martes, octubre 21, 2008

Minero de la noche

Por César Vásconez Romero

« L`imperfection est la cime. »
Yves Bonnefoy



A modo de advertencia

En febrero del 1951, Jorge Carrera Andrade (1902-1978) publicó Poesía Francesa Contemporánea, volumen en el cual recopiló su labor como traductor. El mismo autor advierte que no se trata de una antología en el estricto sentido del término; guiado por un criterio pasional antes que académico, prefirió hacer una colección personal, formada según sus preferencias como experto conocedor de la literatura francesa. La primera edición constaba de 55 poetas, la actual consta de 24. Lo que el lector tiene en sus manos no es una versión expurgada sino reactualizada de este mismo libro. En la antología móvil del tiempo, algunos nombres y obras van borrándose, mientras que otros conservan no solo su vigencia, también su juventud; y con cada relectura nos parecen aún más sorprendentes por los nuevos significados que encontramos en ellos. Para esta edición nos hemos quedado con aquellos poetas que iniciaron el escándalo de la vanguardia o la aventura del clasicismo.

Cuando Carrera Andrade preparaba este libro, la mayoría de los poetas que tradujo aún se encontraban en plena actividad; Poesía Francesa Contemporánea era una muestra que llevaba la actualidad poética de ese entonces, sin la cual sería incomprensible la literatura europea de hoy. No se trata de una serie de mutilaciones por falta de espacio; para conservar esa actualidad, en Minero de la Noche recogemos las mejores versiones realizadas por el poeta y lo esencial de sus notas introductorias sobre cada autor. Nada se ha perdido de su mirada anticipatoria, ni de su singular y penetrante conocimiento del surrealismo y el dadaísmo, ni de su afinidad espiritual con el clasicismo francés de inicios del siglo pasado. Hemos enmendado las erratas de la primera edición (por ejemplo, muchas veces no se indicaba que lo traducido de varios poemas extensos eran solo fragmentos). El poeta tuvo acceso a muchas publicaciones hoy remotas y a un selecto material de investigación brindado por los autores escogidos, el cual ahora resulta ilocalizable; ha sido por esta razón que, desgraciadamente, no se han podido conseguir ciertos originales para esta nueva edición.

En este libro Carrera Andrade recogió más de veinte años de trabajo, muchas de estas versiones aparecieron anteriormente en importantes revistas literarias de la época, o como libros independientes en los distintos países de residencia del poeta. Los críticos de toda antología nunca dejan de nombrar los nombres que ellos creen que generan un vacío en la selección: no incluyó a Artaud, ni a Bosquet, ni a Segalen, tampoco a su primer maestro, Francis Jammes. Pero fue pionero en más de un aspecto: aunque este libro se limita a la poesía francesa de la primera mitad del siglo XX, era la primera vez que poetas como Pierre Reverdy o O. V. Lubicz de Miloscz eran traducidos al español.

Esta experiencia no era nueva para el autor de Libro del Destierro (1970), pues fue uno de los primeros escritores latinoamericanos - al igual que Juan José Tablada - en acercarse a la literatura japonesa. Con la publicación de Microgramas (1926-1940) Carrera Andrade no solo realizó un ejercicio de adaptación del haiku japonés, sino que se apropio de dicha forma poética para su registro del mundo. La impronta de oriente le da una lección invaluable:”Lo que invoca el hombre de Asia es la cordura, no la potencia. El sabio oriental se pone a meditar bajo la higuera búdica, mientras el griego Milón de Crotona se empeña en desarraigar un árbol con sus brazos1.”

Carrera Andrade fue parte de una de las tradiciones mas intensas de la literatura: la de incorporar la traducción como parte del ejercicio poético; es así como se afianzó por derecho propio en la modernidad hispanoamericana. Al igual que Octavio Paz con Versiones y Diversiones, o José Ángel Valente con su Cuaderno de Versiones, Carrera Andrade no concebía a la traducción como un mero ejercicio de adiestramiento, sino que encarna toda una visión del mundo. La ventana (mi propiedad mayor), el polvo (espíritu de la tierra), son dos de los símbolos más recurrentes en su poesía. Su capacidad analógica y metafórica - “he presentado mi vida en imágenes” - es única en nuestra lengua. Inevitablemente, la traducción está ligada al viaje - muchas veces en el vagón de tercera clase - convirtiéndose en el espejo que permite la apropiación de un territorio tanto vital como creativo.

Si el valor de una buena antología es la de ser polémica, el aporte de este libro -aunque nunca haya sido planteado como tal - se mantiene intacto a pesar de los cambios efectuados, porque sigue siendo fiel al espíritu de su autor al prepararlo: el de ser un estupendo espacio para acercarse a una de las literaturas más vigorosas e influyentes del siglo XX. Hasta hoy, la primera edición de Poesía Francesa Contemporánea es una joya codiciada por coleccionistas, bibliófilos y otros expertos; ya que este libro significó la iniciación en el clasicismo francés de inicios del siglo XX, el dadaísmo y el surrealismo para varias generaciones de lectores hispanoamericanos. Las selecciones más extensas y significativas (Apollinaire, Valéry, Saint-John Perse, Gangotena, etc.) se conservan intactas. Minero de la Noche tiene alrededor de cien páginas menos que la anterior edición, pero ahora el lector dispondrá de un libro bilingüe que sin duda sería del gusto del poeta.


La soledad se aprende con la lluvia

En mayo de 1928 Carrera Andrade inicia su vida errante: parte hacia Moscú como delegado para la V Internacional Socialista; no pudiendo llegar hacia la Unión Soviética, recorre Alemania, Francia y España. Es la época de formación del poeta; fértil en contactos (conoce a Vallejo, Neruda y Carpentier), discusiones, nuevas lecturas y penuria: un día se ve obligado a huir de un hotel en Berlín, sin un centavo en el bolsillo escapó por la ventana. Su equipaje le fue arrebatado, contenía el manuscrito de Los Frutos Prohibidos, poemas de inoculación baudeleriana, de los cuales el único sobreviviente fue Mademoiselle Satán. Publicado a espaldas de su autor (revista Figaro, nº 12, 24 de mayo de 1927), - junto con un grabado alusivo a la cocotte del momento - provocó un escándalo en la sociedad quiteña por su audacia y erotismo: “Por qué probó mi lengua el sabor de tu sexo/… dejé quemar mi vida sobre su altar nefasto”. Aunque este poema dentro de poco cumplirá un siglo y aún mucho después conservará su poder de incantación, Carrera Andrade negó haberlo escrito, pues recibió múltiples amenazas - hasta se excusó públicamente - y nunca lo incluyó en sus obras completas por respeto a la mujer así honrada (Para ti, Lola). “La vida de Quito hacia 1920-26 poseía la tranquilidad del agua estancada…” escribió el poeta con más decepción que arrepentimiento.

También es un episodio que evitó mencionar en El Volcán y el Colibrí: Autobiografía (1970); la cual es el recuento de su trayectoria en el servicio exterior, varias veces asediada por las reprobaciones más necias de sus enemigos políticos. En este libro que dejó inconcluso, el poeta reivindica su labor con eficacia; aunque languidece al volverse un documento administrativo y no un ejercicio de narrar la memoria. Solo en sus ensayos habló plenamente de su ejercicio; además, lo que los hace fascinantes es como despliega el mapa de sus transformaciones: “Mis poemas son visuales, como una colección de estampas o pinturas que integran una autobiografía apasionada y nostálgica2”.

La primera estadía en Francia de Carrera Andrade data de 1929, volverá como cónsul en El Havre en 1934; fue allí donde el poeta empezó con estas traducciones. “Las calles de París no son conocidas / aunque no las hayamos visto nunca” escribe en su poema Tercera Clase3, pues allí residirá desde 1951 como funcionario de la UNESCO, traductor, y luego como embajador desde 1964.

En su Diccionario de Autores Latinoamericanos (Emecé, Buenos Aires, 2001), César Aira afirma: “Ha preferido casi siempre el verso corto, el poema breve…”, más adelante vuelve a equivocarse: “Casi nunca perturbado por la metafísica o la moral, Carrera Andrade ha hecho una incomparable recorrida visual por el paisaje de su país”. Esta afirmación del autor de Cecyl Taylor y Váramo es injusta, su grado de desfiguración es tal, que revela un conocimiento apenas mínimo de la obra del poeta; sólo basta con volver a libros como Familia de la Noche, a sus poemas extensos, donde la metafísica se configura en su capacidad contemplativa, en su agilidad analógica4. “El hombre es siempre plural. Es él y además los otros.5” escribió Carrera Andrade, quien no solo recorrió el paisaje de su país, sino el mundo entero. El viaje es el instrumento de investigación para el poeta, su itinerario lo podemos encontrar en su poesía.

Respecto a su método, Carrera Andrade habla de fidelidad al original traducido; entre verter la letra o el espíritu, sus versiones nos entregan una hermenéutica: “…la exacta expresión de la imagen en el espíritu mismo de la creación poética. He tratado de conservar el estilo intransferible de los diferentes autores.” No es difícil descubrir en estas traducciones un juego de correspondencias con su propia poesía, de hecho, esta corriente obsesiva y múltiple resulta reveladora acerca del proceso de escritura de País Secreto (1939), Lugar de Origen (1945-1947) y Familia de la Noche (1952-1953). Su periodo de madurez poética coincide con su labor de traductor, generando en su escritura un flujo de retroalimentación proteico: un verdadero creador es un ladrón, cada saqueo es un hallazgo, el poeta trabajaba como un orfebre de la lengua.


Herrero del otoño

Carrera Andrade vuelve al Ecuador a comienzos de 1950, luego de un largo periodo como plenipotenciario en Londres6 y delegado en la ONU, para asumir nuevas funciones en la cancillería quiteña. Este retorno lo revitaliza, aunque sabe que el cambio es en realidad una retaliación: sus actividades, tanto diplomáticas como literarias, eran vistas con inquina por otros funcionarios de menor valía moral e intelectual. Renuncia a su nuevo cargo luego de un mes por desacuerdos con el ministro de entonces. Como nuevo vicepresidente de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, (también dirigió la revista Letras del Ecuador) forma parte de la primera y única época valiosa de esta institución. Es entonces cuando se editó Poesía Francesa Contemporánea, pero a los pocos meses tiene que volver a partir “…del luminoso rincón ecuatorial donde hubiera querido vivir mi existencia entera pero donde no se podía ganar el pan de cada día con el oficio de escribir libros porque era un país desprovisto de lectores”7

Carrera Andrade tenía una relación conflictiva con el surrealismo, de hecho se muestra extrañamente displicente hacia André Breton y Tristan Tzara; cuando escribe sobre el fundador del dadaísmo y el precursor de la escritura automática, sus reservas hacia ellos no dejan de revelar su reconocimiento por haberse amotinado en un momento de crisis de la civilización europea, generando un cambio de visión no solo literaria sino vital. Paul Auster afirma que “los franceses han atacado sistemáticamente e insolentemente a su propia cultura, sobre todo porque han tenido la seguridad de que esa cultura existía. Las lecciones de anti-tradición están tan arraigadas, que en la actualidad se dan casi por sentadas8.” No es que nunca los comprendió, él sabía más que nadie que lo mejor del surrealismo se estaba produciendo en la poesía hispanoamericana; en la particular asimilación de los hallazgos estéticos y espirituales del movimiento que hicieron poetas como Cernuda y Gangotena, como Escudero y Alexaindre, como Rojas y Gamoneda. Es verdad que Carrera Andrade estaba mucho más cerca de autores como Gide, Valéry o el mismo Claudel; aunque sea inevitable detectar una poderosa imaginería surrealista en poemas como Zona Minada o Prisión Humana. Si su relación de atracción y repulsión hacia la vanguardia era simultánea: “Pero ya había desaparecido en mi mente la huella maligna del surrealismo”9; nunca hubiera traducido a estos poetas si no los hubiese admirado. Lo que siempre le fascinó de esta literatura es aquello sobre lo que Auster vuelve a insistir: “Lejos de ser una unidad global de obras constreñidas a los límites de Francia, la poesía francesa de este siglo es diversa, confusa y contradictoria. No hay casos típicos, sino una verdadera multitud de excepciones. De hecho, muchos de los poetas más originales e influyentes nacieron en otros países o residieron gran parte de sus vidas en el extranjero10

Solamente un testigo de la agitación de las vanguardias en el periodo de entreguerras podría haber perpetrado un libro como Minero de la Noche; el cual se podría leer como una historia secreta de la Resistencia Francesa durante la Segunda Guerra Mundial. Cuando las tropas de Hitler invadieron Francia, en la lista negra de la GESTAPO no podían faltar los surrealistas y cuánto espíritu disidente estuviera dispuesto a revelarse contra la ocupación. Muchos de ellos tuvieron que pasar a la clandestinidad o al exilio, pues fue en esas circunstancias donde se escribieron estos poemas, los cuales circulaban bajo distintos seudónimos11 en las publicaciones proscritas durante la ocupación. Cuando este libro se publicó en Quito, el surrealismo había dejado de ser el centro de la escena literaria francesa: el existencialismo empezaba su influencia, Carrera no quiso escapar de ella y escribió elogiosamente sobre las novelas de Camus12. Pronto aparecería la Nouveau roman, además, por esas mismas fechas se realizaba la primera reunión de L´Oulipo, con Raymond Quenau y François le Lionais como animadores principales. Diez años después, en su artículo Espejismo de la “Aliteratura” Europea,13 Artaud, Beckett y Leiris no se libran de sus dardos: es el ejemplo de su incomprensión hacia proyectos estéticos tan complejos y disímiles como el suyo.

En el prólogo a la primera edición advierte: “No estoy de acuerdo con el procedimiento acostumbrado por ciertos antólogos que se sirven de traducciones ya hechas y no se ocupan de otra cosa que de ordenarlas a su voluntad”. Era inevitable que el primer reparo viniese desde el mismo autor; tal vez algún día nos envíe un gesto al saber que sus logros en una actividad fundacional, como es la traducción, están intactos todavía.



Buenos Aires, noviembre del 2007




1 Mi vida en Poemas, Ediciones Casa del Escritor, Caracas, 1962.

2 Mi Vida en Poemas, Ediciones Casa del Escritor, Caracas, 1962.

3 El Tiempo Manual, Ediciones Literatura, Madrid, 1935.

4Según Iván Carvajal: “se había hecho cargo de otra tarea poética: designar lo visible, nombrar lo que está a mano, ante la luz.A la Zaga de un Animal Imposible: Lecturas de la poesía ecuatoriana del siglo XX, Centro Cultural Benjamín Carrión, Estudios Literarios y Culturales, Quito, 2005.

5 Poemas Desconocidos, Paradiso Editores, 2002.

6 El empeño de Carrera Andrade como embajador fue cambiar el estado de la misión diplomática ecuatoriana en Inglaterra de simple legación al rango de embajada; hoy, su argumento para lograrlo nos haría reír de rabia: “…fundamenté el derecho del Ecuador a un mejor tratamiento por la circunstancia de que mi país era uno de los más cultos de América” El Volcán y el Colibrí: Autobiografía, Corporación Editora Nacional, Quito, 1989, página 204, segunda edición.

7 El Volcán y el Colibrí: Autobiografía, Corporación Editora Nacional, Quito, 1989; página 210, segunda edición

8 El Arte del Hambre, Edhasa, Barcelona, 1992.

9 El Volcán y el Colibrí, Corporación Editora Nacional, Quito, 1989.

10 El Arte del Hambre, Edhasa, Barcelona, 1992.

11 Valentin Guillois y Cancale, nombres de combate de Robert Desnos, François - La -Colère, nombre clandestino de Louis Aragon, Capitaine Alexaindre, nombre de partisano de René Char en el maquis.

12 Rumbos del Pensamiento Francés en Viajes por Países y Libros, Casa de la Cultura Ecuatoriana, Quito, 1961.

13 Viaje por Países y Libros, Casa de la Cultura Ecuatoriana, Quito, 1961.

1 comentario:

Patricio Burbano dijo...

Qué buen texto, César, te felicito. Disfruté mucho leyéndolo. Estupendo el epígrafe Bonnefoy.