viernes, junio 30, 2006

Sí habrá Literatura en el VII FAAL (Festival de Artes al Aire Libre)

Respondiendo a nuestra amiga Fernanda C. Toscano, el Municipio -al igual que el año pasado- incluyó a la Literatura en el VII Festival de Artes al Aire Libre (FAAL).
El año pasado hubo una convocatoria para poesía y cuento, pero no se realizó por que no se presentaron propuestas.

Es una excelente oportunidad para que los poetas y cuentistas compartan su obra con el público, salgan un poco de los auditorios de las sempiternas instituciones culturales y además, se ganen un billetito, ya que es un concurso.

Quienes deseen participar en el VII Festival de Artes al Aire Libre (FAAL) “Independencia de Guayaquil”, que se realiza en octubre, también pueden empezar a preparar sus propuestas. El evento convocará en esta ocasión a los artistas en 9 categorías: cortometraje, danza, pintura, escultura, fotografía, literatura, música, teatro y títeres.

Los interesados pueden inscribirse en las oficinas del Museo Municipal, ubicado en Sucre entre Chile y Pedro Carbo, hasta las 16:30 del 23 de septiembre.

viernes, junio 23, 2006

Análisis profundo de cosas profundas con la profundidad que usted se merece

Por Migel Hantonio Chabes

A ver. ¿Necesito una postura academicista o positivista cuando quiero admitir desde mi subjetividad, sin ningún tipo de ambages, que la lectura de una novela defraudó o no mis expectativas? ¿Qué busco? ¿Que piensen que uso un blog para “hacer crítica seria” de modo que me diga un diario: “oh, wonderful, you´re such a fucking good critic”? ¿Para ser serio que compungir mi rostro y abrirme de piernas, verbigracia, a lo decimonónico? ¿O será que es más una cuestión de actitud más que de léxico? A ver. A ver. Haré, entonces, una ouija y me comunicaré con Walter Benjamin y le confesaré mis pecados, que sido un mal crítico, que he sido un lector demasiado pasional, que no he utilizado sus herramientas canónicas para convertir a la crítica en una verdadera ciencia que más que denostar o humillar busca generar un nuevo saber, gatillar la curiosidad por nuevos caminos de la signifación, más que repetir citas copy-paste de lo que otro ya dijo veinte o cincuenta años atrás, sin ningún otro afán para que me digan “oh what a wonderful fucking genius you are, but I´m creep, I´m a weirdo, what the hell I´m doing here, I don´t belong here, perdón maestro Benjamin (Benji, te llamo mejor, para que los miembros de los cenáculos literarios piensen que son panísima tuyo, que aunque estés muerto físicamente yo soy tan bacán que converso y hasta tomo té y me drogo contigo), perdón por ser poco esquemático en mis lecturas, por no ser serio, perdón por ser extremista, perdón por no ser neoliberista ni chavecista, por no ser como el cura Ibacache, acólito del gran crítico Farewell, perdón por haberme perdido el último episodio de Tierra de Pasiones y no habértelo contado porque sé que te encanta, perdón, dear Benji, por no amargarme ni picarme ni sentirme ardido porque hay bloggeros más inteligentes que yo, que logran más comentarios en sus posts o porque atraen más chiquillas (algunos atraen chiquillos) que le dejan sus números para hacer quién sabe que morbosa cosa, pero que admiro porque le dan riqueza a la blogósfera, porque se revive a la sociedad de los lectores muertos, esa cofradía oculta y subestimada por mucho tiempo en nuestro país, porque el camino es largo pero desgraciadamente muchas mentes son cortas, estrechas, malhadadas, porque acá, no sé si allá o acullá, por más que ganes un premio en España, en China o Constantinopla, si no eres socio del capo di tutti il capo local, en vez de decirte aunque sea un "felicidades" medianamente diplomático, atribuyen la victoria a un error del jurado o un billete que les pasaste y te persiguen como una cacería de brujas; perdón Benji por escribirte estas cosas, sé que estás en un jacuzzi celestial junto a una angelita voluptuosa, perdón, debería entrar en materia...

En las siguientes páginas de esta sesuda ponencia, intentaré hacer una “crítica” de una novela que leí 13,99 euros, del francés Frédéric Beidbeder, publicista apóstata, autodenominado “quijote del año 2000” (porque dice confundir a los publicistas con fascistas peligrosos, en lugar
de molinos de viento con gigantes, como el huesudo de la Mancha) convertido en repentino bestseller, a la que la leyenda le ha atribuido que fue despedido de la agencia de publicidad por revelar los secretos atroces de la publicidad y la sociedad a la que envuelve con sus encantadores sofismas. Una novela de falsos apocalipsis y sorpresas narrativas llanas, amparándose en las alas de Michel Houellebecq: para eso mil veces los monólogos geniales de Tyler Durden en El club de la pelea... Mi sentencia “crítica” y “sólidamente sustentada” desde mi experiencia “objetiva” de ex publicista: C´est une mèrde.


¡¡El grupo editorial del blog de Buseta de papel no asume responsabilidad alguna por las opiniones de este impúdico que hackeó nuestro blog!!

martes, junio 13, 2006

Apostar a la imaginación

Es la consigna de Leonardo Valencia. Él nos habla de algunas impresiones en torno a la literatura nacional, así como de su obra y de su última novela "El libro flotante de Caytran Dölphin", que fue recientemente presentada en Madrid.

Por Jorge Osinaga

¿Crees que la literatura ecuatoriana vive una dependencia externa o mantiene su propia identidad?

Lo mejor de nuestra producción literaria es la poesía. Su lenguaje es el más independiente y personal. Caso parecido con el de nuestros cuentistas. En novela ha ocurrido algo diferente.

La novela, en el sentido de dependencia, ha estado sometida a demasiadas exigencias de representación nacional y de instrumentalización –o utilización– en un sentido político. Y la crítica literaria, la poca que tenemos, también ha incurrido en ese error de buscar lo identitario en la literatura, forzando y tergiversando las cosas. La mala crítica convierte en documentos probatorios y unidireccionales a la literatura, que es libertad y ambigüedad. El crítico Edward Said ha señalado los peligros de buscar identidades textuales. La estrategia de Napoleón que analiza Said en Orientalismo, de “textualizar” Egipto y el mundo árabe para conquistarlo, abre la mente sobre este proceso de utilización del recurso identitario.

La autocensura es el mayor peligro para una conciencia literaria. La dependencia en Ecuador ha sido interna: el de una tradición del realismo de denuncia que se agotó hace tiempo pero que ha tenido una sombra demasiado larga, y guardianes solapados, y ha degenerado en una especie de costumbrismo simple, plano, inclusive sobre temas urbanos. Si por dependencia queremos entender una apertura a otras literaturas, creo que nuestra novela debería asimilar de forma más dinámica otras tradiciones, enfrentarse a ellas de la manera en que lo hacen los escritores más exigentes: de manera creativa, abierta y feliz.

Así lo hizo el más cosmopolita de los escritores ecuatorianos, el más grande: Juan Montalvo. O poetas como Carrera Andrade. Si Montalvo publicara hoy en día, lo tildarían de extranjerizante. Leamos y releamos Los siete tratados y los Capítulos que se le olvidaron a Cervantes y veremos a lo que puede llegar un cosmopolita ecuatoriano con talento. El miedo a la llamada “pérdida de identidad” en el fondo es un argumento bastante flojo que puede mantenernos aislados, como el niño débil al que se deja confinado en la habitación de su casa por miedo a lo que ocurre más allá de las puertas de casa.

Hay otra gran dependencia que es el desconocimiento, tanto interior como exterior, de lo que se está escribiendo o se escribió. La única manera de superar una dependencia es que el escritor asuma una postura crítica creativa, de lectura y relectura a fondo de obras ecuatorianas y de otros países, discriminando lo bueno y lo malo que hay en ambas sin ningún tipo de pudor o temor, pese a quien le pese. No conoceremos bien nuestra tradición y tampoco las ajenas si no somos críticos con ambas. Si el escritor no sabe nadar en el mar de las tradiciones y cortar sus aguas, se ahogará. Siempre he sostenido que una novela como Los sangurimas de José de la Cuadra tiene una magnífica primera parte que luego baja de nivel hacia el final, y que de Don Goyo la última parte es un cuento perfecto insertado en una novela de inicio más bien disperso. O que Las cruces sobre el agua, de Gallegos Lara, Huasipungo, de Icaza, Henry Black de Donoso Pareja o Entre Marx y una mujer desnuda, de Adoum, son novelas de calidad media en un contexto internacional, aunque importantes como testimonios de su época, tanto político como de búsqueda de nuevos caminos, y que son hitos en nuestra historia o histeria literaria. Si comparamos Huasipungo con Los ríos profundos de José María Arguedas, o la novela de Adoum con Rayuela de Cortázar, salta a la vista la diferencia de calidad literaria. Si por ser ecuatoriano debo permanecer ciego a esta realidad, mal futuro nos espera. Ensalzar por ensalzar lo nuestro lo único que produce es reducir el juicio crítico y cerrar las puertas a nuevas propuestas.

Tu obra transcurre principalmente en ambientes foráneos, pero el lenguaje es aquel elemento que utilizas para vincularla con lo ecuatoriano ¿crees que acudir a otros ambientes es una especie de dependencia externa?

No existen fronteras para los temas que trata la ficción. Ya lo mencioné respecto a Montalvo. Decía Hemingway que para escribir sobre lo que ocurre en un accidente de avioneta no es necesario accidentarse en uno de esos aparatos para hablar con experiencia del asunto. Lo que se necesita es un intenso trabajo de imaginación, y mejor todavía si se ha tenido algún susto de vuelo. Sin imaginación, sin una visión plástica y armónica de la escritura, incluso tratar del tema más cercano o autobiográfico estará supeditado a una dependencia más grave, los tópicos, es decir, la absoluta falta de visión personal real para acercarse a un tema. Y, por el contrario, aunque escriba sobre China o Perú o Europa, si la visión del autor es realmente personal e intensa, en esa mirada de cualquier tema, situación o lugar habrá una perspectiva “propia” que, por seguir con la palabra, se “apropia” del mundo. Es lo que ocurre con Stendhal, escritor francés que hizo de Italia su territorio imaginario. Allí tenemos esa novela impresionante que es La Cartuja de Parma o los cuentos de Crónicas italianas. Es una cuestión de percepción, en el sentido magnífico que lo entiende, por ejemplo, la tradición narrativa y filosófica inglesa.

El lenguaje no significa hablar sobre cualquier tema con la jerga de Guayaquil, Quito o Cuenca, significa buscar un lenguaje que fusione todo lo que necesita el escritor para dar cuenta de su visión. La identidad no viene dada por usar palabras locales o ecuatorianas, sino por la creación de una manera de escribir propia del escritor que le permita también a cualquier lector la entrada en el mundo del que habla ese escritor. Esa postura limitada es la que realmente ha bloqueado la proyección de nuestra literatura en el extranjero, y no la queja de que no tenemos apoyos editoriales o estatales. Hay que salir corriendo cuando escuchamos ese lloriqueo interminable de la falta de apoyos o infraestructura, que no es más que pereza. Es como echarle la culpa a otros de una falta de riesgo, talento y disciplina. Hay que enviar nuestros manuscritos a editoriales extranjeras y sufrir como todos los escritores el rechazo de diez o veinte editoriales hasta mejorar el manuscrito, o escribor nuevos libros y finalmente dar con una obra bien lograda, bien presentada y con una editorial que reconozca lo que tiene de válido ese libro. Patricia Highsmith decía que sólo hay que deprimirse cuando te hayan rechazado veinte editoriales. Esa postura débil ha limitado el empuje de nuestros escritores. Y en este esfuerzo por abrir fronteras y superar esas limitaciones han estado trabajando algunos escritores ecuatorianos durante los últimas décadas: hay logros relevantes en novelas como Polvo y ceniza de Cárdenas, Pájara la memoria de Égüez, La sombra del apostador de Vásconez o La cueva de Telmo Herrera. Se debería superar de una vez por todas la dicotomía Ecuador/Extranjero: la literatura es un territorio sin fronteras donde el único requisito de entrada es el talento de lo que se escribe, la riqueza de integrar la mayor cantidad posible de resonancias culturales y literarias que se resuelvan en una música que pueda ser apreciada por sí misma más allá de tal o cual tema o lugar, de cualquier origen.

¿Podemos decir que "El libro flotante de Caytran Dölphin", tu última novela, es la afirmación de que más allá del cosmopolitismo y la extraterritorialidad has asumido una total libertad creadora?

Esta novela que transcurre sobre todo en Guayaquil la tenía en mente hace diez años, precisamente cuando empecé a sostener en varios artículos y conferencias que el escritor ecuatoriano puede lanzarse a narrar cualquier territorio. Últimamente me ha divierte mucho ver cómo algunas personas en Ecuador insisten en criticar mi postura, sesgándola mucho al exagerar que yo “pedía” narrar sobre otros países como si fuera una receta, cuando yo señalaba que “puede” hacerlo como una manera de exploración, que necesitamos ganar la sana distancia de la ironía. En realidad escribimos a partir de nuestra experiencia, incluida la experiencia imaginaria, y la mía, por mis orígenes y las circunstancias, ha sido nómada. Mi padre es cuencano, mi madre italiana, nací en Guayaquil, he vivido en Quito, Roma y Lima, y desde hace ocho años en Barcelona. Mi identidad es la suma de mis identidades.

En conversaciones con Enrique Vila-Matas en Barcelona le decía lo que algunas personas me criticaban en Ecuador, y lo que ha hecho es animarme en mí línea, porque a él también lo atacaron en su momento en una España encerrada en sí misma. Ahora incluso un periodista dice que sufro el “complejo de Peter Pan”. ¡Maravilloso! Me encanta Peter Pan. Pero me lo atribuía porque, al parecer, no me interesa la coordenada histórica del escritor, como si yo viviera en las nubes. Y eso sí que es para reírse, porque si hubiera leído mi novela El desterrado habría visto que está atravesada por algunos aspectos políticos, porque señalo los peligros del fascismo y la indiferencia histórica, en una historia inspirada en mi familia italiana durante el ascenso de Mussolini, en esa primera mitad tan problemática del siglo XX. Además, siempre he escrito sobre temas con implicaciones políticas y de nuestro tiempo. De esto también trata, a su manera, El libro flotante de Caytran Dölphin.

Pero bueno, comprendamos que a veces en Ecuador hay gente que opina a priori, sin haber leído los textos, sin preocuparse por reflexionar sino sólo para defender sus posturas o para que su grupito le dé una palmadita en la espalda. Así que me quedo muy alegremente con la idea de Peter Pan, e incluso la de Daniel el Travieso, Calvin, Shrek, Pinocho y toda esa tropita encantadora. Sí, sufro el síndrome de Peter Pan, en el sentido de que es una apuesta por la imaginación, y a su manera Peter Pan está en las antípodas del síndrome verdaderamente peligroso, el de Falcón, que es el de querer cargar con la castrante responsabilidad de representar al país. ¡Como para aburrirse! Por algo Peter Pan tiene que enfrentarse con el aburrido y seriote capitán Hook que quiere matarlo... (risas).

La literatura ecuatoriana parece sufrir lo que yo denomino como el "síndrome del perro", es decir, que cuando se toca su "sacrosantía", se golpea su conservadurismo y se remece aquello que todos deben seguir, hay más de uno que "ladra" ¿Por qué esas actitudes? ¿Ves reales cambios a futuro?

¡Perro que ladra no muerde!... Te atacarán porque te has escapado de ellos, porque trabajas, porque no estás sometido, porque no les debes nada y no te quedas callado y, lo más increíble de todo, porque te ríes de ti mismo. Es lección de vida. Hay que tomar con humor a los tres o cuatro gatitos enfurruñados que maúllan en su noche oscura con el estómago revuelto. Sin dejar de ser críticos y decir lo que se piensa, pero hacerlo con cortesía, argumentos y obra propia. La libertad tiene un precio, y el escritor tiene que estar dispuesto a pagarlo.

Me costó mucho entenderlo, incluso lo pasé mal a los veinte años, porque me sentía un bicho raro, muy solo. Pero aprendí, me reforcé, y entendí que el único con quien tienes que competir es contigo mismo. Lo bueno, lo inesperado, es que el lector real lo agradece y lo reconoce. Entonces se produce una bellísima justicia poética. Así que les dejo a otros el sentirse la autoridad de la literatura ecuatoriana o ser el escritor más representativo de lo ecuatoriano. Yo me quedo feliz con el islote más remoto de las Galápagos donde haya un volcán. Pero sí, por suerte está cambiando. Hay una generación nueva e imparable, que tiene ahora alrededor de veinte años o un poco más, que sonríe, que es generosa, y, sobre todo, que trabaja. A ellos hay que abrirles las puertas. No los conozco a todos, pero a pesar de estar lejos trato de leerlos. Espero que sigan escribiendo con tenacidad y que se rían de los tres o cuatro gatitos enfurruñados. Aprendamos de los grandes tigres.


lunes, junio 12, 2006

Un concurso

El gobierno del Estado de Puebla, México, mediante la Casa de la Cultura Ecuatoriana, convoca a escritores de habla hispana residentes en América Latina a participar en el XXXV Concurso Latinoamericano de cuento Edmundo Valadez.

El concursante deberá enviar un cuento inédito con tema libre, extensión mínima de 5 carillas y máxima de 15, escrito a máquina o computadora, en hoja tamaño carta.

El texto debe tener seudónimo y los datos del autor deben ir en otro sobre.

Se entregará el trabajo original y tres copias hasta el 31 de agosto, a la Casa de la Cultura de Puebla, Av. 5 Oriente Nº 5, Centro Histórico, Puebla, México, o al apartado postal 255.

El premio es de $ 50.000.

Informes al correo electrónico casadelescritor@puebla.gob.mx o en la Casa de la Cultura Ecuatoriana (02) 256-5808.

jueves, junio 08, 2006

Un premio para Óscar

Por: Augusto Rodríguez

Hay poetas que uno los lee y relee hace tanto tiempo que se transforman prácticamente en un familiar muy querido de uno. Si la memoria no me falla la poesía de Óscar Hahn (1938) la descubrí hace más de 14 años en Santiago de Chile. Es una pena que acá lleguen pocos libros sobre este poeta chileno.

Hahn es parte de esa generación brillante (aunque un poco más joven) de Parra, de Rojas, de Lihn, de Teillier, de Arteche, de Maquieira, de Montealegre, de Lastra, etc.; fueron poetas que tuvieron que inventarse una manera de escribir y de trasmitir su poesía ante ese monstruo que era Pablo Neruda. De esa generación brillaron sobre todo Lihn y Teillier, ya fallecidos. Siguen produciendo con gran fortuna y muy vigentes Parra y Rojas y entre ellos Hahn. A veces pienso que este autor no se le ha dado el espacio que se merece en Chile. Es catedrático en los EE.UU. hace muchos años y vive un poco aislado del mundo literario chileno. Aunque a veces tal vez es mejor así.

Me alegra saber que Hahn hace pocos días recibió el VI Premio Casa de América de Poesía Americana; premio que lo ganó el poeta ecuatoriano Edwin Madrid hace dos años. Hace 14 años leí por primera vez a Hahn y a toda esa generación que se transformó en la mejor generación poética que ha tenido y tiene Chile: la más diversa, rica en registros, en logros, en trabajos distintos, que muy bien vale la pena leer, releer, conocer. También por esos años descubrí la narrativa de Bolaño, de Contreras, de Fuguet, de Barros, de Lemebel, de Collyer, etc., pero eso se merece un texto aparte.

La poesía de Hahn siempre recrea de manera sencilla y cotidiana: el lamento, lo lúdico, la denuncia política, la ternura, el amor, combinado con un preciso sarcasmo y humor muy bien calibrado. Cada libro de este autor es un júbilo donde se mezclan la sorpresa, la profundidad y lo popular. Algunos de sus poemarios más famosos son: Arte de morir, Mal de amor, Estrellas fijas en un cielo blanco, Versos robados, entre otros.

Aquí unos poemas de Óscar Hahn:


¿POR QUÉ ESCRIBE USTED?

Porque el fantasma porque ayer porque hoy:
porque mañana porque sí porque no
Porque el principio porque la bestia porque el fin:
porque la bomba porque el medio porque el jardín
Porque góngora porque la tierra porque el sol:
porque san juan porque la luna porque rimbaud
Porque el claro porque la sangre porque el papel:
porque la carne porque la tinta porque la piel
Porque la noche porque me odio porque la luz:
porque el infierno porque el cielo porque tú
Porque casi porque nada porque la sed
porque el amor porque el grito porque no sé
Porque la muerte porque apenas porque más
porque algún día porque todos porque quizás


SOCIEDAD DE CONSUMO

Caminamos de la mano por el supermercado
entre las filas de cereales y detergentes
Avanzamos de estante en estante
hasta llegar a los tarros de conservas
Examinamos el nuevo producto
anunciado por la televisión
Y de pronto nos miramos a los ojos
y nos sumimos el uno en el otro
y nos consumimos.


TELEVIDENTE

Aquí estoy otra vez de vuelta
en mi cuarto de Iowa City
Tomo a sorbos mi plato de sopa Campbell
Frente al televisor apagado
La pantalla refleja la imagen
de la cuchara entrando en mi boca
Y yo soy el aviso comercial de mi mismo
que anuncia nada
a nadie.


ESCRITO CON TIZA

Uno le dice a Cero que la nada existe
Cero replica que uno tampoco existe
porque el amor nos da la misma naturaleza
Cero mas Unos somos Dos le dice
y se van por el pizarrón tomados de la mano

Dos se besan debajo de los pupitres
Dos son Uno cerca del borrador agazapado
y Uno es Cero mi vida

Detrás de todo gran amor la nada acecha.


MAL DE AMOR

No seas vanidosa amor mío
porque para serte franco
tu belleza no es del otro mundo
Pero tampoco de este.


SÁBANA DE ARRIBA

Me instalé cuidadosamente doblado
entre la ropa blanca del closet
Sacaste las sábanas de tu cama
y me pusiste de sábana de arriba

Te deslizaste debajo de las tapas
y te cubrí centímetro a centímetro

Entonces fuimos barridos por el huracán
y caímos jadeando en el ojo de la tormenta

Ahora yaces bañada en transpiración
con la vista perdida en el cielo raso

y la sábana de arriba aún enredada entre las piernas.



PARA DARLE CUERDA A LA MUERTE

Cuando se me alborotan los espermios,
qué veo, qué veo, digo yo:
veo a mis pescaditos navegar por los úteros,
enamorados de cuanto óvulo cae.
Toma este matamoscas y extermina a los ángeles,
después con grandes uñas arráncales las alas.
Ya veo sus muñones, ya los veo arrastrarse:
desesperadamente tratan de alzar el vuelo.
Toma este insecticida. Oigo sus toses blancas
prenderse y apagarse. Una puesta de sol
o una puesta de ángeles es lo mismo sin duda
porque la noche ahora levanta su joroba
y ellos se van hundiendo lentamente en el suelo.
Levanta el pie despacio. Así mismo. Tritúralos
Que le saquen las plumas con agua hirviendo y pongan
esos cuerpos desnudos en las fiambrerías.
Ahora me van pasando sudarios de juguete
y ataúdes con cuerda. Ahora me van pasando
las cruces más pequeñas, para que se entretengan
los infantes difuntos. Pásame el insectario,
los alfileres negros. Toma este matamoscas
y extermina a los ángeles.

viernes, junio 02, 2006

Bartleby o el mutismo creador

Por: Miguel Antonio Chávez

A pesar de que comparto en algo la aseveración de Alberto Fuguet publicada en su columna de diario El Mercurio de Chile acerca de que “el mundo literario ha abusado (y aburrido) con personajes escritores”, es necesario detenernos en Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948) quien desde hace dos décadas ha logrado apropiar esta temática con un tono y estilo muy personales, al punto de convertirlo en autor de culto. El argentino Rodrigo Fresán menciona que los libros de Vila-Matas (especialmente Historia abreviada de la literatura portátil) eran piezas codiciadas en los ochentas, una época en la que debido a la hiperinflación de ese país, los textos importados de España eran impagables. “Íbamos a la librería por la mañana cuando abrían, comprábamos el libro, lo leíamos hasta el fin del día para poder llevarlo de vuelta a la librería y cambiarlo por otro y así el dinero rendía para varios libros”.

Discípulo confeso del mexicano Sergio Pitol, este catalán Premio Herralde 2002, ha salido al paso de acusaciones de que su literatura es “libresca”, a lo que él ha respondido que es como “acusar a un torero de que le gusta torear o un cocinero, cocinar(...) y lo mío es una reflexión en torno a la escritura”. Por eso, la literatura insertada en la vida son su recurrente plastilina. “La literatura nos permite comprender la vida pero, precisamente por eso, nos deja fuera de ella”, ha dicho.

Bueno, ahora hagamos mutis que llegó Bartleby.

Bartleby y compañía es un ensayo disfrazado de novela o viceversa (¿una apariencia de ficción o una ficción que luego aparenta realidad?), de Enrique Vila-Matas , quien nos habla sobre aquellos “escritores del No”. Es decir, autores que por diversos motivos, después de haber publicado han decidido silenciarse, así como otros que por inseguridad jamás decidieron publicar. A ese mutismo el autor lo llama Síndrome de Bartleby, término que proviene del texto de Melville: "Bartleby el escribiente".

Marcelo, el narrador personaje (un jorobado que, a pesar de no tener mujer ni amigos es feliz con su mundo de elucubraciones literarias), metáfora del oficinista melvilliano y kafkiano, se propone hacer un “cuaderno de notas a pie de página”, en el que descubre que este síndrome es un tema laberíntico, pues hay tantos escritores como formas de abandonar la literatura. “Escribir es una actividad de alto riesgo”, escribe.

Desfilan autores tan distintos como Rulfo (y su genial excusa para no escribir, atribuida a la muerte de su tío Celerino, su fuente de historias e ideas), Kafka, Musil, Felisberto Fernández (y los cuentos que dejaba inconclusos), Salinger (el relato en que el personaje narrador se encuentra con él en un bus neoyorkino confieso que me quedó debiendo) y Pynchon. Destaco el capítulo dedicado a este último, en el que un investigador obsesionado logra arreglar una cita en la costa este de EEUU con el tan escurridizo y enigmático Pynchon (de quien se supone, no se conoce una foto oficial) y luego, años después en la costa oeste, acuerda reencontrarse con él en una irrepetible aparición pública, hasta que constata que aquel individuo no es con quién él había hablado, aunque demuestra conocer minuciosamente vida y obra de Pynchon, como el tipo anterior. Finalmente le dice al investigador que no importa quién sea el verdadero, lo mismo da...

Así también lo mismo da perderse o no dejar en paz el libro o cuestionarse -como hice yo- por qué no tuvo un final más incisivo (pero, ¿lo necesitaba?). Lo cierto es que a Vila-Matas, según contó, le llovieron millares de cartas de lectores. Y entre las más curiosas, está una de Corea del Sur, en la que le explican que había olvidado a tres bartlebys coreanos.

Esta es una obra para lectores y sobre todo, para aquellos que quizá tienen en sus mentes el libro que jamás publicarán, como una forma de negar al mundo y negarse a sí mismos. Es una obra que incita la curiosidad hacia la búsqueda de muchos autores. Sin embargo, me pregunto, aquellos que intentamos escribir, ¿llegaremos a decir como Wilde, “cuando no conocía la vida, escribía: ahora que conozco su significado, no tengo nada más que escribir”?