Dylan Thomas nació en el pueblo de Swansea de Gales, Inglaterra en 1914. Su padre fue un escritor frustrado, profesor de escuela básica. Vio en su hijo Dylan un talento precoz, a los 4 años ya recitaba de memoria Ricardo III de William Shakespeare de un modo singular e histriónico. Durante el bachillerato, Dylan no dejó de escribir. En 1934, con sus poemas bajo el brazo se trasladó hasta Londres, donde a los 20 años publicó el libro Dieciocho poemas. En ese mismo año, conoció a Caitlin MacNamara con quien se casó y tuvo 3 hijos. En la capital inglesa ejerció diversos oficios: poeta, periodista, locutor y crítico de teatro.Escribió en famosas revistas londinenses como New Stories, New Verse, Criterion, en esta última, el director era el famoso T. S. Eliot. En 1936, publicó Veinticinco poemas, libro que para muchos críticos constituye el primer elemento de la nueva poesía inglesa del siglo XX.
De 1940 hasta 1950 vivió entre Londres y Gales sobre el filo de la miseria, escribía decenas de cartas pidiendo adelantos. Viajó a Italia y a Praga, difundió poesía por radio y escribió guiones de cine para la BBC. En 1946 aparece su obra más famosa Muertes y apariciones. En 1950 John Brinnin lo lleva a Estados Unidos, viaja según Dylan para satisfacer la búsqueda de toda su vida: "Mujeres desnudas bajo impermeables mojados". Después de unas cuantas presentaciones por varios Estados de ese inmenso país se radica en Nueva York.

Caitlin MacNmara y Dylan Thomas.
El siglo XX estuvo lleno de leyendas vivas que trataron de sepultarnos bajo su peso. Leyendas de carne y hueso como la de Francis Scott Fitgerald, quien atónito por la locura de su esposa, empeñó su talento en las oficinas de los usureros de Hollywood; o la leyenda del pájaro Charlie Parker, quien con sus sonidos crispados y vertiginosos de su saxo contralto tocó el corazón de una generación de músicos jóvenes que revolucionaron la música inaugurando la era del Be-bop; o Ernest Heminway, que tanto podía ser cronista de guerra como un cazador de elefantes, se disparó dentro de la boca con una escopeta de dos cañones; o como Jimmi Hendrix, que renovaba desenfrenadamente el rock and roll rompiendo y quemando su guitarra. Y hablando de leyendas, ¿hubo una más arquetípica que la del poeta Dylan Thomas?
Cuando los editores compraban por anticipado sus obras: Tarde de sábado, Los seguidores, Con distinta piel, etc., cientos de miles de universitarias, críticos y estrellas artísticas, se desvivían por escucharlo recitar. Amaban el timbre de su voz de caverna boscosa. Cuando sus buenos amigos le conseguían los 70 dólares diarios que decía necesitar para subsistir, cuando buena parte de la intelectualidad de Norteamérica se movía a su compás tratando de descifrar el simbolismo de sus poemas, Dylan Thomas vagaba borracho y tumultuoso por Greenwich Village, desayunaba un par de cervezas, vomitaba sangre y en las fiestas en su honor horrorizaba con obscenidades a muchachitas ávidas y puritanas u ofrecía el espectáculo del "poeta más célebre del momento" volcándose sobre la panza el contenido de los ceniceros.
Dylan Thomas en muy poco tiempo construyó su figura mítica de poeta visionario, de oscuro, de diabólico. A veces, antes de un recital, con la sala repleta de público, le venía un ataque de tos o un vómito. Se recuperaba, bebía una cerveza helada y después recitaba a Lawrence, a Shakespeare o sus propios poemas y la gente le pedía más y más. Deben haber existido pocos escritores que, como él, hayan tocado el cuerpo mismo de la fama.
Mientras su obra para voces Bajo el bosque de leche empezaba a ser un éxito, él seguía perforando con alcohol y tabaco sus tripas carcomidas por la cirrosis. Una madrugada, agotado por la enfermedad, abandonó la pieza del hotel Chelsea donde su amiga Liz lo cuidaba y al cabo de una hora, regresó y le dijo: "Acabo de beberme dieciocho wiskies puros. Creo que es el récord". Unas horas más tarde entraba en coma, y seis días después moría en el hospital de St. Vincent de Nueva York, el 9 de noviembre de 1953.

Siempre me interesó la correspondencia de los poetas como punto de partida para analizar su pensamiento. En una de sus cartas a los 19 años Dylan dice: "no catalogar mi cerebro en compartimentos separados, es decir no diferenciar lo que en mí escribe poesía de lo que dice llega la una, es hora de comer" (1). Dylan Thomas expresa claramente que nunca miró la realidad fragmentada, había una unidad: hombre-planeta-cosmos. A él no le costaba "poetizar" si en este término un tanto confuso mezclamos: imaginación, ingenio, capacidad fabuladora y metafórica, sentido rítmico y pictórico. Sin embargo el ambiente social europeo se llenaba de pesimismo; la crisis económica golpeaba Inglaterra, los vientos de guerra estaban a la vuelta de la esquina. Corría el año 1934 y el destino de Occidente era cada día más incierto.
A los veinte años, después de la publicación de 18 Poemas en una carta dice: "Han pasado los días fértiles y ahora cada poema es el más duro y desgraciado acto de creación (...) Cada día me pongo más oscuro. Me da dolor físico escribir un poema. Siento que todos los músculos se me contraen cuando trato de arrancar las palabras arremolinadas alrededor de mis eternas ideas sobre la importancia de la muerte en la vida." (2)

Para Thomas, la poesía del misterio humano era la única posible, buscaba expresar el tumulto multifacético de la vida, el tránsito humano por la luz entre dos oscuridades latentes: la anterior al nacimiento y la que se posterga más allá de la muerte.
Sus grandes ídolos literarios fueron los poetas herméticos ingleses e irlandeses: William Blake, William Butler Yeats, James Joyce, el libro de la Biblia y parte de los conocimientos de Freud. El uso constante de ciertos símbolos en su poesía lo confirman: animales, pájaros, árboles, los cuatro elementos, el movimiento de las cosas vivas, las cuatro estaciones. Mezclados con imágenes bíblicas, ecos de la cábala y la alquimia, haciendo analogías con el psicoanálisis: el útero como comienzo de la vida, el erotismo como fuente primigenia. Versos como: "La voz del arpa del polvo del agua se aferra al repliegue de los campos" o "aquellas que un invierno de carne de gallina amaron el cielo convertido en hojas" (3) no podían menos que concederle una fama de poeta oscuro.
Cuando se murió hubo necrológicas como: "espíritu inmortal que creó un lenguaje y se burló de la grandilocuencia". Es una suerte poder decir ahora que sólo fue un poeta que amó desesperadamente a los hombres y a las palabras, y que se mató cuando ya no fue capaz de emitir las imágenes que fueran la representación más fiel de si mismo.
Dylan Thomas en 1953. (Foto de Rollie McKenna)___________
(2) "Cartas".
(3) "Poemas 1934-1952", Colección Visor de Poesía. (Madrid, 2000)













