encuentra lo obvio que antes no aparecía y que es evidente, como se dice por estos costillares del golfo de México, a toro pasado. En estos textos el rastreador de evidencias demostrará que todo ya estaba anunciado, que en su sentido real estos poemas son un apocalipsis, una revelación del devenir. Si se quiere mantener el ludismo analógico, son un apocalipsis minimalista.
La ficcionalidad de la literatura nos confronta en este poemario con su testimonialidad más oculta, el discurso expresaba no sólo lo que sugería sino lo que simple y llanamente mostraba a ras de piel. El yo que nos habla es un yo necesitado de vida, de una vida que se le estaba agotando y agostando inexorablemente sin que nadie pueda hacer algo para evitarlo.
Hoy es fácil aunque doloroso decirlo, en Te Suicida se entreleen tormentas interiores, para decirlo con uno de los tantos lugares comunes con que el lugar común disfraza su impericia para testimoniar los colapsos existenciales. En los versos de Carolina, apenas arribada a los veinte años, hay una conciencia de sí misma que confirma la conseja nietzscheana de lo demasiado humano que podemos llegar a ser los poetas aunque no estemos preparados o dispuestos para asumirlo y soportarlo.
El mejor recuerdo, la mejor memoria que podemos guardar de ella es leerla. Compartir su voz en desasosiego que nos restriega la intensidad de su insaciable amor por la vida, amor que la condujo a la prueba mayor para no comprometerse con nuestra diaria desintegración y descomposición de la muerte que vivimos tan desolada y convulsivamente. Que su precoz adiós no haya sido en vano.

Villahermosa, Tabasco, México, agosto 2007