Trozos de vidrio de María de los Ángeles Martínez
TERRIBLE COMIENZO
Yo elegí el Infierno,
me acuso,
lo confieso.
Con esa rebeldía antipática
de intocable,
con seguridad soberbia
de diosa, nunca, nunca
de mártir.
Y me asustó,
el horrible chasquido
de mis sueños,
de mis alas;
el ardor que dejaron
sus marcas
en el rostro,
en la espalda.
Sabía,
sabía no tan bien
que mi llanto avivaba las llamas
y lloré
amargamente
envuelta en los silencios
que se volvieron mis palabras
HIJO D.
Te convertiste,
qué Orestes tan falso.
Las furias bostezan,
no quieren perseguirte,
tu carne no está fresca,
no hay nada nuevo en ella.
Y yo río de tanta lástima que te tengo.
Y yo río de tanto odio que te tengo.
Pero pronto miraré a otra parte,
con hermosa indiferencia;
dejaré en paz los bochornosos
crímenes de tu humanidad
para los gusanos regordetes
de tu conciencia.
Yo sólo te digo que te arrancaste la camisa,
¡manos e ideas confabularon tantas cosas!
Pero qué pudiste tú,
mísero mortal contra tus genes;
sus defectos se miltiplicaron en tu carne
¡aprendiste!
No hay buitre a quien le apetezcas,
ni siquiera a mi sarcasmo;
lo hago con asco,
te diré.
Leña de la leña
del árbol caído
que tú mismo talaste.
La memoria de tu madre
descansa intranquila,
no sabe mirarte a los ojos,
sin recordar los suyos…
más tierra sobre su vientre;
un sollozo ahogado
cava y humedece su tumba:
“hijo eres tu padre”.
LAMENTABLE X.
No sabes irte de una vez,
dejas la puerta abierta,
asomas tus narices
y husmeas…
Un hogar que ya no es tu hogar,
en las ruinas que dejaste
todo.
Con frases moralizantes,
¡tú el más inmoral de todos!,
quisiste domesticarla…
¡tan tonto!
Ella te quedó grande,
ni parado sobre la cama,
vociferando tu hombría.
¡Mucho ángel para vos!
Mala imitación de camionero borracho,
de mendigo con incontinencia y sarna,
estúpido reencarnado en estúpido.
La careta ya no te calza más;
la piel de tu alma,
si podemos llamar alma
a ese trapeador,
de camal,
muestra su descomposición,
no aguanta más la farsa.
“Por Dios una neurona”
pide, “sólo una”,
yo me uno a sus rezos
reconstructivos y milagrosos;
para que no vuelvas,
cínico sin clase,
a pedir que bese
tu boca cariada de mentiras
insultos y comida para cerdos.
Etiquetas: Autoras ecuatorianas, Ma. de los Angeles Martínez, Poesía




1 Comments:
No tengo el gusto de conocer a Ma. de los Angeles, solamente he leido los poemas qe aparecenen este blog. la tomé como personal y duele menos hacer gargaras con vidrio molido, que leer la poesía de los Angeles Martinez. Magnífica.
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