martes, mayo 29, 2007

Apuntes sobre un Dossier (aspectos de la cultura ecuatoriana)

Por Efraín Villacís


Extrajimos este artículo de Revista Anaconda Nº 7 donde se discuten las reflexiones que distintos autores –tanto nacionales como extranjeros– publicaron en la revista española Cuadernos Hispanoamericanos Nº 675 de septiembre de 2006* en torno a la cultura ecuatoriana.



Ecuador, país sin fama, lleno de opiniones imaginarias o territorio imaginario plagado de visiones infames. Aquello de que al Ecuador no se le conoce afuera de sus fronteras es una lata enmohecida que sigue dando tumbos sobre el pavimento de su historia, que aún no acaba de anunciar el matrimonio de su existencia desde la República.

Esta lata, junto a otras más o menos nuevas –aparte de globos estallando en el mundial de fútbol, camaretas de la corrupción política en estadísticas regionales y el boom de la migración, a España especialmente– ha exigido que diferentes aspectos del “quehacer cultural” ecuatoriano sean difundidos en el exterior con algún acierto, pero en su mayoría, más que desaciertos, son flojedades faltas de todo rigor.

Vaya usted a saber por qué nos siguen presentando como cacaoteros, bananeros, andinos del imperio incásico, negros del África o “blancos” de Euskadi, colibríes, tucanes, iguanas, tortugas o guantas y más de una representación gráfica étnico folklórica, sin que falte la brega político-cultural de izquierda que tanto “bien” ha hecho a este país. Tenemos mucho de aquello pero somos otros, diferentes, multiculturales, mestizos de todas las mezclas, tinturados de todos los colores del arco iris, de formación occidental, aunque nos pese, sin olvidar esa simiente andino-americana que nos corresponde.

El número 675 de septiembre de 2006 de la revista madrileña Cuadernos Hispanoamericanos, dirigida por Blas Matamoro, se abre con Dossier: Aspectos de la cultura ecuatoriana. El Ecuador y su cultura en un medio que lleva más de medio siglo promoviendo las letras y artes de América y España, donde han colaborado todos los grandes de la región, incluyendo ecuatorianos.

El coordinador del Dossier es el escritor ecuatoriano, residente en Barcelona, Mario Campaña y de su pluma nace el artículo “Vida intelectual y literaria”. Texto donde “vida” no hay, donde lo intelectual y literario es un listado digno de un contable sin oficio. Para variar, el señor Campaña nos habla de “clases sociales”, de blancos y mestizos, en detrimento de los indígenas y negros; de los potentados y de la pobre economía, y no deja de repetir el gran aporte de una izquierda en las propuestas literarias, olvidándose de que los más representativos artistas y escritores, de cualquier espectro político, fueron individuos que compartieron o no, de un modo u otro, cierta visión social y cultural, y no crearon –crean– cual recua que seguía una ruta en busca de pastor.

Campaña habla de la falta de identidad de los ecuatorianos y compara la obvia diferencia cultural precolombina con México, Perú y Bolivia, pretendiendo que no queremos reconocer el origen autóctono de lo que es el Ecuador, y que hoy los intelectuales y la clase media rechazan lo indígena. Todo lo inventariado por Campaña en relación al Grupo de Guayaquil, el indio en las letras y el arte, etc., no es nada nuevo, baste revisar enciclopedias y bibliografías al uso para enterarnos de buenas fuentes sobre dichos temas.

A mi modo de ver y leer como ciudadano de este país, nuestra relación, actual, con lo autóctono, indígena o afro y lo que falte citar, no tiene que ver con un rechazo sino con que hemos logrado trascender esa trillada diferencia, ya estamos imbricados, hemos aprehendido que formamos parte de una identidad multicultural y cada cultura aporta desde su individualidad a un solo universo llamado Ecuador. Sin duda siguen latentes muchas de esas tareas, como en cualquier familia, pero son manoseadas por agiotistas de la sociología, mafiosos de la política y agoreros de un falso nacionalismo.


Algunos de los escritores nacionales que colaboraron en el Dossier: (De izq. a der.) Mario Campaña, Jorge Dávila Vázquez, Miguel Donoso Pareja y Jorge Martillo.


“Si no tenemos identidad, asumámoslo, y he ahí nuestra identidad: no tenerla”. Esta discusión nos corresponde realizarla puertas adentro, porque del patio hacia allá no les interesa o no la entienden. El señor Campaña en su listado sobre nuestros autores y su literatura sigue dándoles vueltas a la noria de movimientos culturales locales, escritores de tala como Carrera Andrade, Escudero, Gangotena, etc., y algunos contemporáneos sin orden ni concierto y sin el debido estudio, con el respeto que se merecen, y cita periódicos y revistas con los lentes de un extranjero que habla de una visita turística realizada hace años.

Posiblemente el texto de Mario Campaña sirva para que sigamos discutiendo sobre tradición e identidad entre nosotros. En España, seguramente, esta “Vida…” no será más que un conjunto de quejas y de chismes que no se comprende a qué viene. Por qué, a don Mario, no se le ocurrió presentar a un poeta o narrador nuestro, de producción actual, con un texto inédito para que los lectores de la península conozcan a un creador de este lado del mundo.

Más o menos del mismo tenor van los siguientes artículos del Dossier. José Juncosa ofrece “Los pueblos indígenas del imaginario cultural del Ecuador (1950-2000)”. Su estudio sociológico va desde abuso y atropello denigrante que ha sufrido la población indígena del país, su aparición en la literatura y arte “indigenistas”, su incorporación a la sociedad, su derecho a la dignidad…

Redunda con el “Reino de Quito” a cuestas hacia la inclusión de las poblaciones autóctonas en el desarrollo social, político y cultural del Ecuador. Válido análisis, pero al final repite un listado de artistas y creadores indígenas que resulta hueco porque los nombres no dicen nada. Más allá de que la población indígena, por su propio esfuerzo, es la minoría étnica y social más poderosa del Ecuador, habría bastado con publicar algunos poemas de Ariruma Kowii, traducidos, para que el lector foráneo y el nacional conozcan su devenir creador como individuo ecuatoriano, representante de su raza.


Ariruma Kowii es uno de los pocos poetas kichwas del Ecuador. Ha escrito libros como "Mutsuktsurini" (Quito, 1988) y el libro bilingüe "Tsaitsik: poemas para construir el futuro" (Ibarra, 1993). Es autor del "Diccionario de nombres kichwas" (Corp. Editora Nacional, 1998). Organizó en enero de este año el I Encuentro Internacional de Poesía Intercultural. (Foto: Diario Hoy).


La crítica literaria española Esperanza Bielsa Mialet presenta el estudio “La literatura y cultura popular urbana de Sicoseo a la crónica”. El ensayo, con dotes de tesis académica, intenta un sumario periplo de la “circulación de bienes culturales” en Sudamérica, para luego pasar por el Ecuador y la consabida década del 30 con el Grupo de Guayaquil y llegar a “los talleres de discusión literaria del grupo Sicoseo” de la urbe guayaquileña. Bielsa reseña el grupo citado y lo complementa con un listado de participantes, donde algunos de tales nombres son parte del quehacer cultural latente dentro de nuestras provincias.

El repaso por algunos escritores informa acerca de sus propuestas estéticas y éticas en sus producciones y arriba a dos importantes referentes: Jorge Velasco Mackenzie y el cronista Jorge Martillo. Bielsa aborda obras de estos autores e intenta explicar la propuesta y visión de cada uno en su producción literaria, en relación a su entorno y el aprehendimiento de lo popular: música, argot callejero, fútbol y lo llamado marginal frente al alienamiento de las clases medias y altas de la sociedad. En cotidianidad, literatura e identidad se resume el ensayo y vale por lo que provoca y su limpia intención: interpretar.


Un capítulo aparte merecía la música ecuatoriana, sin embargo, en ese dossier no se la trata como parte de la llamada "cultura". En las fotos: (arriba) Julio Jaramillo; la ancestral música shuar; la marimba de Guillermo Ayoví "Papá Roncón", patrimonio intangible del país, pasaron por alto. (Abajo) Héctor Napolitano, Guerardo Guevara, Mesías Maiguashca y el dúo Benítez-Valencia también son parte importantísima de nuestra música.

En “Visión de la pintura ecuatoriana, las dos últimas décadas”, Jorge Dávila Vásquez hace una revisión de la plástica ecuatoriana empezando por los artistas ecuatorianos por antonomasia de la primera mitad del siglo XX; nombres y nombres transitan acompañados de frases que pretenden definirlos. Concurre a las décadas ofrecidas y el listado sigue con un afán abarcador que señalaría estilos, atisbos de tendencias y concluye sin interpretar nada. Tanto pintor joven y talentoso con renovadoras propuestas estéticas, que en el ensayo se acompañan con la reproducción de un cuadro de Eduardo Kingman.

Jorge Martillo Monserrate hace gala de “erudición” en su “Viaje por la gastronomía ecuatoriana”. Dotado de lirismo culinario, Martillo va de la seca a la meca entre 5000 años a.C. hasta nuestros días. Los estudios históricos y referentes bibliográficos evidencian su capacidad para la investigación y el buen uso que hace de la historia para sus crónicas, aunque en el presente texto no hace más que citar mucho para no recrear ni permitir saborear al lector nada. Por lo leído antes parece ser que el listado es una moda y Martillo no consigue salir de ella y nos lleva de paseo raudo y veloz por toda la geografía ecuatoriana, citando infinidad de platos populares por región, provincia o pueblo.

Sin duda el señor Martillo ha leído mucho pero de ahí a que haya saboreado, degustado, rechazado o al menos intentado preparar un plato y hablarnos de la experiencia de su paladar hay la distancia entre un lector de novelas y un escritor del género. Baste revisar el glosario que acompaña a su viaje, por ejemplo, cito: Coco: fruto del cocotero. Cerdo: chancho, cochinillo. Atún: pescado grande de mar. Cacao: chocolate. Fritada: fritote, fritura. Sardina: pez pequeño de carne muy fina. Yuca: mandioca, guacamole (pp. 40-51). ¿Por qué no habló del cebiche o el locro sin más?

Se cierra el Dossier con el artículo del escritor guayaquileño Miguel Donoso Pareja: “Fútbol, pobreza y abundancia, identidad y emigración”. Fiel a sus querencias y apetencias, sociales y literarias, don Miguel aborda fútbol y literatura en el Ecuador y hace relaciones universales de obras, autores y anécdotas locales y de la Península, entre otras regiones. Se deja leer pero también, como el resto, abunda en listados que solo los reconocen él y sus cofrades. Para muchos el fútbol es base de una neo-identidad nacional y de muchos otros pueblos. Punto de vista discutible, como tantos, y que merece otro espacio.

No sólo el Dossier, toda la revista, lleva fotografías del Ecuador: una “indiecita” de Peguche, niños indios en el mercado de Otavalo, un zaguán oscuro, arte barroco y vistas de Quito, Guayaquil, Esmeraldas tomadas, por lo que puede verse, en blanco y negro, hace más de cincuenta años. Pareciera ser que para el Ecuador todo tiempo pasado fue mejor, que sigue ahí detenido. Este país adolece de toda forma de modernidad. No hay malecones, puentes, avenidas, edificaciones, teleféricos, hombres y mujeres multicolores que viven en urbes con todas las desigualdades que se quieran -¿acaso en el resto del mundo no las hay?-, modernas, con trolebuses, tráfico, hamburguesas y burritos mexicanos, callos madrileños, pan pita y sushi, hornado, T bone y locro, multicines y malls, en fin, todo eso que es parte de nosotros aunque pretendamos que no y lo disfrutemos escondidos, lejos de la fatua arenga seudo nacionalista de tradición.

Las discusiones, ya bizantinas, de si somos o no somos, si tenemos o no, si somos mejores o peores, si hay o no artistas y escritores de la talla de otras regiones, son asuntos para largo trato y mucha tinta, que deberán dilucidarse y resolverse, si cabe, puertas adentro. El Ecuador es otro, con todas sus dificultades, con o sin fútbol, es un país de individualidades. Tenemos representantes de valía en todas sus vertientes sociales, sólo hay que dejarlos aparecer, presentarlos con objetividad y decencia, lejos de partidismos y capillas gregarias y aniquiladoras. A Pablo Palacio no se le conoce afuera porque no lo han leído, porque su obra no ha sido presentada con altura y sin miedo, y así con otros y otras.

La revista Cuadernos Hispanoamericanos presta sus páginas para presentar a un país, pero no a “toditito”, sino muestras reales y válidas que sirvan de muestra representativa. Todos los textos debieron ser escritos por autores convencidos de lo que hablan, con respeto hacia sí mismos, al pueblo que tanto defienden y, definitivamente, concomitante con los tiempos que corren y viven.

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(*) Cuadernos Hispanoamericanos, Nº 675. Septiembre de 2006. Director: Blas Matamoro. Dossier: Aspectos de la cultura ecuatoriana. Coordinador: Mario Campaña. Colaboradores: José E. Juncosa, Esperanza Bielsa Mialet, Jorge Dávila Vásquez, Jorge Martillo Monserrate y Miguel Donoso Pareja. Pp. 7-60. Agencia Española de Cooperación Internacional. Imprenta Solana e Hijos S.A., Madrid, 2006. 168 páginas.

Revista El Quirófano con blog

La revista de arte y cultura El Quirófano, dirigida por nuestro pana busetero Augusto Rodríguez, ya tiene un blog. Se trata de www.elquirofano.blogspot.com.



Rodríguez comenta que ahí se encontrará una selección de los mejores artículos, poemas y notas publicadas en ediciones anteriores de El Quirófano, que ya va por su número 2 y pronto sacará el número 3.


Esperamos también que otras revistas culturales del país pongan a la mano sus ediciones anteriores en la red. Muy necesario en un país donde la cultura local es poco difundida. Bienvenidos a la red y buena suerte entonces.

domingo, mayo 27, 2007

José Watanabe y yo

Por Aleyda Quevedo Rojas *


"Todas las cosas tienen su misterio y la poesía es el misterio que tiene todas las cosas". Invoqué a Federico García Lorca para escribir sobre mi amado y admiradísimo poeta José Watanabe, (Laredo, Trujillo 1946, Lima, 2007). Es que nadie como Watanabe en esta parte del mundo, en América Latina quiero decir, para desentrañar los misterios de la naturaleza o irradiar esos mismos misterios en un poema breve, limpio, en un haiku, del cual fue un prolijo cultor.


Watanabe murió el 25 de abril, y la noticia me llenó de frío el corazón, porque a pesar de no conocerlo, de manera personal, pude hondamente leerlo. Desde que en 1990 mi esposo me regaló El huso de la palabra, editado en 1989 bajo el sello Editorial Colmillo Blanco, y ahora considerado por los críticos peruanos como el libro de poesía más importante de las últimas décadas, desde entonces me enamoré de su poesía, del misterio guardado por la profunda y engañosa sencillez de sus palabras.

Las palabras que son la llave de la casa de la literatura. Esas palabras que José Watanabe supo hilvanar a un ritmo fusión entre: lo peruano y lo japonés, lo zen con lo andino, lo triste y lo sobrio, la reflexión satori con las sabidurías de los indígenas humildes del Perú.

Así se me fue metiendo José Watanabe en mi universo de lecturas y referentes de cabecera, después cuando volví a Lima me compré Historia Natural (1994), y con tristeza recibí la noticia de que su primer poemario titulado Álbum de familia (Lima, 1971), estaba agotado. Pero conocí a varios poetas que lo conocían y me hablaron de él, me dijeron que era silencioso y poco afecto a las reuniones sociales, que era hijo de Paula Varas, peruana de origen serrano y que su padre Harumi Watanabe era un japonés que le enseñó el arte del haiku; que luego migraron a Lima para que José estudiara la universidad. Pero al leerlo supe también que los recuerdos de Laredo se habían quedado en su poesía para siempre. El imaginario de este poeta, de quien solo conocía dos libros, ya me había atrapado.



Años más tarde, la poesía me llevó nuevamente a Lima y me compré en la librería “El portal de Barranco” el libro Cosas del Cuerpo, Editorial Caballo Rojo, 1999. Y gracias a su palabra poética, supe que la vida no es esencialmente intelectual sino física, y que uno escribe desde el cuerpo, los sudores y todos los sentidos, desde el territorio infinito del cuerpo, el cuerpo erótico, el cuerpo templo, el cuerpo ánfora de dolor y placer. Así el cuerpo dominó mis búsquedas hasta desembocar en un reciente libro mío, que en gran medida inspiró José Watanabe.

La verdad íntima de las cosas del cuerpo se juntaba con los misterios de la muerte y la reencarnación, en el magistral libro que Watanabe había construido. En este amado libro estaba uno de los poemas más bellos escritos en castellano, su título: El lenguado.

Y en este amado libro también estaba el latido de la enfermedad que perseguía a José Watanabe, y que hace pocas semanas supe que era un cáncer de esófago, aunque en algunas páginas de Internet aparece que lo que mató a Watanabe fue un cáncer de garganta.

Más tarde, camino a un festival de poesía en Colombia, me encontré en una librería con la antología poética El guardián del hielo (Bogotá, 2000), una maravilla que llegaba a mis manos, otra vez gracias a los misterios de la poesía y sus hilos secretos. Y el año pasado, una poeta venezolana a quien conocí en Argentina, me obsequió, lo que para ella era un tesoro y para mí una preciada joya, el libro Lo que queda (Monte Ávila, Caracas, 2005), otra antología del maestro José Watanabe, editada en esta prestigiosa editorial. En reciprocidad, yo le regalé a mi amiga Tu bata flotante de seda roja y oro, poemas asiáticos y árabes en traducción de Francisco Alexander, editado por Ediciones de la Línea Imaginaria. Así, con este otro tesoro, creo que pagué tanta generosidad de mi atenta amiga.

Y cuando por fin pensé que podía conversar largamente con José Watanabe, el azar conspiró para que en septiembre del 2006 no lo encontrara entre los invitados, que se anunciaron oficialmente en el Encuentro Literamérica, la Feria Sudamericana del Libro que se lleva a cabo, cada año, en el corazón del Mattogroso, Brasil.

Watanabe no pudo asistir y pidió a su amigo, el magnífico poeta peruano Antonio Cisneros que lo reemplace en esta cita. Y con Antonio pasamos largas tardes conversando de la potencia de la poesía peruana y de la lírica sin concesiones de José Watanabe.

Watanabe, ganó en 1970 el primer premio del concurso Joven Poeta del Perú con el poemario Álbum de Familia. También llamado poeta sabio, Watanabe fue amado y respetado por sus amigos de generación y por varios grupos de cineastas y guionistas. Confirmando que para ser buen poeta hay que ser primero buena persona. José Watanabe escribió también los guiones para los filmes La Ciudad y los perros, Maruja en el Infierno y Alias la Gringa.

Watanabe es ya un clásico de la poesía Hispanoamericana, un maestro indiscutible de la poesía peruana, un poeta inmenso del extensísimo territorio del castellano. Todavía no alcanzo a entender cómo su libro no se llevó el premio del Festival de la Lira de Cuenca, certamen en el que estuvo entre los 10 finalistas. En fin…jurados y jurados, premios y premios… Pero la verdad es que la inmensa e intensa obra de José Watanabe no necesitaba de ese premio para ser más grande, nunca la necesitó, prueba de ello es que, desde hacía 3 años tras, Watanabe era el más leído de los poetas Latinoamericanos en España.


Ahora, con este mi primer artículo para El Quirófano y para el blog de Buseta de Papel, abrazo el espíritu de José Watanabe el poeta por historia natural de la poesía. ¡Nos vemos pronto querido poeta!



Sus libros:

- Álbum de familia (Lima, 1971)
- El huso de la palabra (Lima, 1989)
- Historia natural (Lima, 1994)
- Path trough the canefields (Londres, 1997, antología de su obra poética)
- Cosas del cuerpo (Lima, 1999)
- Antígona (Lima, 2000, versión libre de la tragedia de Sófocles)
- El guardián del hielo (Bogotá, 2000, antología de su obra poética)
- Habitó entre nosotros (Lima, 2002)
- Elogio del refrenamiento (Renacimiento, Sevilla, 2003, antología)
- Lo que queda (Monte Ávila, Caracas, 2005, antología)
- La piedra alada (Pre-Textos, Valencia, 2005-Peisa, Lima, 2005)
- Banderas detrás de la niebla (Pre-Textos, Valencia, 2006-Peisa, Lima, 2006)


El lenguado


Soy
lo gris contra lo gris. Mi vida
depende de copiar incansablemente
el color de la arena,
pero ese truco sutil
que me permite comer y burlar enemigos
me ha deformado. He perdido la simetría
de los animales bellos, mis ojos
y mis narices
han virado hacia un mismo lado del rostro. Soy
un pequeño monstruo invisible
tendido siempre sobre el lecho del mar.
Las breves anchovetas que pasan a mi lado
creen que las devora
una agitación de arena
y los grandes depredadores me rozan sin percibir
mi miedo. El miedo circulará siempre en mi cuerpo
como otra sangre. Mi cuerpo no es mucho. Soy
una palada de órganos enterrados en la arena
y los bordes imperceptibles de mi carne
no están muy lejos.
A veces sueño que me expando
y ondulo como una llanura, sereno y sin miedo, y más grande
que los más grandes. Yo soy entonces
toda la arena, todo el vasto fondo marino.



El Maestro de Kung Fu

Un cuerpo viejo pero trabajado para la pelea
madruga y danza
frente al mar de Barranco.

Se mueve como dibujando
una rúbrica antigua, con esa gracia, y
sin embargo, esta hiriendo, buscando el punto
de muerte
de su enemigo, el aire no, un invisible
de mil años.

Su enemigo ataca con movimientos de animales
agresivos
y el maestro los replica
en su carne: tigre, águila o serpiente van sucediéndose
en la infinita coreografía
de evitamientos y desplantes.

Ninguno vence nunca, ni él ni él,
y mañana volverán a enfrentarse.
-Usted ha supuesto que yo creo a mi adversario
cuando danzo- me dice el maestro.
Y niega, muy chino, y sólo dice: él me hace danzar a mí.

__________

* Aleyda Quevedo Rojas (Quito, 1972). Es también periodista. Ha publicado los libros de poesía Cambio en los climas del corazón (1989), La actitud del fuego (1994, Lima, Perú), Algunas rosas verdes (1996), Espacio vacío (2001), Música oscura (2004, Cuadernos de Caridemo, Almería, Junta de Andalucía-España). Su poesía ha recibido diversos reconocimientos a dentro y fuera de nuestro país, artículos suyos constan en diversas publicaciones de todo el continente y su poesía aparece en diversas antologías locales y extranjeras.

sábado, mayo 26, 2007

Escribimos de lo que estamos hechos

Por Ana Minga*

A veces he querido dejar este vicio, porque en ciertos escenarios hasta miedo les produce, también porque me la paso horas frente al computador, días, tanto que ni me acuerdo del hambre, algo casi bueno, porque comer cuesta… hubo un tiempo en el que dije: no más, aquí termino con mis manos. Duré una noche sin escribir, me fui a dormir, pero en la madrugada mi objetivo estuvo destruido, fue otra vez el papel, el esfero, las palabras una detrás de otra, que me empujaron y me arrodillaron ante mi verdad, fue allí que comprendí que ante una historia contada ya sea por medio de la poesía o por medio de un cuento, no cabían posturas de guerrero, pues en la soledad uno se encuentra cara a cara con el ser sensible, que lo observa todo, que lo discierne todo, que le duele lo que a otros no, que se ríe frente a lo que otros solo les puede producir escándalo, ese ser que va por el mundo, incluso, sin salir de su cuarto, y por supuesto también se encuentra con el ser malvado.

La soledad… que bajo su brazo trae el silencio, y así ayuda a perfeccionar este agradable vicio, y por qué no decirlo, perturbador, enloquecedor vicio, porque el que me diga que es escritor y además es un cuerdo muy normal, está mintiendo o en realidad, nunca ha escrito algo que valga la pena, porque los escritores para el mundo convencional, sí son algo locos, y que bueno que lo sean, porque los normales obstinados no tienen mucho que decir…

Nadie puede enseñarnos a escribir, esto se hace escribiendo, leyendo y viviendo…es un vicio de solitarios, pero no por esto somos personas que estamos fuera del mundo, tenemos algunas cosas, como profesiones, gente a la que queremos, claro que no estamos nunca seguros de que el sentimiento sea recíproco… tenemos experiencias cómo todos, esto lo digo porque hay personas que tienen estereotipos de lo que es un escritor. Piensan que uno no vive, que se la pasa encerrado en un mundo pequeño al que no tienen cabida, por ejemplo, los encuentros en lugares, supuestamente permitidos para todos, menos para uno … que uno siempre va a ser alguien gordo de avanzada edad al que ya poco le interesa la realidad o en mi caso, por ser periodista, que sólo me va a interesar cubrir notas de cultura, cuando quisiera otro tipo de adrenalina, además de ésta, pues me gusta vivir siempre al filo de la navaja; porque cuando se conoce a la muerte, cuando se la ha retado y a veces se la ha invitado a sentarse frente a uno, ya nada nos puede detener, la hemos traspasado, ya no le tenemos miedo, ya no solamente nacimos para morir, somos como el vencido que al darse cuenta de su rol, sólo puede ganar, aunque nadie lo note y lo sigan subestimando.

Algunos convencionales cuando leen análisis políticos, económicos o deportivos, realizados por escritores, tienen grandes dudas, de que sí serán buenos, de que si será correcto creerles, en fin, sin percatarse de que el escritor es el ser que está más empapado del mundo, pongo un ejemplo, Kapuscinsky.

Si algunos medios de comunicación, hablo por los del Ecuador, dejaran de tenernos miedo, si dejaran de pensar que nos pasamos en las ventanas espiando el vuelo del pájaro y no lo que pasa en las calles, serían, primero, más humanos, segundo, serios y tercero, lo que más les agrada, les daríamos rating, porque estaría el toque especial de cómo decimos las cosas.

Pero esto es algo, ojalá, a largo plazo, pero por el momento en mi caso, creo que me pondré una falda muy pequeña y seré tonta, o sea realmente inteligente, para tener cabida sin reproches…
Creo que a nosotros nos gusta reír bastante, así que tampoco, es cierto que somos unos tristes, al menos no de la manera que nos pintan, y sobre todo, al menos en mi caso, escribimos de lo que estamos hechos, con esa madera prendemos la palabra que se nos hace fuego, con esto quiero decir que las anécdotas propias y de otros, valen, no para vender nada, sino porque somos nosotros mismos, nos ayudan a comprender lo que erróneamente puede pensarse que está lejos. Son un chispazo para poner en las manos de algunos a los que les ha generado emociones, los temas que siempre serán universales.

Son buenas las experiencias siempre que se las escriba con hondura, de frente, sin adornos, sin formalismos, como asegura Andrés Neuman en sus textos, como lo aseguró David Ledesma al dejarnos aquellos poemas fuertes, que nunca pedirán permiso, ni se ruborizarán al decir: "Amor mío… ¿Qué cosa puedo darte? Te regalo un muerto, cuídalo bien". Texto encontrado en su camisa la noche del suicidio.

O, Fernando Vallejo, con sus ideas punzantes, para muchos poco entendibles, por ejemplo, aquello que afirmó en una entrevista, que él amaba tanto a Colombia y que por eso la quería ver muerta para que no siga sufriendo.

Claro, también hay cómo escribir algo que no se ha experimentado en carne propia, Borges cuenta que un maestro suyo, un poeta judío andaluz, escribió un poema sobre el mar, pero él nunca lo había visto.

Señores, soy Ana Minga, no estoy de acuerdo con publicar un libro detrás de otro, los textos hay que trabajarlos y esto tiene su tiempo, pues libros hay por montones y pocos valen la pena. Escribo en primera persona, me hago responsable por mi voz, no me gusta la costumbre ni las certezas, prefiero las grandes pasiones, porque por ellas, está permitido dar la vida.

Estos encuentros son necesarios, y que bueno que se los realice en el Ecuador, espero que los otros, incluyendo también a los que ven utilidades en la cultura, entiendan que ésta, manifestada en sus diversos lenguajes, para un país es una de sus formas de desarrollo.

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* Ana Minga (Loja, 1983), es ganadora de distintos reconocimientos poéticos nacionales e internacionales y autora del poemario "A espaldas de Dios" (2007). Esta ponencia fue dictada en el I Festival Internacional de la Lira, realizado hace pocas semanas en la ciudad de Cuenca.

domingo, mayo 20, 2007

La Casa de la Cultura en crisis, y no es nada nuevo

Por Jorge Osinaga

Así es, no es nada nuevo. Las últimas elecciones en la Casa de la Cultura Núcleo del Guayas (CCG), donde un solo candidato se postuló -el último y actual presidente de la CCG, Luis Félix López-, demuestran también que ningún actor cultural quiere tomar bajo su responsabilidad a un ente que no funciona con total efectividad.

No sé si será olvido o incapacidad, pero es preocupante que, como uno de muchos puntos a tratar, la última administración de la CCG -que ahora es también la nueva- no luche ante el Ministerio de Economía y Finanzas por recibir un presupuesto acorde a la población y necesidades de divulgación artística y cultural de la provincia. Solo en Pichincha, por ejemplo, la Casa de la Cultura Ecuatoriana matriz (CCE), en Quito, recibe más de 8 millones de dólares en contraste con los un poco más de US$ 700.000 de la CCG, pese a que Guayas posee más población que Pichincha. Lo que se reclama no se relaciona con el centralismo, sino más bien con una cuestión de actitud.

El presupuesto de la CCE matriz le permite realizar diversos programas y políticas culturales no solo en la capital, Quito, sino en toda la provincia de Pichincha. Mantiene publicaciones periódicas -donde los artículos de sus colaboradores son remunerados- y colecciones editoriales en presentaciones aceptables gracias a un moderno taller de impresión; invita a escritores y grupos internacionales de teatro, música y danza; cuenta con un archivo fílmico nacional que actualmente está en proceso de digitalización y organiza encuentros nacionales e internacionales.

Mientras esto ocurre en Quito por todo un engranaje de planificación -lo que le permite justificar el presupuesto que posee-, el resto del país -y particularmente en Guayaquil- los directivos de los núcleos provinciales viven esgrimiendo el argumento de "estar jodidos", que no se les da "lo que necesitamos", y un montón de excusas más. Es decir que en vez de la acción, solo se ha quedado en un permanente nivel de queja.

La Casa de la Cultura del Guayas dirá seguramente que acción y planificación es haber remodelado el antiguo teatro y el museo, haber creado una sala de cine y construir un nuevo auditorio; y lo es. Pero la planificación debe ir más allá de la forma y de la infraestructura, para pasar al contenido.

Nuestros tristes núcleos provinciales planifican nada o poco. Se recibe la asignación mensual, se paga a los empleados, se imprimen poquísimos libros, una que otra revista de publicación irregular y no periódica, y ya está. De ahí, las acciones culturales se quedan en simples actos sociales: lanzamientos, uno que otro festival, encuentro y homenaje, y pare de contar. Si las Casas de la Cultura todavía se mantienen vivas y con un pequeño movimiento es gracias a los propios artistas. Es por la iniciativa individual de ellos que aún existen, culturalmente hablando; porque tener un edificio, salas de cine, teatro y galerías nuevas -pero casi siempre vacíos- de nada sirve si no hay propuestas y no se realice un verdadero trabajo de construcción de proyectos. Entonces, el trabajo de contenido -que realmente debería provenir de sus directivos- actualmente viene desde afuera.



La escalera de la CCG y la CCG: ¿de subida o de bajada?
(Foto: "Escalera eterna", de José Núñez del Arco)



La Casa de la Cultura del Azuay (CCA), por ejemplo, con un presupuesto corto de un poco más de US$ 200.000 anuales -casi tres veces inferior a la del Guayas- pasó del escritorio y la copita de vino a una verdadera planificación que ha logrado plasmar publicaciones periódicas y colecciones de literatura totalmente modernas. Resultados: buena parte de la producción poética contemporánea de muchos escritores del país "emigra" editorialmente al Azuay. Se evitó perder colecciones editoriales de todo tipo que estaban en peligro de desaparecer, no por las polillas, sino por el descuido de no tomarse la "molestia" de volver a reimprimirlas una vez agotado el inventario gracias a un programa de reedición de éstas. También se le dio cabida al arte contemporáneo y la difusión de nuevas propuestas con la creación de una sala especial. Allá, con ese pequeño presupuesto, se ha invertido en los talleres gráficos, lo que significó pasar de una imprenta de la era Gutemberg al offset. ¿Milagro? No, planificación. Si no hubo plata, se buscó convenios con universidades y el Municipio, lo que permitió concretar proyectos y readecuar otros. Entonces, definitivamente hay que pasar del maquillaje a una verdadera cirugía.

A la CCG también le falta salirse del edificio, un gran mausoleo le digo yo, porque -citando una observación que hiciera Freddy Russo- mientras que en la Corte hay un hormigueo tremendo de gente, vida; al frente, tan solo cruzando la vereda, la CCG es "mortadela" pura. Se necesita reactivar el interés de las personas por la cultura, y eso solo se hace yéndose más allá de cuatro paredes, sacando las letras de los libros e involucrando al público con la obra de arte. Hay un parque, el principal de Guayaquil y el más transitado, al frente de la CCG. Diseñar programas culturales y ejecutarlos ahí respondería a prácticas de íntima relación del artista con el público para crear un interés por la producción cultural local y a una visión más contemporánea e incluyente de generar procesos artísticos. Programas permanentes específicamente diseñados para ese espacio, o temporales, ligados alternamente con actividades que se desarrollen en las instalaciones de la CCG.

Sobre esto también viene el análisis de la falta de programas culturales al interior de la provincia y la cosa va por dos lados. El primero, las llamadas extensiones de la CCG en otros cantones de la provincia y la pregunta en torno a ellas es: ¿Reciben algo? ¿Se las toma en cuenta al momento del reparto del presupuesto? O lo que es mejor ¿Se piensa en ellas para hacer programas allá?. Las extensiones de la CCG trabajan a través de la autogestión y, más que nada, con el mejor ánimo de hacer algo; es decir, olvidadas y en base a iniciativas, igualmente, individuales. Un caso interesante es el de la extensión de Naranjal, donde el escritor Rafael Méndez Meneses, joven y solo, buscó apoyo y lo encontró. Gracias al aporte privado de empresas de Naranjal, Méndez organizará próximamente en esa ciudad un encuentro de poesía contemporánea con distintos autores del país. Y el segundo, que existe un centralismo cultural en Guayas. ¿Qué sucede más allá de 9 de Octubre y Pedro Moncayo (sede de la CCG)? ¿Qué se hace más allá del Río Guayas, en las riberas del Daule y del Babahoyo, en la costa, en Chongón-Colonche y en los campos? ¿Qué se hace en el resto de ciudades de la provincia? En Azuay, la CCA mantiene las caravanas culturales, un programa de difusión artística que visita el interior de la provincia regularmente. Si lo hicieron ellos ¿por qué acá no?.

Si la respuesta ante estas interrogantes es que no se hace nada "porque no hay presupuesto", pues entonces el comienzo de las soluciones para estos y muchos más asuntos, como lo dije anteriormente, dependen únicamente de una cuestión de actitud.

Y también hay intolerancia...

No solo la falta de actitud es uno de los defectos que impiden que la CCG se desarrolle como merece, sino también la falta de receptividad ante la crítica. Las reacciones ante un reciente artículo publicado en diario El Comercio el 15 de mayo pasado, por motivo de las últimas elecciones para elegir a la directiva de la CCG, demostraron lo que digo.

Hernán Zúñiga, destacado artista plástico, integrante de la CCG y director de la Pinacoteca de ese organismo, en aquel artículo de prensa dio su opinión con respecto a lo que significaba la ausencia de otra terna para elegir una nueva directiva en la CCG.

“Nadie se atreve -ni le interesa- tomar el timón de este barco que se hunde”, dijo, agregando además que “la Casa necesita como Presidente a un joven empresario culto, que establezca nexos con la empresa privada para poder resurgir”.

Su opinión, dicha como una persona que conoce lo que sucede dentro de la CCG -y que, como lo estoy demostrando en este artículo, es una situación que para nadie es secreta, pues está a la vista de todos-, es doblemente importante, porque a más de ser real y sincera, también aporta ya que brinda una de tantas y posibles soluciones al estancamiento de la CCG, comparado con el de otras instituciones culturales de la ciudad.

Sin embargo, su opinión no ha sido recibida por el presidente de la CCG, Luis Félix López, con buenos ojos. Hasta el momento de escribir este artículo trascendió una amenaza de expulsar a Zúñiga de la CCG por sus declaraciones y, adicional e increíblemente, le ha planteado una demanda por injurias.

No veo injuria por ningún lado, pues la ley dice que las injurias ocurren cuando se acusa a alguien de alguna actividad delictiva, lo que aquí no ocurre; más bien, como lo dije, lo que se ve por parte de Zúñiga es una visión honesta y una sugerencia que busca mejoras para una institución de la que ha sido parte y a la que ha contribuido por muchos años.


Espero que la situación solo quede en un impasse y que no llegue a mayores. Un pésimo precedente que, en caso de quedar sentado, dejaría por demás demostrado que la libre opinión -haciendo una comparación con el precedente de censura que una obra de Zúñiga recibiera por parte de León Febres-Cordero- ahora ni siquiera es respetada entre actores culturales y, mucho peor, en un lugar al que todos tienen entendido como la Casa del artista.

Soy miembro de la Casa de la Cultura. Este artículo, que busca aportar con soluciones, espero no sea recibido de la misma forma con la que fueron recibidas las opiniones de Hernán Zúñiga; sería confirmar, nuevamente, un pésimo precedente. La crítica no debe confundirse con los afectos o desafectos personales, debe ser tomada de la mejor manera, o sea, de forma objetiva. En la CCG los problemas existen y hay que hablar sean estos pequeños o grandes.

La encuesta y el foro


Los resultados de la última encuesta busetera sobre cómo se percibió a la última administración de la CCG, aunque pocos en cuanto a número de votos no dejan de ser importantes y afirman algo que todos conocen: hay una mala percepción sobre la administración de la CCG. Veamos:




Abrimos un foro también. No contamos, desgraciadamente, con varias respuestas como nos hubiera gustado, pero sí tuvimos respuesta por parte del escritor Fernando Naranjo, que señala -entre otros- algunos aspectos interesantes:

Sobre las elecciones:

"A pesar del medianamente operativo sistema de comunicaciones de la CCNG, como
miembro de la misma jamás fui convocado a nuevas elecciones, mucho menos a
sufragar, asunto del que me enteré por la nota deprensa donde, un muy sonreído
Lucho Félix tendrá empleo fijo por 4 años más. Resultaría esclarecedor saber,
por ejemplo, los datosde ausentismo en estas elecciones, a ver si Félix va con
respaldo masivo. Si para las elecciones del 2003 les importó un pito (tanto al
candidato como a sus partidarios) la existencia de un programa, qué esperar de
estas elecciones donde con mucha maña Félix lidera la única lista en pos del
título... A excepción de Joaquín Serrano, durante las últimas
elecciones, ninguna de las otras candidaturas presentó el programa de las que
serían sus acciones en forma metódica y factible. Con el agravante de que Lucho
Félix, presidente hoy en funciones, no presentí ni siquiera un boceto de sus
aspiraciones.."

Naranjo agregó también en su respuesta un comentario publicado en un artículo del blog el-cadaverexquisito:


Sobre la Casa:


"Primera razón de la inacción de la Casa: no hay un programa. Segunda: a ningún
miembro le importa lo que la Casa haga o deje de hacer. Tercera: realmente la
gestión de (Juan) Haddaty como máquina electoral es sorprendente. Es amigo, o
por lomenos conocido de toda la gerontocracia con membresía en el núcleo. Y
mientras esas edades no se extingan, y mientras las nuevas generaciones no
ingresen a laCasa, que es su casa, NUNCA pasará nada a parte de alguna que otra
obra civil, que el coro, que el lanzamiento de libros, lo mismo que hacen los
poetas,los novelistas, los músicos, los danzarines y todo gestor particular de
cultura. Que lo hacen con más eficacia que la Casa, a tal grado que esta se ha
vuelto penosamente ingrávida, afásica y aléxica, pero no por obra de Félix sino
por su constitución obsoleta. Que se reelija la autoridad en la Casa talvez no
sea malo en sí, lo malo es su misma existencia desfasada de la gente."

Con el artículo, los resultados de la encuesta y esta respuesta dada en el foro convocado, está abierto entonces el debate. Hay muchas cosas que hacer y cambiar en la Casa de la Cultura del Guayas ¿Cuáles son? Ustedes comenten.

viernes, mayo 18, 2007

Aleyda Quevedo en IV Festival Mundial de Poesía de Venezuela

Del 20 al 27 de mayo 2007, la poesía más destacada de varias latitudes del mundo se dará cita en Venezuela. Por Ecuador participa Aleyda Quevedo Rojas que presenta un poemario en la Colección Poesía del Mundo.

Casi 300 voces se reúnen en el IV Festival Mundial de Poesía de Venezuela. 29 poetas de diversas partes del mundo y 269 venezolanos, compartirán su palabra en 24 estados de este país y hasta en el archipiélago de Los Roques. Además dictarán talleres de literatura, charlas y recitales ante miles de personas, como el previsto en la gala inaugural en el mítico Teatro Teresa Carreño de Caracas, que además instalará pantallas gigantes en varias plazas de la ciudad de Caracas, para transmitir en directo el evento.

Con el lema "Los poetas en el corazón de Venezuela", esta fiesta de la poesía, organizada por la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello, recorrerá también teatros, cafés, universidades, cárceles, bares, centros culturales y parques.

La poeta homenajeada de esta edición será Ana Enriqueta Terán, el presidente de la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello, el poeta y ensayista Luis Alberto Crespo, expresó que las décimas celebradas sobre todo en el oriente, centro y occidente del país, heredadas de la tradición española, y el hip-hop, representando la poesía de protesta y urbana, también estarán dentro del festival. Como parte del homenaje a «una de las poetas vivas más grande de América Latina», como describió Crespo a Ana Enriqueta Terán, se presentará el más reciente poemario de la trujillana, bajo el sello Fundación Biblioteca Ayacucho.

Los poetas internacionales que han confirmado su presencia en Venezuela son: Adrienne Rich (EEUU); Kama Kamanda (Congo); Mercedes Roffé (Argentina); Julián Malatesta (Colombia); Elvira Espejo (Nación Aymara –Quechua, Bolivia); Rei Berroa (República Dominicana); Marielena Corriols (Nicaragua); Milo de Angelis (Italia); Caridad Atencio (Cuba); Issa Makhlouf (Líbano); Aleyda Quevedo Rojas (Ecuador); Gerhard Falkner (Alemania); Nidda Khoury; (Palestina); Adonis (Siria – Líbano); Frankettiene (Haití); José Acosta (Republica Dominicana)Myriam Montoya (Colombia); Lucila Nogueira (Brasil); Marcel Kemadjou (Camerúm); Alex Fleites (Cuba); Joumana Haddad (Líbano); Natalia López (Nación Zapoteca, México); Nialls Binns (Inglaterra); Pedro Martínez Escamilla (Nación Náhuatl, México); Ana Rosetti (España); Rafael Courtoisie (Uruguay); Francoise Ascal (Francia); Michael Harlow (Nueva Zelanda) y Yevgueni Yevtushenko (Rusia), junto a destacados vates de la poesía venezolana contemporánea.

Entre las figuras que participan en este impecable festival, y que destaca la prensa venezolana, están, en primer orden: Alí Ahmad Said "Adonis", candidato al Premio Nobel de Literatura 2007, oriundo de Siria. Como crítico literario, lidera el movimiento modernista dentro de la poesía árabe desde mediados del siglo XX. Otro figura es la estadounidense, nacida en Baltimore en 1929, Adrienne Rich, feminista y luchadora por los derechos civiles y por la paz, galardonada con varias distinciones como el Premio Bollingen o el National Book Award, entre otros. Su postura crítica la ha llevado a rechazar la Medalla Nacional de las Artes que otorga la presidencia de su país. Otro autor que seguramente dará de qué hablar es el ruso Yevgueny Yevtushenko, quien se ha destacado por sus posturas controversiales en el postestalinismo, al escribir poemas contra el chauvinismo, contra la dictadura de un solo partido político, contra la censura y contra el antisemitismo.

De América Latina llegan voces muy destacadas en sus respectivos países como: la argentina Mercedes Roffé, Aleyda Quevedo, de Ecuador, autora de cinco poemarios y galardonada con el Premio Nacional de Poesía de su país, que además, en el marco de este Festival presentará su libro “Espacio Vacío”, editado bajo el sello venezolano “El Perro y la Rana”, en la Colección Poesía del Mundo. El poemario de la ecuatoriana se presenta el sábado 26 de mayo. Quevedo Rojas dictará un taller de poesía titulado: La poesía…un viaje en la Casa del Artista Plástico del estado Delta Amacuro, y participará en tres recitales en la ciudad de Caracas.

«Traducido en todos los idiomas de la tierra, Adonis es un mito dentro de lo que es la poesía contemporánea y de la poesía universal; junto a este maestro, tendremos el talento joven y fuerte de la ecuatoriana Aleyda Quevedo Rojas, que además nos deja uno de sus mejores poemarios: Espacio Vacío, que se difundirá, ampliamente, en Venezuela bajo un prestigioso sello editorial», expresó Luis Alberto Crespo.

miércoles, mayo 16, 2007

Edwin Madrid en Viena

El escritor ecuatoriano Edwin Madrid está en Viena. Él ha sido invitados al IV Festival de Poesía Latinoamericana en Viena que se realizará del 15 al 19 de mayo de 2007. Dará tres recitales bilingües en la Casa de la Literatura de Viena (Literaturhaus Wien) y otros lugares, y también una conferencia sobre literatura ecuatoriana en la Universidad de Viena.

Edwin Madrid (Quito, Ecuador, 1961) tiene publicados más de diez libros de poesía, la cual ha sido traducida al inglés, árabe, portugués y alemán. Entre otros libros, ha publicado: La búsqueda incesante (Verlag. Oficio, Monterrey, México, 2006); Lactitud cero° (Edit. Universidad del Valle, Cali, Kolumbien, 2005); Mordiendo el frío (Edit. Visor, Madrid, 2004); Open Doors (Trask House Book U.S.A., 1999). Ha recibido varios reconocimientos nacionales e internacionales. En 2004 recibó uno de los más prestigiosos premios de la lengua española: Premio Casa de América de Poesía Americana por Mordiendo el frío.

El viaje de Edwin Madrid ha sido posible gracias al apoyo del Consulado General del Ecuador y al Foro Literario Austria – América Latina.

Actividades del escritor Edwin Madrid en Viena

Martes 15 de mayo, a las 19.30.

Recital de poesía del escritor Edwin Madrid
Literaturhaus Wien
Zieglergasse 26a, 1070 Wien

Miércoles 16 de mayo de a las 8.30

Conferencia sobre Literatura Ecuatoriana en la Universidad de Viena
Instituto de Lenguas Romances de la Universidad de Viena
Hörsaal ROM 7, Universitätscampus Altes AKH,
Garnisongasse 13, A-1090 Wien

Jueves 17 de mayo, a las 19:30.



Recital de poesía
CentrOnce-StadtteilZentrum Simmering
Schneidergasse 15, 1110 Wien
Sábado 19 de mayo a las 15.00
Recital de poesía
Theseustempel, Volksgarten
1010 Wien

jueves, mayo 10, 2007

Resultados de encuesta busetera y una nueva

De ahora en adelante publicaremos los resultados de la encuesta busetera (ubicada en el lado derecho del blog) para difundir la opinión de nuestros lectores sobre los temas consultados.

La última encuesta se basaba en la siguiente pregunta:

¿Cuál de las siguientes obras de autores ecuatorianos adaptarías al cine?.

1. El viajero de Praga (de Xavier Vásconez)
2. La casa del sano placer (de Alicia Yánez Cossío)
3. El rincón de los justos (de Jorge Velasco McKenzie)
4. Ejecútese el mañana (de J.D. Santibáñez)
5. El Cholo Cepeda (de Fernando Itúrburu)
6. La muerte de Tyrone Power en el Monumental de Barcelona (de Miguel Donoso Pareja)
7. Acoso textual (de Raúl Vallejo)
8. Mal de ojo (de Huilo Ruales); y,
9. Otro


De un total de 124 votos, se arrojaron los siguientes resultados:



El más votado candidato para ser adaptado al cine fue El Cholo Cepeda, de Fernando Itúrburu, con 40 votos; en segundo lugar quedó El viajero de Praga, de Xavier Vásconez, con 19 votos; y el tercer lugar fue para La casa del sano placer, de Alicia Yánez Cossío, con 15 votos (obviando la opción Otro que obtuvo 21 votos).

La nueva encuesta
A propósito de la elección de una nueva administración en la Casa de la Cultura Núcleo del Guayas, donde sólo se inscribió una lista (la del actual presidente, Luis Félix López), la nueva encuesta busetera se basa en la siguiente pregunta:
¿Cómo calificarías la última administración de la Casa de la Cultura del Guayas?.
Las respuestas giran en torno a tres parámetros: 1) Buena, 2) Deficiente, 3) Falta de planificación.
Adicionalmente a la encuesta, abrimos un foro con la misma pregunta para armar por este medio virtual un debate. Tus puntos de vista los puedes enviar al mail: busetadepapel@yahoo.es. Recibiremos las respuestas hasta el día viernes 18 de mayo y publicaremos las respuestas en un nuevo post el día lunes 21 de mayo. Gracias y adelante con tu opinión.

miércoles, mayo 09, 2007

Apuntes sobre el puente

Por Andrés Neuman *
www.andresneuman.com

Agradecemos al escritor argentino Andrés Neuman por permitirnos reproducir este artículo suyo en nuestro blog. Él se encuentra en nuestro país, invitado para participar en el encuentro de poesía Festival de la Lira, en Cuenca.


"Todos somos 'poetas de transición':
la poesía jamás se queda inmóvil"
José Emilio Pacheco


Si tuviera que bautizar de algún modo a mi generación, supongo que me negaría y saldría corriendo. Creo, además, que esa es una de las virtudes de esta generación: desconfiar de las etiquetas y las simplificaciones. Pero si me insistieran, si me apuntaran con una pistola en la sien y me obligaran a llamarla de alguna manera, creo que recurriría al nombre del grupo inaugural del expresionismo alemán, ese grupo de pintores que también vivió su juventud con el cambio de siglo: Die Brücke, El Puente. Los pintores de El Puente (Kirchner, Heckel, Pechstein, Schmidt–Rottluff) heredaron el impresionismo y los rescoldos del realismo, y administrando ese legado quisieron pintar otra mirada. Por su momento histórico, también tenían una característica ideológica que tal vez nuestra generación comparta con ellos: intuían la vanguardia, pero a la vez desconfiaban de ella.

En todo caso, se me ocurre que la imagen del puente puede servir para ilustrar la situación de una generación de poetas (hablo de generación en términos meramente cronológicos) que en buena parte ha crecido sintiéndose híbrida, admirando estéticas distintas y resistiéndose a elegir entre ellas de manera drástica. Tengo la sensación de que muchos de los poetas que han empezado a publicar en los últimos diez años, más que el clásico parricidio para adorar al abuelo, han preferido dedicarse al incesto puro y duro: los hijos con los padres, el padre junto a la abuela, los hermanos entre sí. Y al final, naturalmente, ya no nos reconoce ni la madre que nos parió.

Bromas aparte, tal vez el puente nos sirva para explicar una cierta voluntad de no perder jamás de vista las orillas (que siempre, como mínimo, son dos). La relatividad de las estéticas, que no tiene que ver con la abolición del criterio sino con la convivencia consciente de criterios distintos, que no tiene que ver con la pérdida del gusto sino con su mudanza y su radical dinamismo, tal vez nos haya inducido a residir de manera permanente en un lugar antes considerado como de transición. Como si mi generación, en lugar de contemplar el actual eclecticismo estético como un lugar de paso, hubiera decidido montar su tienda de campaña en esa tierra de nadie. Por eso es probable, y también interesante, que buena parte de la joven poesía española haya apostado por una sigilosa mutación: convertir la transitoriedad de los comienzos en una finalidad en sí misma.

Negar la provisionalidad de la dispersión, y defender su permanencia. Instalados sobre un puente, la localización parece más imprecisa pero la perspectiva es más amplia. Desde un puente es posible contemplar al mismo tiempo las orillas enfrentadas, y uno deja de ver dicotomías donde hay paralelismos, o disyuntivas donde hay canales. El puente es un concepto: un punto fijo cuya razón es el tránsito. Y el puente puede ser un lugar por sí mismo, una casa al aire libre. Esta manera de entender el camino de la poesía y sus tradiciones es la que, en apariencia, genera contradicciones y contrastes. Pero a mí me parece que la contradicción también es una ética, y que –como ocurre desde un puente– los extremos son opuestos pero no contrarios. Existen porque existe el otro. Se complementan sin anularse.

En cuanto a la tradición y la renovación, sin lugar a dudas, yo sí veo un punto de inflexión, un cambio de gusto y hasta de cultura lectora en los jóvenes poetas españoles. Lo que sucede es que ese giro se ha hecho, se viene haciendo, sin estruendo de cacharros ni anuncios a bombo y platillo. En una palabra, sin manifiestos. Más que un afán continuista, lo que veo en los jóvenes poetas españoles es poca ingenuidad para creer en las rupturas efectistas ni en la escenificación sobreactuada de un desprecio global a sus inmediatos mayores, que son autores de libros que todos hemos leído y apreciado. Lo que parece haber es un deseo de experimentar sin escuelas: sobre el puente cada paso es una tentativa porque no hay tierra firme. Por resumirlo con un símil político, digamos que se detecta en el ambiente una voluntad de huir del centralismo del gusto, y de que –si la poesía sigue siendo una república– comience a imperar en ella el federalismo estético.

Creo que una importante diferencia de la última poesía española, y no lo digo sólo por mi querencia personal, es una familiaridad con la poesía hispanoamericana contemporánea que antes no existía, o existía en mucho menor medida: en las últimas dos décadas, cuando un poeta español citaba algún verso en castellano, ese verso le pertenecía casi siempre –con la excepción de Borges– a otro poeta español. Hoy eso ha cambiado, en parte por un cambio de actitud y en parte por la política editorial de estos años, que ha hecho que en España desembarcasen numerosos autores con los que compartimos lengua al otro lado del océano. Tengo la sensación de que, en mayor o menor medida, muchos de los aquí presentes sentimos que poetas contemporáneos hispanoamericanos como por ejemplo Eugenio Montejo, Roberto Juarroz, Alejandra Pizarnik, Eduardo Chirinos, Carilda Oliver o Juan Gelman, son tan cercanos a nosotros como Gil de Biedma, Brines o Gimferrer. Que hoy mismo, en las listas de los libros de poesía más vendidos –si es que los libros de poesía se venden–, convivan en los primeros puestos el organizador de este encuentro, Luis Muñoz, y el peruano José Watanabe, son una simple y casual muestra de ello.

Otro viaje creo que importante ha sido a Oriente: la reciente proliferación de traducciones chinas y japonesas, de libros y antologías de haikus, habla por sí misma de la influencia directa que en los últimos años vienen teniendo poetas como Li–Po, Su Dongpo, Kobayashi Issa o Basho en nuestra educación estética. De los aquí presentes, más allá de los haikus que yo mismo haya podido perpetrar, se me ocurren ahora los ejemplos de Josep Maria Rodríguez, que ha estudiado académicamente el haiku y cuya poesía muestra una clara conexión con la sensibilidad visual, minimalista y flotante de ese género. O el ejemplo de Martín López Vega, que en numerosos poemas se expresa con esa melancolía errante propia de los clásicos chinos que contemplan un paisaje, o el recuerdo de un paisaje.

Existe otro factor de decisiva importancia para identificar a esta incipiente generación poética. Dicho factor no es otro que la imparable incorporación de la mujer a todos los ámbitos de la sociedad, la cultura y la literatura. Creo que, por primera vez en la historia española, esta incorporación empieza a actuar no como novedad o avanzadilla, sino como herencia y patrimonio común. Es decir, como parte esencial de nuestra educación. Si no me equivoco, la primera generación de escritoras españolas que pudo experimentar la modernidad en femenino y de una forma más o menos colectiva fue la generación de los 80, al compás del proceso de modernización general del país. Por eso no es ilógico pensar que la generación actual, la que ha empezado a publicar sus libros entre mediados de los 90 y los primeros años de este milenio, es la primera que tiene la oportunidad de recoger los frutos de aquella conquista y digerirlos con una consciencia clara. Esta herencia femenina, que naturalmente ha de seguir expandiéndose, sin duda modifica el concepto de yo a la hora de escribir y leer. No hablo de militancias explícitas (aunque no las rechazo), sino de algo más profundo y arquetípico: si la poesía moderna es el territorio de construcción, desarrollo y expresión de una subjetividad, y a la vez un lenguaje con vocación universal, es imposible que estas transformaciones colectivas dejen de repercutir en nuestra conciencia literaria. No me refiero sólo a la llamada “poesía escrita por mujeres” (eso sería limitar el impacto del fenómeno), sino al conjunto de mujeres y hombres que se comunican literariamente y comparten un imaginario colectivo. Por eso estoy convencido de que la creciente presencia de las mujeres en la poesía, esa transformación iniciada en España hace dos décadas, hoy influye (e influirá cada vez más) en ambos géneros a la hora de identificarse con sus lecturas y de reflexionar acerca de su yo literario.

Pero decía que el cambio de la poesía española viene dándose de manera tranquila (como el de Zapatero), sin rechazos frontales, como un cambio de ciclo natural y no como actitud beligerante: en bastantes poetas jóvenes pueden apreciarse las dos puntas del puente, un extremo que los comunica fluidamente con las generaciones inmediatamente anteriores y un extremo que conduce sus poemas a una orilla distinta y alejada. Algo de eso, supongo, detectaría Luis Antonio de Villena cuando formuló las tesis de La lógica de Orfeo. Mi admirado Roberto Juarroz definió estas tensiones como “los dos rostros de una especie de Jano poético: el pensar y el imaginar, la intelección y el símbolo, la idea y el estremecimiento”. Por otra parte, llevamos algunos años escuchando que la última poesía española ha dado una especie de giro reflexivo, un viraje desde lo narrativo al pensamiento, etcétera. Puede que así sea, pero eso no nos aclararía las cosas, si no se añade que existen al menos tres maneras de reflexionar o de pensar: con los ojos abiertos (por entendernos, tendiendo al realismo), con los ojos cerrados (inclinándose por la abstracción) o bien entrecerrando los ojos. Y tengo la impresión de que esta última opción es la que ha preferido una parte significativa de nuestra joven poesía: pensarse entrecerrando los ojos. Esto no implica tanto parecidos de estilo entre los poetas, como miradas afines. Hoy parece haber un renovado interés por la percepción, por el acto mismo de mirar. Como si la joven poesía española hubiese decidido acudir al oculista. Algo de eso hay en las intuiciones simbolistas de Luis Muñoz, en las búsquedas visionarias de Antonio Lucas, las contemplaciones epifánicas de Juan Antonio Bernier, las cinematografías de Ariadna García, las paradojas ópticas de Lorenzo Oliván, las imágenes de Ana Merino, o las dobles fronteras de Eduardo García, por citar algunos nombres. Valéry, el gran Valéry al que habría que releer, lo llamó “esa alianza indefinible entre lo sensible y lo significativo”. Un lema que sintetiza estas actitudes podría ser: la sinestesia es el único realismo.

Para ilustrar esta residencia en el puente de la que venimos hablando, pienso por ejemplo en Carlos Pardo, que en El invernadero empezó más cercano al confesionalismo realista (entendiendo el realismo como una mirada figurativa) y ha acabado transitando un sugerente confesionalismo hermético (entendiendo el hermetismo como una mirada más abstracta). El título de su segundo libro describe ese camino, esa aparente paradoja de la voz moral que explica cosas que ya no tienen un referente claro y definido: Desvelo sin paisaje. Paradoja que no es tal, porque se trata de una alquimia voluntaria, de una pócima de impureza. O pienso en Elena Medel, a la que nunca más podré llamar Elenita, que además de su indudable tendencia visionaria y su evidente gusto por el surrealismo (que la vinculan a Blanca Andreu o Luisa Castro) también tiene otro costado al que no tiene por qué renunciar, que tiende más a la elegía lírica y la hace dialogar con la poesía moral de los 90: ese costado elegíaco era moderado en su primer libro (perdón, bikini) y tal vez se intensifique en el segundo. Como decía Elena en el poema que da título a su libro, muchas veces uno siente que sus dedos son delirantes lápices de colores, pero cuando los usa para pintar en las paredes, descubre que ha dibujado unas oscuras “mujeres con rostro de epitafio”. También podríamos hablar de la importancia de la elegía y las imágenes en la poesía de Rafa Espejo, pero para eso tendría que estar presente su heterónimo Rosendo Palma, y eso por el momento no es posible.

Por terminar con estas impresiones sobre la tradición y la renovación en la poesía española escrita en castellano, dos rápidos apuntes formales. Primer apunte: si nos fijamos en los poemas de la mayoría de los autores que participamos en este encuentro, creo que –con un par de excepciones– predomina el propósito de continuar la tradición del ritmo clásico, pero sin que su sonido sea clásico. De que los metros sean más o menos los de siempre, pero que su combinación y sus efectos suenen actuales. Podemos decirlo con dos versos recientes del debutante Andrés Navarro: “una apuesta de dados que recree/ un corte de tijera”. Segundo apunte: si no me fallan las cuentas, salvo despiste, creo que ninguno de los presentes cultiva de manera preferente las estrofas clásicas. Ciertamente, hace unos pocos años se dio un cierto revival del soneto, y algunos libros significativos de la nueva generación incluían lúdicos y barrocos experimentos con cuartetos, sonetos, ovillejos y demás formas de nuestro acervo. Sin embargo me atrevería a afirmar que, salvo interesantes excepciones, la siempre clásica poesía española se ha aburrido de sus estrofas tradicionales. En esto, curiosamente, parecemos volver a coincidir con la poesía hispanoamericana contemporánea.

Con todo, la tradición no se descarta ni se asume: se reelabora necesariamente. Tan ingenuo sería pensar que serviría de algo imitar a nuestros predecesores ilustres, como fingir un ataque de amnesia y ponernos a inventar la pólvora a estas alturas. En este sentido, me gustaría terminar recordando una antigua leyenda jasídica que rescata Roberto Juarroz en su ensayo Poesía y Realidad. La leyenda es la siguiente: érase un célebre rabino que, cada vez que era necesario, se marchaba al bosque, encendía un fuego, recitaba cierta plegaria y conseguía que el milagro se produjese. Mucho más tarde, un discípulo de aquel rabino se dirigió al bosque y exclamó: “No sé encender el fuego, pero aún soy capaz de recitar la oración”. Y el milagro volvió a tener lugar. Tiempo después, otro rabino peregrinó al mismo bosque e imploró: “No sé encender el fuego, ya no conozco la plegaria, pero puedo situarme en el lugar propicio y eso debería bastar”. Y también ocurrió el prodigio. Muchos años más tarde, sentado en su sillón (o, digamos nosotros, frente a su ordenador), el enésimo rabino pronunció en voz alta lo siguiente: “Soy incapaz de encender el fuego, no conozco la plegaria ni sé dónde queda el bosque. Pero sé contar esta historia, y eso debería bastar”. Y, naturalmente, el milagro siguió cumpliéndose.
Estoy seguro de que esta historia compartida no se perderá jamás, y de que el milagro seguirá cumpliéndose por los versos de los versos.

* (Ponencia leída en el encuentro ‘Poesía española reciente’, Santander, agosto de 2005)
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Andrés Neuman (Buenos Aires, Argentina, 1977) Autor de las novelas Bariloche (Anagrama, 1999) con la que fue finalista del Premio Herralde de Novela; La vida en las ventanas (Espasa, 2002); y Una vez Argentina (Anagrama, 2003), también finalista del Premio Herralde de Novela. Entre sus libros de cuentos están El que espera (Anagrama, 2000), El último minuto (Espasa, 2001) y Alumbramiento (Páginas de Espuma, 2006). Ha publicado los poemarios Métodos de la noche (Hiperión, 1998, Premio Antonio Carvajal), El jugador de billar (Pre-Textos, 2000), El tobogán (Hiperión, 2002, Premio Hiperión) y La canción del antílope (Pre-Textos, 2003). Colabora con diversos medios de comunicación de América y España.

lunes, mayo 07, 2007

Un escritor beat en Ecuador


Por Jorge Osinaga

Sí, era el escritor norteamericano William S. Burroughs, autor de libros como Almuerzo desnudo y Junkie, uno de los miembros de la llamada generación beat. El dato lo descubrí en el más reciente número (el 8) de revista Anaconda. Realmente debe leerse muy seguido esta revista, siempre trae buenas sorpresas. Hojeándola en Mr. Books, di en ella con el artículo titulado William Burroughs en Ecuador que trata sobre su estadía en nuestro país.

Puedo decirles que si quieren saber más, adicionalmente al artículo de revista Anaconda, busquen el libro titulado Cartas del yagé o mal traducido también como Cartas de la ayahuasca por Editorial Anagrama. Originalmente el libro fue publicado en 1963 por City Lights Books (San Francisco, EE.UU). Yagé es el nombre que comúnmente se le da a la ayahuasca en el Putumayo, que es la zona que Burroughs recorrió en su búsqueda, por eso creo es preferible esa denominación que, aunque no es tan conocida, es fiel a la empleada por el autor en su historia. Conservo un ejemplar de este libro de Ediciones Signos (Buenos Aires, 1971) y como “argentrucho” que soy (es decir, hijo de argentino con madre no argentina) disfruté algunos argentinismos que hace tiempo no escuchaba, pues además de no haber ido a Argentina por mucho tiempo y, encima, tampoco poseo televisión por cable.

Pocas son las páginas que Burroughs le dedica a Ecuador, es más, menciona a nuestro país como un recuerdo no tan agradable, un lugar horrible; pero no horrible por serlo así físicamente, sino por la forma de pensar y actuar de las personas. Veamos unas perlitas, de la edición de Signos:

“Recorrí Ecuador lo más rápidamente posible. Qué lugar horrible es. Un complejo de inferioridad nacional de país pequeño en su estado más avanzado”. (p.p. 43).

O estas: “Ecuador está realmente barranca abajo. Que Perú se apodere de él y lo civilice” (p.p. 44). “En el Ecuador y Colombia nunca nadie va a admitir que algo no anda bien en su roñoso país. Como los ciudadanos de los pueblos de Estados Unidos”. (pp.45).


Burroughs en una ficticia estadía por el Malecón, cuando éste acostumbraba ser llamado Simón Bolívar o Paseo de las Colonias y no 2000. ¿Habrá agarrado por ahí un vaporino? - Fotomontaje


No hay que juzgarlo o estigmatizarlo como seguramente saltarán algunos por ahí, sino más bien reconocer que desde 1953 –año de su paso por acá, entre abril y mayo, con mayor seguridad en abril– casi casi Ecuador sigue siendo igual a como Burroughs lo describe por la enorme culpa de sus políticos. Creo que ahora hay un despertar del que Burroughs se quejaba por su ausencia allá en los 50. Sí, un despertar, que yo espero no se extinga. Ojalá no me equivoque.

Burroughs fue rápido. Pasó por Esmeraldas, llegó a Manta –donde tuvo un incidente con un vistaforador de aduanas al que asumió era un ladrón (que sin embargo y desde entonces nunca faltan en las aduanas) porque revisaba sus maletas–, arribó a Playas –él dice Las Playas, seguro es Playas o Gral. Villamil, donde le otorgaron por la pérdida de su documento de turista otro donde constaba como escritor– y Guayaquil. De acá salió soplado para el Perú: “Tengo que estar en algún otro lugar en un momento determinado (en Guayaquil saqué al cónsul peruano de la casa después de las horas de oficina para tener la visación y marcharme un día antes)”. (p.p. 55).

Así, para el investigador come libros, el cuentista o poeta buscador de historias raras; o para todo aquel que se sienta identificado con los beats, uno de ellos estuvo por acá, dejando pistas. Quién sabe, a lo mejor si buscamos hallaremos muchas más. Poco nos habla Burroughs de Ecuador, pero por ahí Ecuador puede quizá hablar muchas cosas más de Burroughs. Queda en manos de los escritores entonces.

domingo, mayo 06, 2007

jueves, mayo 03, 2007

Tras los pasos de un escritor inolvidable

Por Augusto Rodríguez *


"Esto es lo que aprendí de la literatura chilena. Nada pidas que nada se te dará. No te enfermes que nadie te ayudará. No pidas entrar en ninguna antología que tu nombre siempre se ocultará. No luches que siempre serás vencido. No le des espalda al poder porque el poder lo es todo. No escatimes halagos a los imbéciles, a los dogmáticos, a los mediocres, si no quieres vivir una temporada en el infierno. La vida sigue, aquí, más o menos igual".
Roberto Bolaño

A pesar de sus múltiples problemas físicos y mentales, de sus fracasos y de sus logros como ser humano; Roberto Bolaño, antes de nada, siempre se consideró un escritor. Aunque también hay quienes dicen que Bolaño fue primero un gran poeta. A estas alturas lo único cierto es que, Bolaño es desde hace muchos años atrás, un poeta y escritor importantísimo y muy influyente para las nuevas generaciones de escritores latinoamericanos de hoy.

El mismo Bolaño cuenta en una entrevista en el año 99 para la revista chilena Paula, sobre su salida de Chile y más: "Salí de Chile en enero de 1974. La última vez que tomé un avión fue en enero de 1977. No pensaba volver a Chile nunca más en mi vida. No pensaba subirme a un avión nunca más en mi vida. Un día me llamó una chica de la revista Paula y me preguntó si quería formar parte del jurado del concurso de cuentos que la revista organiza. Dije que sí de inmediato. No sé en qué estaría pensando".

Yo tuve la oportunidad de vivir en Chile cerca de diez años. Y por supuesto siempre he sido un buscador infatigable de libros raros, extraños, novedosos. Un día, por el año 94 (si mi memoria no me falla), andaba buscando libros cerca de la calle Alameda, a la vuelta de la Universidad de Chile, en la capital chilena. Una calle muy extensa la cruzaba, y en ella se compraban y vendían libros a precios muy económicos. En un estante leí un título que me llamó la atención: La pista de hielo, su autor: un tal chileno radicado en México de apellido Bolaño. Desde ese día pregunté sobre este autor en Santiago de Chile, y casi nadie me podía dar una señal o una idea clara sobre este autor que vivía en ese entonces en el DF, capital de México.

"Así que volví a Chile. Me subí a un avión. No sé cómo lo hacen para mantenerse en el aire. Turbulencias en el Atlántico, turbulencias en el Amazonas. Turbulencias en la Argentina y poco antes de cruzar la cordillera. Pero no hay problemas. Volamos. Mi hijo duerme plácidamente, mi mujer, Carolina López, duerme plácidamente. Los dos son españoles y es la primera vez que viajan a América. Yo no duermo. Yo nací en América. Soy chileno. Estoy despierto y sostengo mentalmente las alas del avión. Escucho hablar al resto de los pasajeros. La mayoría están dormidos pero hablan en sueños. Tienen pesadillas o sueños recurrentes. Son chilenos".

Con el paso de los años, seguí investigando más sobre Bolaño, realmente me daba mucha curiosidad saber sobre este escritor, que en Chile se hablaba poco. Un día por esas casualidades de la vida, un amigo me presentó a un poeta chileno de unos cincuenta o sesenta años, no recuerdo exactamente su edad, llamado Teodoro Parabalí. Hablando con él sobre literatura y poesía chilena, me confesó que un autor que le gustaba mucho era su compatriota Roberto Bolaño.

"Y de golpe aparecieron los rostros chilenos, los rostros de mi infancia y adolescencia, por todos lados, en catarata, rodeado de chilenos, chilenos que parecían chilenos, chilenos que parecían marcianos, chilenos que deambulaban de un lado a otro sin nada que hacer en aquel aeropuerto que supongo no era el aeropuerto de Pudahuel aunque por momentos lo parecía, y también chilenos que esperaban a los viajeros y que agitaban pañuelos blancos e incluso chilenos lloraban (algo inusual, según recordaba, los chilenos lloran mucho, a veces sin motivo, a veces sin ganas), y también chilenos que se reían como si el mundo se fuera a acabar y sólo ellos lo supieran".

El poeta Parabalí me contó que un día viajando por un pueblo pequeño cerca de Barcelona, se acercó a vender artesanía chilena y otras cosas a una tienda también de artesanías. Lo atendió un tipo amable, alto, delgado, de lentes, con una barba sin afeitar de tres días. Después de venderle algunos productos, y después de darse cuenta que era chileno, por el tono de voz y por su raro acento; él le respondió: "Sí soy chileno, me llamo Roberto Bolaño y soy escritor". Hablaron de muchos temas relacionados a Chile. Sobre todo de política y de literatura.

"Los tramites de aduana fueron extremadamente fáciles. Hacía muchísimos años que no me dejaban entrar en un país con tanta facilidad. Mi mujer tuvo que rellenar un papel y creo que tuvo que pagar algo. Cuando pregunté qué papeles tenía que rellenar yo, una aduanera gordita y simpática me dijo que no tenía que rellenar nada. Esa fue la primera bienvenida".

Posteriormente se fueron de juerga por algunos bares del pueblo. Finalmente el poeta Teodoro Parabalí me contó que una de las cosas que más le llamó la atención de Bolaño fue esa necesidad que tenía de escribir. Él sentía y sabía que un día sin escribir, era un día perdido. Hasta se le calentaban las manos y le daba fiebre. "Escribir, escribir, escribir", era lo único que tenía en mente, lo demás era para él, pura banalidad.

"Un periodista del diario Las Últimas Noticias, fue el que me dijo de verdad que ya estaba de vuelta. Conversamos un rato. Yo tenía pocas cosas que decir. Así que lo que hice fue preguntar y el periodista se puso a contestar todas mis preguntas. Creo que mata sus ratos de ocio pintando. Fue el primer día, aún con jet-lag…"

Para Bolaño, la literatura siempre fue lo más importante, su vida, su sueño en este sueño llamado realidad. Ya con dos premios importantes bajo el brazo (el Rómulo Gallegos y el Herralde de novela) se dedicó a trabajar arduamente en una novela que nunca acabaría 2666.


"Lo primero que me preguntó Lemebel fue qué edad tenía cuando me fui de Chile. Veinte años, le dije. ¿Y entonces cómo pudiste perder el acento chileno?, dijo él. No lo sé, pero lo perdí. Es imposible que lo perdieras, dijo él, a los veinte ya no se puede perder nada. Se pueden perder muchas cosas, dije yo. Pero no el acento, dijo él. Bueno, yo lo perdí, dije yo. Es imposible, dijo él. Allí hubiera podido acabar todo: el diálogo parecía un callejón sin salida. Pero Lemebel es el más grande poeta de mi generación y yo admiraba, ya desde España, la estela gloriosa y provocativa de Las Yeguas del Apocalipsis".

Personalmente me gustan mucho el libro de cuentos Putas asesinas y la novela Los detectives salvajes; el escritor ecuatoriano radicado en España, Leonardo Valencia, en el artículo Vestir a los desnudos, publicado en la revista Quimera, dice lo siguiente: "...Bolaño cierra con obra y vida, en un brillante registro de crónica, el capítulo de la narrativa latinoamericana de la última mitad del siglo XX, capítulo que tan mal y penosamente estaban cerrando otros autores contra los que Bolaño gastó demasiadas municiones: Isabel Allende, Luis Sepúlveda y un largo etcétera. Bolaño cierra con la receta de la que uno pretende liberarse luego de verla repetida en él: premio barcelonés, novela total, testimonio, oralidad latinoamericana y desprecio olímpico e ingenuo por la literatura española. Bolaño, con Los detectives salvajes, cierra magistralmente, pero no abre: escribió lo que esperábamos y necesitábamos leer -lo que a punto estuvieron de completar La guerra de Galio y Santo Oficio de la Memoria". Yo estoy de acuerdo con esta afirmación.

"Esto es lo que aprendí de la literatura chilena. Nada pidas que nada se te dará. No te enfermes que nadie te ayudará. No pidas entrar en ninguna antología que tu nombre siempre se ocultará. No luches que siempre serás vencido. No le des espalda al poder porque el poder lo es todo. No escatimes halagos a los imbéciles, a los dogmáticos, a los mediocres, si no quieres vivir una temporada en el infierno. La vida sigue, aquí, más o menos igual".

En cambio, el escritor ecuatoriano radicado en EE.UU., Fernando Itúrburu, me dijo: "Algo raro ocurre con Bolaño, después de lo que lo lees te queda el recuerdo y dan ganas de leerlo otra vez, como para asegurarse o encontrar algo perdido". Es una bella reflexión, en la que yo también estoy de acuerdo.

"Santiago sigue igual. Las ciudades no cambian en veinticinco años. Aún se comen empanadas en Chile. Las empanadas de Chile aún se llaman empanadas chilenas. Las calles de Santiago siguen siendo las mismas que hace noventa y ochos años. Santiago está igual que cuando caminaban por sus calles Teófilo Cid o Carlos de Rokha. Todavía vivimos en la época de la Revolución Francesa. Los ciclos son mucho más extensos y más densos y veinticinco años no son nada".

Realmente sentí una pena enorme, cuando me enteré sobre la muerte de Bolaño, el 14 de julio de 2003, con apenas 50 años, mientras esperaba un trasplante de hígado; sin duda ya era un autor consagrado y para muchos el mejor de las últimas décadas entre los escritores latinoamericanos. Apenas supe su muerte, por un e-mail proveniente desde Argentina, de un joven escritor amigo mío llamado Miguel Antonio Chávez, escribí esa noche un poema que se titula Roberto te callaste de pronto.

"En Chile todo el mundo escribe. Lo supe la noche en que estaba esperando a que me hicieran una entrevista en directo en un canal de televisión. Antes que yo iba a entrar una muchacha que había sudo Miss chile o algo así. Tal vez sólo Miss Santiago o Miss Fundo en Llamas. Lo cierto es que era una chica guapa, alta, que hablaba con la desenvoltura vacía de las misses. Me la presentaron. Cuando se enteró que yo había sido jurado del concurso de la revista Paula dijo que ella estuvo a punto de enviar un cuento, que no había podido hacerlo y que lo haría el año siguiente. Su desenvoltura era admirable. Espero que para la edición del 99 tenga tiempo de mecanografiar su cuento. Le deseo la mejor de las suertes".

El poema que menciono aparece en mi segundo poemario Mientras ella mata mosquitos (Paradiso Editores, 2004). Cito: "Roberto te callaste de pronto/ sin decir letra alguna/ en algún hospital de Barcelona/ el hígado que necesitabas no llegó a tiempo/ me niego a creer que estés en el cielo o en el infierno,/ esos lugares no son para ti/tú estarás en algún lugar infinito/ escribiendo, sudando, haciendo el amor,/ nervioso, fumando como loco/porque te tomabas todo tan en serio/como debe de ser, según tú./ Ya nadie te molestará ni interrumpirá/ tus sacrificios creativos, tu escritura de fuego/ ni tu madre, ni tus enfermedades imaginarias/escribe, Roberto, de donde estés/ escríbele a tus putas asesinas/ que no te olvidan y escríbele/por favor, a esos detectives salvajes que te siguen/ las huellas y no te dejan morir".

"Por momentos puede ser maravilloso eso de que todo el mundo escriba porque uno encuentra colegas en todas partes, y por momentos puede resultar pesado, porque cualquier gilipollas iletrado se siente imbuido de todos los defectos y de ninguna de las virtudes de un escritor verdadero. Nicanor Parra lo dijo: tal vez sería conveniente leer un poco más".



Ahora, Roberto Bolaño descansa en paz. Pero nos legó sus libros, sus visiones, sus ambiciones, sus terrores, sus miedos, su energía creativa. Para muestra un botón: su última novela póstuma publicada hace muy poco 2666, no cesa de ser premiada, de ser elogiada y leída en muchos rincones del mundo. Su novela Detectives salvajes fue elegida hace pocas semanas, por críticos y periodistas chilenos, como la mejor novela chilena de los últimos 25 años en Chile, todo un honor. Lo único triste, que veo en el entorno de este gran escritor chileno radicado sus últimos años en España, es que ahora hay una "bolañomanía"; dizque todo el mundo supuestamente lo lee, lo cita, lo declama, le reza y hasta le pone velas a sus pies. Me pregunto: ¿Si Bolaño estuviera vivo, le gustaría tanto circo a su alrededor, que poco a poco parece estar devorándolo con sus llamas?

*Artículo publicado en revista El Búho Nº 19/20.